viernes, 25 de marzo de 2011

Raúl Vera López, voz de una Iglesia de los pobres


Francisco Gómez Maza

Dos litografías: una de la catedral de Saltillo y otra de la Capilla del Santo Cristo, también de la capital de Coahuila, cuelgan de las paredes del cubículo del Centro Universitario Cultural (CUC), sede de la Provincia de la Orden de Predicadores de Santo Domingo de Guzmán, y asiento del centro de apoyo espiritual y académico a estudiantes de la UNAM, donde se realiza la entrevista al único obispo políticamente incómodo que “da la cara”, de entre los 158 obispos que integran la Conferencia Episcopal Mexicana. jTatic Raúl recibe al reportero con su consuetudinaria sonrisa. Vestido como cualquier hijo de vecino. De chamarra, agripado pero de excelente humor, con la “BB” en la mano, lo primero que comenta es la litografía de su catedral, un monumento al “ego” – le dice el reportero -, y “quién sabe cuántas injusticias” se cometieron con la gente que trabajó en su construcción, agrega él.
Un obispo confrontado con el poder económico y político, solidario con las causas populares, apoyador al mismo tiempo de los familiares de los mineros enterrados en la mina de Pasta de Conchos, o de los campesinos de Atenco, o de los indios, o que cuestiona la estrategia gubernamental de combate al narcotráfico, o se solidariza con los padres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez: Raúl Vera López, quien fue sacado de su primera diócesis, Altamirano, en el estado de Guerrero, y enviado como coadjutor con derecho a sucesión a la de San Cristóbal de Las Casas, en 1995, en los álgidos momentos del levantamiento indígena armado, con su cabeza, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Raúl Vera López estudió la carrera de ingeniero químico en la UNAM, pero al concluirla decidió ingresar en la Orden de Predicadores – dominicos -, para “hacer algo por México”. Le agarró el movimiento estudiantil del 68 casi terminando sus estudios de ingeniería. Y se enroló no sólo en la pastoral universitaria desplegada desde el CUC, sino para comprometerse en una acción pastoral al servicio de los demás. El contexto en el se estaba formando y en el que iba a trabajar, no sólo de México, sino sobre todo de América Latina, le fue creando la inquietud que acabó por convencerlo de que, si quería hacer algo para el país con su carrera, tenía que renunciar a ser empleado de la iniciativa privada trasnacional, porque en ese tiempo prácticamente la única industria nacional en la que podían trabajar los ingenieros químicos era Pemex, y no tenía ni padrinos, ni parientes, ni nada ahí, como él mismo lo confiesa.

El entonces estudiante estaba seguro de que caería, como IQ, en manos de las trasnacionales. Y decidió quedarse a trabajar en la universidad. Pero poco a poco fue dándose cuenta de que hacía falta algo más que inquietar a un sector de la vida profesional, quienes egresaban de la Facultad. Necesitaba tocar los sectores de la sociedad mexicana, si quería hacer algo por este país. Y decidió hacerse monje y sacerdote de la orden dominica. Terminó ingeniería. Se recibió. (Los dominicos le dijeron que acabara la carrera y después hablaban.) Eran octubre y noviembre del 68. La primera parte de sus estudios clericales los hizo en México. Después lo enviaron a Bolonia, Italia, donde realizó la mayor parte de los estudios de teología. Se graduó, se ordenó sacerdote, y regresó a México a ejercer funciones de dominico.

Su primer trabajo pastoral fue precisamente en la Parroquia Universitaria, de donde había salido. Fue formador de novicios (los aspirantes a ingresar a la Orden) en el convento que los Predicadores tienen en Ameca Meca, pueblecito montañoso al oriente de ciudad de México. Ahí, a los pies de los volcanes eternos, símbolos de México – el Popocatépetl y el Iztaccihuath – se dedicó a dirigir ejercicios espirituales y retiros para sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos - entre ellos, estudiantes de la UNAM; niños y muchachos de la calle. Y luego trabajó en San Pedro Nexapa, a cuatro kilómetros del convento, donde aprendió a convivir con los campesinos pobres, y bebió de la “riqueza evangélica que hay en los pobres”. Entre los pobres pasó ocho años, para ser promovido a “socio provincial”, o asistente del padre provincial los dominicos de México. Volvió a la Parroquia Universitaria, donde además fue capellán de estudiantes. A los dos años, el Papa Juan Pablo II lo designó obispo de Ciudad Altamirano.

Altamirano era una diócesis muy difícil. Había un problema muy grave de relaciones entre el clero y el obispo. Los mismos sacerdotes habían pedido a la Nunciatura vaticana, en manos de Girolamo Prigione, que fuera como obispo un religioso. Estaba en su apogeo la producción de estupefacientes. Se cultivaba la base de la heroína, la goma, y marihuana. Ante los problemas, Roma mandó a un obispo que no tenía ni idea de lo que pasaba, para que no tomara partido y no llegara a juzgar. Lo único que Raúl hizo luego de tomar posesión fue decirle a los sacerdotes de la jurisdicción: “el que quiera trabajar conmigo que se quede. El que no, de una vez resuélvase.” Y así empezó a reorganizar esa diócesis.

A los ocho años de estar en Altamirano, en 1995, el Papa lo nombró obispo coadjutor de don Samuel Ruiz García, en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, en momentos en que el obispo guanajuatense era vilipendiado y acusado por el gobierno del presidente Ernesto Zedillo como instigador y cabeza intelectual del movimiento armado estallado en las montañas y los altos chiapanecos. Después de retirarse don Samuel, por razones de edad, don Raúl fue removido de Chiapas, el 30 de diciembre del 99, para ser obispo de Saltillo. Acompañó a Ruiz García poco más de cuatro años. “Y ese es el misterio de por qué ando de obispo”, afirma pues se le preguntó el porqué de su inserción en la estructura clerical, siendo él ingeniero químico prometedor.

No fue a Chiapas para controlar al obispo, según él mismo lo aclara, aunque en la época, cuando Ruiz García no era bien visto por Roma y menos por el gobierno mexicano por su compromiso con los indios, corrió fuertemente el rumor de que Prigione lo había propuesto para meterlo “al orden”. Sin embargo, Roma le otorgó “facultades especiales” que mermaban la autoridad de jTatic Samuel, entre las cuales estaban: atender a los diáconos, en virtud de que, se decía, muchos se habían ido a la guerrilla; organizar la formación de sacerdotes en los seminarios y manejar la economía de la diócesis. Pero don Raúl proclama que tales facultades las compartió íntegramente con el vilipendiado obispo.

De chamarra de piel, de paisano, sin el típico alzacuellos clerical; sin la cruz episcopal que cuelga del cuello de todo obispo; respondiendo telefonemas; y de muy buen humor – don Raúl siempre trae a flor de labios una broma, un chiste -, caracteriza a Jesucristo: “Jesucristo vino a restaurar el proyecto histórico de la humanidad, como fue diseñado desde un principio, cuando Dios creó el mundo; vino a hacer posible ese proyecto, dando al hombre la capacidad de ser sujeto de la historia, incluyendo a todos, no sólo a los bautizados. Inclusive a los ateos. “Tengo amigos ateos encantadores comprometidos con la justicia… El Espíritu sopla donde quiere y Dios no sólo le da el Espíritu Santo a los creyentes, sino a todo hombre que practica la justicia.”

Don Raúl no parece el obispo que denuncia injusticias, que cuestiona la política gubernamental. Se muestra como clérigo. Como obispo. Y usa el lenguaje espiritual de los predicadores. Y justifica su práctica evangélica: “En los superficiales, por defecto de los procesos de “evangelización”, o pastorales de la iglesia, se concibe un sistema religioso de prácticas y de cumplimientos. Pero el papa Juan Pablo II dice en su encíclica “El Comienzo del Nuevo Milenio”, que ya no se vale tener cristianos mediocres, viviendo en una religiosidad minimalista, reducida la formación ‘cristiana’ sólo a la práctica de los sacramentos. Esto es fatal: Misa de domingo solamente y el resto dedicado a superficialidades. El proyecto de una iglesia madura, una comunidad eclesial, que se preocupa por darle una formación intensa al cristiano, y una iglesia que vive íntegramente el evangelio, y que tiene que proyectar con su vida a la comunidad, alcanza a proyectar a un Jesús vivo en la historia y que, además, está ligado a todos; una visión holística. Jesús que lo abarca todo.”

