viernes, 10 de febrero de 2012

¿POR QUÉ ESTOY A FAVOR DE “EDUCACIÓN A LA CIUDADANÍA”?


SANTIAGO CATALÁN OLARIA, santi257@gmail.com
LA LAGUNA (TENERIFE).


ECLESALIA, 10/02/12.- Soy profesor de Religión en una diócesis en la que se trabaja mucho y muy bien a favor de la educación integral del alumnado desde su Delegación de Enseñanza. Como muchos otros compañeros y compañeras, que ejercemos nuestra labor en la enseñanza pública; desde el primer instante he tratado de conquistar mi puesto y el prestigio de la asignatura que imparto a base de actualización constante en lo pedagógico y normativo, formación y construcción de la programación de cada curso atendiendo a la realidad del alumnado, a las demandas de las familias y a las directrices marcadas por la Conferencia Episcopal Española, la LOE, Ministerio de Educación, Consejería de Educación y Proyecto Educativo del Centro en el que ejerzo,… tratando en todo lo posible de hacer equipo con todas mis compañeras y compañeros de claustro buscando la complementariedad, colaboración y disponibilidad para ayudar en cualquier dificultad que en el devenir diario se vaya produciendo.
Escuché recientemente en las noticias de la televisión lo que ya se venía mascando en el ambiente desde hace años, casi desde que la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” (EpC) echó a andar. Quieren hacerla desaparecer o, al menos, cambiarla por otra con un nombre que, a mi juicio, cuando menos es en exceso restrictivo.
Puedo comprender la postura de no pocos padres y madres a quienes no les gustara el enfoque dado a la asignatura de EpC (de hecho nació mal: sin consenso e impuesta, tanto en su contenido como en su forma), pero esto, que en principio no era bueno y ha sido la causa de esta defenestración de la misma a la postre, no ha demostrado ser de facto determinante ya que “dependiendo de las editoriales que le han dado forma y también conforme el profesorado la haya trabajado con su alumnado, esta asignatura podía –y de hecho ha dado- ocasión de abordar multitud de campos en los que siempre se ha entrado, desde cualquier área incluso, con todo el profesorado,… pero era necesario hacerlo de forma expresa PARA TODOS y de una forma sistemática”.
Educación para la Ciudadanía y Religión.
Quienes saben lo que es la asignatura de Religión en la escuela y lo que debe ser y ya viene siendo desde hace décadas –aunque algunos parecen no haberse enterado todavía a juzgar por los juicios que emiten sobre ella- sabrán que esta materia es OPTATIVA, es libre, sólo la elige quien la quiere para sus hijos, por lo tanto a nadie perjudica su existencia; pero aparte de esto también sabrá que es un área que además del hecho religioso aborda con gran amplitud y profundidad todo el terreno de los VALORES HUMANOS –este tecleador piensa que “cuanto más humanos, más cristianos”- puesto que tienen una consustancial relación con el mensaje cristiano que todos nuestros niños y niñas y jóvenes tienen derecho a conocer.
No pocos alumnos del centro docente en el que trabajo me dicen cuando toman contacto con EpC: “Profe, es “Religión-II”, trabajamos muchos temas que son como los que tratamos aquí en clase contigo”.
Su entusiasmo es más que elocuente, ¿por qué?... pues porque observaban que EpC aportaba una visión muy positiva del ser humano (incompleta si se quiere, algo sesgada,… vale, de acuerdo,… pero llena también de muchos elementos integradores, una gran reflexión sobre la necesidad de trabajar la inclusión social, aprender a vivir desde la tolerancia a la diversidad, etc…).
No en vano, por supuesto, trabajo mi asignatura siempre en relación con todos los demás saberes y hay comunicación entre el profesorado en todo lo relacionado con lo educativo-formativo.
En mi centro docente hay un porcentaje del 95% de alumnado apuntado en Religión pero me consta que en otros colegios ese porcentaje es algo más bajo (la media nacional ronda el 75% en Infantil y Primaria) y… aquí es donde hallo yo el quid de la cuestión y que motiva mi protesta por la decisión de dar punto y final a EpC.
Educación para la Ciudadanía y Educación Cívica y Constitucional
¿Garantizará la “Educación Cívica y Constitucional” los contenidos y educación en valores que aunque de forma mejorable ya se apuntaban con claridad en EpC? Si ello no fuera así ¿qué pasa con el alumnado que “no está en Religión” y que tiene derecho a recibir “educación en valores” desde el ámbito docente?, ¿deberá renunciar a ese bien?
