sábado, 28 de abril de 2012

La inquisición actual y las religiosas norteamericanas

Ivone Gebara Escritora, filósofa y teóloga Adital Una vez más hemos visto horrorizadas "la evaluación doctrinal" o llamada de atención o castigo dirigido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a quien, según ella, sale fuera de la observancia de la correcta doctrina católica. Solo que en esta ocasión el dedo acusador no señala solo a una sola persona, sino a una institución que agrupa y representa a más de 55.000 religiosas de Estados Unidos. Se trata de la Conferencia Nacional de las Religiosas, conocida por su sigla LRWC – Conferencia de Liderazgo Religioso Femenino. Estas religiosas a lo largo de su historia desarrollaron y aún desarrollan una amplia misión educativa por la dignidad de muchas personas y grupos, dentro y fuera de los Estados Unidos. La mayoría de estas mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones nacionales e internacionales, además de su formación humanista cristiana, son intelectuales y profesionales en diferentes campos del conocimiento. Son escritoras, filósofas, biólogas, teólogas y sociólogas, abogadas; tienen un amplio curriculum y competencia reconocida nacional e internacionalmente. También son educadoras, catequistas y promueven la práctica de los derechos humanos. En muchas situaciones fueron capaces de exponer su vida en favor de personas víctimas de injusticias o se opusieron a las conductas gravemente injustas y opresivas asumidas por el gobierno de los Estados Unidos. Tuve el honor de conocer a algunas de ellas que han sido detenidas porque se pusieron en la primera fila en las manifestaciones que demandaban el cierre de la Escuela de las Américas, institución de Gobierno estadounidense que prepara a militares latinoamericanos para actuar en sus respectivos países de forma cruel y represiva. Estas religiosas son mujeres de reflexión y acción con un largo historial de servicios no sólo en su país, sino en muchos otros. Actualmente están bajo sospecha y bajo la tutela del Vaticano. Son criticadas por estar en desacuerdo con los obispos, considerados "Los auténticos maestros de la fe y la moral”. Y además, están siendo acusadas de ser partidarias de un feminismo radical, de desviaciones de la doctrina católica romana, de complicidad en la aprobación de las uniones homosexuales y otras acusaciones que nos llegan a espantar por su anacronismo.
¿Que sería un feminismo radical? ¿Cuáles serían sus manifestaciones reales en la vida de las congregaciones religiosas femeninas? ¿Cuáles desviaciones teológicas estarían viviendo las religiosas? ¿Nosotras las mujeres estaríamos siendo vigiladas y castigadas por no conseguir ser fieles a nosotras mismas y a la tradición del Evangelio, a través de un sometimiento ciego al orden jerárquico masculino? ¿Estarán los responsables de las Congregaciones vaticanas ajenos a la gran revolución feminista mundial que tocó todos los continentes e inclusive a las congregaciones religiosas? Muchas mujeres religiosas en los Estados Unidos y otros países son herederas, maestras y discípulas de una de las expresiones más interesantes del feminismo mundial, particularmente del feminismo teológico que se desarrolló en los Estados Unidos desde finales de la década de los sesenta. Sus ideas originales, críticas y posturas libertarias han llevado a una nueva lectura teológica, que les ha posibilitado acompañar a los movimientos de emancipación de la mujer. De esta manera pudieron contribuir a repensar nuestra tradición religiosa cristiana en el rumbo de superar la invisibilización y la opresión de las mujeres. Crearon también espacios alternativos de formación, textos teológicos y celebrativos para que la tradición del Movimiento de Jesús no fuese abandonada por miles de personas cansadas con el peso de las normas y estructuras religiosas patriarcales. ¿Qué actitudes tomar ante ese anacronismo y la violencia simbólica de los órganos curiales y administrativos de la Iglesia Católica Romana? ¿Qué pensar de su marco de referencia filosófico rígido que asimila lo mejor del ser humano a lo masculino? ¿Qué decir acerca de su visión antropológica unilateral y misógina desde la que interpretan la tradición de Jesús? ¿Qué pensar de este tratamiento administrativo punitivo a partir del cual se nombra a un arzobispo para revisar, orientar y aprobar las decisiones tomadas por la Conferencia de Religiosas como si fuésemos