¿Superar, acabar, con la estructura de la iglesia clerical…?

“Tocas un punto que ha sido un estorbo para la iglesia. El clericalismo. Y este clericalismo es rechazado por los laicos. No se vale ya entender al sacerdocio como un privilegio. Una iglesia con sentido clerical, con la que rompió ya el Concilio Vaticano II… Una iglesia clerical, en donde no hay una verdadera comunión, no se proyecta como entidad de servicio, sino como una comunidad en la que todos los intereses - canonjías, prestigio individual, acumulación de riqueza - se valen. Aquí está un punto de quiebre terrible entre una iglesia con poder temporal, donde el oficio se convirtió en beneficio y los patrimonios son muy importantes, y una iglesia comunidad integrada por todos: laicos y sacerdotes.”

El obispo de Saltillo coincide con el pensamiento y los documentos conciliares en su visión de la institución católica. “Creo que, en la estructura, se están debatiendo cosas que tienen que ver con la cultura contemporánea. La luz principal la dio el Concilio, que dejo bien claro que la iglesia está para el servicio del mundo y no para beneficio de sí misma. Entonces, tiene que dialogar con las culturas. Tenemos que encontrar, como dice Juan Pablo, una nueva expresión, un nuevo ardor, y… la iglesia tiene que hacer accesible su mensaje a una cultura contemporánea, y acercarse a ella para entenderla. Como lo dice el Papa, se tiene que laicizar a la iglesia. Con un rostro laical, tiene que estar preocupada por acercarse y entender, y trasmitir los valores del evangelio en el ambiente de la comunicación, en la cultura política; dialogar con la cultura universitaria.

No se queda en la teoría ni en el “debe ser”. Reconoce don Raúl que dentro de la estructura eclesiástica aún hay condicionamientos políticos, que les impiden a los obispos declarar su preferencia por los pobres, con los riesgos que esto conlleva. Pero es comprensivo: “Es difícil entender que uno se tiene que salir de la foto; aceptar una cierta marginación. Cristo mismo se separó de la manera de entender a la institución religiosa de su tiempo. Separarnos de la iglesia como un sistema, y entrar a un lugar donde aprendemos a vivir el modo verdadero; en donde las leyes se hicieron para el hombre y las instituciones también. Y no al revés. Es el miedo de quitarle seguridad a la institución. A lo mejor acabamos con la iglesia antes de que acabe el mundo, y qué hacemos, dirían. Pero hay que acabar con una iglesia de conservación; romper con los esquemas que ya no facilitan la comunicación en el mundo de hoy.

¿Tuvo alguna vez la iglesia la posibilidad de impulsar el cambio social? “Creo que sí lo ha hecho. Cuando se interesó por el mundo indígena. El concilio es una muestra de que la iglesia quiso enfrentar el cambio. Las mismas conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano como la más reciente que produjo los documentos de Aparecida, Brasil.” Con todo, Vera López reconoce retrocesos, “cuando nos agarramos de cimientos que no son; sacamos banderas que no son. Pero el Concilio Vaticano II es un fermento interior muy fuerte. Y cada día ese fermento es mucho más intenso.”

La pastoral del obispo Vera López, apegada a las directrices conciliares, es incómoda para el poder; para los grandes empresarios, para los políticos, para los poderes fácticos. Inclusive, sus sacerdotes reciben amenazas telefónicas. Sin embargo mantiene el humor, la alegría de vivir. Le gusta bromear, decir chistes. “No es que uno esté ni con el poder económico… ni… Uno está a favor de una familia solidaria, de hermanos, donde haya esperanza, donde todos valgamos, donde tengamos la misma dignidad, el mismo espacio. Quién no va a estar feliz por trabajar por una sociedad así”. Y no propone modelos sociopolíticos de ningún signo geométrico. “El modelo es el que surge de los valores universales. No lo reduciría a un sistema político. Sino a un proceso en el que los seres humanos tengan el mismo valor, la misma oportunidad de participar, de crecer. Establecer un modo de pensar, de ver, un modo de vida… en la justicia.”
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Las palabras y la vida de Monseñor Romero


Extracto parcial de un escrito de José Luis Razo Ochoa(México)
“Yo quisiera hacer un llamamiento muy especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos, y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios, que dice: no matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡cese la represión!" (Oscar Arnulfo Romero, 23 de marzo de 1980, El Salvador)

Al recordar las palabras y el compromiso del obispo salvadoreño, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, acordó una trascendente e histórica resolución aprobada por consenso el 17 de junio de 2010, por la que se proclama el 24 de marzo como “Día Internacional por el Derecho a la Verdad acerca de las graves Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas”. Monseñor Romero “luchó contra la mentira, aquella que se representaba a través de personas, de militares, de paramilitares y políticos”. Ojalá que nuestros pueblos y, sobre todo, nuestros gobernantes acepten el reto que les lanza un humilde y valiente pastor de la iglesia católica que supo aprender del pueblo sencillo las lecciones de Jesús de Nazaret.
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jueves, 17 de marzo de 2011

Tiempo de conversión, también para la Iglesia


CUARESMA TIEMPO DE CONVERSIÓN TAMBIÉN PARA LA IGLESIA CONVERTIRSE AL REINO DE DIOS
Arnaldo Zenteno S.J.

Del Equipo de Servicios CNP. Comunidades Eclesiales de Base de Nicaragua
Adital - 15.03.11 - Mundo
Este miércoles de Ceniza comenzamos la Cuaresma y a cada persona que se le ponía la Ceniza se nos estuvo diciendo "Conviértete y cree en el Evangelio". Este modo de actuar sin duda es válido, pero oculta una dimensión colectiva de la Conversión. Es necesario que cada uno de nosotros nos convirtamos, pero todo puede quedar a nivel individual, aunque en algunos casos pueda tener su repercusión social. Esta práctica individual, o a un de multitudes, pero fijada solo en cada persona no concuerda con el llamado del Profeta Joel a la Conversión de todo el Pueblo- de todos los habitantes de la Ciudad. Pero sobre todo no concuerda con el llamado de Jesús personal y comunitario a convertirnos de cara al Reino de Dios y su Justicia y su Misericordia.
Con toda razón en unas celebraciones que nos han compartido, se dice: Me convierto, me comprometo en la Construcción del Reino de Dios. Este enfoque que está más de acuerdo con el seguimiento fiel de Jesús, vale también para la Iglesia toda. Vale para las familias, para las Comunidades y para otros grupos cristianos, pero además vale o debería valer especialmente para la Iglesia en su conjunto. Los sacerdotes y los Delegados y los Animadores pusimos la ceniza en muchas frentes, pero ¿me pregunté, nos preguntamos sobre nosotros como Iglesia sobre nuestra conversión?
Deberíamos preguntarnos, como Iglesia ¿de qué tenemos que convertirnos? o como preguntaban a Juan los cobradores de impuestos, los soldados y el pueblo sencillo, y nosotros ¿Qué tenemos que hacer? Simplemente enumero unas sugerencias que a la vez son anhelos, sueños y preguntas:
Como Iglesia deberíamos convertirnos de ser el centro de la vida cristiana, y reconocer que el Centro es Jesús y el Reino de Dios que El anunció, proclamó y sobre todo vivió apasionadamente.
Como Iglesia deberíamos hacer una realidad la igualdad fundamental entre laicos, religiosas, sacerdotes y obispos y volver a vivir lo que proclamaba el Concilio Vaticano II que la Iglesia es ante todo Pueblo de Dios.
Como Iglesia deberíamos convertirnos, arrepentirnos de haber discriminado de tantas maneras a las Mujeres en todos los niveles, en el sacramental, en la toma de decisiones, en la vida cotidiana y en los grandes acontecimientos eclesiales.
Como Iglesia-con la Constitución Gozo y Esperanza, deberíamos en verdad hacer nuestras y asumir vitalmente los Gozos y Esperanzas, las Tristezas y Alegrías, los Temores y los Anhelos de gran parte de la humanidad sufriente.
Como Iglesia , siguiendo a Jesús, deberíamos compartir la Mesa de la Vida con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad siendo en verdad una Iglesia Samaritana que sueña y lucha por una Vida Digna especialmente para las mayorías empobrecidas.
Como Iglesia, siguiendo a Jesús, deberíamos ser en verdad una iglesia profética estando muy lejos del poder, de la mesa de los poderosos económica y políticamente.
Como Iglesia debemos convertirnos reconociendo nuestros pecados de acción y de omisión en el caso de la pederastia clerical y en el caso del silencio ante las violaciones de tantas Niñas y Niños en nuestras sociedades. Igualmente debemos reconocer que hemos sido muy lentos y tibios ante el gravísimo problema de las y los emigrantes maltratados, violados, extorsionados, asesinados.
Como Iglesia deberíamos ser en verdad Ecuménicos, no sentir dueños absolutos de la verdad, sino hermanos entre otros hermanos que queremos seguir a Jesús, y abiertos como nos invita Don Pedro Casaldáliga al Macroecumenismo abiertos a reconocer la presencia y acción del Espíritu en todas las religiones y en todos los anhelos justos y de justicia y solidaridad de los no creyentes.


