domingo, 24 de julio de 2011

Atención, escucha y fidelidad corresponsable

Hay problemas que se vienen advirtiendo en la Iglesia Católica Romana desde hace décadas, como el de la escasez de sacerdotes, las comunidades sin eucaristía, el debate sobre el papel de las comunidades en relación a los ministerios, la recuperación del celibato como carisma no vinculado obligatoriamente al presbiterado, la cuestión de la mujer y los ministerios...
El problema no son sólo los contenidos que se han de debatir, sino las estructuras y las relaciones en las que se pueden realizar los debates. Esto va unido a cambios eclesiales y cambios sociales, que pueden ayudar a diversificar las respuestas, pero que también hacen más compleja la situación.

Hay propuestas diversas en relacion a estos problemas y a sus posibles soluciones, que pueden ayudar a abrir nuevos caminos y deben ser consideradas. Lamentablmente, hay tambien actuaciones parciales que son un mirar para otro lado; Y, en algunos casos, tal vez queriendo salvar la gobernabilidad, significan echar cierres de dificil apertura, una estrategia poco admisible para la mayoría del Pueblo de Dios y para las sociedades que lo contemplan.

Los síntomas de malestar y las reacciones que se están suscitando en cadena en diversos lugares y sectores de la Iglesia, en relación al tema del ministerio presbiteral, deberían verse como un signo de que los tiempos para compartir visión y para encontrar salidas participativas, consensuadas ampliamente, se están agotando.
Quizà se está esperando a mejorar las condiciones y crecer en madurez. Pero no hay que alargar en demasía los tiempos.

No es para sorprenderse de algunas reacciones. Hay cosas que se ven venir y no se deberían enfrentar principalmente con críticas y sanciones - porque muchas son fruto de situaciones de grave alerta y de fidelidad a la conciencia- sino con el diálogo y la reflexión conciliar, que ya se debe estar preparando con una actitud positiva y propositiva.

En realidad, estos problemas y estos retos, no son sólo un desafío para el Vaticano,como dice el titulo de la noticia, sino para toda la Iglesia. El Vaticano tiene su responsabilidad, que no es menor, pero no es única. Que cada cual asuma su responsabilidad ante el futuro.

Proconcil intentará responder a su carisma de mediación, siempre que la demanda exista. Al contrario de lo que opinan algunos expertos, aun albergamos profunda esperanza en que toda esta preocupación este siendo ya compartida por amplios sectores y en que se traduzca en algo positivo para la Iglesia; lo que significa un proceso de cambio real que hoy resulta dificil imaginar


LA NOTICIA

La escasez de sacerdotes es un desafío para el Vaticano

Laurie Goodstein
The New York Times
http://www.blogger.com/img/blank.gif
22/07/2011
Fuente: http://m.noticias.uol.com.br/midiaglobal/nytimes/2011/07/23/escassez-de-padres-e-um-desafio-para-o-vaticano.htm
Más de 150 sacerdotes católicos en los Estados Unidos firmaron una declaración, en apoyo de un clérigo que podrá ser removido por asistir a una ceremonia que supuestamente ordenó a una mujer como sacerdote, haciendo caso omiso de las enseñanzas de la Iglesia.La acción de los sacerdotes americanos se produce después de un "Llamamiento a la desobediencia", publicado el mes pasado en Austria por más de 300 sacerdotes y diáconos. Estos sorprendieron a los obispos con un compromiso de siete puntos, que incluye la promoción activa de la ordenación de mujeres y hombres casados y la recitación pública de una oración por la "reforma de la Iglesia" en todas las misas.

Y en Australia, el Consejo Nacional de Sacerdotes ha publicado recientemente una fuerte defensa del obispo de Toowoomba, que emitió una carta pastoral diciendo que, debido a la grave escasez de sacerdotes, él ordenaría a mujeres y a hombres casados "si Roma lo permite". Después de una investigación, el Vaticano lo obligó a renunciar.

Aunque estos hechos dispares no lleguen a representar un levantamiento clerical ni tuvieran consecuencias para el cambio, estudiosos de la Iglesia observan que es la primera vez, en años, que grupos de sacerdotes en muchos países están defendiendo públicamente a aquellos que están desafiando a la Iglesia a reconsiderar el sacerdocio celibatario exclusivamente masculino.

El Vaticano declaró que la cuestión de la ordenación de las mujeres no está abierta a la discusión. Pero estos sacerdotes están afectados en primera llnea por la escasez de sacerdotes- son obligados a atender varias parroquias- y es, en parte, lo que está llevando a muchos de ellos a manifestarse.

"Ellos están diciendo, no tenemos suficientes sacerdotes, estamos cerrando las parroquias", dijo David J. O'Brien, que ocupa un puesto en los estudios de la fe y la cultura en la Universidad de Dayton, un facultad católica marista en Ohio.
"Es una señal de que las necesidades pastorales son de suficiente gravedad para que los sacerdotes estén diciendo: 'Esperen un minuto, no se pueden ignorar las consecuencias pastorales de las cosas hechas y dichas desde arriba'"

Expertos en la Iglesia dijeron que era sorprendente que 157 sacerdotes hubieran firmado una declaración en apoyo del sacerdote americano Roy Bourgeois, porque él hizo mucho más que manifestarse: pronunció la homilía y bendijo a una mujer en una ceremonia de ordenación ilícita realizada por el grupo Sacerdotisas Católicas Romanas. El grupo afirma tener 120 mujeres ordenadas como sacerdotes y cinco obispos en todo el mundo. El Vaticano no reconoce laa ordenaciones y declaró a las mujeres automáticamente excomulgadas.

Bourgeois, miembro de la orden religiosa de Maryknoll, recibió una carta del Vaticano en 2008, en la que se le advirtió que iba a ser excomulgado si no se retractaba. Envió una larga carta al Vaticano, y dijo que estaba siguiendo su conciencia. El Vaticano nunca respondió, dijo.

Pero Maryknoll nunca le rechazó y el continuó ejerciendo como sacerdote. Él es bastante conocido. Bourgeois, ahora de 72 años, era un misionero norteamericano en El Salvador durante la época de los escuadrones de la muerte y desde entonces ha realizado protestas contra la guerra en el exterior de la Escuela de las Américas del Ejército de EE.UU. en Georgia.

Pero ahora, bajo presión del Vaticano, Maryknoll envió al primero dos "advertencias canónica" exigidas, de que sera apartado si no se retracta. Bourgeois, dijo que si se retractara para salvar su sacerdocio o su pensión estaría mintiendo.

"Yo lo veo claramente como una cuestión de sexismo y, como el racismo es un pecado", dijo en una entrevista esta semana desde su casa en Georgia. "No hay justificación, no importa cuan arduamente los sacerdotes y los líderes de la Iglesia, comenzando por el Papa, intentemos justificar la exclusión de las mujeres como iguales. Esta no es la manera de Dios. Esta es la manera de los hombres."

En una declaración de 1994, cuyo objetivo era poner fin al debate, el Papa Juan Pablo II emitió una carta apostólica, Ordinatio Sacerdotalis, diciendo que "la Iglesia no tiene autoridad" para ordenar a las mujeres. Entre las razones dadas por la Iglesia está la de que los apóstoles de Jesucristo eran todos hombres, y que esta ha sido la práctica de la Iglesia desde entonces.

Christopher Ruddy, profesor asociado de teología sistemática en la Universidad Católica de América, dijo acerca de las recientes declaraciones de los sacerdotes: "No creo que se traduzca en nada."

"Algunos dicen que la enseñanza de la Iglesia sobre la ordenación de mujeres es una enseñanza infalible, algunos dicen que no está bien definida. Pero está claro que una norma extraordinariamente alta de autoridad doctrinal se ha invocado al respecto ", dice Ruddy, autor de" Probado en todos los caminos: el sacerdocio católico en la Iglesia de hoy "(Herder & Herder, 2006).

La declaración de 157 sacerdotes estadounidenses dice sólo que ellos apoyan el "derecho (de Bourgeois) de expresar lo que dicta su conciencia" - un texto cuidadoso con el fin de permitir que firmaran mas. El esfuerzo fue organizado por Call to Action, una organización con sede en Chicago que ha defendido durante mucho tiempo los cambios en la Iglesia. Ella pretende presionar a Maryknoll para que no aparten a Bourgeois.

"Maryknoll ha quedado atrapado en el medio", dijo Michael Virgintino, director de comunicaciones de los Padres y Hermanos de Maryknoll, con sede en Nueva York. "Es Maryknoll quien está intentando mantener vinculado al padre Roy, y deseo mucho que pueda haber una reconciliación entre Roy y la Iglesia."

Austria es el hogar de muchos sacerdotes y laicos católicos que buscan cambios en la Iglesia. Sin embargo, el arzobispo de Viena, Cardenal Christoph Schönborn, dijo sobre la reciente declaración de los sacerdotes que: "La convocatoria a la desobediencia, me sorprendió".

Además de pedir la ordenación de mujeres y hombres casados, los sacerdotes piden que las mujeres prediquen en la misa y dar la comunión a los católicos divorciados que se vuelven a casar sin una anulación.

Schönborn les respondió que, si los sacerdotes alimentan conflictos tan extremos con la Iglesia, no deben continuar en el servicio. Su portavoz dijo que el cardenal se reunirá con los líderes del grupo en agosto o septiembre.

En Australia la Iglesia se vio sacudida en mayo, cuando el Papa Benedicto XVI removió al obispo William Morris, de la Diócesis de Toowoomba, donde servía desde 1992. El Papa escribió al obispo que la enseñanza que impide la ordenación de las mujeres era "infalible".

El Vaticano envió al Arzobispo de Denver, Charles J. Chaput (nombrado esta semana como nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Filadelfia), para investigar a Morris.

El Consejo Nacional de Sacerdotes de Australia, que dice representar el 40% de los sacerdotes allí, condenó la expulsión, diciendo que los que influyeron en la decisión "tienen poca experiencia pastoral."

El Padre Ian McGinnity, presidente del Consejo de Sacerdotes en Australia, dijo en un e-mail: "El obispo Morris estaba esforzándose en tratar con honestidad problemas significativos en su diócesis rural, en particular la escasez de sacerdotes, lo que significa que algunas comunidades se ven privadas de la Eucaristía de manera regular."
Traducción: Proconcil
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viernes, 22 de julio de 2011

Desobediencia para renovar la Iglesia


Manifiesto de más de 300 párrocos austríacos
Redacción de Atrio

18-Julio-2011
El realismo de la experiencia pastoral se refleja en este documento de 300 párrocos austriacos que, de forma colectiva y pública, anteponen su conciencia a las normas oficiales de su Iglesia, para el bien de las comunidades a ellos encomendadas. ATRIO presenta el texto de un documento que empieza a circular, encuadrado por un artículo que hemos tomado de la agencia italiana Adista.
Soplan otra vez aires de tormenta en la Iglesia austríaca. Más de 300 párrocos, los partidarios a la Pfarrer-Initiative, movimiento nacido en S. Pölten en 2006, que pide reformas y cambios en la Iglesia y que ha programado en Linz para el próximo 6 de noviembre una gran convención, lanzaron el 19 del pasado junio, fiesta de la Trinidad, una «llamamiento a la desobediencia».
Después que el año pasado, la Iniciativa de los Párrocos había reaccionado duramente a las medidas emprendidas por Benedicto XVI para la gestión del escándalo de los abusos sexuales, por juzgarlas demasiado tibias (pidiéndole al papa que permitiese la creación de un organismo judicial independiente que investigase su actuación anterior o que dimitiera de su ministerio pontificio) y pidiendo la convocatoria de un nuevo concilio ecuménico y una reforma de la «actual estructura absolutista de la Iglesia», el llamamiento difundido ahora propone acciones puntuales de desobediencia, articuladas en siete puntos.
Este es el texto que está en alemán en la página web de Die Pfarrer-initiative
Llamamiento a la desobediencia.
El rechazo de Roma a una reforma de la Iglesia, esperada desde hace mucho tiempo, y la inactividad de nuestros obispos, no sólo no nos permiten sino que nos obligan a seguir a nuestra conciencia y actuar de forma independiente.
Nosotros, sacerdotes, queremos establecer, en el futuro, los signos siguientes:
Rezaremos, en el futuro, en todas las misas, una oración por la reforma de la Iglesia. Tomaremos en serio la palabra de la Biblia: pedid y recibiréis. Ante Dios, existe la libertad de expresión.
No rechazaremos, en principio, la Eucaristía a los fieles de buena voluntad. Esto se aplica especialmente a los divorciados con segundo matrimonio, a los miembros de otras iglesias cristianas y, en algunos casos, también a los católicos que han abandonado la Iglesia.
Evitaremos celebrar, en la medida de lo posible, los domingos y días de fiesta, más de una Misa, o de encargarla a sacerdotes de paso o no residentes. Es mejor una liturgia de la Palabra organizada localmente que las tournées litúrgicas.
En el futuro, consideraremos celebrar una liturgia de la Palabra con distribución de la comunión como una «Eucaristía sin sacerdote», y así la llamaremos. De esta forma, cumpliremos nuestra obligación dominical en tiempos de escasez de sacerdotes.
Rechazaremos también la prohibición de predicar establecida para laicos competentes y cualificados y para profesoras de religión. Especialmente en tiempos difíciles, es necesario anunciar la palabra de Dios.
Nos comprometeremos a que cada parroquia tenga su propia cabeza responsable: hombre o mujer, casado o soltero, a tiempo completo o parcial. Esto, sin embargo, no se hará por medio de fusiones de parroquias, sino mediante un nuevo modelo de sacerdote.
Por eso, vamos a aprovechar todas las oportunidades para manifestarnos públicamente a favor de la ordenación de mujeres y de personas casadas. Los vemos como compañeras y compañeros bienvenidos al servicio pastoral.
Nos sentimos, además, solidarios con los compañeros que por haberse casado ya no pueden ejercer sus funciones, y también con los que aunque mantienen una relación continúan prestando sus servicios como sacerdotes.
Ambos grupos, con su decisión, siguen a su conciencia como hacemos nosotros con nuestra protesta. Nosotros los vemos, así como al papa y a los obispos, como «nuestros hermanos». No sabemos qué más se deba exigir a la confraternidad. Uno es nuestro Maestro, pero todos nosotros somos hermanos. «Y hermanas», se debería decir también entre las cristianas y cristianos.
Es por esto por lo que queremos levantarnos, es esto lo que queremos que suceda, es por esto por lo que queremos rezar. Amén.
Domingo de la Trinidad, 19 de junio de 2011
Dura ha sido la reacción de los obispos a esta «llamada a las armas»: para monseñor Egon Kapellari de Graz, vicepresidente de la Conferencia episcopal, la unidad de la Iglesia está en peligro. El Papa y los obispos, ha dicho en un comunicado del 28 de junio, están suficientemente enterados de las exigencias pastorales de la Iglesia, pero no hay un estado de excepción que justifique una «senda preferente» para Austria: «la conexión con la Iglesia universal y con el Papa forma parte de nuestra irrevocable identidad».
«La lectura de la situación eclesial propuesta por la iniciativa de los párrocos —ha proseguido— es selectiva»: las peticiones podrían parecer plausibles a muchos, y es legítimo «expresar abiertamente las preocupaciones de la comunidad de creyentes», pero esto «es algo completamente diferente de la llamada a la desobediencia, de socavar el carácter de la Iglesia universal y de renunciar unilateralmente a obligaciones reconocidas por todos».
Queda por ver si se producirán consecuencias disciplinares para los promotores de la iniciativa. El 5 de julio, el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia episcopal, ha convocado de hecho al portavoz del movimiento, monseñor Helmut Schuller, que fue su vicario general desde 1995 hasta 1999. Según lo que lo que se puede leer en Die Presse (6/7/11), parece que Schönborn está preparando una carta a los sacerdotes en la que expresaría una dura crítica a su llamamiento, semejante, en los tonos, a la de Kapellari.
Y, sin embargo, no todo el episcopado tiene la misma opinión sobre estos temas, como había mostrado el año pasado una entrevista al prestigioso obispo de Eisenstadt, monseñor Paul Iby, en la que éste había puesto en cuestión el celibato obligatorio y subrayado la necesidad de replantear el sacerdocio femenino (Die Presse, 11/5/2010). Es cierto que el clero austríaco nunca ha ocultado su descontento y su disponibilidad a recorrer otros caminos para mantener viva la credibilidad de la Iglesia: el año pasado, una encuesta encargada al instituto de investigación Gfk Austria por el programa de televisión Orf 2 Kreuz und Quer, después publicado por el diario austriaco Die Presse, (28/6/2010), había puesto en evidencia que el 82% de la muestra de 500 sacerdotes preguntados fueron favorables a la ordenación de hombres casados y que casi dos tercios (62%) se mostraba favorable a la abolición del celibato obligatorio; el 40% opinaba entonces que el tener un hijo podría representar una experiencia positiva para un sacerdote.
[Artículo de Ludovica Eugenio, tomado de Adista N. 55/11 (16-7-2011) y traducido por ATRIO, teniendo en cuenta el texto alemán para la traducción del documento].
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jueves, 21 de julio de 2011