incapaces de discernimiento y lucidez? ¿Seríamos acaso una empresa multinacional capitalista en la que nuestros "productos" deberían acatar los dictados de una línea de producción única? Y para mantenerla ¿debemos ser controladas como autómatas por quienes se consideran dueños y guardianes de la institución? ¿Dónde queda la libertad, la caridad, la creatividad histórica, el amor sororal y fraternal? Al mismo tiempo que la indignación, nos invade un sentimiento de fidelidad a nuestra dignidad de mujer y el Evangelio anunciado a los pobres y marginados nos invita a reaccionar ante este acto repugnante de injusticia. No es de ahora que los prelados y los funcionarios de la Iglesia actúan con dos pesos y dos medidas. Por un lado las altas instancias de la Iglesia Católica fueron capaces de acoger nuevamente en su seno a grupos de extrema derecha cuya historia nociva, principalmente para jóvenes y niños, es ampliamente conocida. Pienso especialmente en los Legionarios de Cristo, de Marcial Maciel (México) o en los religiosos de Monseñor Lifevre (Suiza) cuya desobediencia al papa y sus métodos coercitivos para conquistar discípulos es testimoniada por muchos. Esta misma iglesia institucional acoge y recibe a hombres que le interesan por su poder y repudia a las mujeres que desea mantener sumisas. Con su actitud las expone a críticas ridículas difundidas incluso por medios de comunicación católicos de mala fe. En estas mujeres los prelados parecen reconocer formalmente cierto mérito cuando sus acciones se centran en aquellas tareas tradicionalmente ejercidas por las religiosas en las escuelas y en los hospitales. ¿Pero somos sólo eso? Somos conscientes de que en ningún momento en los Estados Unidos surgió la más mínima posibilidad de que estas religiosas hubieran violado a jóvenes, adolescentes, niños y ancianos. Ninguna denuncia pública manchó su imagen. De ellas no se dice que se aliaran con los grandes bancos internacionales para su propio beneficio. Ninguna denuncia de tráfico de influencias, intercambio de favores para mantener el silencio de la impunidad. Y aún con toda esa trayectoria ninguna de ellas ha sido canonizada ni beatificada por las autoridades eclesiásticas, como sí lo hicieron en casos de hombres con poder. El reconocimiento de esas mujeres viene de las muchas comunidades y grupos cristianos o no, que comparten su vida y sus trabajos con muchas de ellas. Y estos grupos, ciertamente no callarán ante esa "evaluación doctrinal" injusta. que también los afecta directamente Plagiando a Jesús en su Evangelio me atrevo a decir: "Tengo pena de estos hombres” que no conocen de cerca las contradicciones y las bellezas de la vida, que no permiten a sus corazones vibrar abiertamente con las alegrías y sufrimientos de las personas, que no aman el tiempo presente, que prefieren la estricta ley a la fiesta de la vida. Solo aprendieron las reglas inflexibles de una doctrina cerrada en una racionalidad ya obsoleta y desde ella juzgan la fe de los demás y especialmente de las mujeres. Tal vez piensan que Dios los aprueba y se somete a ellos y a sus elucubraciones tan lejanas de los que tienen hambre de pan y justicia, de los hambrientos, los abandonados, de las prostituidas, de las violadas y olvidadas. ¿Hasta cuándo tendremos que sufrir bajo su yugo? ¿Qué postura nos inspirará el "Espíritu que sopla donde quiere" para que permanezcamos fieles a la VIDA presente en nosotros? A las queridas hermanas estadunidenses de la LWRC mi agradecimiento, cariño y solidaridad. Si ustedes están siendo perseguidas por el bien que hacen, probablemente su trabajo producirá abundantes y buenos frutos. Sepan que, unidas a ustedes, mujeres religiosas de otros continentes no permitiremos que silencien vuestra voz. Pero si callaren por un decreto del papel, nosotras haremos de ese decreto una razón más para seguir luchando por la dignidad humana y la libertad que nos constituye. Continuaremos de muchas maneras, anunciando el amor al prójimo como clave de comunión humana y cósmica presente en la tradición de Jesús de Nazaret y en muchas otras, aunque de diferentes maneras. Vamos a seguir tejiendo juntas en nuestro momento histórico un pedazo más de la vasta historia de afirmación de la libertad, el derecho a ser diferentes y pensar diferente y todo esto tratando de no tener miedo a ser feliz. Abril 2012.
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miércoles, 18 de abril de 2012

