domingo, 1 de enero de 2012

Pregón de Navidad (en Brihuega, Guadalajara)


por Ana María Schlüter

Con los ángeles de Belén os anuncio una gran alegría: nos ha nacido un Salvador.
Ha nacido en Belén y tiene que nacer en nosotros también – de lo contrario, ¿de qué sirve?
Es alguien que salva de verdad, que llena el corazón, porque ya se puede tener de todo y no ser feliz. Este Salvador hace surgir una felicidad diferente, que no depende de cosas ni poderes y que mueve el corazón a entregarse a los demás.

Cuando nació Jesús en Belén, Salvador pobre y vulnerable, los consejeros dijeron al rey Herodes, asustado y temeroso de perder su poder: “Ha nacido un rey.” Herodes intentó matarlo, matando a todos los recién nacidos varones, pero no lo consiguió.
Treinta años después, cuando apresaron a Jesús y lo condenaron a muerte, Pilatos le preguntó directamente: “¿Eres rey?” Y él contestó: “Lo soy, pero mi reino no es de este mundo. Si fuera rey de este mundo, mis tropas lucharían por mí.” Muere crucificado, y en la cruz quedó escrito por orden de Pilatos “rey de los judíos”.
¿Qué clase de rey es éste? ¿Qué poder tiene para salvar alguien como él, que nace pobre y vulnerable y muere una muerte ignominiosa como si fuera un malhechor?
Evidentemente no tiene poder material, económico, político, ni siquiera religioso como el de los letrados y fariseos de su tiempo. Su poder es humilde y grande a la vez, es el poder de la verdad y de la bondad para con todos, un poder que transforma los corazones.

¡Cuánto bien ha hecho y sigue haciendo a la humanidad entera! Para hombres y mujeres, tanto cristianos como para muchos que no lo son o no se consideran tales, es una fuente de luz e inspiración en la vida. Es una luz que brilla en medio de la noche, tanto en las noches personales como en la noche oscura de nuestro tiempo, en que tienen un gran poder la codicia y la mentira. En medio de esta noche brilla su Luz. Los salmos, la oración de los humildes que confían contra viento y marea, repiten una y otra vez: En el fondo es Él quien gobierna; Él es el señor de la historia a pesar de que parezca todo lo contrario. María canta: “derriba del trono a los poderosos y levanta del polvo a los humildes.”

Una luz que brilla en medio de la noche,
¿Quién la puede ver?
El corazón que tiene ojos y está en vela, dice Angelus Silesius.
Es una luz que solo se ve con el ojo del corazón. Solo los pobres y humildes lo ven, canta el villancico.