El odio entre los argentinos

Giaquinta, Carmelo J.
Revista Criterio Nº 2372 » Julio 2011

Publicamos parte de la intervención del arzobispo emérito de Resistencia en el encuentro del Proyecto Setenta Veces Siete. En su versión completa se tituló “Vence al mal con el bien”. En la Argentina no existe el odio entre religiones. ¿Ello autoriza a decir que no existe el odio religioso? Me animo a decir que, en su raíz, todo odio es religioso. Previo a la profesión de una religión concreta, en todo ser humano hay algo sagrado: su dignidad, que le es conferida desde el primer momento de su existencia. Y, consecuentemente, en todo hombre se da una tendencia innata a venerar esa dignidad. Es una especie de pre-religión. Constituye la base de todo diálogo humano. Es la piedra fundamental de toda ley y convivencia democrática. Por criminal que fuere una persona, su dignidad supera infinitamente su crimen. Y merece respeto, aun cuando haya que castigarla y ponerla en la cárcel. Incluso donde todavía rige la pena de muerte, pues ésta no despoja al reo de su dignidad. De allí que el desprecio a la dignidad humana, cualquiera sea su forma (física, moral, judicial), bien puede ser calificado de odio religioso. De allí, también, la facilidad con que este odio tiende a teñirse de motivos religiosos más específicos. Incluso, abiertamente antirreligiosos. ¿Por qué el comunismo es militantemente ateo? ¿Por qué el laicismo de Occidente está derivando hacia una abierta cristianofobia?

“Perón o Braden”

¿Existen odios entre los argentinos? Permitan que conteste la pregunta resumiendo mi experiencia vital en pocos trazos, que serán necesariamente un tanto burdos. En la década del 30, en la escuela primaria, en vez de jugar a “el vigilante y el ladrón”, jugábamos a matarnos entre unitarios y federales. Poco después, durante la Segunda Guerra Mundial, proseguíamos nuestra guerra infantil alistándonos con los aliados o con el Eje: “les bajamos tantos aviones; les hundimos tantas fragatas”; “andá, ustedes los tanos son unos c., que rajan ante los abisinios”. Reflejábamos sólo odios ajenos y lejanos. Pero nuestro corazón se predisponía a odiarnos cuando fuésemos grandes.

“Perón o Braden” fue la bandera que nos entusiasmó en 1945. ¡Qué grandes nos sentíamos al desafiar al nuevo Imperio americano, que surgía desplazando al británico! ¿Ese desafío unió a los argentinos? En realidad nos aisló del mundo. Cuando en octubre de 1949 llegué a Roma para concluir mis estudios, me sorprendí al constatar que nadie recibía nuestra moneda. Y que los argentinos merecíamos poca atención en los medios, a pesar de la migración todavía en marcha hacia nuestro país. El aislamiento exterior acrecentó la división interna, que tomó el color de “peronismo-antiperonismo”. Recuerdo el dolor del cónsul argentino en París, cuando en 1954 fui a actualizar mi pasaporte: “Padre, le suplico, no lea esos diarios. Son una vergüenza. Yo no tengo más remedio que exponerlos. Pero no los lea”.

Las consecuencias de nuestro enfrentamiento interior y aislamiento exterior fueron funestas. Existe una muy visible, que no queremos reconocer: el estancamiento, e incluso la involución de la Argentina. Por esa misma fecha, mientras que Japón, vencido y destrozado por dos bombas atómicas, trataba con dignidad con el vencedor y comenzaba su reconstrucción hasta transformarse nuevamente en una gran potencia, la Argentina, hasta entonces faro de esperanza para los pueblos hambrientos de Europa, promesa de una Nación de veras grande, al apostar a ser arrogante, comenzó a sufrir un proceso de raquitismo y enanismo que la ha llevado a la actual insignificancia internacional, incluso dentro de América latina, y a la división interna que nos carcome.

Nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una ocasión, manifestó su admiración por Alemania y su deseo de que la Argentina se le parezca. Conviene recordar que, en 1945, Alemania estaba militarmente vencida, ocupada por los ejércitos aliados, moralmente humillada por el nazismo, destruidas sus ciudades a ras del suelo, diezmada su población masculina, desmantelada su industria, recortada y desmembrada su geografía, obligada a recibir a millones de prófugos de los países del Este. Ante esta situación de desastre, el canciller Konrad Adenauer instauró una política realista, llena de dignidad con los vencedores, y de concordia hacia el interior, que la hizo resurgir. Este fue el secreto del milagro alemán. Incluso, con paciencia, se logró lo que se creía imposible: unir a las dos Alemanias. Esta es la Alemania que la Presidenta añora. ¿La Argentina tiene una política interna y externa semejante?

Tengo la impresión de que el país se hubiese quedado empantanado en 1945: aislamiento internacional y fragmentación interna. Con la salvedad de que el deterioro nunca se detiene. Si no se interviene a tiempo y con inteligencia, como en Japón y en Alemania, siempre va para peor. Los años que siguieron a 1945 mostraron la decadencia. Los militares que, en 1955, acabaron con la tiranía del segundo Perón, se desdijeron de la lúcida proclama del general Eduardo Lonardi –“Ni vencedores ni vencidos”–, y desde entonces sembraron el más rancio antiperonismo, que favoreció la resistencia peronista, y de rebote fomentó la guerrilla revolucionaria, con el ERP, los Montoneros, y la contrarréplica de la Triple A. Todo ello derivó en la más inimaginable y atroz dictadura, que floreció horrenda en 1976 y se agotó en 1983. En todo ello jugaba, por cierto, el contexto internacional: a) el maccarthysmo americano, que desembocó en la doctrina y prácticas de la seguridad nacional; b) el liberacionismo de los países del tercer mundo, que la Unión Soviética supo alentar por el único camino que conocía: la revolución armada. En medio de tales desvaríos y atrocidades, los militares, con la simpatía de muchísimos civiles de todos los partidos y condiciones sociales, se embarcaron en dos aventuras internacionales dementes: una guerra con Chile, que detuvo a último momento la intervención del papa Juan Pablo II, gracias a la insistencia obstinada del cardenal Raúl F. Primatesta; y la desastrosa guerra del Atlántico Sur. Muchas lágrimas de aquella época todavía esperan ser enjugadas. Desde diciembre de 1983 gozamos de democracia. los tumbos. Con dos gobiernos radicales que no supimos defender para que terminasen su mandato. Con dos períodos peronistas muy contradictorios: Carlos Menem y Néstor Kirchner. Con cientos, miles –¿decenas de miles? – de argentinos que han hecho la experiencia del piquete. Una especie de milicia popular caótica. ¿Entendemos la hipoteca que significa para el futuro una multitud de adolescentes que han hecho la experiencia de taparse la cara, tirar piedras, romper una vidriera, hacer retroceder a la policía?

Los militares quedarán en la historia como los responsables del surgimiento del ERP, Montoneros, Triple A, etc., y de toda la sangre que se derramó en los ‘70. ¿De qué violencias, quizá incontrolables mañana, seremos responsables nosotros –autoridades y ciudadanos– que hoy toleramos o instigamos el piquete, las barra bravas, el paro general injustificado, la permanente crispación política, la burla a las leyes y a la independencia de los poderes del Estado, etc.?

Cómplices


Supuesto que existen odios entre los argentinos, y que todo odio es radicalmente “religioso”, formulo una pregunta, aunque a primera vista parezca absurda: ¿los cristianos nos hemos hecho cómplices de este odio instigándolo o alimentándolo con razones seudo religiosas? No podemos negar que en los años 40, en el mundo católico, incluidos los eclesiásticos, hubo una gran simpatía hacia el Estado social-católico, que parecía encarnar Perón, a imagen del Estado español conducido por Franco, intolerante con la democracia. En algunos ambientes católicos, se condenaba sotto voce al papa Pío XII por su radiomensaje de Navidad de 1944 sobre la democracia. Luego, en la década del 60, la desilusión provocada por los militares, que pretendían erradicar de cuajo al peronismo, fue llevando a no pocos cristianos, especialmente a jóvenes universitarios, hacia ideologías de izquierda, inspiradas en el marxismo, y a optar por la violencia armada como medio inevitable para la liberación nacional. Los montoneros tuvieron una fuerte raíz católica. Ciertos cuadros fueron provistos por desertores de la Acción Católica, incluso con el apoyo de algunos de sus asesores. Por otra parte, es innegable que sectores importantes de las Fuerzas armadas se propusieron combatir al comunismo como si fuese el anticristo.

Y a tal fin no dudaron en escudarse en pretextos religiosos. No pocas veces se erigieron en veedores de la ortodoxia del clero, ante la aparente ineficacia del control episcopal. Así surgió el proyecto, que no cuajó, de que la Dirección del Culto Católico, del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, pasase bajo la órbita del Ministerio del Interior, para domesticar más fácilmente a los curas díscolos.

Recordando gestos y documentos de la época, advierto que de un lado y de otro se miraba la realidad socio-política argentina como quien la ve desde el agujero de una cerradura. Desde allí algo ínfimo de la realidad se puede ver, pero sin su contexto. Por tanto, totalmente deformada. Y desde esa deformación visual, unos y otros actuaban. Y no pocas veces justificando su accionar en razones seudo-religiosas. “La defensa del mundo occidental y cristiano”, decían unos. “El Reino de Dios hoy pasa por el PJ”, decían otros. Y así actuaban. Era un pecado condolerse por el asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu. Y era un acto patriótico desaparecer a quienquiera, torturarlo, matarlo, por la sospecha de estar vinculado de alguna manera con un supuesto guerrillero.

No podemos etiquetar la época del 60-70 como de “persecución religiosa”, porque la razón política primaba sobre el odium fidei. Sin embargo, cuántos inocentes, incluso personas de santidad probada, perecieron por el odio. No es improbable que entre ellos haya auténticos mártires. Pienso en el padre Mauricio Silva, de los Hermanitos del Evangelio, barrendero en las calles de Buenos Aires. Bastaba dar catequesis en una villa para ser sospechado de marxista, ser chupado y desaparecer para siempre. Una verdadera lástima que la Iglesia no haya documentado mejor esas desapariciones y muertes. Al pensar en ellas, me vienen a la mente las palabras de Jesús: “Llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios” (Jn 16,2).

Superar el odio

Para llegar a ser una patria de hermanos los cristianos en la Argentina debemos transitar un largo camino de dos carriles. Primer carril: profundizar en la comprensión del Evangelio del perdón y la reconciliación. Pero no sólo con la mente, sino con el corazón. Y, por tanto, con la oración. No podemos darla por supuesto. Hemos de cultivarla asiduamente. La liturgia de la Iglesia ofrece múltiples fórmulas de oración por la reconciliación. Si bien a los pastores nos cabe una especial responsabilidad en este campo, sería muy conveniente que los fieles laicos propusiesen especiales iniciativas al respecto.

