viernes, 23 de diciembre de 2011

Acto de fe y esperanza


"Porque creo que Dios es nuevo cada mañana
que está creando el mundo en este mismo instante
y no en un tiempo pasado, remoto y obscuro.
Esto me fuerza a encontrarme con Él, en cada instante
Porque lo que es inesperado es la ley de su providencia.

Este "Dios inesperado" nos salva y nos libera del determinismo
e ilumina los sombríos pronósticos de los sociólogos.
Este Dios inesperado es un Dios que ama a sus hijos,
todos los hombres.
Esta es la fuente de mi esperanza.

Yo soy un hombre de esperanza fiado no en razones humanas
ni en un natural optimismo
sino sólo porque creo que el Espíritu Santo está trabajando
en la Iglesia y en el mundo,
y no importa si éste lo sabe o no.

Yo soy un hombre de esperanza porque creo que el Espíritu
Santo es el Creador incesante que da cada mañana
a los que lo reciben una nueva libertad,
suministrándole el gozo y la confianza.

Yo soy un hombre de esperanza, porque sé que la historia de la iglesia
es una larga historia llena de hechos maravillosos del Espíritu Santo.
Pienso en los profetas y en los santos,
que, en los momentos más difíciles,
se convirtieron en instrumentos de gracia
e iluminaron el camino con clara luz.

Yo creo en las sorpresas del Espíritu Santo.
Juan XXIII fue una de ellas. También el Concilio.
Nadie esperaba, ni al uno ni al otro.
¿Por qué la imaginación de Dios y su amor se van a agotar en nuestro días?

Esperar es un deber, no un lujo.
Esperar no es soñar, sino todo lo contrario:
es el medio para transformar los sueños en realidad.

Felices son aquellos que se atreven a soñar
y están dispuestos a pagar un alto precio
para que sus sueños se hagan realidad en la vida de los hombres."

Cardenal Suenens (traducido de "Une nouvelle Pentecôte?")

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