Quisiera pensar que esta asignatura que reemplazará a EpC suplirá sus deficiencias y contentará a todos, no sólo a una parte de nuestra sociedad… pero tal como observo y escucho en esta sociedad… quizás no sea así debido al tan manido argumento de que “educar educan los padres y la escuela está únicamente para instruir”; con reservas y muchos y sustanciales matices -en los que no voy a entrar- puedo decir que comparto este argumento, al menos en parte, pero… más preguntas: ¿qué pasa con ese alumnado que en vez de educación en valores u otra educación lo que recibe en sus casas es la antítesis de ello?, ¿dónde van a encontrar la oportunidad de crecer en los fundamentos de su personalidad?, ¿es suficiente sólo con llenar su cabecita de conocimientos empíricos?,… o ¿acaso no será primordial apoyarle en su edificación, en primer lugar, de su persona y luego ayudarla con todo lo demás?.
Por desgracia, además, este asunto se ha politizado demasiado; lamentablemente se utilizó desde el principio la asignatura EpC como arma ideológica que sólo fue capaz de mostrar algunos puntos de vista y despreció el diálogo y construcción conjunta entre las diversas perspectivas existentes en este país, pero también –aprovechándose de ese grave error de fondo- se le utilizó por otros para arremeter contra quienes la impulsaron y la implantaron en el sistema educativo: poco les importaba a unos y otros en el fondo dicha asignatura, así lo pienso y así lo digo con toda claridad.
Entre unos y otros… se la cargaron, y quienes la hemos conocido desde la aplicación concreta y real en las aulas… -aunque efectivamente hemos constatado sus carencias, limitaciones- sin embargo hemos visto en ella una gran oportunidad, la misma que reivindicamos no pocos, incluido este profesor de Religión, por supuesto, porque nos toca de cerca y estamos por la labor de sumar y no de restar.
Reconstruir
Es fácil criticar, aporrear un teclado o escribir mil papeles sobre lo que se quiera: eso lo aguanta todo, pero de lo que se trata es de “ver cómo echamos esto p’delante de manera que sirva, que sea realmente un servicio a toda la sociedad y no a unos o a otros únicamente, sino para todos”.
¿Qué propongo?
1. De entrada, crear una “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto” entre todos los agentes relacionados directamente con el asunto educativo: Representantes de Asociaciones de padres y madres, de centros docentes públicos y privados y otras entidades que trabajen directamente en el terreno de la educación. (Aquí no incluyo ni a partidos políticos ni a sindicatos, para nada).
2. Generar foros de diálogo y debate en partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, Gobierno, etc… que sirvan para ofrecer toda la pluralidad de perspectivas existentes en nuestra sociedad y puedan ser tenidas en cuenta por la “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto”.
3. Determinar juntos un tiempo suficiente para llegar al final a unas conclusiones lo más consensuadas posible entre todos los agentes de la “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto”, de manera que la opción finalmente aprobada no haga depender su validez del color del partido gobernante de turno y demuestre el respeto y valor que esta materia, se llame después como se llame, merece y necesita.
A todos nos conviene dejar aparcadas las respectivas ideologías ya de una vez y mirar en primer lugar a las personas. El futuro de la humanidad está no en ideología alguna, en ningún sistema económico, sino en la toma de conciencia de que “el ser humano es parte de la humanidad entera, entender que esta humanidad es plural, inmensamente diversa y en esa diversidad hemos de ser capaces de construir mundo, hacer de la Tierra casa de y para todos en armonía con toda la naturaleza en todas sus formas”.
No escondo el rejo, por supuesto, ni hallo motivo alguno para amagarlo, así que no tengo remilgo alguno en añadir que “ésa es la vocación que late en el fondo de nuestros corazones: somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos unos de otros y estamos en este mundo para hacer de él casa, hogar de todos y para todos,… no para expoliarlo cada cual a su gusto o según su ideología”.
Desde esta base seremos capaces de construir todo y reconstruir todo lo maltrecho. Sólo es cuestión de sentarse, dejar en la puerta nuestras banderitas y allá fuera nuestras respectivas trincheras -todas inconexas, por cierto- entre unos y otros, sin armas arrojadizas pero sí con ganas de entendernos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Paz y bien.
Un cristiano de a pie.

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