Carta de un grupo de cristianos gallegos a la Congregación de la Doctrina de la Fe

Estimados Señores: Somos un grupo de cristianos -mujeres y hombres, laicos y religiosos, de diferentes edades y profesiones- que desde hace muchos años (los más veteranos hace ya cuarenta) nos reunimos quincenalmente para reflexionar en común sobre la fe que compartimos.
A lo largo de este tiempo la palabra escrita y oral -y sobre todo el testimonio vivo- de Andrés Torres Queiruga ha sido para todos nosotros una auténtica gracia.
Su confianza en el Dios Padre con entrañas de Madre que continuamente nos está creando por amor, su apasionada dedicación a la causa de Jesús, su nítida lealtad a la Iglesia, todo ello nos ha servido de estímulo y apoyo en nuestro camino de creyentes en estos tiempos de incertidumbre.
Él nos ha acompañado en el proceso de maduración de nuestra fe haciéndonosla pensable, creíble, deseable y vivible. A algunos nos ha ayudado a recuperar un lenguaje que creíamos definitivamente perdido y a restaurar nuestros lazos con la Comunidad de los Creyentes. Y él nos sigue acompañando para vivir con el Dios de Jesús y ante Él las vicisitudes de nuestra vida, incluyendo su capítulo final.
Por ello hemos leído muy atentamente la notificación que a propósito de la obra teológica del profesor Andrés Torres Queiruga ustedes hicieron pública el pasado Viernes de Dolores. No les extrañará que -a la vista de lo antes dicho- nos sintamos obligados a expresarles siquiera sumariamente -con respeto sí, pero con total claridad, con franqueza evangélica- nuestro punto de vista al respecto.
Comenzaremos por nuestra reacción emocional. Tal vez en su condición de pastores la puedan considerar como un dato -que al lado de otros, y al menos como síntoma- es digno de ser atendido. Verán. La lectura del documento nos ha despertado unos sentimientos que van desde el desconcierto y la perplejidad iniciales, hasta la indignación por lo que nos parece un trato inadecuado si no injusto, ante esta desafortunada manifestación pública de una comisión de la Iglesia a la que pertenecemos y a la que amamos.