Segundo carril: acrecentar la responsabilidad ciudadana en pos de la reconciliación de los argentinos. El campo es muy vasto. Y a los laicos y a los hombres todos de buena voluntad les cabe sin duda la primera responsabilidad. Me permito sugerir algunas tareas que me parecen fundamentales:

-procurar la verdad histórica de todo lo vivido en su integridad; y, por tanto, evitar sesgar la realidad. Los alemanes y franceses nos dan el ejemplo. Ayer tan enemigos, hoy se han puesto de acuerdo para redactar juntos los manuales escolares de historia, y así evitar que éstos nutran un nuevo nacionalismo exacerbado en sus pueblos;

- promover la autocrítica sincera de todos los sectores de la sociedad argentina en la responsabilidad que les cupo en los hechos del pasado. En particular, en el peronismo, porque: a) con sus varias y disímiles vertientes, es el sector mayoritario de la población y está presente en todos los estratos e instituciones de la sociedad; b) ha sido un protagonista decisivo de aquellos hechos tan contradictorios (Héctor Cámpora, la matanza de Ezeiza, los Montoneros, José López Rega y la Triple A, Isabel Perón, la patria sindical enfrentada a la patria socialista, el nombramiento de los jefes militares que dieron el golpe del 24 de marzo de 1976 y conformaron la Junta de la dictadura, etc.). Toda autocrítica es delicada, pero ésta lo es muy especialmente. Y ello porque al peronismo le falta entrenamiento al respecto, y no ha probado lo saludable que le resultaría la autocrítica al mismo movimiento-partido y a la sociedad argentina;

- estar atentos a cómo se lleva a cabo el proceso judicial de todo lo actuado en los ‘70, sea por los militares, los guerrilleros y sus cómplices, de modo que todo sea conforme a la verdad y a la justicia, en el cumplimiento de las leyes nacionales e internacionales, y sobre todo en el respeto de los derechos humanos, incluso de los que fueren reos de crímenes de lesa humanidad.

Que mañana los argentinos no debamos avergonzarnos tanto o más que los norteamericanos hoy por Abu Ghraib y Guantánamo.

http://www.revistacriterio.com.ar/nota-tapa/el-odio-entre-los-argentinos/ Leer más...

lunes, 18 de julio de 2011

De la depresión al gozo


Juan Masiá Clavel

Como los de Emaús, caminan hoy en las iglesias dos grupos deprimidos y deprimentes.

Cleofás dice que es injusto lo que han hecho ejecutando al Nazareno. Su compañero dice que fue culpa suya por meterse con los banqueros del templo. Cleofás lamenta que no triunfó la revolución esperada del Nazareno. Su compañero añora la tradición de antes del Galileo.

Discuten entre sí y se echan en cara mutuamente el respectivo desaliento, sin percatarse del peregrino a su lado.

Cuando le escuchan y le hacen quedarse a cenar, se les abren los ojos del corazón y las ventanas de la memoria.

Abandonan la discusión inútil y salen al camino, a las redes, a las fronteras, a anunciar Al Que Vive, y a descubrir su Presencia en cada caminante necesitado a quien inviten a comer.

Llegarán a,,, la “capital” (?), donde Pedro y compañía siguen encerrados, mitad miedosos, mitad agresivos, y les dirán: “Salid afuera, olvidad las discusiones que deprimen y anunciemos practicándolo el compartir que alegra y anima”. http://juanmasia.net/index.php?option=com_wrapper&view=wrapper&Itemid=65 Leer más...

martes, 12 de julio de 2011

Sacerdotes casados


Antonio Duato, 12-Julio-2011
Esta vez me atrevo a presentar en este “martes teológico” un artículo que me pidió la revista Concilium y que ha sido publicado este año en las seis diferentes lenguas (alemán, croata, español, inglés, italiano y portugués) en que se edita esta prestigiosa revista. Puede verse la ficha de la editorial y el sumario completo del número 240 cuyo título es Ser cristiano. Yo, desde ATRIO, lo dedico expresamente a Jerónimo y a Clelia, pioneros entrañables, y a todos los que en ATRIO buscan una auténtica nueva espiritualidad.

Una experiencia a tener en cuenta
Por Antonio Duato Gómez-Novella
Editor de Iglesia Viva y promotor de Atrio.org


Hablar de sacerdotes católicos casados no es un tema de futuro, que podría algún día permitirse en la Iglesia Católica. O un tema marginal: el de sacerdotes de rito oriental o procedentes del anglicanismo. Es una realidad ya existente, de la que hay una vastísima experiencia, presente ya en todas las diócesis del mundo y en número estadísticamente significativo: la de los sacerdotes que han dejado su ministerio sacerdotal por haber escogido la vida matrimonial. Empiezan a aparecer estudios sociológicos sobre este tema, donde se recogen no sólo estadísticas sino, sobre todo, relatos vivos de esas vidas[1].
Basándome en estos relatos, en el conocimiento de otras muchas vidas y en mi propia experiencia –fui durante 34 años sacerdote católico en ejercicio y llevo otros 20 años de casado y padre de familia– me gustaría señalar algunas reflexiones sobre la vida del sacerdote casado.
* * *
Existe el sacerdote casado clandestino. No deja su ministerio aunque viva plenamente una vida conyugal, a veces incluso con hijos y con algún tipo de reconocimiento civil del contrato matrimonial. Y aunque esta situación sea conocida, frecuentemente la permisividad del obispo y la comprensión de la comunidad le permiten seguir con el ministerio, mientras la convivencia se disimule con cualquier otro supuesto vínculo familiar. Parece que este tipo de sacerdotes casados se está extendiendo, evitando la salida de muchos sacerdotes necesarios para la atención de las comunidades. La vida conyugal y paterna hace con frecuencia al sacerdote una persona más comprensiva y centrada en su ministerio. Sin embargo, creo que un verdadero amor exige el hacerlo público, antes que nadie a los responsables y miembros de la comunidad cristiana. Es una violencia cruel tener que ocultarlo. Y resulta sobre todo injusto para la persona cónyuge que, aunque sea libremente, lo entrega todo a su ser amado sin que sea reconocida y tenida en cuenta en el trabajo sacerdotal ni en su vida social.
Existe el sacerdote casado que, aún habiendo hecho pública su vida familiar, no ha solicitado la reducción al estado secular ni renuncia a seguir ejerciendo su ministerio. Generalmente es porque la comunidad cristiana a la que sirve, aunque sea una parroquia oficial, le defiende frente a la pretensión episcopal de sustituirle. Los feligreses confían plenamente en él, ya que su condición de casado es asumida plenamente y valorada positivamente por la mayoría. En estos casos el amor no es clandestino y la presencia de la mujer es reconocida, pero se produce una insana tensión entre mantener el carácter institucional de su ministerio y contradecir expresamente una norma jurídica de esa institución. Es posible, como en el caso anterior de los sacerdotes casados clandestinos, justificar esa contravención de una norma canónica por motivos superiores de fidelidad a una comunidad cristiana a cuyo servicio se sienten dedicados. Pero implica estar continuamente replanteando interiormente por qué se está actuando oficialmente como ministro de una institución cuyas normas se inculcan manifiestamente. Y esto no lo considero psicológica y espiritualmente sano. [Añado para ATRIO: esta opción de no renunciar al ministerio, aún después de haber público el compromiso de pareja, tal vez deba ser más valorada estratégicamente. A veces se realiza con una serenidad y coherencia impresionantes, como en el caso de Julio Pérez Pinillos en España].
La situación sobre la que me gustaría seguir reflexionando es, en cambio, la del sacerdote que en un momento de su vida se ha abierto plenamente al amor conyugal y a la paternidad, haciéndolo público en su iglesia y en su sociedad, con todas las consecuencias. Esto supone la solicitud formal o la práctica de hecho de la secularización, con la pérdida de todo oficio en la iglesia que vaya ligado al ministerio sacerdotal. Generalmente comporta también la pérdida del trabajo docente en facultades eclesiásticas e incluso en centros civiles si se era profesor de religión. Éste sacerdote no considera como castigo el permanecer en la Iglesia como un simple laico. Para él es más bien una opción y una liberación, por muchos sacrificios que comporte. A este tipo de sacerdote casado me referiré en las consideraciones que siguen.
1. Una opción por el estado laical hecha por un sacerdote católico debe ser un acto plenamente libre y bien meditado. Para una persona que lleva muchos años (diez, veinte e incluso treinta o cuarenta) marcada por ese ministerio no es cuestión baladí, ni puede tomarse una decisión así bajo presión de acontecimientos o de otras personas, en depresión o “tiempo de turbación”. La persona deberá tener suficientes bagaje de conocimientos y de inteligencia emocional para analizar la complejidad de ese cambio en un momento determinado de su vida. Debe tener en cuenta el bien propio (incluidos sus sentimientos y mociones interiores) y también el bien de quienes dependen espiritualmente de él. El discernimiento del mejor camino a seguir lo debe hacer en solitario. En todo caso, se pueden seguir las normas clásicas de discreción de espíritus, como las que expone San Ignacio en los Ejercicios. Pero yo no recomiendo ni plantearlo al obispo o a otros compañeros sacerdotes hasta que no se haya tomado la decisión personal. También conviene tener plena sinceridad con uno mismo. Y si el planteamiento de cambio de estado ha surgido por el encuentro con una mujer, al abrírsele un nuevo proyecto de vida, hay que tener muy en cuenta este factor y no tratar de poner el acento en otros motivos. El enamoramiento no es una debilidad sino un momento de luz y creatividad. Y la mujer no está ahí para ser tentadora sino compañera de vida.
2. Comunicar la decisión tomada al superior, a los compañeros, a los íntimos y a la comunidad se suele hacer con la mayor naturalidad y transparencia. Ya han pasado afortunadamente los tiempos en que estos trances suponían un estigma social, una calificación –a veces interiorizada– de traición y generalmente una huída en secreto a otro lugar distante. Es muy conveniente en estos primeros momentos no dejar que juicios negativos lleguen a dañar la propia conciencia y la autoestima. Como tampoco permitir que halagos o mera curiosidad de otros le hagan a tal sacerdote un héroe o un iluminado. Creo que en ese momento de la ruptura, con todas las energías que proporciona una decisión vital de ese tipo, es conveniente un cierto retiro de lo público y la construcción de las bases de la futura vida: la familia y el trabajo civil sobre todo.
3. Es importante que en la nueva vida se conserven lazos con la comunidad eclesial para no sentirse totalmente desplazado de ella. Tengo la experiencia de muchos compañeros que han conocido una nueva dimensión de ser cristiano y miembro de la comunidad eclesial desde esta nueva perspectiva: participar en las eucaristías pero como uno más, sin presidirlas, asumir alguna responsabilidad de catequesis o asistencia social, seguir con una comunidad de base o con un grupo de trabajo teológico… Al dejar el sacerdocio ministerial se descubren nuevas vivencias del ser cristiano y del sacerdocio común.
4. En lo que más suelen coincidir quienes han pasado esa experiencia es en que han madurado como personas adultas, sabiendo lo que es trabajar como cualquier persona para alimentar una familia, tener la responsabilidad de seres muy concretos y con necesidades muy concretas. La vida se hace más real. El sacerdote casado se da cuenta de que su vida clerical estaba situada en un escenario irreal de privilegios. Teóricamente se privaba de tener una familia para servir mejor a los demás pero en la práctica era un solterón caprichoso. Parecía que antes era una persona ocupada pero ahora ha aprendido que se puede hacer mucho más de lo que hacía. Muchos le llamaban padre pero de nadie era padre de verdad.
5. El sacerdote casado fundamentalmente cambia la comprensión de lo que es la mujer y la sexualidad. Puede haber sacerdotes que vivan con total integración y paz su celibato. Con mucha frecuencia, el sacerdote casado recuerda que la relación ocasional o profesional con una mujer representaba un despertar de la atracción sexual, una tentación que exigía control y dificultaba el trato normal. En cambio ahora, al estar centrada su vida en una mujer, trata a las demás con la naturalidad de compañeras o amigas. Por otra parte, nota el sacerdote casado cómo de repente un cierto atractivo indefinido e inconfesado que tenía su persona para las mujeres, sobre todo célibes pero también casadas insatisfechas o con instinto maternal, desaparece de repente. Deja de ser el oculto deseo de muchas mujeres porque ya es público que su vida pertenece a una concreta. Salvo excepciones que doy por supuestas, aunque he conocido más bien pocas, el celibato suele ser una máquina de obsesiones sexuales, tanto en activa como en pasiva. Cada uno se las arregla –sueña, juega, sustituye, sublima o reprime– como puede. Todo es muy humano y comprensible, mientras no constituya un abuso de poder, que con frecuencia ocurre y no sólo con menores. Pero el sacerdote casado aprende por primera vez lo que es de verdad normal entre el hombre y la mujer y se da cuenta con pena del mucho tiempo y energía espiritual que ha tenido que emplear para ir afrontando durante tantos años la irresuelta cuestión del sexo y de la mujer.
6. Aun con dificultades –porque desde la adolescencia y juventud no fue preparado para una sana relación de pareja sino para todo lo contrario– el sacerdote casado suele llegar a lo esencial del amor conyugal, la mutua entrega total de la vida, en cuerpo y alma. Vivir el realismo de este amor sin límites, en el que lo más corporal y lo más espiritual vibran al unísono, es una experiencia única para la realización personal. La espiritualidad cristiana que hemos vivido hacía de la carne un enemigo del espíritu y de la moción sexual una pasión desordenada. Pablo y, sobre todo, Agustín tienen mucho que ver en ello. Y se ha hablado mucho de amor, sin tener en cuenta que el analogatum princeps del amor ha sido y será siempre el amor conyugal concreto, en el que se unen eros y agapé. A partir de esta experiencia básica es como la persona se abre con naturalidad al amor y al respeto hacia otras personas. Hablando de esto un famoso teólogo me decía: “comprendo tu camino, pero yo me doy cuenta de que no he sido llamado al amor de proximidad”. Sin quererlo le había salido una expresión lúcida pero tremendamente antievangélica[2].
7. Pero si el sacerdote casado ha recibido el don de ser padre, esta experiencia cambia más aún que el amor conyugal las estructuras más profundas de su personalidad. Si la experiencia del amor conyugal es vivida como una novedad por el sacerdote, la experiencia de ser realmente padre en general no era ni sospechada por él con anterioridad a su cambio de estado. Si esta experiencia es transformante de la vida incluso de los más jóvenes, mucho más lo es de quien llega a ella con la madurez de años y experiencia. Ese largo proceso continuo, hora a hora, día a día, en cercanía y entrega total con el hijo que desde el momento de la concepción te va haciendo padre, es la gran sorpresa para la mayoría de los sacerdotes casados. Lo más tuyo es lo menos tuyo. El hijo engendrado depende totalmente de los padres, pero no es para los padres. Al ser padre entiendes a Dios, te sientes creador como Dios y a la vez totalmente receptor de un insospechado don que da sentido por sí sólo a toda tu vida. La responsabilidad surge, sin necesidad de otra fundamentación, de la experiencia de paternidad. Es absurdo que una organización como la Iglesia prive por principio, de una manera universal, a sus cuadros dirigentes de esta experiencia. Cualquier intento de asumir ese mismo sentido de responsabilidad respecto de los hijos espirituales es incapaz de sustituir esa experiencia primaria de la paternidad real. Cualquier sacerdote casado que haya vivido la doble experiencia de la responsabilidad pastoral y paterna puede atestiguarlo.
8. Finalmente, la espiritualidad de un sacerdote casado tiende a hacerse más profunda y realista. Es posible que alguno, en el momento traumático de la ruptura, haya preferido dejar arrinconada la fe o el trabajo espiritual. Otros muchos, desde el primer momento o más tarde, han continuado la búsqueda del Dios de Jesús en su nueva vida. En ese caso, el sacerdote casado experimenta que su fe se purifica y se hace más fuerte. Rechazará creencias y prácticas en las que ya no cree. Pero se afianzará en él el sentido profundo de adoración al misterio que está en lo más profundo de su vida real y de todas las personas.
El sacerdote casado que ha ido pasando por este proceso aquí descrito, en absoluto tiene la aspiración de volver a ejercer de nuevo el ministerio sacerdotal, tal como está concebido hoy en la Iglesia. Pero no deja de sentir su responsabilidad respecto a la suerte que pueda correr en el futuro esta su comunidad original de fe. Por eso sufre al ver que los responsables de la misma –obispos y jerarquías que fueron con frecuencia compañeros o discípulos suyos– viven tan lejos de la realidad, esperando el retorno de un mundo premoderno y conduciendo la Iglesia hacia el gueto. No se atreven a dar pasos ya imprescindibles para hacer de la iglesia un verdadero semillero de creyentes seguidores de Jesús en pleno siglo XXI. El sacerdote casado estaría dispuesto a poner a su disposición su experiencia y camino recorrido, que seguramente les podría ser muy útil.
antonio.duato@atrio.org