Como Iglesia debemos convertirnos y reconocer que muchas veces nos detenemos en la
observancia de una palabra en la liturgia, y no procuramos seriamente hacer unas celebraciones inculturadas y encarnadas en la vida de las mayorías de nuestro Pueblo.
Como Iglesia debemos convertirnos de vivir a veces en nuestro castillo o en nuestra isla en medio del mar embravecido y agitado de la miseria, del hambre, del terrorismo y narcotráfico.
Sin duda hay además cosas ”secundarias” que también deberíamos cambiar como Iglesia, por ejemplo, las vestiduras elegantes y de otra época y títulos tan ajenos al Evangelio de Jesús.
Cada uno de nosotros tiene esos y otros anhelos, pues sin duda todas y todos queremos una Iglesia reflejo más fiel de Jesús y su práctica salvadora. Lo importante es no solo tener esos sueños y anhelos, sino ir luchando para que cada vez más sean una realidad empezando por vivirlos personalmente y en nuestras familias, comunidades, parroquias y aun diócesis.
Termino de compartirles mis sueños y anhelos con 3 Anhelos mucho muy importantes:

a) Que como soñaba Juan XXIII nuestra Iglesia sea de todos, pero en especial que sea Iglesia de los Pobres-como lo fue Jesús.

b) Que en el centro de nuestra predicación, de nuestra liturgia, de nuestros ministerios antes que las normas y las doctrinas, esté Jesús y su apasionado seguimiento.

c) Que como Iglesia nos convirtamos en verdad al Reino de Dios- que seamos instrumento y anuncio del Reino de Dios. Que el Reino de Dios sea el criterio e impulso fundamental en la vida de la Iglesia. Que la pasión de Jesús, el Reino de Dios, sea nuestra pasión.

Comunidades Eclesiales de Base.
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sábado, 12 de marzo de 2011

Confiar los ministerios a mujeres y a casados

Un foro de curas progresistas defiende que la escasez de sacerdotes se resolvería confiando los ministerios a mujeres y casados
Meritxell M. Pauné. La Vanguardia. 24 Febrero 2011

Aluden a que los primeros cristianos escogían al miembro más capacitado de su comunidad para presidirla, sin jerarquía impuesta
El Fòrum Joan Alsina de Capellans de la diòcesi de Girona ha defendido la validez de las mujeres y de los católicos casados para ejercer como sacerdotes en sus comunidades, a través del documento Escasez de Capellanes.
El texto afirma que “la situación de insuficiencia [de ordenaciones] está por debajo de límites razonables” y que las dos vías intentadas por las autoridades católicas “han fracasado rotundamente, han hecho evidente su anacronismo y han caducado irreversiblemente”.
Se refiere a las estrategias de “replegarse a las trincheras doctrinales” ante la escasez sacerdotal, atribuida a causas ajenas como el materialismo y el hedonismo de la sociedad, y a los “parches” como agrupar parroquias en municipios grandes y “multiplicar los servicios sacramentales de un capellán, obligándole a ir de pueblo en pueblo”. A la vista de los pocos frutos de estos dos caminos, según este Foro, “se podría concluir que Dios no escucha estas plegarias porque no son de su agrado”.
En contraposición, los seguidores del capellán Joan Alsina (un cura obrero ampurdanés asesinado en Chile durante el Golpe de Estado de Pinochet), proponen “sustituir la estructura piramidal actual por una iglesia/comunidad que sea el Pueblo de Dios, tal como dice el concilio Vaticano II”.
Las primeras comunidades, recuerdan, podían elegir a la persona más capacitada “para presidir las celebraciones eucarísticas en las que se ejercen los diversos carismas (predicar, denunciar, discernir, compartir, interpretar…), garantizando así la pluralidad y la participación de todos en igualdad de condiciones”. “Y, claro, no había discriminación ni incompatibilidad por razón de sexo o estado civil”, añaden.
Lluís Costa, capellán de Camallera y miembro del Foro, ha explicado a LV.es que “la validez de las mujeres y de los cristianos que han contraído matrimonio es un hecho evidente y argumentado por multitud de teólogos, a pesar del rechazo abierto que provoca en la jerarquía”. “Nuestra postura es el retorno a la idea genuina del cristianismo, según se puede leer claramente en el Nuevo Testamento”, explica el párroco.

“Los primeros cristianos escogían a un ‘anciano’ o ‘presbítero’, que era una persona de prestigio en la comunidad, a quien confiaban su liderazgo para que la dinamizara”, apunta. “Así pues, cada comunidad debería elegir a su representante y no como ahora que uno de Barcelona es enviado a Girona o al revés, porque entonces el elegido cae en una comunidad que no conoce y la comunidad no ha podido elegirle por sus cualidades”, puntualiza. También es partidario de extender esta lógica al resto de niveles jerárquicos: “Al menos deberíamos poder opinar sobre los nombramientos del Obispado”.

“Este documento no se dirige a ninguna jerarquía en especial, sino que lo hemos emitido para el público general, para la reflexión de cualquier persona interesada en esta escasez de nombramientos”, advierte Costa. Como indica el texto, el Foro invita a participar de la reflexión –personal, conversando con amigos o a través del blog del Foro– en vistas del cercano Día del Seminario, este marzo. No pretenden, sin embargo, organizar ninguna presentación pública del texto.

El Fòrum Joan Alsina de Capellans de la diòcesi de Girona, que forman sacerdotes en ejercicio y secularizados, reúne mensualmente una treintena de miembros para reflexionar sobre temas de actualidad en sus parroquias y poblaciones. Este febrero, mientras ya elaboraban el documento sobre la escasez de capellanes, han seguido de cerca la presentación de un documento muy similar, elaborado por un grupo de profesores y profesoras alemanes de Teología católica, que han obtenido numerosas adhesiones.

Su memorándum Iglesia 2011: Un resurgimiento imprescindible advierte “bajo la presión por la escasez de sacerdotes se construyen cada vez unidades administrativas más grandes, ‘parroquias XXL’, en las cuales ya no se puede experimentar cercanía y sentimiento de pertenencia”. También aseguran que “los fieles se distancian si no se les confía corresponsabilidad en estructuras democráticas de la dirección de su comunidad” y remarcan que “la Iglesia necesita también sacerdotes casados y mujeres en el ministerio ordenado”.
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Crisis de jóvenes en los seminarios católicos


La Iglesia pierde un 30% de sus vocaciones desde 2006
JESÚS BASTANTE MADRID 08/03/2011 01:00 Fuente: Público
La Iglesia se queda sin cantera. Ocurre en Europa y, especialmente, en España. Mientras los obispos españoles apuestan por la continuidad en su cúpula, la mala imagen de la Iglesia española continúa dando sus frutos, esta vez en forma de desplome de vocaciones. Según los datos ofrecidos por la propia Conferencia Episcopal con motivo del próximo Día del Seminario (celebrado el 19 de marzo, festividad de San José, desde 1935), en los últimos cinco años el número de nuevos seminaristas en España ha caído hasta un 30%, pasando de 820 jóvenes (entre seminarios mayores y menores) en el curso 2006-2007 a 574 en el presente curso.