Finalmente, el sentimiento dominante es una profunda pena, por una intervención que, a nuestro modo de ver, en nada contribuye a la comunión eclesial y sí a la creciente desafección hacia la jerarquía, manifiesta en los de fuera y latente en buena parte de los de dentro.
Pero abandonemos el nivel de los sentimientos y vayamos al texto de la notificación. Aunque una parte de los miembros del grupo ha realizado estudios teológicos y todos hemos dedicado muchas horas de nuestra vida a la lectura, el estudio y la reflexión en grupo con vistas al esclarecimiento de nuestra fe, no somos profesionalmente -académicamente- teólogos.
No entraremos, pues, en el análisis de los diversos puntos de la obra de Torres Queiruga en los que la notificación se detiene, lo que nos exigiría una dedicación y un tiempo del que ahora no disponemos. Bien sabemos que como cualquier obra humana la de Andrés es discutible y que -justamente por amor a la verdad- es deseable que sea examinada y debatida.
Pero pensamos que esto ha de hacerse en primera instancia en pie de igualdad por quienes han dedicado el mismo esfuerzo que él a esclarecer los mismos asuntos. (Algo de eso se hizo, por cierto, en un congreso realizado no hace mucho en Santiago de Compostela y cuyas actas están a punto de publicarse). Con todo, nos permitirán dos observaciones.
Para empezar, nos sorprende que las versiones que el documento ofrece de las propuestas del doctor Queiruga no siempre nos resulten reconocibles. Y, modestamente, algo creemos conocer de ellas. Así -valga como muestra- el pasaje en que ustedes afirman que el autor distorsiona "la clara distinción entre el Creador y el mundo".
Cualquier oyente o lector de Andrés sabe con qué exquisito cuidado contrapesa -en la línea de la mejor tradición teológica y espiritual- la afirmación de la cercanía de Dios con la de su absoluta trascendencia.
Por otro lado, y con carácter más general, la lectura que ustedes hacen del trabajo de reinterpretación y reformulación realizado por Torres Queiruga nos parece sesgada y carente de la necesaria "empatía crítica". Aunque no dudamos de la rectitud de su propósito y de su sentido de la responsabilidad, no logramos liberarnos de la impresión de que juzgan de la ortodoxia de una teología -por fuerza parcial y limitada como lo es toda interpretación de la fe- desde la parcialidad de otra teología no menos limitada.
Según han señalado prestigiosos teólogos, no es sensato juzgar la consonancia con la verdad de la fe de una teología tan compleja y tan cuidadosamente elaborada como es la del profesor Torres Queiruga, con un texto de naturaleza catequética y pastoral como el Catecismo de la Iglesia Católica.
Por lo demás, hemos de confesar que en nuestro sentir y pensar de creyentes reflexivos no alcanzamos a ver esa incompatibilidad con la fe de la Iglesia sobre la que ustedes alertan. Más bien, ese repensar la fe llevado a cabo por Andrés nos permite redescubrir la novedad radical aportada por Jesús en un lenguaje comprensible para las mujeres y hombres de hoy: el vino nuevo en odres nuevos.
Si atendemos a las circunstancias y al contexto en el que se ha producido la notificación, no nos queda más remedio que verla como la culminación de un largo proceso de desconfianza y suspicacia de ciertos sectores frente a la labor de Queiruga. No se nos oculta que el documento resulta afín a la sensibilidad -respetable por supuesto- de ciertos grupos que cada vez gozan de más poder e influencia en nuestra Iglesia.
Y aunque no es ese el tenor literal del documento -ni, creemos, la intención del mismo-, lo cierto es que desde ángulos dispares y aun opuestos ha sido interpretado como la condena de un nuevo hereje. Sembrar tan graves sospechas sobre un trabajo intelectual al servicio de la fe mantenido durante cuarenta años nos parece lamentable. Pensamos que ello se deriva de un procedimiento inadecuado, poco respetuoso con la persona a quien se juzga, poco acorde con la gravedad de los juicios finalmente emitidos y, desde luego, ajeno a la fraternidad evangélica.

Terminaremos haciéndoles un ruego. Por favor, no lean en estas líneas ni solo ni principalmente -que también- el empeño por apoyar a una persona a la que admiramos y queremos, y con quien hemos contraído una impagable deuda de gratitud.
Creemos que en las actuales circunstancias es nuestro deber y nuestro mejor servicio a la Iglesia manifestar con toda claridad lo que pensamos. Vean, pues, en lo anterior ante todo el punto de vista -dolido, pero no resentido ni agresivo- de unas personas que comparten con ustedes lo esencial: una esperanza de la que intentan dar razón con toda honradez y hasta donde son capaces.
Personas que también aspiran a sentirse en la Iglesia como en su casa, cosa que hoy no siempre nos resulta fácil. En fin, reciban todos ustedes en este Martes de Pascua nuestros cordiales deseos de unidad en lo esencial, libertad en lo discutible, y -en todo y pese a todo- genuina fraternidad.

En Santiago de Compostela a 10 de abril de 2012.