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[1] En España, Núñez i Mosteo, Francesc. Les plegades. Capellans secularitzats. La identitat dels Ex. Tesis doctoral presentada en la Facultad de Sociología de la Universidad de Barcelona en 2005. El texto completo (en catalán, con abstractPor qué nos salimos los secularizados? Carena Editors, Valencia 2009, (www.carenaeditors.com). Quince sacerdotes secularizados (entre ellos el autor del presente artículo) relatan su experiencia. También Moceop-España (www.moceop.net) está a punto de publicar otro libro con 23 relatos parecidos.
[2] En este y en otros puntos tengo en cuenta tanto el análisis de E. Drewerman (Clérigos. Psicograma de un ideal, Trotta, Madrid 1995) sobre la vida clerical como el de Marcel Légaut (El hombre en busca de su Humanidad, AML-www.marcellegaut.org, Madrid 2001) sobre las experiencias fundantes de la persona humana.
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lunes, 11 de julio de 2011

Recuperando la memoria: Un artículo y un libro


Escribimos esto para recomendarles un libro y un artículo periodístico que lo introduce.

Hace unos días decíamos que para avanzar en la conciliaridad interna de la Iglesia y de ésta con la sociedad, hace falta recuperar la memoria histórica. Porque es la comprensión de esta historia, narrada con cierta distancia, lo que nos ayuda a establecer matices y alejarnos de los blancos y negros, tan enemigos de los procesos de mediación. Ellos nos ayudan a tender los puentes para poder recuperar la unidad imprescindible para trabajar en una Misión común, compartiendo intereses y objetivos, dentro y fuera dela Iglesia, más allá de determinadas posiciones.

En particular, en la realidad española, se ha vivido una situación extremadamente difícil y compleja, de la que hoy aún podemos lamentarnos y sufrir por ello, por no haber sabido desentrañar el entramado de las relaciones.

Y, precisamente, en la Transición Española, algunos tuvimos la suerte de ver una Iglesia plural. Una Iglesia perseguida, en la que los nombres de obispos como Cirarda, de Alberto Iniesta, de Añoveros, se mezclaban con los de militantes de la Joc, con los de curas obreros y comprometidos en barrios o en movimientos de Acción Católica, con miembros de comunidades de base, y también, con militantes sin una adscripción eclesial definida de una forma precisa.

Lo triste, y a lo que no hay que volver, es a que esa Iglesia plural era una Iglesia enfrentada e incapaz de colaborar, recelosos los unos de los otros. Por eso, no hay que tener añoranzas de los tiempos del Concilio, o al menos, no globalmente. Hay que superarlos para mejor.
Pero el pluralismo visible hay que recuperarlo. Ahora, si es verdad que existe una Iglesia plural en España también en el episcopado pero el común de los mortales no puede apreciarlo, ¿de que sirve?.

Porque, algunos tenemos claro que esta pluralidad existe y que se manifiesta en publicaciones religiosas,en comunidades y parroquias, pero para mucha gente todavía la Iglesia se expresa a través de su Jerarquía y esta a través de sus portavoces
¿Y quien podría decir que tenemos lo que nos merecemos?

Cuando hoy todavía alguien habla de Iglesia perseguida en España, merece la pena que puedan ver lo que era una Iglesia perseguida por los poderes fácticos. Porque puede haber hoy corrientes antieclesiales, pero...de ahí a una Iglesia perseguida, hay diferencia. Y quienes dicen que la Jerarquía de la Iglesia Católica española ha estado siempre aliada al nacional catolicismo, también pueden establecer una escala de grises, frente al blanco- negro de los análisis simplistas.

Seguramente quienes lean el libro de las memorias de Cirarda, editado recientemente en PPC, http://www.ppc-editorial.com/Novedades.html?libro=ES133133&idCat=24
se van a dar cuenta de la diferencia. Fué presentado en Bilbao el día 19 de junio
http://www.vidanueva.es/2011/05/26/recuerdos-y-memorias-cirarda-ppc/

Y mientras que leen el libro, pueden disfrutar del magnífico artículo de Juan Bedoya, publicado ayer, domingo en el Pais
http://www.elpais.com/artihttp://www.blogger.com/img/blank.gifculo/reportajes/subversivo/encaro/Franco/era/arzobispo/elpepusocdmg/20110710elpdmgrep_4/Tes

Hoy puede haber una reacción contra la búsqueda de un poder omnímodo, que a algunos les duela. Habrá reacciones, por ejemplo, en contra de que la Iglesia Católica Romana se inscriba propiedades inmobiliarias de dudosa adscripción si así lo fuere; puede haber incluso un laicismo agresivo, no ya sólo contra la Iglesia Católica, sino con cualquier interpretación transcendente de la historia y del ser humano.

Pero, por favor, eso no es una "Iglesia perseguida"; todo eso está regulado por las reglas de una sociedad democrática. Y, aunque haya cuestiones que siguen pareciéndonos desfavorables y expresión de falta de matices, también hay vaivenes de la historia que se pueden volver, en breve, en contra de los que afirman que lo que aliena es necesariamente cualquier vivencia religiosa; y no el neoliberalismo, el consumismo ciego, el pansexualismo, el dominio de la televisión, o el ser absorbido por las redes mediáticas.

Les sugerimos que lean el artículo de Bedoya y el libro de PPC; y que eso nos ayude a establecer matices, no para quedarnos en el pasado que nos enfrentaba y dividía, sino para aprender de la Historia a ir más allá, que es lo que requiere un proceso conciliar.
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viernes, 8 de julio de 2011

La libertad de la investigación teológica


El caso Pagola
La verdad limita al poder


Benjamín Forcano,
sacerdote y teólogo

Desde el principio,Jesús es comentado con pluralidad teológica
Digo el caso Pagola, pero podría decir otros muchos más. Basta recordar una reciente historia. El concilio Vaticano II fue tarea y fruto de los teólogos mejores del momento y esos mismos teólogos, en buena parte, fueron posteriormente censurados y represaliados. Y quienes han narrado algo de su historia con Roma lo hacen con amor, pero también trasluciendo el gran sufrimiento que los censores les hicieron pasar.
No es, pues, cosa de una persona, en este caso de nuestro querido José Antonio Pagola, sino de muchos. Lo cual da a entender que se hace preciso aclarar por qué ocurre en una y otra época, en uno y otro lugar, con unos y otros teólogos.
Hay un procedimiento establecido o, al menos, así lo entiende y ejecuta Roma, como si se tratara de cumplir órdenes divinas inapelables. Esta sacralidad del sistema es la que hay que cuestionar, pues por ella obran investidos de sacralidad sus representantes.

Nunca he entendido por qué, tratándose de Teología, de interpretaciones doctrinales, un teólogo designado para este oficio pueda tener apriori una conformidad con la verdad que no tendrían los que proceden libremente. Y la historia documenta claramente que en múltiples casos de conflicto ha sido obvia la mediocridad e inferioridad de muchos de estos teólogos de oficio frente a los cuestionados. Pero, a la postre eran ellos los que tenían razón y su dictamen imponía acatamiento y, en caso contrario, sanciones.

Quiero contar dos anécdotas personales que confirman lo dicho. Tuve ocasión de consultar a un obispo que entendía de estas cosas y cuando le dije: - Quiero hacer recurso contra la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, me contestó: – Pero, qué dices, eso es imposible, nunca a nadie se le ocurrió, siempre fue así.

En otra ocasión, en Roma pregunté a un alto cargo de la Sagrada Congregación de Religiosos: - ¿Sabes si los teólogos, elegidos para dictaminar sobre la ortodoxia de los teólogos, ejercen su oficio por derecho o son designados para cada caso?. – Lo son de oficio, pero te advierto una cosa, los teólogos del Santo Oficio (hoy la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe) son pocos y malos.

Los que estamos en la Iglesia católica, lo sabemos muy bien por toda nuestra historia bimilenaria, tenemos como misión y tarea seguir a Jesús. Su vida comportó una enseñanza y una praxis, una manera de vivir, recogida en el Nuevo Testamento, que es la que debe inspirar y configurar la vida de cuantos queremos seguirle.

Está claro que, al contarnos la vida de Jesús, los evangelistas iban a darnos narraciones con interpretaciones un tanto diversas. Era natural, pero hoy, los estudiosos concluyen que en esas narraciones descubrimos puntos básicos, coincidentes, que son los que constituyen el mensaje central de Jesús y que, en todo momento, deben guiarnos para mostrarnos de verdad discípulos suyos.

Esto es lo importante y, con más o menos claridad, ha estado siempre presente en la conciencia de la Iglesia, incluso en la ardua y cambiante tarea de ir presentando ese Evangelio en la contingencia de cada época. Eso pertenece a la historia y en su itinerario vemos la colisión permanente entre quienes, como Francisco de Asís, apelaban a la Regla pura del Evangelio y quienes más enfrascados en la asimilación y diálogo de culturas utilizaban su lenguaje y costumbres para transfundir en ellas la savia del Evangelio.

Un reto que no ha terminado. Pues la teología de hoy, más cauta y crítica, está empeñada en no perder como objetivo suyo último el seguimiento de Jesús, el volver a El, y poder confrontar con El lo que de válido y actual o de desechable y anacrónico se ha ido acumulando en el cristianismo histórico.

El diálogo intrateológico

método y forma de una positiva “censura”

En esta nuestra historia, referente al tema que nos ocupa, encontramos datos significativos que nos vale enumerar sucintamente:

1.A partir del siglo XV, con la aparición de la imprenta en Maguncia (1486) y con la intención de vigilar para que no se deforme la fe, van surgiendo decretos y normas de papas y de concilios relacionados con la publicación de libros: el nihil obstat, el imprimatur y el índice de libros prohibidos; normas que culminan en 1588 con el papa Sixto V , creador de los quince dicasterios de la Iglesia y que tienen prolongación en la legislación del Derecho Canónico de 1897, confirmada en la promulgación del 1917.

2.Ya en el siglo XX, nos encontramos con el acontecimiento singular del concilio Vaticano II (1962-1965). El papa Pablo VI, en 1966, y es lo que se dejó oir en la cristiandad,

-Suprime el Indice de libros prohibidos.

-Suprime el Nihil obstat y el Imprimatur

como requisito previo obligatorio para la publicación de libros.

-Mantiene el Nihil obstat y el Imprimatur sólo para tres clases

de libros: las traducciones oficiales de la Biblia,

los libros litúrgicos y los catecismos oficiales.

3.Esta normativa es del magisterio eclesial y aclara que en la publicación de libros, unos y otros: autores, peritos, edipores, obispos podrán hablarse, intercambiarse opiniones, adquirir acuerdos, pero dejando bien claro que, según la normativa del papa Pablo VI, ningún autor está obligado a pedir el Nihil obstat e Imprimatur a ningún obispo, y ningún obispo puede exigirlo a ningún autor como condición para la publicación.

4. Pablo VI entendió a la perfección que la teología es un campo de libre, serena y responsable investigación, en el cual los que están dedicados a ella, mantienen una permanente comunicación y diálogo, como medio de confrontar y verificar los resultados de unos y otros y darles mayor fundamento y seguridad.

Sin duda, es ésta la forma adecuada de ejercer la censura, una censura interna, colegial, corresponsable, que respeta el método científico y recurre a la preparación y aportaciones de colegas profesionales en la materia.

Los super-expertos del Santo Oficio no representan ni agotan el pensamientpo teólogico eclesial


De esta manera, se acaba lo que, con dolor, me comentó y luego me puso por carta (1985) el famoso moralista y, también perseguido, P. Bernhard Häring, autor de la Ley de Cristo, confesor de papas y profesor mío durante dos años en Roma:

“La eclesiología que manejan en el Santo Oficio manifiesta un concepto de Iglesia-Magisterio estático y ahistórico. Se traen a colación documentos del pasado sin tener en cuenta la situación histórica y no se acepta prácticamente que la Iglesia “encarnada” en el Santo Oficio pueda errar y tenga que aprender algo de los esfuerzos unidos de los teólogos y de los peritos en otras disciplinas...
No tienen en cuenta la comunidad de los teólogos católicos de todo el mundo. Evidentemente ellos consideran al grupo de sus expertos como super-expertos y detentadores de la verdad, mientras los otros, los de otras escuelas, los de otras naciones, están trabajando para poder evangelizar a nuevas generaciones y nuevas culturas, teniendo muy presentes los graves problemas derivados de la aculturación...
Querer imponer “retractaciones” sobre la base de la eclesiología que subyace al juicio de los super-expertos, supondría un atentado contra la sinceridad del autor y la sinceridad de quien quiere servir a la Iglesia en paz, a la sinceridad de la que el Magisterio pastoral tienen tanta necesidad...”.