Se confirma de este modo el descenso vocacional que se viene registrando desde 1990, si bien con breves repuntes. Cada vez hay menos seminaristas, por mucho que el Episcopado se empeñara ayer, en un comunicado, en hacer hincapié en un supuesto aumento vocacional que finalmente no era tal. En realidad, lo único que ha crecido respecto al curso pasado es el número de los seminaristas que acabaron ordenándose. Así, en 2009 se consagraron 141 presbíteros, mientras que el pasado año fueron 162.

El éxito era presentado por la jerarquía episcopal como uno de los frutos del Año Sacerdotal que se celebró en 2010, y donde la Iglesia católica se vio salpicada por un terremoto de escándalos provocados por denuncias de abusos sexuales, que obligaron a Benedicto XVI a comenzar a aplicar una política de tolerancia cero y a incrementar las penas para los pederastas.

Siguiendo las mismas cifras, el número total de seminaristas que actualmente forjan su vocación en España asciende a 2.519 (1.227 en seminarios mayores integrados por jóvenes con 18 años o más y 1.292 en seminarios menores), lo que supone un descenso del 3,2% respecto al curso 2009-2010, cuando había 2.602 (1.337 en seminarios mayores y 1.265 en seminarios menores). Con respecto a hace cinco años, el descenso es del 24,3%. En 2006-2007, el número de seminaristas era de 3.326.

"Es en tiempos de incertidumbre cuando se antoja más necesario que nunca prolongar la estela de tantos sacerdotes que han sido claves para la renovación espiritual y social del mundo en distintas épocas y geografías", apuntó el Episcopado. Sin embargo, la sangría es tremenda, y la dificultad para garantizar el relevo generacional, cada vez mayor. La media de edad de los sacerdotes españoles supera actualmente los 65 años.

"En términos absolutos, se ha producido un leve descenso del 3% con respecto al curso anterior y la cifra se sitúa ligeramente por encima de la que había hace dos años, en 2009, cuando el número total era de 1.224", señaló la Conferencia Episcopal Española en su comunicado.
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El miedo a los seminarios vacíos


Publicado el 10.03.2011. Vida Nueva. http://www.vidanueva.es

(Juan Rubio) Vuelve el Día del Seminario y, con él, las estadísticas que suben para unos, mientras que para otros, bajan. Horror al seminario vacío. Angustia cuando crece la media de edad del clero diocesano. En España, supera los 65 años. Auténtico pánico cuando los obispos comienzan a hacer nombramientos y tienen que llenar huecos. Tienen derecho a soñar. Han de ser las niñas de sus ojos, pero no ven la forma de salir del atolladero, acentuando la pastoral vocacional en los planes diocesanos. En algunos, entreguismo a los nuevos movimientos. Los seminaristas del Redemptoris Mater son ya casi el 18 por ciento del total de los seminaristas españoles.

Los jóvenes hoy se plantean poco ser curas, necesitan subidones fuertes. Cuando lo hacen, son realmente ejemplares. Nervio joven y bien preparado. Aquellos años 40, 50 y 60 eran otra cosa. Llegaron las fugas; arreciaron los temporales y la crisis de vocaciones se instaló de forma preocupante en la Iglesia. Empezó a interesar el número; a veces se abandonaba la calidad en favor de la cantidad. Ahora se lamentan en la Congregación para el Clero de Roma. ¡Nos hemos pasado! No se armaron bien las parihuelas del paso y a los aspirantes no se les forjó suficientemente en la madurez humana, intelectual, espiritual y social. De aquellos polvos, estos lodos. Curas en vaqueros, bebiendo el vino en la taberna, ropas desaliñadas, atentos a las necesidades sociales, desocupados del culto.

Ley del péndulo. Toca lo contrario. La moda y las puntillas de los roquetes, casulla de última moda, piedad exagerada, jóvenes en alcanfor. ¿Qué está pasando? Ocupa y preocupa. ¿Todo vale? No vale todo. Me lo decía un padre espiritual: “Nos estamos acostumbrando a pájaro que vuela, a la cazuela”. No puede ser. Un mayor y delicado discernimiento que evite desafueros, que haga fuertes las vocaciones.

No se puede aislar al seminarista. Los seminarios no pueden ser oasis. Tampoco colegios mayores. En algunos lugares se empieza a hablar del seminario menor. Hay prelados que lo han instituido; otros no lo ven claro. En España, son una treintena las diócesis que no lo ven necesario. Otros solo tienen un seminarista en el menor. Hay, por contra, quienes parecen haber hallado el camino: Córdoba, Getafe, Santiago, Zamora. Estadísticas cantan y los números de seminaristas mayores, pese a un ligero repunte, auguran un futuro desalentador. En los seminarios españoles, durante el presente curso, hay un total de 1.227 aspirantes. De ellos, 245 son nuevos. En 2010 se ordenaron 162.

No todos los llamados son elegidos. Conformismo evangélico. Míticas diócesis como Salamanca tienen dos aspirantes. En el País Vasco no llegan a la veintena. En Cataluña, tienen poco más de un centenar. Barcelona, solo 26, y Tarrasa, 42. En Andalucía, la palma se la lleva Sevilla, después Córdoba, Cádiz y Almería. El resto no llega a la veintena. En Levante, Valencia sigue siendo numerosa, y en Galicia se mantiene la tónica de la quincena como media, excepto Santiago. Madrid, con la matriz y sufragáneas, 200 seminaristas. Las diócesis castellanas, extremeñas y manchegas mantienen la tónica a la baja, a excepción de la mítica Toledo, con 79. En Aragón, prima Zaragoza, y en Barbastro no hay ningún seminarista. Los castrenses cuentan con una docena.
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viernes, 11 de marzo de 2011

El riesgo de un laicismo "fundamentalista" en España

Documento con fecha sábado, 26 de febrero de 2011.
Publicado el domingo, 06 de marzo de 2011.
Autor: Agencia Efe.Fuente: ABC.


El profesor de Sociología de las Desigualdades Internacionales y Sociología de la Religión de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Díaz-Salazar, ha advertido en Pamplona del riesgo de caer en un laicismo "fundamentalista", que intente "excluir" totalmente el fenómeno religioso en España.
En una entrevista concedida a Efe, el sociólogo, quien ha pronunciado una conferencia en Pamplona invitado por el Foro Gogoa, asegura que el laicismo no va en contra de la religión, sino que, por el contrario, se caracteriza por la tolerancia y el respeto a la pluralidad de creencias religiosas en la sociedad.

Díaz-Salazar, profesor invitado en universidades de Brasil, Venezuela, El Salvador, Cuba y México, ha analizado en profundidad el laicismo y las relaciones Iglesia-Estado en una trilogía: "El factor católico en la política española" (Editorial PPC), "Democracia laica y religión pública" (Taurus) y "España laica" (Espasa).

Pregunta: ¿El laicismo va en contra de la religión?
Respuesta: No. El laicismo no es antirreligioso, es antieclesiástico, va contra el cristianismo político. De hecho, en la historia los primeros laicistas son cristianos, sobre todo protestantes, que defienden el pluralismo religioso y que quieren acabar con la persecución a quienes tienen otra forma de religión.
Por eso el laicismo nace más bien en el ámbito protestante y no en el católico.