Siguen 40 firmas al dorso.
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domingo, 15 de abril de 2012

Entrevista Andrés Torres Queiruga


13/04/2012
EL PAÍS. DANIEL SALGADO. Santiago de Compostela >El teólogo Andrés Torres Queiruga (Ribeira, A Coruña, 1940) ya estaba avisado. En 2009, la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe —el antiguo Santo Oficio— había filtrado que iba a condenar la obra del pensador gallego. Tardó tres años, pero lo hizo a conciencia en un documento publicado el pasado 30 de marzo. “Fue una pena que la Conferencia Episcopal diese un paso tan innecesario y sin fundamento objetivo”, declara a este periódico vía correo electrónico. Exige conversar por escrito para que nadie "malinterprete un tema tan delicado".
>Pregunta. Entre las críticas que la Conferencia Episcopal dedica a su trabajo, ¿hay alguna que merezca la pena refutar?
>Respuesta. Puede parecer orgullo, pero creo que ninguna. Todas esas críticas están hechas sin entrar de verdad en el dinamismo vivo de mi propuesta y se limita a una lectura limitada de mis obras, con mentalidad más bien escolástica. Hermenéuticamente, el documento es un pequeño desastre. Creo que una lectura atenta y perspicaz del texto, con las citas literales de mi obra, constituye la mejor defensa.
>P. ¿Qué cree que quieren decir los obispos cuando afirman que usted reduce la fe cristiana "a las categorías de la cultura dominante"?
>R. Ese sería el caso si se interpreta "actualizar" como "reducir". Pero una de mis preocupaciones fundamentales es siempre la de un cuidado exquisito en la diferenciación de los planos de pensamiento. Lo indican los títulos de mis obras: repensar los conceptos desde la cultura actual para recuperar la experiencia originaria y fundante.Los que me acusan deberían salir a la luz del diálogo público”
>P. ¿El cristianismo ha perdido esa experiencia originaria y fundante?
>R. No se ha perdido. Pero la experiencia solo se tiene como ya siempre interpretada. Mantener la misma interpretación cuando cambia la cultura tiende a hacer incomprensible la experiencia y matar su vitalidad. Por ejemplo, Jesús habló en arameo y desde la cultura bíblica, pero los evangelios los tenemos en griego y desde la cultura helénica. Sin esta reinterpretación, sería ininteligible para aquel mundo y ni siquiera llegaría a nosotros. Pues bien, nosotros vivimos después de la modernidad y si no logramos repensar la experiencia originaria en ese nuevo paradigma cultural, corre el riesgo de no ser verdaderamente comprendida.
>P. La jerarquía católica ataca su idea del “pluralismo asimétrico” de religiones. El catolicismo ¿niega la diversidad de religiones?
>R. La teología todavía no dispone de categorías adecuadas para enfrentarse al diálogo de religiones, que se presenta con una trascendencia impensable antes de la globalización. Yo intenté buscar alguna categoría y “pluralismo asimétrico”, junto a otras, me parece la más acertada. Tanto la teología actualizada como la realidad viva de muchísimos hombres y mujeres creyentes practica ese diálogo e intenta una nueva y fraterna convivencia.
>P. Usted rechaza “los milagros e incluso la resurrección de Jesucristo como milagro susceptible de pruebas empíricas”. ¿Su pensamiento continúa dentro del cristianismo?El diálogo entre religiones cobra trascendencia con la globalización”
>R. Sin duda. Como yo piensan hoy la mayoría de los teólogos actualizados. La crítica bíblica demuestra que de los llamados milagros de los evangelios apenas quedan algunas curaciones. Y la nueva visión del funcionamiento autónomo del mundo, proclamado solemnemente por el Vaticano II, Dios es presencia activa y promueve el mundo desde dentro. Igual que sucede con la existencia de Dios, pedir pruebas empíricas para poder aceptarla es tan absurdo como negarse a admitir la existencia de un sonido si no se demuestra su peso en kilos.
>P. Tras la condena episcopal, usted afirmó que “en ninguna otra nación europea con seria tradición teológica” se cuestionaría su obra.
>R. No hablo de la jerarquía católica española, sino de un grupo muy concreto y de unos teólogos afines. Aclarado esto, esa afirmación es cierta.
>P. ¿Quién forma ese grupo?
>R. No quiero entrar en un juego tan oscuro e irresponsable, cuando mi pensamiento ya ha sido suficientemente calumniado. Por espíritu eclesial y honestidad, deberían ser esas personas las que saliesen a la luz del diálogo público, se abriesen a la empatía de la comprensión y buscasen la fuerza de las razones.
>P. El catolicismo español ¿permite la libertad individual?
>R. Dentro del catolicismo, a pesar de este episodio, hay mucha libertad, más de la que el ambiente creado por las manifestaciones oficiales parece indicar. La vida de los grupos activos en la comunidad eclesial no le tiene miedo a la libertad. Mi ordenador echa humo con mensajes individuales y colectivos que me llegan de todas partes, animados de libertad evangélica.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/13/actualidad/1334346727_688826.html
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Una palabra oportuna que aliente al hermano