Y en esa misma carta, con palabras encendidas, el pausado y venerable moralista, seguía:
“¿Los teólogos tenemos que callar ante prácticas y doctrinas que alejan a millones de personas de los sacramentos, de la Iglesia? ¿Debemos preferir un buen sueño y una vida tranquila a la sinceridad necesaria para obtener un mejor ejercicio de la autoridad de la Iglesia? ¿El Magisterio decidirá sin o con la ayuda de la reflexión y competencia teológica? ¿Serán útiles los teólogos que no son audaces ni sinceros en la reflexión y en la expresión o más bien lo será la comunidad de teólogos sinceros y estudiosos? ¿Será mayor la ayuda que recibe el Magisterio de un grupo al que le es impuesta una estrecha uniformidad o de la comunidad de teólogos de diversas escuelas y culturas y de competencia no tanto de autoridad cuanto de ciencia y sinceridad? ¿Recibirá el Magisterio más ayuda de teólogos seriamente comprometidos en el apostolado y en la evangelización de la presente generación o de teólogos cuya respuesta está sacada de los archivos del Santo Oficio?”.


La verdad limita al poder, pero no el poder a la verdad


La verdad procede de la razón y no de la voluntad, de la que procede el poder. El despotismo moral tiene mil caras según sea el sujeto que lo sustenta. Pero en todas ellas subyace como elemento común la voluntad del que manda, tenida como fuente de lo que es bueno o malo, de lo que se puede mandar o prohibir.

Sin embargo, en la tradición más sana de la moral cristiana la bondad o maldad de una cosa no depende de la voluntad del que manda: esto es así porque lo mando yo, esto es bueno o es malo porque lo mando yo, sino que la fuente de la moral es la realidad misma, que contiene, sugiere o reclama lo que se debe hacer u omitir: esto porque es bueno, está mandado; esto porque es malo, está prohibido.

La realidad, portadora de verdad, preexiste a la voluntad y cierra el camino a toda arbitrariedad, una arbitrariedad que crece en espiral: a más poder (a más voluntad) más arbitrariedad.

En el caso de Pagola y semejantes, no se trata de poder sino de verdad. La crítica nacional e internacional ha reconocido lo fundado, serio y adecuado de su investigación teológica y ha encomiado su buen quehacer de cara a la Iglesia. La comunidad, como sujeto activamente receptor, ha percibido en coherencia con el Evangelio lo escrito y enseñado por Pagola y lo ha encontrado altamente valioso y saludable para el vivir cristiano.

Lógicamente, los escritos de Pagola son el resultado de una largo camino de estudio, dedicación y, - quién puede dudarlo- de un gran amor a Jesús y a la Iglesia. Ha consumido en ello lo mejor de su vida. Y su entrega ha dado frutos enormes, en la recepción y aplauso eclesial de su obra. Pero esa recepción, no se debe a una voluntad impositiva o caprichosa en el modo de enseñar Pagola, sino a su seria, contrastada y bien divulgada investigación.

Puede haber otros teólogos, incluidos los de la Comisión de la Conferencia Episcopal Española, que decidan por sí o por encargo, hacer estudio de la obra de Pagola. Pueden hacerlo, están en su derecho, servirá seguramente para profundizar, matizar, prevenir, fortalecer determinados aspectos.

Pero, produce estupefacción que estos teólogos, unos más, -sin entrar ahora a sopesar si sus títulos y méritos los hace mejores o peores- se consideren en su estudio e investigación, como intérpretes de la verdad definitiva.

Y asombra aún más que los obispos, o quien sea, basados en el estudio de ellos, pretendan imponer a la comunidad eclesial la obligación de seguir esa interpretación y de abandonar la de Pagola. Esa decisión entra en la línea del poder no de la verdad, se decide así no porque haya razones –tantas o más las hay en contra- sino porque en ese momento el obispo recurre a un poder divino, que él cree tener otorgado, para imponerse y exigir acatamiento. ¿Qué es ese poder, de dónde le viene, quién se lo da, cómo llega él a creer autoposeerlo?

La dignidad más grande de cuantos formamos la Iglesia de Jesús está en nuestra condición de seguidores de Jesús, con igualdad y sin discriminación alguna, y las decisiones de un poder arbitrario, sea cual fuere, hiere esa dignidad y muestra el talante extraño, obviamente antievangélico de quienes se prestan a ejercerlo.

Es cuestión de entrar en nuestras raíces, en las raíces de un pasado siempre a la contra y antimoderno, que ha recelado y perseguido el protagonismo de la persona humana, su autonomía y libertad, sus derechos, sus conquistas y ha generado o inventado tenazmente un estamento clerical jerárquico y hegemónico, separado, depositario de la docencia, de la verdad, del bien y de la santificación.

Esa actitud no se desprograma fácilmente ni se sustituye por otra de igualdad, humildad, apertura, búsqueda compartida de la verdad y del bien, dentro y fuera de la Iglesia. Es – y fue – la actitud del concilio Vaticano II.


El poder, cuando se aparta de la norma eclesial de la verdad, -norma de Pablo VI- no es obedecible.

El muy experto y sabio Xavier Pikaza escribe:

“José Antonio Pagola tiene todo el derecho (y a mi juicio, el deber cristiano) de editar su libro , por conciencia ... y por solidaridad con sus lectores. El camino es fácil. La Editorial PPC debe buscar un “sello” que no esté vinculado con (el obispo de) Getafe, que es lo más normal (donde el obispo sea benévolo...). O Pagola puede y debe buscar una editorial donde no le pidan (ni él lo pida) el Nihil Obstat con el Imprimatur”.
No es poco que los lectores conozcan que en este asunto, leyendo el libro de Pagola no están leyendo una obra peligrosa y mucho menos herética. Y no menos importante es saber que, quienes intentan que sea publicado allí donde está prohibido, hacen una obra buena, e indirectamente denuncian a quienes indebidamente se oponen a la norma eclesial del papa Pablo VIç

De hecho, el libro JESÚS, de Pagola está editado en otras lenguas y se lo está distribuyendo. También se está distribuyendo en español, hoy, fuera de España, con gran aceptación y sin protesta de obispos. Más bien, el libro salíó sobrecumpliendo lo establecido por ley, obtuvo el Nihil Obstat de Uriarte, su obispo Ordinario y fue elogiado en el ámbito internacional por el cardenal Ravasi, personalidad relevante dentro de la curia romana.

Pagola, no hay duda, escucha con gran interés cuanto sobre él se escribe, sobre todo si viene de colegas entendidos y amigos; consulta, dialoga, aprende. El sabe como nadie la repercusión y el buen efecto que sus libros están teniendo en la gente que los lee. Y eso, además de agradarle, le servirá de apoyo, aliento y legítima gratificación. Es lo menos que podemos hacerle llegar cuantos nos sentimos en comunión con él y nos hemos fortificado y deleitado con sus libros.

Pero, Pagola, al igual que los demás teólogos, tienen un contorno circunstancial propio, irrrepetiblle, que nadie sino él debe descifrar, leer y seguir y, como consecuencia, cuantos lo estimamos le decimos que obre como mejor le parezca, en cada momento, y siga en paz.

Ya la comunidad eclesial buscará camino y soluciones para que sus libros se extiendan lo más posible y beneficien a millares y millares de lectores.

Innecesaria la prohibición sobre el nuevo libro de Pagola “El camino abierto por Jesús. Marcos”.


Todo lo que he comentado, tiene confirmación en lo ocurrido con el nuevo libro de Pagola: El camino abierto por Jesús. Marcos.

Seguramente nadie como Pikaza ha ilustrado el significado e incongruencia de esta prohibición.
A cuantos se mueven en el terreno de la investigación, les interesa conocer y valorar los documentos (de papas y concilios), las razones y argumentos por los que se sienten constreñidos a acusar a Pagola de que relativiza la verdad, de que le importa más la acción que la verdad, de que niega la existencia del diablo, etc.

Pagola no tanto ha entrado en ese entramado histórico de las creencias y dogmas católicos, cuanto en una exposición directa, clara , bien documentada del seguimiento de Jesús tal como aparece en Marcos. Se coloca en este primer plano.

Lo malo del obispo de Getafe y sus censores es que, para ellos, resulta más importante el plano de los documentos papales que el mismo Evangelio o establecen entre unos y otros antagonismo excluyente. Su labor, dice Pikaza, se asemejaría más a colocar señales contra posibles errores y peligros en la carretera, que a dar y transmitir fuerza (gasolina) a los que somos emprendedores y caminantes del viaje.

Y aún eso, resulta baldío, por tratar de imponerlo por decreto, por simple voluntad de mando.

Según Pikaza, Rudolf Pesch, valioso y prestigioso exégeta de la actualidad, es considerado como uno de los mejores y tenido como modelo de investigación crítica y abierta. Curiosamente, Pikaza dice que Benedicto XVI sigue mucho a R. Pesch , lo cita mucho y que “de haber seguido a los críticos de Pagola no habría podido escribir sus dos libros sobre Jesús”.

Y por lo que respecta a Pagola, dice que R. Pesch “No pondría ningún reproche a su libro... sino que aceptaría prácticamente todos sus presupuestos y afirmaciones que otros le reprochan”.

En buena lógica, los censores de Pagola condenarían primero a R. Pesch, prohibirían al papa que leyera a este autor y, en el fondo, quién sabe si la prohibición alcanzaría al mismo Marcos.

Conclusión: acoger el ministerio teológico como un servicio a la Iglesia

Nadie puede negar que lo ocurrido con Pagola, visto desde dentro de la Iglesia, resulta a estas alturas esperpéntico y con una siembra enorme de desafecto y alejamiento de la comunidad hacia su Jerarquía-

El procedimiento seguido, motivador de conflicto y sufrimiento, era y es innecesario, y había pautas en el Evangelio y en el Vaticano II para proceder de otra manera. Simplemente se trata de no elevar a dogma lo que no lo es, de contar con la tarea propia de los teólogos en la Iglesia y no otorgar infalibilidad a teólogos que no la tienen.

El poder rehuye la luz y la crítica, elige y se rodea de quienes mejor pueden legitimarle y aplaudirle, es sospechoso y necesita que la comunidad eclesial le ponga límites con la verdad.

La experiencia demuestra que han sido miles y miles -creyentes y no creyentes- los que siguiendo a teólogos censurados y represaliados, han encontrado motivos para entender y vivir mejor el mensaje de Jesús y acrecentar el sentido de su vivir cristiano en un mundo como el nuestro.

La labor de servicio de los teólogos a la Iglesia es enorme, ha dado consistencia y luz a muchos cristianos contemporáneos, ha señalado los caminos seguros que vienen del Evangelio y vuelven a él, ha frenado el alejamiento de ella de muchos sectores de la cultura y de la intelectualidad, es uno de los ministerios más necesarios y excelentes dentro de la Iglesia, pero que no suele gozar del aprecio y reconocimiento de la jerarquía.

¿Para cuándo el reconocimiento y la “rehabilitación” por parte del téologo, hoy papa Benedicto XVI, de sus compañeros de lucha y peregrinaje en el campo apasionante de la investigación teológica?

Por justicia, y con hondo agradecimiento, traigo aquí las palabras que el obispo Pedro Casaldáloiga dijo sobre los teólogos de España, en su ponencia para el Congreso XVI de Teología:

“Buenos teólogos y teólogas tiene España, y quiero aprovechar la ocasión para quitarme la mitra delante de ellos y ellas, incluso para reparar la predisposición, una predisposición innata, casi instintiva de ciertos obispos de la jerarquía en general, bastante en general, con respecto a los teólogos. Yo os pido, teólogos y teólogas, que sigáis ayudándonos.

Con mucha frecuencia los obispos creemos que tenemos la razón, normalmente creemos que la tenemos siempre, lo que pasa es que no siempre tenemos la verdad, sobre todo la verdad teológica, de modo que os pido, que no nos dejéis en una especie de dogmática ignorancia. Y hablando de los teólogos en España, creo que es de justicia subrayar que hoy en España hay teólogos y teólogas, (las teólogas son más recientes), a la altura de aquel siglo de oro, de las letras, y del pensamiento españoles, y ni Italia, ni Francia, ni Alemania, por citar los países más vecinos, dejan atrás ni en número ni en calidad la galería de teólogos que en España, tenemos; y pido a la asamblea un aplauso”.

Amigos y lectores me vais a permitir que, de nuevo, como un imperativo de conciencia, de a conocer y traslade a la opinión pública, la CARTA ABIERTA que en otro momento escribí al Papa Benedicto XVI. Considero que fue válida y oportuna entonces y lo es más aún ahora.

Benjamín Forcano

CARTA AL PAPA BENEDICTO XVI
Rehabilitar a los teólogos represaliados

Querido Papa, hermano y servidor de toda la Iglesia:

Siempre he pensado en la enorme responsabilidad de los elegidos a suceder a Pedro, el primer Papa. En estos momentos, y tras la inmensa proyección de Juan Pablo II a todos los rincones de la tierra, te veo ascender desde tu encubierta tarea de teólogo-prefecto a arriba, al frente de la Iglesia universal. Es otra mirada, en la que como Pastor, no quieres que nada se te quede fuera.

Son muchas las tareas que, acuciantes, se te presentan.