P: ¿Existe un laicismo 'a la española'?
R: Hay diversos tipos de laicismo en España. Por un lado tenemos un laicismo excluyente, que es una forma de ateísmo militante. Hay otro tipo que defiende lo que se denomina una "laicidad inclusiva", que reconoce que la religión es una parte muy importante de la cultura, de la sociedad civil, y es mucho lo que puede aportar.También tenemos un "laicismo de neutralidad" que se centra en que el Estado como tal no puede definirse ni a favor ni en contra de la religión o cualquier tipo de ideología. Tenemos asimismo un "laicismo religioso", impulsado por movimientos tanto católicos como islámicos o protestantes que defienden la autofinanciación económica de las iglesias, la separación Iglesia-Estado y una enseñanza laica no confesional. Todos esos laicismos coexisten en nuestro país.

P: ¿Cuál de ellos prefiere?
R: Yo apuesto por el laicismo inclusivo, porque lo que intenta es articular el pluralismo. Éste es el modelo de Francia, por ejemplo. Tenemos una idea muy equivocada de lo que es el laicismo francés actual, que es también el laicismo predominante en Alemania o en los países nórdicos. Este laicismo lo que busca es articular el pluralismo, no imponer un nuevo fundamentalismo, porque también hay un fundamentalismo laicista, integrista, que intenta privatizar forzadamente las dimensiones religiosas de la existencia.

P: ¿Está recorriendo España un camino que otros países han recorrido hace tiempo?
R: Sí, porque España vivió durante muchos años una dictadura y después hubo que hacer una transición en la que las prioridades eran otras. Pero más tarde el laicismo aflora en España a través de dos procesos: el pluralismo de las identidades sexuales y el matrimonio homosexual, y el aumento del número de musulmanes que piden por ejemplo la enseñanza de la religión islámica en las escuela o la construcción de mezquitas en suelo público. Y estos son dos procesos que precisan de la laicidad.
También hay otro factor, sobre todo en la primera legislatura, y es que la principal fuerza de la oposición política al Gobierno socialista fue la Conferencia Episcopal. En la medida en que se convirtió en un actor político, las personas que no comparten esas tesis, dentro de la Iglesia y fuera de ella, empiezan a reivindicar la laicidad en España.

P: ¿Está gestionando correctamente la izquierda española el concepto de laicidad?

R: Hay que diferenciar. La izquierda gobernante lo tiene bastante claro y desde mi punto de vista lo está haciendo bastante bien. Pero hay una izquierda que no está en el Gobierno que no sabe manejar el tema cristiano en general. Confunde la Iglesia con los obispos y, al contrario que la mayoría de izquierdas europeas, no tiene una política hacia el mundo cristiano, que es muy complejo. Sí que tiene una política hacia el mundo homosexual, hacia los movimientos sociales, incluso hacia las asociaciones islámicas, pero no sabe tener una política hacia el mundo cristiano.

P: ¿Por qué ha levantado ampollas la asignatura de Educación para la Ciudadanía?

R: Creo que es por el integrismo de la Conferencia Episcopal y, sobre todo, por una obsesión que tienen los obispos, que es ver en el PSOE un partido que pretende secularizar de una forma cuasi-dictatorial a España y configurar nada menos que la mente de los niños. Me parece un análisis disparatado. Ellos iniciaron esta controversia y luego no fueron seguidos ni por los propios colegios católicos. Lo que hay detrás de eso son movimientos integristas que ven fantasmas y que utilizan un discurso apocalíptico que no se corresponde con la realidad.

P: ¿Está este debate en el trasfondo de las revueltas en los países árabes?

R: En parte, porque la laicidad es esencial para el futuro político del mundo árabe. El gran peligro que hay es que después de las dictaduras de estos sátrapas corruptos venga la dictadura de un partido islamista que puede ser incluso democráticamente elegido en unas elecciones. Antes de que haya elecciones yo creo que es muy importante que se configuren unas nuevas constituciones en esos países y que en ellas se implemente lo que yo llamaría un 'núcleo de laicidad' fuerte. Y será muy importante que haya unos tribunales constitucionales en los países árabes que velen por la laicidad, porque, si no, igual que en España tuvimos un nacional catolicismo, podríamos llegar a un "nacional islamismo" que se cargaría el pluralismo religioso. Es lo que está pasando en Marruecos, que persigue a los cristianos, porque no es un país laico, o en Iraq, que en la época anterior a la guerra era más laico que ahora.
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miércoles, 9 de marzo de 2011

REGENERAR LA POLÍTICA: "Haz el bien por el bien mismo"


Los militantes del Movimiento Rural Cristiano y los amigos que nos han acompañado nos hemos reunido en una tarde de Formación para tratar sobre cómo regenerar la política y hemos visto que:
-El tercer problema que se manifiesta tener en España es la clase política Después del paro y la economía y antes que el terrorismo o la inmigración.
Esto, y la experiencia diaria de insultarse, de mentir, los casos de corrupción, el interés del partido o el propio por encima de los ciudadanos y de la verdad,… nos vienen a decir que algo no funciona bien. Los que tienen que solucionar los problemas son los que los provocan. Y esto está pasando por todo el orbe. La democracia no está funcionando. Se está desnaturalizando el Estado (europeo-central-autonomía-ayuntamiento) por el proceder éticamente negativo y el centrarse prioritariamente en la economía.
Vemos que no es bueno ni un Estado que controle todo porque no deja libertad ni uno que esté ausente porque deja solos a los ciudadanos a merced de los grandes mercaderes onde el pez grande se como al chico.
Constatamos que se están olvidando las grandes ideologías que daban sentido a la lucha social y organizada por un futuro utópico, sin clases sociales, en fraternidad, igualdad, con justicia, y libertad para todo el mundo y se está cambiando por la comunicación en pantalla, por lo fugaz, por lo inmediato, por conseguir votos y no por la persona y la sociedad en su conjunto.

Para regenerar la política se precisan políticos:

*que favorezcan la participación desde la libertad y la diversidad.
*que muestren unas ideas y unos proyectos (utopía) en las que creen y que favorezcan el bien común como el preferente de su acción política.
*que dejen el cargo a fecha fija y con las cuentas personales muy claras. Pueden ser unos ocho años para ser un servicio y no un puesto de trabajo.
* Que pisen la calle antes de las votaciones y después de las votaciones. No para hablar sino para escuchar y después decir las propuestas.
*que sean críticos con su propio partido. No es creíble que todos piensen lo mismo y voten lo mismo.
*que intervengan para distribuir la riqueza entre todos los grupos sociales para que disminuyan las desigualdades y sin eliminar la responsabilidad de los ciudadanos.
*que controlen la economía, el dinero, a los grupos de presión y no al revés.
*que actúen con máxima transparencia en todos los asuntos públicos y cumplan las leyes.

Para regenerar la política se precisan unos ciudadanos:
*que no se muevan por los mismos defectos que criticamos a los políticos: la corrupción, el enchufismo, el mal uso de los bienes públicos y aprovecharse de lo publico en beneficio propio.
*que no voten nunca a los corruptos, ni a los partidos que presenten corruptos. Exigimos su desaparición de la vida pública.
*que sean participativos: aceptar presentarse ya que en los pueblos pequeños no sobran candidatos y estén atentos a lo que hacen los elegidos con propuestas, peticiones, y si hace falta, con criticas constructivas hechas de forma correcta.
*que sepamos que tenemos derechos y obligaciones en la sociedad y con las administraciones.
*que nos informamos, participamos y colaboramos en las cuestiones públicas tanto en los pueblos pequeños como en los grandes.