VIDA NUEVA Publicado el 12.04.2012
http://www.vidanueva.es/2012/04/12/homilia-obispo-alcala-reig-pla-una-palabra-oportuna-que-aliente-al-hermano/
JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | El clérigo y escritor inglés, profesor en Oxford, Robert Burton (1577-1640), autor de un significativo tratado sobre la melancolía, detuvo a los miembros de un tribunal de teólogos que acusaba a un compañero con juicios severos. Y dijo: “Una palabra hiere más profundamente que una espada”.
Se habían cebado con él y la autoridad de sus palabras detuvo a los incendiarios jueces (como ha pasado recientemente en España con un joven teólogo, que encontró un maestro con autoridad que detuvo su condena en las bambalinas).
Y es que hay palabras que hieren y deben cuidarse para que no abran heridas. Lo decía el teólogo alemán, Franz Rosenzweig, colaborador de Martin Buber: “El lenguaje es más que sangre”. Él había sido el gran compañero de sus andanzas por los textos bíblicos.
Precisamente el día en el que la Iglesia dedica su liturgia al silencio contemplativo de la Cruz, símbolo de amor y ternura, el Viernes Santo, el obispo de Alcalá de Henares, Reig Plá, en la celebración de la Pasión del Señor, retransmitida por La 2, rompió ese silencio mandando al infierno a mujeres que abortan, jóvenes que beben los fines de semana, homosexuales que frecuentan bares de alterne, etc.
No son solo las alusiones a la homosexualidad las inoportunas. El texto entero es preocupante. Cuando la Iglesia contempla la palabra de perdón, ternura y de misericordia en la soledad de la cruz, este prelado lanza una espada hiriente en un foro público, como es la televisión (la falta de presupuesto obliga a la programación a convertirse en madrileña).

Es como si faltaran ideas y un estribillo cansino se hubiera instalado en nuestra Iglesia. Goethe decía que “se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas”. Y la liturgia de ese día es tan rica en ideas y símbolos que hasta se recomienda que la homilía sea sencilla, sugerente, parca en palabras, para no romper el eco del silencio que ha dejado la sobria lectura de la Pasión según san Juan.

No podían dar crédito muchos de los que, imposibilitados para acudir a los templos, seguían los oficios por televisión. Madres, esposas, hijas. Padres que abrían los ojos escuchando cómo mandaba al infierno a sus hijos por ir de botellón o por dudar de su identidad sexual y afrontarla con serenidad y altura de miras.

La palabra puede eliminar el temor,
suprimir la tristeza, aumentar la compasión…
Y también sembrar vientos
que traigan tempestades.

A la Iglesia se le pide que sea un recinto de verdad, justicia, perdón y misericordia, no patíbulo. Lenguaje apocalíptico. “El infierno son los otros”, decía Camus. No es que sea políticamente incorrecto lo que ha dicho el prelado. Es que no se ajusta al estilo cristiano, y menos en un día en el que la sangre del madero se vierte sobre todos los hombres y mujeres que lo miran buscando el bálsamo de la misericordia entrañable y no la espada de la palabra que los expulsa a las tinieblas.

Alguien debería decir o hacer algo. La palabra es un poderoso soberano, que con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo, realiza empresas absolutamente divinas. Puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión. Y también sembrar vientos que traigan tempestades.

No era necesaria esa incendiaria homilía. Y no valen los matices, las interpretaciones, la caballería ciega. “Inspíranos, Señor, el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado” (Plegaria Eucarística V/b) y aleja estas palabras aterradoras.