Cuenta una leyenda que una vez hubo un hombre que en medio de la noche salió a buscar fuego. Fue de casa en casa, pero todo el mundo estaba dormido. Por fin vio a lo lejos el resplandor de un fuego y se fue para allá. Estaba en campo abierto y había muchas ovejas alrededor del fuego y un viejo pastor guardando el rebaño. Al acercarse, el hombre vio que a los pies del pastor dormían tres perros enormes, que se despertaron y se abalanzaron sobre él, pero aunque intentaban ladrar no podían, y cuando le quisieron morder, les fallaron sus mandíbulas y fauces, y el hombre no sufrió ningún daño.
Entonces el hombre quiso seguir para llegar hasta el fuego, pero las ovejas estaban muy juntas, y era imposible pasar por en medio. Así que pasó por encima de sus espaldas en dirección al fuego, y ellas no se movieron. Cuando casi hubo llegado, se despertó el pastor. Era un viejo gruñón, que se portaba mal con todo el mundo. Al ver llegar a un extraño, cogió su palo, largo y puntiagudo, y lo lanzó hacia él. El palo fue derecho, pero antes de dar en el hombre, se desvió y cayó a lo lejos.
Entonces el hombre se acercó al pastor y le pidió un poco de fuego; éste de buena gana le hubiera dicho que no, pero al acordarse de que los perros no lo habían mordido ni las ovejas habían huido de él y que el palo se había desviado, le entró algo de miedo y se lo permitió.
Sin embargo, el fuego ya estaba casi apagado; ya no quedaban ramas, sólo un montón de ascuas, y el extraño no tenía ni pala ni cubo para llevarlas. Al verlo, el pastor se alegró maliciosamente, pero el hombre se agachó y con sus manos fue cogiendo restos de carbón ardientes de entre las cenizas y los fue guardando en su capa. Y ni se quemaron sus manos ni la capa.
Entonces el pastor decidió no perder de vista a ese hombre y lo fue siguiendo hasta una cueva; y en ella vio a una mujer con un niño recién nacido. El pastor pensó que este niño pobre e inocente se iba a morir de frío y, aunque era un hombre duro, se conmovió y decidió ayudarle. Cogió una piel de oveja blanca y suave, que llevaba en su morral, y la entregó al hombre para el niño.
En ese mismo momento, en que demostró poder ser compasivo, se le abrieron los ojos y vio lo que no había visto antes, que la cueva estaba rodeada de ángeles cantando llenos de alegría que había nacido el Salvador.
Entonces el pastor se dio cuenta de por qué en esta noche todas las cosas estaban tan felices que no querían hacer daño a nadie. Sintió tanta alegría de que se le habían abierto los ojos, que cayó de rodillas para dar gracias a Dios.
Verdaderamente, no importan luces ni lámparas, no depende del sol ni de la luna, lo que hace falta es que tengamos ojos capaces de ver las maravillas de Dios.

El profeta Isaías dice: “Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is 58, 9-10).
Que en este sentido vaya la Campaña Solidaria de Navidad “Ellos te necesitan”, que por estas fechas se celebra desde hace ocho años en Brihuega, pensando sobre todo en los más necesitados y vulnerables, los preferidos del Padre. Este año la Campaña se centra en los campamentos Saharavis y en una Escuela de Formación Profesional para 150 jóvenes en Emdibir de Etiopía, sin olvidar tampoco necesidades básicas, que atiende la parroquia de Santa María, aquí mismo.
Organizan la campaña, junto con el Ayuntamiento, asociaciones culturales como Gentes de Brihuega, la Asociación de la Mujer y Bri-joven, asociaciones educativas como las AMPAS del Colegio y del Instituto así como el Teatro Solidario de los niños de Brihuega, asociaciones deportivas como las de fútbol-sala, de baloncesto y la V Carrera Popular Solidaria del domingo pasado. No faltarán tampoco este año las tradicionales “Migas Solidarias” completadas con dulces como postre, preparadas con mimo por las mujeres de la villa. La Ronda pasará por las calles, se cantarán el “Aguinaldo” de Brihuega y las jotas alcarreñas; y estarán presentes la Escuela de Música, el Coro Parroquial y la Banda de Música de Brihuega con un Concierto Solidario de Navidad a cargo de esta última.
O sea, que Brihuega entera se volcará de un modo u otro, unos actuando y otros participando con su asistencia y sus aportaciones. Que a todos “brille la luz en las tinieblas y la oscuridad se vuelva mediodía”, como promete el profeta Isaías a los que se vuelcan con los demás.

A los forasteros y todos los vecinos de Brihuega, villa en que convivieron durante siglos cristianos, musulmanes y judíos, os deseo la Gran Alegría: a los cristianos de diferentes confesiones, católicos, ortodoxos, protestantes u otros, a los creyentes judíos y musulmanes o de otras religiones, como lo eran los tres sabios de Oriente que llegaron seguramente desde Persia a adorar al Niño, y a los que no se consideran de ninguna religión, a todos: ¡Muy Feliz Navidad! ¡Paz, pace, shalom, salam, heiwa! ¡Paz y Bien!

(Ana Maria Schlütter es Maestra Zen. Trabaja y vive en el Zendo Betania de Brihuega, Guadalajara)




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