La solución:
Es volver a la conciencia moral, a la rectitud de conducta y que se traduce en tener ética personal y colectiva.
Saber que todos somos responsables de los gobiernos que votamos y de las cosas públicas: trabajo, vivienda, sanidad, enseñanza, servicios públicos, de todo lo común.
Tener políticos con ideales solidarios, de justicia social y con a tarea de levantar al débil.
Que sepamos que la regeneración política es tarea común, de todos.
Por tanto, para construir una democracia participativa, social y económica hace falta todas las manos y así avanzaremos hacia otro mundo posible.
Movimiento Rural Cristiano - Ribafrecha-La Rioja a 6 de marzo de 2011.
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sábado, 5 de marzo de 2011

La diversidad religiosa: reto para el ecumenismo en México


Análisis de los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010 sobre religión
José Guadalupe Sánchez Suárez [1]
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI) ha dado a conocer los resultados definitivos del Censo de Población y Vivienda 2010 con los datos sobre las características demográficas, sociales y económicas, básicas, de la población y de las viviendas; de los cuales destacamos los referentes al tema de la religión, y que señalan que “para 2010, los que se declararon católicos representan el 83.9 por ciento de la población de 5 años y más, los protestantes o evangélicos, 7.6 por ciento, otras religiones 2.5 por ciento y el 4.6 por ciento declaró no tener ninguna religión.”
Tal resultado no es inesperado y es reflejo del fenómeno de cambio en la geografía religiosa mexicana donde, junto al surgimiento de nuevas identidades católicas, se han ido constatando tres hechos principales: a) un descenso constante en el porcentaje de población católica, b) el rápido incremento de población evangélica y de otras religiones y c) el aumento proporcional de población sin religión. [2]
La complejidad del cambio religioso en México, revelada por estas primeras constataciones, además de representar un gran reto para la investigación del fenómeno socio-religioso, deriva en importantes retos sociales y eclesiales que no debemos eludir, sino reflexionar en profundidad a partir de preguntarnos ¿en qué consiste dicho cambio religioso?
Según algunos investigadores, lo que está sucediendo es un proceso de “desinstitucionalización” religiosa, en el que se percibe una distancia cada vez mayor entre la opinión y opciones de los individuos y los planteamientos religiosos oficiales, [3] acompañada de un claro proceso de diversificación religiosa.
Al irse fracturando el monopolio religioso institucional católico sobre la sociedad y sobre las conciencias, [4] se asientan las condiciones básicas para el desarrollo del pluralismo, que es lo que está pasando en México las últimas décadas: “Hasta los años 40 del siglo pasado la tendencia en México se caracterizaba por la pérdida del lugar central de la religión como elemento estructurador de la vida social, una constante en el mundo occidental; sin embargo, a partir de 1970 sobresale la reconfiguración del factor religioso marcado con el signo de la pluralización […] En ese contexto, es notorio el avance de los grupos religiosos de nuevo cuño, como los pentecostales, la revitalización de religiones indígenas ancestrales, el surgimiento de nuevos movimientos religiosos, el reblandecimiento de los núcleos radicales del laicismo, así como de los anticlericalismos jacobinos.” [5]
En el 2005, el INEGI publicó el libro La diversidad religiosa en México, donde realiza un análisis estadístico del cambio religioso en nuestro país, tal y como aparece reflejado en los 12 Censos Generales de Población (CGP), desde 1895 hasta el 2000. [6]
En él se muestra cómo, hasta 1970, el predominio católico a nivel nacional se había mantenido sin variaciones significativas de una década a otra, habiendo variado en 80 años apenas 3 puntos porcentuales: 99.1% en 1895 y 96.2% en 1970. A partir de entonces sufrió una caída vertiginosa de 8 puntos porcentuales en tan sólo 30 años: en 1980 el porcentaje de católicos bajó a 92.6%, en 1990 a 89.7% y en el 2000 se ubicó en 88%.
A 10 años de distancia, era de esperarse que este porcentaje descendiera aún más (84%), confirmando las cifras de encuestas recientes (aunque con menor grado de representatividad y precisión) como la del Barómetro de las Américas (BA, 2008), que ubicaba para México un 84.7% de católicos dentro del total de encuestados; o la del Programa Internacional de Encuestas Sociales (ISSP, 2009), que ubicó en 80.5% el porcentaje de católicos dentro del total de encuestados, resultando además muy interesante, para comprender este cambio religioso, que de ese mismo total de encuestados, el 88.2% dijo haber sido formado en la religión católica: el 87.7% dijo que ésa era la religión de su padre y el 88.2% que era la religión de su madre. [7]
Pero no bastan estos datos para ilustrar la riqueza de la diversificación religiosa en México, pues al descenso de católicos ha correspondido un crecimiento proporcional de otras confesiones cristianas no católicas y de creyentes sin religión, siendo aquí donde vislumbramos con mayor claridad el variopinto paisaje religioso de nuestro país, con una enorme multiplicidad de denominaciones religiosas, al grado de vernos en la dificultad de poder siquiera enumerarlas.
En el censo del 2000, la población de 5 y más años del país que declaró alguna religión diferente de la católica representa el 7.6%, aumentando 5 unidades porcentuales desde 1970, cuando se ubicó en 2.2%. Sobre las preferencias religiosas no-católicas, los censos de población han distinguido sistemáticamente a protestantes y judaicos; otras denominaciones se identificaron en los primeros censos (de principios del siglo XX) dando una mayor variedad a estos ejercicios estadísticos, pues además de las iglesias mencionadas se registraron mormones, islámicos, budistas y miembros de la iglesia ortodoxa. [8] Pero no será sino hasta el censo del 2000 que esta diversidad se manifestará, al permitir al encuestado la posibilidad de que, en caso de no ser católico, manifieste abiertamente cuál es su adscripción religiosa.
Por otro lado, resulta interesante que el porcentaje de población sin religión haya aumentado de 1.6% (1970) a 3.5% (2000) y hoy se ubique en 4.6%. De acuerdo con el análisis de estas cifras y la opinión de algunos especialistas, esta categoría puede incluir también a población que oculta su filiación religiosa, cuando ésta es rechazada por la población mayoritaria de su entorno o si hay implícito un conflicto con posibles referentes religiosos [9], como ocurre en varias regiones de nuestro país.
A esto hay que añadir el reciente y creciente éxito de orientaciones religiosas que transversalizan a las iglesias, creando nuevas experiencias de fe más allá de las fronteras institucionales, siendo el pentecostalismo ejemplo claro de este fenómeno que, si bien se ha traducido en la fundación de iglesias con esta orientación, de ninguna manera puede ser reducido a ello: en numerosas iglesias cristianas (inclusive la católica) se encuentran activos movimientos pentecostales que no sustituyen la pertenencia religiosa formal, pero la dotan de un significado distinto y constituyen uno de los polos más dinámicos del cambio socio-religioso, sobre todo en su evolución neo-pentecostal que refleja, además de lo dicho, rasgos nuevos como son la apertura a las formas expresivas de la cultura moderna de masas, la asimilación de los principios de la “teología de la prosperidad” y la adopción de estrategias mercadológicas como formas de expansión y reclutamiento; al ser más flexible frente a la cultura moderna y del mercado, el movimiento neo-pentecostal en México ha mostrado su afinidad con necesidades religiosas de clases medias y altas urbanas, siendo el de la Iglesia Universal del Reino de Dios su expresión más visible y significativa de las tendencias transconfesionales e incluso no denominacionales de los nuevos movimientos religiosos en general. [10]
Finalmente, a la par de estos nuevos movimientos neo-pentecostales, han tenido un importante crecimiento los últimos años otro tipo de experiencia religiosa de marcado carácter popular, devocional y sincrético, tales como el culto a la Santa Muerte o a San Judas Tadeo (que últimas encuestas ubican en el primer lugar de las preferencias de los creyentes, dejando a Jesucristo en el 5º lugar) e inclusive a Jesús Malverde, el santo de los delincuentes y narcotraficantes entre otros, sin descartar, por supuesto, la devoción guadalupana. [11]
