viernes, 28 de enero de 2011

Legado de Samuel Ruiz García


Felipe Arizmendi(Obispo de San Cristobal de las Casas)

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Terminó su paso por esta tierra Don Samuel Ruiz García, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, quien presidió esta Diócesis de 1960 a 2000. Idolatrado por unos y aborrecido por otros, ya concluyó su misión y pedimos su descanso en la paz eterna.

Cuando llegué aquí como su sucesor, hace ya casi once años, unos me exigían que nada cambiara, que en todo siguiera sus pasos, que hiciera todo exactamente como él. Otros, al contrario, esperaban que barriera con cuanto le recordara y que no quedara huella de sus cuarenta años episcopales en esta región de Chiapas. ¡Vaya reto tan desgastante! ¡Cuánto cuesta ser puente que pueda unir orillas tan extremas! Unos y otros te pisan; los de aquí y los de allá. Pero sólo así puedes construir unidad, en medio de una enorme y rica diversidad de actitudes y criterios humanos, teológicos, eclesiales y pastorales. Mi oración, entonces y ahora, es pedir la luz del discernimiento evangélico, para no competir, ni destruir, sino complementar.
* Juzgar
¿Qué legado nos deja Samuel Ruiz, y que no debemos perder, por sus raíces evangélicas?
Entre otros aspectos, enumero la promoción integral de los indígenas, para que sean sujetos en la Iglesia y en la sociedad. La opción preferencial por los pobres y la liberación de los oprimidos, como signo del Reino de Dios. La libertad para denunciar las injusticias ante cualquier poder arbitrario. La defensa de los derechos humanos. La inserción pastoral en la realidad social y en la historia. La inculturación de la Iglesia, promoviendo lo exigido por el Concilio Vaticano II, que haya iglesias autóctonas, encarnadas en las diferentes culturas, indígenas y mestizas. La promoción de la dignidad de la mujer y de su corresponsabilidad en la Iglesia y en la sociedad. Una Iglesia abierta al mundo y servidora del pueblo. El ecumenismo no sólo con otras confesiones cristianas, sino con toda religión. Una pastoral de conjunto, con responsabilidades compartidas. La Teología India, como búsqueda de la presencia de Dios en las culturas originarias. El Diaconado Permanente, con un proceso específico entre los indígenas. La reconciliación en las comunidades. La unidad en la diversidad. La comunión afectiva y efectiva con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.
Varios de estos aspectos son de frontera, y por tanto delicados, tanto para entenderlos conforme al Evangelio, como para aplicarlos en comunión eclesial. No es fácil abrir caminos para responder a los retos de la nueva evangelización, porque a veces no guardamos el equilibrio necesario y podemos saltarnos o relativizar algunas normas; pero es más pecaminoso no intentar nuevas respuestas; es egoísta, comodino y farisaico sólo juzgar y condenar desde lejos, a miles de kilómetros de distancia, sin estar insertos en una realidad muy diferente a otras. Y cuando no hay apertura para dialogar sobre estos puntos, sino sólo desconfianza y descalificación, nos desgastamos unos a otros y no discernimos los signos de los tiempos. La Teología India y el Diaconado Permanente entre los indígenas tienen sus complicaciones, pero son una búsqueda digna de ser valorada.
¿Quién puede negar el talante evangélico de la opción por los pobres? ¿Quién puede no involucrarse en la liberación integral de los marginados? ¿A quién le pueden dejar indiferentes las violaciones a los derechos humanos? ¿Puedes voltear la cara y dejar frío el corazón, cuando ves las injusticias contra los indígenas, contra la mujer, contra los diferentes? Que puede haber radicalismos ideológicos, es verdad; pero los puede haber en una parte y en otra. ¡Cómo necesitamos la luz y la gracia del Espíritu, para ser fieles al proyecto del Padre, encarnado en Jesús!
* Actuar
Tengamos apertura humana, cristiana y eclesial, para discernir los caminos del Espíritu, a la luz del Evangelio y los retos actuales, acompañados por el Magisterio de la Iglesia, con humildad de una y otra parte. Y lo definitivo: amémonos, respetémonos, valorémonos, perdonémonos, unámonos, dentro de nuestras legítimas diversidades, pues lo definitivo que nos salva es el amor.
El Sol de México, Opinión, (Felipe Arizmendi Esquivel), 27 de enero de 2011.

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