Sabes mejor que nadie que, a la vera de tu vida, han ido surgiendo y acompañándote hermanos en la fe, colegas tuyos en el ministerio teológico, que fieles al Vaticano II trataban de cumplir su mandato: “Aportar nuevas investigaciones teológicas frente a los más recientes estudios y hallazgos de las ciencias, de la historia y de la filosofía y buscar siempre un método más apropiado de comunicar la doctrina a los hombres de su época” (GS, 62). Nos alegra recordar que este era tu mismo pensar cuando, como teólogo, escribías en 1969: “En muchas manifestaciones teológicas, antes del Concilio y todavía durante el Concilio mismo, podía percibirse el empeño de reducir la teología a ser registro y –tal vez también- sistematización de la manifestaciones del magisterio. El Concilio impuso su voluntad de cultivar de nuevo la teología, sin mirarse únicamente en el espejo de la interpretación oficial de los últimos cien años y escuchar los interrogantes de los hombres de hoy” (El nuevo pueblo de Dios, Herder, 1972).
Como nadie has conocido la ilusionada entrega de estos compañeros y sus afanes por actualizar el legado teológico tradicional y hacer de esa manera más creíble el mensaje de Jesús. Esta tarea está maravillosamente acuñada en el Concilio, que les servía de estrella: “Debe reconocerse a todos la justa libertad de investigación, la libertad de pensar y la de expresar humilde y valerosamente su manera de ver en aquellas materias en las que son expertos” (Gaudium et Spes, 62). Por eso, nos ha alegrado mucho oirte que en tu agenda entra como tarea prioritaria la recuperación y aplicación del Vaticano II.
En este contexto, me resulta inevitable, - y se te habrá hecho presente en tu corazón y mente- evocar el cuadro relevante de tantos teólogos que, en el Pontificado de Juan Pablo II, han sufrido control, censuras y represalias en nada conformes con el Espíritu del Evangelio, la dignidad humana y los derechos humanos, tan solemnemente ratificados por el Vaticano II : son universales, dice, inviolables, santos y tienen en el Evangelio su máxima garantía.
Este hecho es grande y ha sido grande el escándalo por causa de él producido. Quiero mencionar explícitamente el caso de la Teología de la Liberación, tan injustamente calificada y que sembró en la Iglesia y en la Sociedad calumnias contra ella y contribuyó a que muchos la malinterpretasen con el consiguiente recelo y menosprecio. Esta teología era el clamor del mundo más pobre, recogido y reflexionado por teólogos cercanos o comprometidos entre las mayorías pobres.
Otros teólogos tuvieron el mérito de dialogar, reformular y ofrecer caminos nuevos a una sociedad secularizada y tecnológica, celosa cada vez más de la independencia de la razón, de la democracia y de la autonomía de las ciencias humanas.
Sería un regocijo inmenso, querido Papa y hermano que, en estos momentos en que muchos se preguntan perplejos por el rumbo que vas a imprimir a la Iglesia, pudiéramos escuchar que te propones desagraviar a quienes no fueron tratados justamente y se les hizo probar muchos e innecesarios sufrimientos. Ese concilio Vaticano II, a quien tú tomas como marco y referencia de tu pastoreo universal, fue promovido y elaborado en gran parte por teólogos que luego hubieron de experimentar acusaciones las más de las veces infundadas y sufrir procedimientos y silenciamientos impropios de una Iglesia que predica el amor, la fraternidad, la justicia, el diálogo y la libertad.
La cristiandad espera que a esta pléyade de servidores de la palabra y del ministerio teológico se les haga justicia y se les rehabilite como conviene dentro de la Iglesia. Todos estamos expuestos a cometer errores, -la Iglesia es ”semper reformanda”, en camino permanente de “penitencia y conversión”- y estamos obligados a dar ejemplo con el reconocimiento y la enmienda. Estos teólogos esperan que el mundo pueda escuchar de ti, sin necesidad de aguardar al futuro, que estos “galileos actuales”, al igual que el de antaño, son desagraviados y acogidos fraternal y agradecidamente en la Iglesia.
Gesto éste que, no lo dudes, contribuiría a devolver dignidad a la Iglesia y gozo y esperanza a quienes fueron tratados severamente.

En comunión y con la paz del Señor

(Publicada en el País, 30 de abril de 2005)

Benjamín Forcano
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Eucaristía de inauguración del X Encuentro Nacional de las CEB´s Bolivia

Maná 7.6.2011//fuente: El Mensajero.
Cardenal Julio Terrazas en su mensaje durante la misa de apertura del encuentro animó a las comunidades a ser para la Iglesia espacios de fe, caridad y comprensión en medio de tantas situaciones y desafíos que los tiempos actuales traen.
La celebración se realizó en el Coliseo Don Bosco de Cochabamba con ampliaparticipación de los cerca a 500 miembros delegados y comunidad local que acompañóla apertura del evento.
Participaron del acto inaugural, el Cardenal Julio Terrazas, Presidente de laConferencia Episcopal de Bolivia, Mons. Braulio Saez, Obispo Presidente de las Comunidades Eclesiales de base, Mons. Jesús Juárez, Obispo de la Diócesis de El Alto, P. Simón Gutiérrez, Coordinador nacional de las Comunidades Eclesiales de Bolivia y la Señora Rosa Nattes, Coordinadora de las Comunidades Eclesiales de la
Arquidiócesis de Cochabamba.
El Cardenal Terrazas durante su homilía dijo que este signo da aliento para que los pastores sigan apoyando esta forma de ser iglesia, "somos nosotros hoy los discípulos que nrecibimos esta orden del Señor, ir al encuentro del otro, buscar al que esta perdido, al que está dudando, a aquel que a lo mejor se alejo de nosotros".
La misión de la Iglesia confiada a la largo de tanto siglos por Jesucristo es el anuncio del Reino que es paz, justicia, amor, verdad y libertad. Es tarea de cada bautizado anunciar la presencia del Reino en nuestra vida.
Las comunidades eclesiales de base no sólo se reúnen por reunirse, han sido convocadas para decir cuál es el lenguaje de hoy, el como hablar de ese Cristo, el como anunciar este Reino para todos.
Cardenal Terrazas señaló que en estos tiempos que toca vivir situaciones difíciles no solo de hambre física sino también de hambre espiritual, hambre de Dios, son las comunidades eclesiales de base las llamadas a promover la presencia del Reino.
"Todos en la Iglesia tenemos que tomar conciencia de que nuestra Iglesia no es una organización de filantropía, para ayudar a unos y a otros, es una comunidad que se mueve por la fe y no renuncia nunca al Señor de la Vida", dijo.
Al final expresó el deseo de un buen desarrollo del encuentro que permita reafirmar la validez de una iglesia que sabe de dónde viene y que va allí donde su autor la quiere llevar y anunciando que Jesucristo está en medio de nosotros, que nos ama y que nos envía a llevar la auténtica y profunda liberación que todos queremos.

Monseñor Sáez: hemos venido para buscar juntos caminos nuevos

Noticias
Maná 7.6.2011// “Hemos venido, queridos hermanos para compartir , para orar, para buscar juntos caminos nuevos, para responder a las necesidades que la Iglesia tiene de nosotros y para ser sobre todo es férula pequeña, que son las Comunidades Eclesiales de Base, que son la primera célula de la iglesia aquí en Bolivia y por eso hoy al inaugurar este encuentro queremos como decía ya el padre Simón ser un nuevo Pentecostés para nuestra Bolivia de Hoy”, con estas palabras, Mons. Braulio Saez, Obispo que acompaña a las Comunidades Eclesiales de base de Bolivia, dio por inaugurado el X Encuentro nacional de CEB´s que se realiza en el coliseo del colegio Don Bosco de la Arquidiócesis de Cochabamba del 6 al 9 de julio.
Fuente: El Mensajero
Así mismo, durante su discurso inaugural Mons. Braulio agradeció al Cardenal Julio Terrazas por su presencia en el encuentro “… él estuvo animando y es como el principio de las Comunidades de Base allá en Oruro, el año 82, “, dijo:

“Agradecemos a todos los que han venido aquí para formar una Iglesia, para construir una Iglesia y nos hemos reunido en nombre del Señor Jesús para ser nueva luz, para ser nueva vida, para ser también camino para que nuestra Iglesia de Bolivia, haga ese proceso de renovarse, desde la visión general que estamos viviendo para ser discípulos y misioneros de Jesucristo”, destacó.
Mons. Saez resaltó también la definición de lo que deben ser las comunidades Eclesiales de Base “El Papa Benedicto XVI, tiene una frase que es muy importante y que es necesario recordarlo hoy, el habla de las minorías creativas que son capaces de recrear la vida y de recrear la historia. Hoy nosotros sabemos que en Bolivia las comunidades eclesiales de base, son esa minoría pero quiere ser una minoría creativa, para ser sal, luz, para ser fermento, en medio de esta iglesia que también quiere ser misionera y que quiere ser discípula y que quiere ser fruto de un esfuerzo que debemos hacer estos días para trasformar en luz y ser fermento en la sociedad” .
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miércoles, 6 de julio de 2011

La defensa de la ecología, una conquista mundial


En entrevista con Desinformémonos, Don Tomás Balduíno, obispo emérito del estado de Goiás, Brasil, analiza la importancia de los pueblos originarios en la lucha en contra el modelo depredador en vigor en el mundo.Por Joana Moncau | Desinformémonos | Julio 2011
Sao Paulo, Brasil. Don Tomás Balduíno, 88 años, obispo emérito do estado de Goiás, es uno de los fundadores de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) y del Consejo Indigenista Misionario (CIMI), dos de las organizaciones más importantes vinculadas a la iglesia católica que apoyan a los movimientos campesinos e indígenas en su lucha por la tierra en Brasil. Con una visión profunda sobre los conflictos por la tierra y en favor de la ecología, el obispo apunta que: “Al mismo tiempo en que avanza el capital con todas sus consecuencias como el consumismo, el individualismo, la concurrencia, los masacres y la violencia, persisten en varios pueblos, sobre todo en los pueblos originarios, otro tipo de relación y de visión que preservan el respeto por el mundo”. Se trata de una lucha de David en contra de Goliat, explica Don Tomás, pero aún así hay esperanza.

En Brasil, la Floresta Amazonia, la mayor selva tropical del mundo, recientemente sufrió un fuerte golpe con la inminente aprobación del “Código Forestal”, que pretende flexibilizar las reglas que limitan la deforestación. Don Tomás es certero acerca de las verdaderas intenciones de esos cambios: a causa de la mala calidad técnica, garantizar la ampliación del latifundio es la política adoptada por el gobierno para mantener el país con la hegemonía de la producción del agro negocio. De hecho, en este país donde nunca hubo una reforma agraria, se presencia una de las mayores concentraciones de tierra en el mundo y se está incrementando, como revelan recientes investigaciones del gobierno. No es casualidad que uno de los mayores conflictos en Brasil sea consecuencia de la disputa por tierra y territorio. Aquí, vivir en y de la selva es un desafío que puede costar la vida, como ha costado ya a muchos. El propio obispo ya recibió un sinnúmero de amenazas de muerte.

A continuación la entrevista concedida a Desinformémonos.

Brasil: cuando la tecnología es el latifundio; y el desarrollo, la destrucción da la selva

Mi análisis es que la violencia en el campo brasileño se ha instalado ahora de modo más intenso. La violencia, por un lado, de la aprobación de la mayoría en la Cámara de Diputados de ese Código Forestal el cual, según los mejores análisis, es un código destinado a ampliar el área de plantío. Esto, porque en todas las propiedades de Brasil, la proporción del área plantada por hectárea queda muy por detrás en relación con los demás productores mundiales. El agro negocio es considerado muy bonito, el desarrollo, el progreso, pero su punto débil es una producción, desde un punto de vista técnico, de menor aprovechamiento del suelo. Así, para que haya una mejor producción se decidió ampliar el área de plantío.


El monocultivo avanza rápidamente sobre los biomas que existen, el bioma de la Amazonia, y otros biomas. En términos de técnica nosotros podemos ser superados, pero en términos de latifundio somos imbatibles. El latifundio sirve para garantizar la hegemonía de la producción del etanol, de los granos (sobre todo la soya) y del eucalipto para celulosa. Ahí está el lado perverso: el latifundio, por medio de la bancada ruralista en el Congreso, fue convertido en ley en el denominado Código Forestal. Éste permite el avance sobre las áreas de protección de manantiales, antes esa área era de 30 metros, la reducirán a diez metros, y, en cuanto a las áreas deforestadas, no hubo ninguna modificación: no serán reforestadas.


Nosotros, aquí en la región centro-oeste de Brasil, teníamos grandes expectativas de que nuestro río Araguaia y nuestro pantanal recuperarían las nacientes de sus márgenes que están devastadas, pues hay una grave acumulación de sedimentos.


Otro acto violento en el plano nacional fue el asesinato, el 24 de mayo, de los campesinos Cláudio Ribeiro da Silva y Maria do Espírito Santo, en la ciudad de Nova Ipixuna, en el estado de Pará. Fueron asesinados por luchar en defensa de la tierra, de la Amazonia, en contra de la devastación. Y hay otros asesinatos, junto con esos, que son un intento de detener a esas comunidades tradicionales, indígenas, campesinas, que quieren salvaguardar la relación con la tierra, con la naturaleza, con la ecología.


Es curioso observar cómo ese tipo de acciones están vinculadas a la bancada ruralista. La senadora Kátia Abreu, líder ruralista, llegó a declarar públicamente que el asesinato de esa pareja se dio como resultado de un intento de invasión de tierra. ¿Cómo podría ser eso posible, si ellos estaban asentados? Los dos eran considerados pioneros de la “reserva extractivita” (área reservada por el Estado para comunidades cuya base económica es la recolección de productos de la selva) en aquella región. O Kátia Abreu está desinformada o miente, es decir, no hay ética en sus declaraciones, pues las hace con liviandad. El día en que esos dos campesinos fueron asesinados, el diputado federal José Sarney Filho comunicó lo ocurrido a la Cámara, y ese trágico hecho fue ovacionado por los presentes, quienes toleraron el crimen.


Así, tenemos una clara situación parte aguas: por un lado, los defensores de la ecología y, por otro, los defensores de la ampliación del área de monocultivo y del detrimento del bioma, de la situación ecológica y de la vida. De modo general, eso es un poco lo que está sucediendo en Brasil.

“Desarrollo” sin foresta: tendencia mundial


De cierto modo, la presión del agro negocio en contra de la foresta y de los pueblos de la foresta es mundial, pues los gobiernos apoyan con financiamiento a los proyectos que consideran “de desarrollo y crecimiento”, aunque en realidad éstos son proyectos de crecimiento puramente económico.

Aquí en Brasil esto ocurre de modo aún más brutal, pues el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES, banco público brasileño) ofrece muchos financiamientos a favor del agro negocio. El Ministerio de Agricultura dispone de muchos recursos, y el Ministerio de la Reforma Agraria, no: el Incra (órgano de gobierno responsable de la reforma agraria) está deshecho, y hay un factor político en eso.