Resulta pues natural que, en la era de la globalización y ante la crisis de las instituciones religiosas tradicionales, una multiplicidad de nuevas religiones y credos emerja para satisfacer las necesidades olvidadas por los credos tradicionales. La pregunta forzosa en este contexto ha sido esbozada muy bien por A. Tomassini: ¿A qué se debe semejante explosión de estas nuevas formas de religiosidad en México? Él mismo da la respuesta con claridad meridiana:
La respuesta salta a la vista: a la insatisfacción que dejan en la gente las grandes religiones establecidas. La verdad es que ni siquiera en países tan monolíticos desde un punto de vista religioso como lo fue México podemos seguir hablando de La Religión. Existen ahora muchas religiones, cada una con su grupo de fieles, con sus pastores, sus profetas, etc. en la actualidad, multitud de gente se reúne en sus casas y ahí leen textos sagrados, cantan, oran, etc. Pero lo que es muy importante entender es lo que esto significa, a saber, que la gente está empezando a sentirse realmente hambrienta de espiritualidad y busca, a tientas y a ciegas, un nuevo canal para la expresión de sus requerimientos espirituales, para eso que los productos religiosos oficiales y en circulación ya no la sacian. [12]
El retorno del ecumenismo social en México
El campo religioso mexicano, pues, es un campo en el que el catolicismo sigue siendo una fuerza mayoritaria, pero donde las disidencias se componen de una diversidad de minorías religiosas, internamente muy dispares, en el que encontramos religiones fuertemente consolidadas a la vez que una pulverización de ofertas religiosas. Además, las minorías religiosas funcionan en una dinámica sectaria, basada en rupturas y refundaciones, alianzas y divisiones. [13]
Estas constataciones nos ayudan a entender por qué son tan difíciles el diálogo ecuménico e interreligioso, cuyos frutos en México, en el terreno de lo social, no han sido significativos las últimas décadas. El cambio religioso en México está profundamente ligado al impacto desigual que la modernidad ha tenido en diversos sectores de la sociedad donde, si bien es indudable que nuestro país se ha visto atravesado por los procesos de modernización en lo económico, social y político, también lo es que, a diferencia de la modernidad de los países desarrollados, en México hemos vivido una modernidad “periférica” que porta procesos de exclusión que marginan de sus beneficios a grandes grupos sociales. [14]
Como afirma el sociólogo en investigador de la Universidad Iberoamericana, Eduardo Sota, “hoy día es posible encontrar todo tipo de ofertas religiosas […] que buscan “responder” como reacciones y contrarreacciones a una modernidad voraz.” [15] Y esta tarea, muy propia de las religiones, ha sido difícil de cumplir en México, a partir de la última década. No ha habido, a la par de la diversificación religiosa, esfuerzos explícitos por articular las distintas fes en la tarea común de construir la paz y la justicia, o la reconciliación.
Tras el Concilio Vaticano II y Medellín, en México, como en muchos lugares de AL, hubo un despertar extraordinario del ecumenismo, en lo social; importantes esfuerzos desde la reflexión, la acción y la celebración se dieron en nuestro país, con el consecuente surgimiento de instancias ecuménicas como la Comunidad Teológica de México, el Centro Nacional de Comunicación Social, el Centro de Estudios Ecuménicos, las Comunidades Eclesiales de Base, el Grupo Ecuménico de México, Servicio Paz y Justicia, entre otros, los cuales articularon duraderos esfuerzos de trabajo compartido entre diferentes confesiones religiosas en sectores marginales de la sociedad.
Sin embargo, estos esfuerzos se enfrentan hoy nuevos y cada vez más adversos escenarios, donde la intolerancia y la discriminación religiosa dan paso a nuevos fundamentalismos e integrismos desde iglesias mayoritarias y minoritarias.
El ecumenismo en México es hoy incipiente precisamente por esas dificultades históricas que impiden el diálogo entre diversas denominaciones, entre las que prima la descalificación, el recelo, la ignorancia y la confrontación.
En últimas fechas, la reflexión teológica tampoco ha avanzado mucho en esta materia, más bien se han dado cambios en la práctica: se da la unión de acciones concretas a partir de las necesidades que se viven fundamentalmente en las comunidades más pobres del país, encontrándose las iglesias en función de necesidades puntuales.
Esto ha posibilitado más bien un ecumenismo horizontal, donde lo que se ven son rostros, voces y cuerpos; procesos atados por los contextos sociales, políticos y económicos que inciden y dan nuevas perspectivas de compromiso; un ecumenismo que va más allá de los espacios eclesiales y se ha mostrado como una actitud de vida, una educación para la paz y la justicia, promoción de la vida en el sentido más amplio de la creación. [16]
¿Qué pueden y deben hacer en este contexto nuestras iglesias [17]? Ciertamente no replegarse (involucionar), como lo han hecho, frente al mundo y el pluralismo, tomando posturas apologéticas y de condena de las nuevas experiencias religiosas y de la moral de la sociedad mexicana contemporánea; como tampoco abrirse acríticamente a un cambio sin rumbo que sabe más a dispersión. Más que nunca, la impronta del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-65) por un aggiornamento eclesial sigue siendo mapa de ruta para la praxis cristiana en un mundo donde nos ha caído de golpe y sin avisar la globalización.
[1] Filósofo y teólogo. Analista del fenómeno religioso en México y miembro del Centro de Estudios Ecuménicos. El presente artículo es un abstract del Informe “La Diversidad Religiosa en México y sus retos para la Iglesia de los pobres”, elaborado en 2010 por el mismo autor bajo el patrocinio de Amerindia Continental, y cuya publicación oficial está en proceso. Se permite la reproducción de la información citando esta fuente.
[2] De la Torre Renée y Gutiérrez Zúñiga Cristina (Coord.), Atlas de la Diversidad Religiosa en México, 2007.
[3] Eduardo Sota García, Religión, pobreza y modernidad. La “reconfiguración religiosa” en las calles de la ciudad de México, UIA, México, 2005, 97.
[4] Señalado esto por algunos investigadores como uno de los principales factores de laicización de una sociedad. (Blancarte Roberto, Para entender el Estado laico, Nostra Ediciones, México 2008).
[5] Bernardo Barranco, “Mayor diversidad religiosa en México”, en La Jornada, 15 de junio de 2005.
[6] Es de lamentar que en el presente informe no tengamos los datos del ya realizado XIII Censo General de Población, en este 2010, y cuyos resultados veremos a la luz con probabilidad hasta principios del 2011, pues ahí se verán con seguridad ratificadas las hipótesis del pluralismo religioso en México.
[7] Sobre estos datos censales y encuestas, algunas precisiones importantes: a partir de 1990, los porcentajes nacionales ya no corresponden al total de la población, sino a la población mexicana mayor de 5 años. En el caso de las encuestas, se hizo en población mayor de 18 años representativa de todo el territorio mexicano.
[8] INEGI, La diversidad religiosa en México. XII Censo General de Población y Vivienda 2000, INEGI, México, 2005, 6-7.
[9] Idem, 9.
[10] Idem, 30-31.
[11] Un estudio detallado de estos cultos y su significado en el actual panorama de pluralismo religioso puede encontrarse en Degetau J., “Credos: Malverde y la Santa Muerte”, en Este país 229, mayo (2010), 30-34; disponible en: http://estepais.com/site/wp-content/uploads/2010/05/13_degetau.pdf.
[12] Tomassini Bassols Alejandro, “La religión en México: 1960-2010”, en www.filosoficas.unam.mx
[13] Gutiérrez Zúñiga Cristina, De la Torre Renée y Esther Ávila Diana, “Censo y diversidad religiosa: alcances y límites”, en De la Torre Renée y Gutiérrez Zúñiga Cristina (Coord.), Op. Cit., 33.
[14] Eduardo Sota García, Op. Cit., 176.
[15] Idem.
[16] El ecumenismo en México, Análisis del movimiento ecuménico en el contexto de la realidad mexicana, Cencos, México, 1999.
[17] Y con “nuestras iglesias” nos referimos a tanto a nuestras comunidades eclesiales (en particular las comprometidas con los sectores marginales de nuestra sociedad), como al aparato institucional en el que todavía se desenvuelven.
Publicado en HOJAS AL VIENTO
Insumos para el análisis coyuntural
www.estudiosecumenicos.org
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martes, 1 de marzo de 2011