* A ras de suelo: Torres Queiruga, advertido, por Juan Rubio

En el nº 2.796 de Vida Nueva.
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"Que no sea condenatoria ni juzgue desde la perspectiva patológica"


Religión Digital/ 11 de abril de 2012
"Se echa de menos en la Iglesia una moral prudente con la homosexualidad"
"Una relación extramarital no se convierte automáticamente en inmoral e incorrecta"

(Juan Masiá)- Ante afirmaciones opuestas sobre la homosexualidad, hay que aclarar para el alumnado en clase de moral teológica cristiana. Hay que evitar : 1) La manipulación ideológica del tema por posturas políticas de signos opuestos.

2) Las formas exageradas de algunas reivindiciones, que hacen flaco favor a su causa.

3) Las declaraciones desde posturas religiosas condenatorias.

4) El fomento mediático-satírico de la discriminación socio-cultural, que alimenta prejuicios homofóbicos.

5) La insistencia en terapias centradas en cambiar la orientación sexual de la persona, empeñadas en considerarla desde perspectiva patológica.

Los documentos oficiales de la Iglesia, aunque han mejorado, siguen sin superar la ambigüedad cuando acentúan lo desordenado de la orientación, aun reconociendo que no es pecaminosa.

Se echa de menos una moral de prudencia responsable que, a la luz de criterios, decide creativamente en situaciones, en vez de una moral de recetas, que aplica automáticamente normas a casos.

Aun con insuficiente de la enseñanza católica oficial, es posible, al menos decir lo siguiente:

1) La orientación homosexual en sí misma no es un mal moral (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de personas homosexuales, 1986, n. 3).

2) La comprensión de la sexualidad no debe reducirse a sus aspectos biológicos.

3) El conjunto de la personalidad no puede reducirse a la orientación y el comportamiento sexual (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 2359).

4) Algunos textos de la Escritura en que se alude a prácticas homosexuales deben ser leídos en el contexto de denuncia de las costumbres sociales de la época; no deberían utilizarse para juzgar culpabilidades (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Persona humana, 1975, n. 8).

5). En lugar de concentrarse en la moralidad, habría que tratar el problema de las reacciones negativas con que se confronta este tema en la Iglesia y en la sociedad.

6) Las personas con una orientación homosexual no deberían ser discriminadas ni en la sociedad ni en la Iglesia (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2358).

Sin embargo, estos criterios generales no bastan. La moral revisionista cristiana va más lejos. "Ninguna de las fuentes de la ética sexual cristiana proporciona luz suficiente acerca del estatuto moral de las relaciones homosexuales, cuando nos limitamos a preguntar simplemente si están prohibidas o permitidas", dice Margarte A. Farley. "La orientación sexual no se elige ni se cambia fácilmente. No es por sí misma moral, ni inmoral ni premoral" ( A Framework for Christian Sexual Ethics, Continuum, New York, 2008, p. 273) La actividad sexual que brote de ella podrá ser moral o inmoral", dicen Salzman y Lawler (The sexual person. Toward a renewed catholic anthropology, Georgetown University Press, Washington D.C., 2008, p.235).

Ni el hecho de que procedan de una orientación homosexual hace a esos actos inmorales, ni el que provengan de una orientación heterosexual los hace morales. Sobre unos y otros habrá que preguntar si la relación es razonable, responsable, justa, complementaria, amorosa, humanizadora... o si no lo es. Igualmente, ni el mero hecho de ser extramarital una relación la convierte por ello automáticamente en moralmente incorrecta, ni el hecho de de acontecer dentro del matrimonio la exime de tener la doble posibilidad de ser correcta o incorrecta moralmente. Incluso un autor como Vico Peinado, que conjuga la apertura de criterio con un cuidado exquisito por no desviarse del magisterio eclesiástico y afirma que "en el plano del ideal tensional de los valores la homosexualidad no es el camino mejor para encarnar la dirección humana y cristiana de la liberación sexual", afirma al mismo tiempo que este juicio acerca de los valores no permite concluir que quienes no respondan a estas exigencias sean éticamente condenables e insiste en el hecho de que el comportamiento homosexual es tan variopinto como pueda serlo el heterosexual (Liberación sexualy ética cristiana, San Pablo, Madrid 1999, 433-492)
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