Por otro lado, a nivel mundial, es muy grande el respeto que se tiene por la ecología. Es interesante, por ejemplo, que Japón, que siempre estuvo en contra del Tratado de Kyoto y que en Cancún, en el encuentro para estudiar la situación del calentamiento global (COP-16, realizado en el 2010) sostuvo su postura en contra de dicho tratado, haya sido afectado por las industrias nucleares. Ahora, Japón está repensando su postura.

Defensa de la ecología: conquista mundial

Por un lado, hay una corriente que apuesta por el desarrollo, aunque éste sea en detrimento de la naturaleza; y por el otro, tenemos un crecimiento de la opinión pública favorable a la ecología. Creo que esto es una conquista mundial, como la de la igualdad de la mujer, una conquista mundial irreversible, cuya tendencia tiende a consolidarse.

Los gobiernos buscan el desarrollo pese a todo, con las presiones de las multinacionales, de las empresas; un desarrollo que es cruel, porque trata mal a los trabajadores, incluso llegando a los límites del trabajo esclavo, y no respeta a los pueblos indígenas y tradicionales. Ése es justo el caso del así llamado Complejo Hidroeléctrico de Belo Monte, que pretende despojar de su territorio a cerca de 40 mil personas de pueblos indígenas. Hay muchos pueblos indígenas aislados que ni siquiera saben lo que está por ocurrir; son pueblos que nunca han establecido contacto ni siquiera con otros pueblos indígenas. Belo Monte traerá muchos daños sociales y ambientales.

El consumismo trae angustia

Al mismo tiempo en que el capital avanza, con todas sus consecuencias como el consumismo, el individualismo, la concurrencia, las masacres y la violencia, persisten en muchos pueblos, sobre todo en los pueblos originarios, otro tipo de relación y de visión que preservan el respeto por el mundo.

Para el agro negocio, está en primer lugar el lucro en detrimento de la vida, de las personas, de la naturaleza. El evangelio utiliza una palabra: ídolo. El ídolo devora a sus adoradores, y el ídolo de ellos es el dinero.

Están en el otro extremo los pueblos tradicionales, indígenas, campesinos, las mujeres quebradoras de coco (mujeres que quiebran el coco de la palma de babaçu en Brasil). Es el extremo de la convivencia respetuosa de los unos con los otros, respetuosa en la relación con la Madre Tierra, a la cual los indígenas llaman por pacha mama, respetuosa en la relación con Dios, con la memoria de los antepasados, de sus ancestros.

En mi juventud, conviví con un grupo indígena (los xikrin en el estado de Pará) y me encantó ese modo de vivir. Es el bien vivir, lo que hace lo necesario, lo suficiente. Además, en ese mismo grupo no existe el verbo tener. Yo siempre bromeo en los auditorios, sea aquí o en Europa, diciendo que una lengua como ésa no tiene utilidad en nuestra sociedad, al fin y al cabo, ¿cómo imaginarla sin el verbo tener? En nuestra sociedad, el consumismo, en lugar de traer satisfacción y alegría, trae angustia.

Creo que ése es un gran parte aguas: la sociedad poca a poco se va dando cuenta de que eso es una salida, de que es un ideal, por decirlo así, y que puede cambiar completamente nuestra sociedad para que deje de ser una sociedad de unos en contra de otros, que llega al extremo de la guerra. Desde hace mucho, donde hay petróleo, hay guerra, y para eso se buscan las mejores justificaciones ¿o, no fue así la historia de Bush en la guerra contra Iraq? Él mintió al mundo diciendo que en Iraq había armas de destrucción masiva. Pero ¿qué es lo que está en juego por detrás de eso? Es el dinero.

Caminar rumbo al pasado

La destrucción de la vida en la tierra lleva a la destrucción de la ecología, del planeta. La mortandad, incluso de la propia especie humana, es un modo de la naturaleza de reaccionar.

Pero la visión de los pueblos originarios es una visión optimista, de convivencia, y eso fue así desde siempre. Cuando los portugueses y los españoles pisaron nuestro continente, observaron que había muchos pueblos, y que esos pueblos habían estado aquí durante miles de años sin que hubiera destrucción. Así como en el pasado, en el futuro puede haber una recuperación y respeto por la naturaleza.

Toda la lucha de las organizaciones populares es porque estas creen que existe una salida, una solución. Esos protagonistas son del tamaño del chiquillo que enfrentó a Goliat. Es la contradicción que existe y en la cual la esperanza está presente. Creo que eso es nuestro mañana.

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Freire y el EZLN: la perversión en la globalización neoliberal


“La ética es esencial para la convivencia de los seres humanos, de ahí que para las y los zapatistas
la eliminación del hermano/a no es negociable: no a su eliminación, esencia de la dignidad.”

Miguel Escobar Guerrero | Desinformémonos | Junio 2011
En memoria de don Samuel Ruiz García, obispo y pastor

En la década de los años 70 del siglo pasado la filosofía existencialista, en especial la de Albert Camus, me lanzó a tratar de entender el sentido de mi existencia. Tanto El extranjero, La peste, El hombre rebelde como El mito de Sísifo me deslizaron en el encuentro con mi ser en el mundo, analizando con ese autor lo absurdo de la existencia frente a la crueldad de la guerra. Ese Tánatos manifestado en conductas fratricidas y filicidas que actualmente, en los inicios del Siglo XXI, extiende sus cuentas de muerte no sólo contra el ser humano sino contra la naturaleza gracias al modelo de globalización neoliberal que es defendido e impulsado por el poder político-militar-financiero-de los mercados, que ha impuesto su forma de gobernar, controlando y destruyendo todo lo que va en contra de sus intereses económicos, y con una crueldad extrema.

Siguiendo a José Cueli(1), para Freud, “El hombre no es, ni con mucho, ese ser bonachón, con un corazón sediento de amor, del que decimos que se defiende cuando se le ataca, sino un ser que, por el contrario, tiene que contar entre sus realidades pulsionales una buena suma de agresividad [...] En efecto, el hombre se ve tentado a satisfacer su necesidad de agresión contra el prójimo, a aprovecharse de su trabajo sin suficiente compensación, a utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, a apropiarse de sus bienes, a humillarlo, a infligirle sufrimiento, a martirizarlo y matarlo”. Tras la hostilidad del hombre con el hombre mismo actúa silenciosa la pulsión de muerte que Freud define como una pulsión innata de agresividad en el hombre que se contrapone a la tarea cultural […] Como cultura, según Freud, ”tenemos la titánica empresa de hacer que la vida prevalezca sobre la muerte [...]


Al iniciar la segunda década del siglo XXI, para entender el sentido de mi existencia −a diferencia de lo aprendido filosóficamente con Camus− recurro a mi práctica educativa, la cual he desarrollado desde hace más de treinta años en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM buscando, colectivamente(2), leerla para transformarla, apoyado tanto en los planteamientos de Paulo Freire, en el psicoanálisis social, como en la lucha de resistencia de las comunidades zapatistas, en especial, con los dos personajes creados por el Subcomandante Marcos, vocero del EZLN: don Durito de la Lacandona y el Viejo Antonio (3) . Estos personajes cuentan de manera menos cruel la realidad de “la guerra de baja intensidad” que agrede cotidianamente la lucha de resistencia de las comunidades zapatistas.

Don Durito es un escarabajo de quien Octavio Paz decía que era una invención genial; José Saramago bromeaba, lamentándose por no haber tenido antes que el SubMarcos la ocurrencia de tal personaje; y don Pablo González Casanova se refiere a él como un personaje que “representa la parte buena de la cultura occidental, en sus utopías y sus sueños y que, a diferencia del cuento de Kafka en que un hombre se convierte en escarabajo, Durito es un escarabajo que se convierte en caballero andante”. Don Durito es la parte intelectual y radical de Marcos, un ser que convive con la madre tierra y sabe que ella es atacada por el capitalismo de guerra y, por ello, encabeza la lucha contra el neoliberalismo y por la humanidad, teniendo al sub como su escudero.

El Viejo Antonio representa el encuentro del SubMarcos con la cultura indígena. El sabio Antonio es su maestro, por medio de él llega a la simbología de toda la cultura indígena para lograr el reencuentro del ser humano con la memoria histórica, con su dignidad, con su caminar escuchando y emparejándose con el diferente para romper con el miedo y lanzarse a la construcción de un mundo donde quepan todos los mundos que somos, un mundo en donde se mande obedeciendo. Una memoria histórica que, aunque muere, siempre germina para hacerse DIGNA RABIA. El viejo Antonio dice don Pablo González Casanova (4) “representa la memoria histórica de los pueblos mayas y también la autocrítica de sus propios dioses y de un pasado que no se toma como el único admirable, que es “un antes para poder ir más lejos en el después”.


Tuve la suerte y la oportunidad de conocer a Paulo Freire, con quien conviví cuatro años en Ginebra, Suiza; además me invitó a aprender–enseñando en un país africano, Sâo Tomé y Príncipe. Conocí de cerca su propuesta educativa (5), participé de ella, entendiendo que el conocimiento es lucha a favor de la vida y que la esperanza la entendemos en la práctica, resistiendo y organizándonos para construir una sociedad que se reinvente de abajo hacia arriba, donde sea menos difícil amar y donde nuestra justa rabia nos lance a romper con la perversión ética del sistema capitalista. El poder opresor se impone con la violencia, introyectando miedo para convertirse en esa sombra ambigua y dual que nos habita, la SOMBRA DEL OPRESOR. El psicoanálisis social nos ayuda a entender cómo la sombra del opresor se introyecta con la violencia, ataca el inconsciente y silencia la palabra como acción transformadora. La sombra del opresor se convierte en deseo de muerte y la deshumanización se entrelaza con deseos de eliminación parricida (6), filicida, fratricida y suicida. Esa sombra trabaja en la vida emocional del ser humano expresándose como sentimiento de culpa. Freire en su último libro (7) señalaba la necesidad de un psicoanálisis social con el que se pudiera analizar la culpa indebida, aquella que siente el oprimido y lo engancha a las garras de sus opresores condicionándolo para introyectar la violencia ejercida sobre él, impidiéndole defenderse (8). En la actualidad, es fácil observar no sólo la crueldad sino el gozo que se experimenta con la agresión, además de la astucia con que muchos gobiernos esconden sus actos filicidas, alentado el enfrentamiento fratricida.


Así, las clases dominantes rompen cualquier obstáculo que impida anestesiar la conciencia y manipular la sociedad a su antojo, pregonando que no hay porqué hablar de sueños y utopías, menos de justicia social. El miedo, al silenciar la ética, silencia nuestro erotismo, mata nuestra mirada en la esperanza, impide desocultar las relaciones de opresión e impide trepar aquellos árboles que al visualizar la utopía, permite descolgar la lucha al jalar nuestro silencio y romperlo (9).


Con el Viejo Antonio y Don Durito he estudiado que en la actualidad estamos enfrentando la “IV Guerra Mundial”(10), la del imperio contra la humanidad; una guerra que ha quebrado la dignidad del ser humano y que es necesario detener, luchando por la construcción de autonomías, individuales y colectivas, para hacer posible que quienes mandan, como actualmente se hace en las Juntas de Buen Gobierno, lo hagan obedeciendo las decisiones colectivas.


Cotidianamente, no sólo en México sino en el mundo, estamos sumidos en un proceso de eliminación de la mayor parte de la humanidad donde los pocos ricos, en los países periféricos y centrales, son los beneficiarios de la dictadura de los mercados. Dictadura aunada a todo el sistema financiero y a las políticas anticrisis impuestas desde el FMI y el BM, principalmente, que siguen acentuando la miseria y la explotación de las y los desarrapados del mundo. Dicha eliminación la podemos leer como un crimen contra la humanidad, contra el hijo indefenso, desamparado, humillado; son crímenes filicidas al amparo del modelo capitalista de explotación; son crímenes que la misma perversidad de la globalización neoliberal estimula y que, en su maldad intrínseca, no le importa desatar y estimular con guerras fratricida, al favorecer a unos y excluir a la mayoría de sus hijos, rompiendo el principio de justicia. Como lo señala Fernando Martínez Salazar (11): "El acto de justicia también es producto de una renuncia pulsional a favor del otro y nace cuando se espera que sea correspondida de la misma manera. Es una transacción que tiene la característica de mantener en igualdad de circunstancias a dos o más seres humanos que tienen un mismo derecho y una misma obligación […] Es una especie de arreglo que versaría así: no te elimino, siempre y cuando tú no intentes eliminarme a mí. Por esta razón, bien podríamos decir que la justicia no es sólo un acto de moralidad que nos dignifica, sino que es, además y ante todo, un acto que nace de la necesidad biológica de supervivencia. De ahí que cuando se comente una injusticia, se siente como un atentado contra la propia vida."


Para Freire “la ética del mercado, bajo cuyo imperio vivimos de forma tan dramática es, en sí, una de las transgresiones de la ética universal del ser humano. Perversa, por su propia naturaleza, ningún esfuerzo dirigido a disminuir o amenazar su maldad la alcanza”. La ética es esencial para la convivencia de los seres humanos, de ahí que para las y los zapatistas la eliminación del hermano/a no es negociable: no a su eliminación, esencia de la dignidad. Cuando se rompe el principio de la justicia, enfrentando a las y los hermanos, como sucede en la actualidad con las políticas económicas que abandonan a la mayoría de los jóvenes, lanzándolos a un sin sentido de la vida, a esperanzas y utopías rotas, se está consciente o inconscientemente atentando contra la vida de las sociedades y, más pronto que tarde, como comienza a sentirse mundialmente en la actualidad (protestas en Grecia, Inglaterra, Francia…, rompimiento del poder autoritario en Túnez), los jóvenes saldrán en defensa de la vida sin importar los costos. Como decía Freire, los jóvenes son rebeldes porque son jóvenes: “Somos rebeldes por naturaleza. Es necesario educar la rebeldía en el diálogo y no en la sumisión y pasividad”. Él nos desafiaba a dar vida al grito ahogado de la rebeldía, la rabia y la resistencia. Por ello, es necesario tomar conciencia de que estamos enfrentando a un sistema criminal donde no hay cabida para todas y todos “los hijos”, menos aún para quienes se rebelan contra el Jefe. Solo hay cabida para la seleccionada minoría que logra acceder a sus beneficios. Es un modelo violento, excluyente, filicida y fratricida, empeñado en sacrificar a quien, según sus cánones, no produce, no se cotiza, no se agacha, no se rinde y no se puede vender como mercancía.