Atropello a la Iglesia de Sucumbios


ORGANIZACIONES SOCIALES Y ECLESIALES
DE LA PROVINCIA DE PICHINCHA
A LA OPINIÓN PUBLICA,
ANTE EL ATROPELLO A LA IGLESIA
POPULAR Y COMUNITARIA DE SUCUMBÍOS

Desde su llegada a Sucumbíos hace más de ochenta años, la congregación de los Carmelitas entendieron que ser cristiano no es simplemente una doctrina, un rito o una tradición religiosa, sino que ser cristiano es seguir a Cristo Jesús, que no significa imitar mecánicamente sus gestos, sino continuar su camino, “pro-seguir su obra, per-seguir su causa”, que es la construcción del Reino de Dios y su justicia entre los pobres. Fruto de este anhelo y del trabajo incansable, brotó en estas tierras una Iglesia Viva, abierta a la participación de los laicos, en donde el aporte de las mujeres y la juventud ha sido protagónico.
A este trabajo pastoral se sumó desde hace 40 años Monseñor Gonzalo López, quien a la cabeza de la Iglesia de San Miguel de Sucumbíos –ISAMIS, puso especial atención al desarrollo educativo, la salud, la organización y el fortalecimiento de la sociedad civil, y en los últimos años, a la acogida cálida y humana de nuestros hermanos desplazados del vecino país de Colombia, precautelando siempre el cumplimiento de sus derechos en su condición de refugiados.
Todo esto como reflejo indiscutible de su compromiso cristiano que responde a un plan pastoral basado en el Evangelio, lo cual constituye un ejemplo para la Iglesia Ecuatoriana y para el país, cimentado en la dignidad humana y el amor, y construido por mujeres y hombres, trabajadores y trabajadoras, indígenas, afrodescendientes, población campesina, vida religiosa y laical, sacerdotes y su Obispo, quienes, convencidos de que la prioridad de la Iglesia la constituyen las personas y el bien común, labraron un proyecto de Iglesia Humana, cercana a la comunidad.
Pero, a partir del 30 de octubre del 2010, con el cambio jerárquico de Mons. Gonzalo López Marañón por los “Heraldos del Evangelio”, impuesto desde el Vaticano, se produce una ruptura del modelo eclesial en el Vicariato de Sucumbíos, transición que se dio en condiciones de atropello, tanto a las formas protocolarias como al respeto que se merece la Iglesia Viva de Sucumbíos, iniciando así una etapa nunca antes vista de discriminación a las mujeres, personas afro, indígenas, niños y pobres, desconociéndolos como sujetos de derechos y calificándolos como seres inferiores, sin cultura e impuros.
¿Quiénes son los administradores encargados
del Vicariato Apostólico de Sucumbíos?
Los “Heraldos del Evangelio - Caballeros de la Virgen” son una Asociación Privada Internacional de Derecho Pontificio, que representa al sector más conservador de la Iglesia Católica. Su fundador, João Clá Días fue secretario y confidente del Prof. Plinio Corrêa de Oliviera, quien creó la secta ultraconservadora “Tradición, Familia y Propiedad” (TFP), que por sus rasgos fascistas y antievangélicos, fue reiteradamente cuestionada por la Iglesia de Brasil, país donde se originó. A la muerte de Plinio en 1995, João Clá logró retener a los miembros restantes de esta secta y fundó los Heraldos del Evangelio, asociación que de inicio recibió la aprobación del Vaticano. Él, casi de inmediato fue nombrado Obispo y hasta recibió de Benedicto XVI La medalla "Pro Ecclesia et Pontifice".
El proyecto de esta congregación, a decir de ellos mismos, es constituirse en la nueva “caballería de la iglesia”, de ahí que su atuendo haga remembranza del Ejército Cruzado; pero esta vez la cruzada no se libra contra el pueblo musulmán, sino contra la Iglesia Popular y Comunitaria de América Latina. Dicho proyecto estará muy cerca de la inquisición medieval pero nada tiene que ver con el mensaje liberador de Jesús de Nazaret. Su práctica, en el tiempo que han permanecido en Sucumbíos, no ha sido la de dar de comer al hambriento, de beber al sediento, ni de vestir al desnudo, sino de aplicar las leyes del mercado a la fe, imponiendo precios a las misas y sacramentos e intentando privatizar los servicios y funciones de la Iglesia.
La problemática trasciende el ámbito de la Iglesia
La frontera Colombo-Ecuatoriana en la Provincia de Sucumbíos presenta un alto grado de sensibilidad, por la presencia del conflicto armado en Colombia y el desplazamiento de personas que éste ocasiona. El trabajo desarrollado por ISAMIS apuntó a mitigar el sufrimiento de esta población que se encuentra en situación de desplazamiento y alta vulnerabilidad. Además, al ser Sucumbíos una de las provincias de mayor extracción de petróleo, se ha convertido en escenario de constantes conflictos de indígenas y campesinos con las compañías petroleras y las fuerzas del orden que se han inclinado a garantizar la propiedad privada de estas grandes empresas. En este marco, ISAMIS se constituyó en garante de los derechos de los pobladores de las comunidades y las pre-cooperativas rurales de la provincia y en un nexo de diálogo entre los distintos actores.
En un escenario tan sensible como éste, la actual administración del Vicariato centra su “accionar pastoral” en las fuerzas policiales, militares y de seguridad, lo que constituye una provocación a las organizaciones sociales que han venido trabajando en torno a ISAMIS, generando un foco latente de conflictividad social. Igual de grave es su pretensión de ejecutar su proyecto de desmovilización social, el cual busca anular y descalificar el trabajo realizado, reemplazándolo por un modelo de intervención atentatorio a los derechos humanos; situación que trasciende el ámbito eclesial y constituye un problema social y político, que incumbe a todos los ecuatorianos y ecuatorianas, frente al cual las autoridades provinciales y nacionales deberán tomar posición.
Como organizaciones sociales y eclesiales de la Provincia de Pichincha comprometidas con la construcción de una sociedad justa, equitativa y solidaria, alertamos y apelamos a la conciencia nacional e internacional para comprender este fenómeno como una avanzada de los grupos ultra-conservadores que no sólo han penetrado la Iglesia sino las estructuras de poder de los estados laicos y los gobiernos, y pretenden cooptar a las comunidades y pueblos de nuestra América Latina para implantar un modelo de dominación y exclusión desde una falsa interpretación del Evangelio.
Por todo lo expuesto, nos solidarizamos con Mons. Gonzalo López y las mujeres y hombres de la Provincia de Sucumbíos que, fieles al Evangelio Liberador, construyeron este proceso social inédito; nos comprometemos a continuar vigilantes del respeto y vigencia de sus derechos, y nos suscribimos al mandato de la Asamblea de ISAMIS llevada a cabo el 7 de enero de 2011, de exigir la salida del país de los Heraldos del Evangelio.
Quito, 17 de febrero de 2011

Organizaciones sociales y eclesiales de la provincia de Pichincha
Acción Ecológica
ACDemocracia
Asociación Cristiana de Jóvenes - Quito
Caminantes Amigos de Alejandro e Inés
Churo Comunicación
Colectivo Comuna Hormiga
Colectivo de Mujeres Acción Política por la Equidad
Comisión de Vivencia, Fe y Política –COVIFEP
Comisión Ecuménica de Derechos Humanos –CEDHU
Comunidades Eclesiales de Base
ECUARUNARI
Foro Ciudadano por una Mejor Educación
Fundación y Colectivo Luna Creciente
Fundación Pueblo Indio del Ecuador
Grupo Laico Carmelita “Carmelos4ever”
Jardín y Escuela Mundo Feliz
Jóvenes Unidos por el Desarrollo Infanto Juvenil -JUDIS
Juventud Carmelita Ecuatoriana –JUCAE
Juventud Obrera Cristiana del Ecuador JOC
Proyecto Jatun Ayllu - Quito
Movimiento Continental de Cristianos por la Paz con Justicia y Dignidad
Movimiento Cultural José Peralta
Movimiento Leonidas Proaño
Movimiento Nacional de Mujeres de Sectores Populares
Servicio Paz y Justicia -SERPAJ

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