En el Malestar de la cultura Freud(12) señalaba que la violencia de los menos tiene que ser controlada, con leyes y policías, por los más. La convivencia humana sólo se vuelve posible cuando se aglutina una mayoría más fuerte que los individuos aislados, y cohesionada frente a éstos. Ahora, el poder de esta comunidad se contrapone, como “derecho”, al poder del individuo, que es condenado como “violencia bruta”. Esta sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo […] El siguiente requisito cultural es, entonces, la justicia, o sea, la seguridad de que el orden jurídico ya establecido no se quebrantará para favorecer al individuo […] El resultado último debe ser un derecho al que todos –al menos todos los capaces de vida comunitaria– hayan contribuido con el sacrificio de sus pulsiones y en el cual nadie –con la excepción ya mencionada– pueda resultar víctima de la violencia bruta.


Pero actualmente se invirtieron las normas de convivencia humana. La violencia de los menos, la del poder político y financiero del imperialismo, impone sus leyes y con sus ejércitos y policías controlan a los más. Violencia tanática donde la sociedad permanece indefensa ante el poder de los medios de difusión al servicio del poder político financiero. La inversión de la norma, al ser transgredida por los menos, los dueños del capital, se convierte en agresión hacia los más y abre las puertas a la violencia. Esa agresión conlleva también la transgresión de la ética y rompe con ella. La ética emerge cuando el ser humano, individual y socialmente, reprime sus instintos. La ética surge con la renuncia a esos deseos primitivos –el incesto principalmente, pero también el filicidio y fratricidio−, siempre y cuando todos acepten normas que favorecen a la comunidad en su conjunto y no sólo a una minoría.
En este contexto el modelo globalizador ha contado con un gran aliado: la informática, fruto del impulso de la economía a la tecnología. Gracias a ella la mayor parte de los medios de difusión, con honrosas excepciones, han creado una realidad virtual, que al estar desconectada de la realidad real, imponen una sola percepción, una sola forma dualista –blanco y negro– de ver el mundo, con los efectos psicóticos(13) –alucinaciones paranoicas– ocasionados por el rompimiento de la realidad. El estar desconectado de la realidad acarrea grandes trastornos a la personalidad, la psicosis es una enfermedad peligrosa por el daño social que puede ocasionar como podemos observar y constatar cotidianamente con la estimulación de la realidad virtual construida gracias a las cifras macroeconómicas. Aquí, ya no se ve la realidad real, sino que se estimula el libre mercado, las ganancias de las bolsas de valores, el imperio de las transnacionales y de los bancos y se pierde todo contacto con la realidad real de miseria, destrucción, abandono, opresión, desesperanza de la mayor parte de la población mundial. Pero dicho proceso es planificado perversamente y esconde la manifestación de la conducta psicopática(14) de quienes son poder –tanto gobernantes como medios de difusión– que continuamente están agrediendo brutamente, tanto física como emocionalmente, a la sociedad en su conjunto, buscando tergiversar su percepción de la realidad: difusión de mentiras, medias verdades para engañar a la sociedad (la guerra de Irak, por ejemplo). Pero, al mismo tiempo, al criminalizar las protestas sociales. El imperio no acepta que se desvele su perversión y todo aquel que quiera hacerlo, buscando informar/tener/compartir otra percepción de la realidad (el caso reciente de Julian Assange, creador de Wikileaks) está condenado a desaparecer. Como dice Edgar Morin(15): "El camino hacia el desastre se va acentuar en el decenio que viene. A la ceguera del homo sapiens, de quien la racionalidad carece de complejidad, se junta la ceguera del homo demens poseído por sus agresiones y sus odios."


Desde que Freud en los principios del siglo pasado demostró la existencia de la pulsión de muerte, ni siquiera sus colegas la admitían pero, en la actualidad, se volvió cotidiana y su olor fétido y terrible nos invade ante nuestra perplejidad y pasividad: guerras en Asia, África, Europa; guerras para luchar contra el terrorismo –todos menos el terrorismo de Estado–; guerras contra el narcotráfico; destrucción del planeta con el calentamiento global (en unos países arden grandes extensiones, otros se inundan, otros son azotados por epidemias y temblores). La pulsión de agresión y muerte se hace más cruenta en contra del diferente, del hermano/hermana y cotidianamente el poder nos confronta con Tánatos que le va ganado la partida a Eros. Como señala Roger Dadoun(16): "En la política, la pulsión de muerte se expresa vivamente y con voz inteligible: un político puede ser caracterizado por el campo de acción que entrega, activa o pasivamente, a la pulsión de muerte. Esto se puede comprobar tanto en el ejercicio de su mandato, en los campos de batalla, las carnicerías humanas, las ciudades devastadas, los campos de muerte, así como también en el resultado de sus acciones cotidianas, habituales: suicidios, delincuencia, adiciones, enfermedades, accidentes, violencia cotidiana (a través del gesto, la palabra, la miseria …)." Líderes como Hitler, Mussolini, Stalin, Pinochet, Idi Amín Dada, Milosevic, Bush se caracterizaron por llevar al límite la pulsión de crueldad y destrucción, cimentando la legitimación de su poder en la estimulación de la xenofobia, en ciertos momentos hasta apoyada por un supuesto conocimiento científico. Líderes perversos que siguen su Tánatos y que están incrustados en gran parte de los gobernantes actuales.


Camus pensaba que una vez aprendida la lección del Tánatos de la guerra, el absurdo de la existencia sería superado porque en el ser humano existen más cosas de admiración que de desprecio. Sin embargo, no se aprende la lección y hoy la humanidad está enfrentada y confronta al poder filicida y fratricida de un modelo que rompió con la realidad, se hizo psicótico y se expresa con conductas psicopáticas que es necesario identificar para defendernos de esos ataques. En las comunidades zapatistas, por ejemplo, se decidió mirar el corazón, emparejarse con la hermana y el hermano para construir una autonomía colectiva, basada en el mandar obedeciendo. Su lucha sigue el camino de la resistencia organizada contra el poder de muerte, el mal gobierno.


En este contexto, el trabajo realizado en el aula, leyendo la realidad para transformarla, nos ha llevado a identificar la contradicción principal del modelo capitalista de guerra en el que estamos sumidos, a denunciar sus agresiones, violaciones y tergiversación de la realidad(17). Si no se camina buscando el rompimiento de dicho modelo, se podrán hacer curaciones insignificantes a una conducta psicótica y psicopática del poder, sin atacar el centro de su enfermedad. No es por azar la radicalidad, no sectaria, del EZLN al señalar que su propuesta es en contra del neoliberalismo y por la humanidad. Por ello, una pedagogía de la emancipación tiene que inscribirse y construirse en esta contradicción principal: conociendo tanto las luchas de resistencia como la perversión del sistema capitalista en su fase de globalización neoliberal. Como señala don Pablo González Casanova(18): "Los procesos de sometimiento se justifican en el mundo actual con racismos que legitiman crímenes y latrocinios. Los “ricos y poderosos” y “los que tienen voz” usan argumentos y engaños dizque religiosos, filosóficos y científicos, y como beneficiarios declaran que sus víctimas son seres “inferiores” destinados a perder, porque así lo quiso Dios o “porque es la ley de la naturaleza."


En pueblos rebeldes como el zapatista no vemos una rebelión meramente indígena, que ya de por sí sería muy legítima. Vemos la única fuerza, que viniendo de los pobres de la tierra, es potencialmente capaz de crear o construir un mundo alternativo.


Pero, ¿qué sentido tiene leer la realidad de una psicosis y conducta psicopática alentada por la globalización neoliberal? En el proyecto de lectura de la realidad en el aula al que me he referido, estudiantes y yo, tuvimos que acercarnos al psicoanálisis social(19) para entender la conducta del poder. Ese estudio comenzó cuando surgió el EZLN y los conceptos de la racionalidad racional no permitían entender dicha conducta del poder en especial, observando y estudiando la forma como a través de los medios de difusión se tergiversa la percepción de la realidad, destruyendo cualquier posibilidad de mediación e implementando, por ejemplo, la “guerra de baja intensidad” en contra de las comunidades zapatistas.


Estoy seguro de que, en especial las y los jóvenes antepondrán al Tánatos de la guerra la fuerza de Eros, esa DIGNA RABIA para impedir que se siga salpicando de sangre la esperanza en la lucha. Pronto llegará la hora de PRONUNCIAR nuestro mundo para transformarlo. Dependerá de la forma como cada una y uno de nosotras y nosotros nos decidamos a cumplir nuestro compromiso histórico a favor de la vida, del hermano/hermana, del diferente.



Referencias bibliográficas
[1] José Cueli, “La pulsión de muerte”, La Jornada, 18 de agosto de 2006.
[2] El proyecto de “Lectura de la realidad. Pensar la práctica para transformarla” puede consultase en: http://www.lrealidad.filos.unam.mx/. Uno de los avances de la práctica permitió la construcción de la Pedagogía erótica. Miguel Escobar G. Eros en el aula. Diálogos con YMAR, Valencia, Ediciones La burbuja, 2005.
[3] Son varias las cartas que he escrito a Don Durito y el Viejo Antonio. En mi página puede consultarse el libro, Globalización y utopía (con prólogo de Paulo Freire, escrito meses antes de su partida): http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/653 Además un trabajo con estudiantes en Ginebra, Suiza, “Percepción y lectura de la realidad la construcción de utopías en el aula”
http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/673 Puede consultarse también una versión en francés: »La conduite du pouvoir et sa relation à la société sous l’angle de la psychanalyse politique » : http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/675
[4] Pablo González Casanova. “Los sentimientos intelectuales”, La Joranda, 21 de junio de 2001. Los artículos de La Jornada pueden ser consultados en : www.jornada.unam.mx
[5] Miguel Escobar Guerrero. Sonhos e utopías. Leer a Freire a partir de práctica. Brasilia, Editora Liber Livro, 2010, adempas de Miguel Escobar, “Las cuatro etapas de Paulo Freire en sus cinco pedagogías: del oprimido, de la esperanza, de la autonomía, de la indignación y de la tolerancia”:
http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/651
[6] El acto parricida esconde, generalmente, la acción filicida primera de los padres. En el Complejo de Edipo se analiza el acto parricida e incestuoso de Edipo pero se olvida que fueron los padres de Edipo quienes al escuchar el oráculo y darse cuenta de los deseos de poder de su hijo, lo mandaron matar. Para Freud, el sentimiento de culpa tiene aquí sus raíces, en los deseos parricidas.
[7] Paulo Freire. Pedagogía de la autonomía. México, Siglo XXI Editores, 1997, p. 81.
[8] El sentimiento de culpa fue trabajado por Freud en el Malestar en la cultura, es un concepto esencial para entender, en la vida emocional, la relación entre la conciencia moral que instalada en el superyó impide al ser humano dejar libremente la expresión y consolidación de sus deseos filicidas, parricidas o fratricidas emanados del inconsciente. La culpa indebida a la que se refiere Freire probablemente tiene que ver con un mal manejo de un sentimiento de culpa que hace que la víctima acepte su condición de víctima como castigo a su deseo parricida, consecuencia muchas veces de la agresión filicida de que es objeto.
[9] Miguel Escobar Guerrero, con la colaboración de Merary Vieyra C., Magnolia Torres I y Holkan Pérez R., “El Silencio de la ética”: http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/663.
[10]“La Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría, abarca de 1946 (o, si se quiere, desde la bomba de Hiroshima, en 1945) hasta 1985-1990 […] La Cuarta Guerra Mundial está destruyendo a la humanidad en la medida en que la globalización es una universalización del mercado, y todo lo humano que se oponga a la lógica del mercado es un enemigo y debe ser destruido. Subcomandante Marcos, “La Cuarta Guerra Mundial” :http://www.inmotionmagazine.com/auto/cuarta.html. Ver entrevista con el SubMarcos http://www.youtube.com/watch?v=bA8uWDZdE4o
[11]Miguel Escobar G., “Fernando Martínez Salazar y el psicoanálisis aplicado a lo social”:
http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/770
[12]Sigmud Freud. “El malestar en la cultura” en Néstor Braunstein et al. A medio siglo de El malestar en la cultura. México, Siglo XXI Editores, 1985, pp. 58-59.
[13] “La psicosis, fundamentalmente es una perturbación primaria de la relación libidinal con la realidad, lo que según la teoría psicoanalítica, constituye el denominador de la psicosis, siendo la mayoría de los síntomas manifiestos (especialmente la construcción delirante) tentativas secundarias de restauración del lazo objetal” Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, Diccionario de psicoanálisis, Colombia, Editorial Labor S.A. 1994, p. 321.
[14] El psicoanálisis permite definir la conducta psicopática por su actuar agresivo ya que en su objetivo conlleva el daño hacia el otro. El individuo que la manifiesta no tiene la capacidad para soportar la frustración que le produce el no apoderarse de los objetos de su alrededor, decidiendo tomarlos por la fuerza y apropiarse de ellos indebidamente. Este individuo genera un daño social y/o individual porque siempre existirá una víctima despojada o dañada con su actitud. Fernando Martínez S. en Miguel Escobar, “Poder y filicidio”: http://www.lrealidad.filos.unam.mx/2_poder_filicidio
[15]Edgar Morin , “Les nuits sont enceintes et nul ne connaît le jour qui naîtra”, Le Monde, 10.01.2011.
[16] Roger Dadoun. La psychoanalyse politique.Paris, PUF, 1995,
[17] Como fruto del proyecto de Lectura de la realidad se publicó un libro colectivo que ya va en su tercera edición¸ Miguel Escobar, Merary Vieyra, Cora Jimenez y Mayra Silva, Descifrar tu mirada. De Caledonia a Careyes. México, Ediciones la burbuja, Casa del Poeta Peruano, tercera edición, 2010.
[18] González Casanova, Pablo, “El saber y el conocer de los pueblos” en Primer Coloquio Internacional in Memoriam Andrés Aubry, México, CideciUnitierra Ediciones, 2009: 293-316.
[19] Durante nueve años realicé un estudio del psicoanálisis aplicado a lo social con el Dr. Fernando Martínez Salazar, miembro Titular y Didacta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. Véase:
Miguel Escobar G. “Fernando Martínez S. y.., http://ru.ffyl.unam.mx:8080/jspui/handle/10391/770

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