miércoles, 21 de abril de 2010

XVI Encuentro del apostolado seglar 'Sacerdocio y acción católica'


19/04/2010.21rs. http://www.21rs.es/news/view/6895
"En este momento no tiene sentido una Iglesia defensiva, condenatoria, doctrinaria"
"Necesitamos una Iglesia dialogante, entregada, de comunión, cercana y compasiva, con un laicado adulto y maduro, bien formado, entregado en la acción y místico en la misma, que desde la verdadera experiencia de Dios sean levadura , sal y grano de mostaza en la historia".
XVI ENCUENTRO GENERAL DE APOSTOLADO SEGLAR “SACERDOCIO Y ACCIÓN CATÓLICA”

“LA IGLESIA, COMUNIDAD EVANGELIZADORA”
“Presbíteros y Laicos, corresponsables”
MANIFIESTO FINAL

Convocados por el Consejo General de la Acción Católica Española, desde el seno de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, nos hemos reunido los días 6 y 7 de Abril en los Negrales (Madrid) junto a la sepultura de san Pedro Poveda, sacerdotes, seminaristas de distintas diócesis españolas, y laicos de las comisiones permanentes de los movimientos de acción católica, presididos por D. Atilano Rodríguez, obispo consiliario general de la A. C. E. El tema central de las jornadas ha sido la reflexión sobre la Iglesia como comunidad evangelizadora y, en concreto, la corresponsabilidad de los presbíteros y los laicos en la iglesia y en el mundo.

Iluminados por el magisterio de Monseñor Raúl Berzosa, obispo auxiliar de Oviedo, hemos profundizado en la importancia de un nuevo modo de ser y hacer iglesia en el mundo actual, que necesita de la identidad cristiana, de la comunión y de la misión atendiendo a los cambios culturales, sociales, políticos y económicos. Las claves fundamentales nos han sido servidas por las experiencias de laicos adultos militantes que día a día viven en medio del mundo con la espiritualidad de la encarnación y el deseo de ser servidores del reino en medio de la sociedad. Desde la militancia son testigos de primera mano de que la sociedad no corresponde ya al modelo de cristiandad, sino que vivimos una sociedad secularizada y en gran medida pagana, que está organizada desde valores que priorizan el valor de lo económico, de lo inmediato, la placentero, el éxito, lo individual y lo superficial, frente a la generosidad, el largo plazo, la entrega y el sacrificio, el riesgo y la pérdida a favor de otros, lo profundo. Hemos reconocido que en este momento no tiene sentido una Iglesia con una actitud defensiva, condenatoria, doctrinaria, y mucho menos una identidad que venga dada por la separación dentro de la iglesia entre presbíteros y laicos, necesitamos una Iglesia dialogante, entregada, de comunión, cercana y compasiva, con un laicado adulto y maduro, bien formado, entregado en la acción y místico en la misma, que desde la verdadera experiencia de Dios sean levadura , sal y grano de mostaza en la historia. Este laicado nos reclama a los presbíteros vivir nuestro propio ser y hacer con una ministerialidad que venga marcada por una notas constitutivas que en el momento actual han de ser prioritarias. Nos piden que seamos:
- Hermanos, acompañantes cercanos, fraternos, en condiciones de “igualdad”, desde el profundo respeto a cada uno de los bautizados y a la acción del Espíritu en sus vidas. Que animemos el protagonismo laical y el sentido comunitario de la fe y la iglesia, pasando de la clave de colaboración a la de “corresponsabilidad“, nos piden que desarrollemos nuestra capacidad de trabajar en equipo, en procesos y proyectos a largo plazo planteados desde la fecundidad más que desde la eficacia.
- Animadores que sostengamos y orientemos en la vivencia y la celebración de la fe, en el acompañamiento de la espiritualidad y en el discernimiento evangélico del compromiso evangelizador que fundamenta los proyectos personales de vida.
- Que acompañemos desde la experiencia de saber ser acompañados y de dejarnos interpelar por las vidas y acontecimientos de las personas que acompañamos y del mundo en el que vivimos y del que formamos parte,
- Necesitan que seamos sacerdotes verdaderamente “seculares” que miremos al mundo sin rencor y sin miedos, ensuciándonos las manos en el compromiso por la justicia y la dignidad de todos, especialmente para los últimos, con actitud de sembrar gratuitamente.
- Que sepamos vivir la fraternidad y la afectividad centrada en la comunidad y en relaciones que nos realicen por encima de los lazos de la sangre.
- Que sirvamos a la comunión eclesial, que ayudemos a desarrollar la dimensión diocesana y la comunión con el episcopado.
- Que seamos expertos en la palabra de Dios que ayudemos a saber leer creyentemente los acontecimientos de sus vidas y de la historia en la que estamos insertos y somos todos protagonistas.
- Que tengamos una actitud abierta y plural que animemos a la comunión en la misión y estemos
abiertos a nuevos planteamientos y compromisos..

Ante la interpelación fraterna de los laicos militantes y la iluminación magisterial de nuestros pastores, sentimos y manifestamos el deseo de comprometernos antes los retos actuales y de futuro que tiene planteada nuestra iglesia en el mundo actual, aspiramos a vivir:
- Desde la fidelidad a la eclesiología del Concilio Vaticano II: Iglesia en el mundo, fraterna y coloquial, expresada en realidades eclesiales de pueblo de Dios que manifiesten la dignidad y la igualdad de hijos de Dios que nos concede nuestra condición bautismal. El trabajo en equipo como signo y manifestación de la comunión y la dignidad compartida.
- Optando por las personas concretas y los valores fundamentales de justicia y dignidad, con una opción por acompañar a todos y por animar a la acción concreta y local con visión global y universal, desde la experiencia de Cristo y su invitación a la vivencia de las bienaventuranzas.
- Siendo sacerdotes compasivos y dignos de fe en los sentimientos de Cristo: Iglesia buena samaritana con los crucificados de la historia actual. De la exclusión a la inclusión, priorización de la comunidad por los débiles. La aspiración de la mundialización de los derechos humanos que viene por el compromiso personal y comunitario. Opción por pequeñas experiencias de luz y sal de comunión y fraternidad. Aceptar el reto de las minorías significativas.
- Desde la apuesta por la conexión fe - vida: lectura creyente de la vida y la historia. Sirviendo la palabra elaborada y amasada con la vida y la historia de los que acompañamos y una liturgia del misterio celebrado desde la vida y los acontecimientos de las personas y las comunidades, presidida desde la caridad pastoral del ministerio, acompañando proyectos y procesos con la espiritualidad de la levadura y del grano de mostaza.
- Servidores de la esperanza y de la utopía del reino, que ayudemos a ver las posibilidades de este momento y las grietas en las durezas de la realidad que nos permiten adentrarnos en la historia con la compasión y la ternura, aprovechando todos signos del espíritu de Cristo Resucitado que ya está actuando y es imparable en el mundo en el que vivimos y al que estamos llamados a amar para que se salve y tenga vida en abundancia.

Desde la reflexión y la experiencia vivida en los movimientos, y desde ellos en la Iglesia y en el mundo, creemos que la Acción Católica al día de hoy está respondiendo al deseo de ser iglesia en el corazón del mundo, posibilitando la vivencia de la identidad y de la comunión y de la misión tanto en el laicado como en el presbiterado, en verdadera corresponsabilidad. En el deseo de llegar a la realidad en sus entrañas y en sus ambientes desde una iglesia fraterna y corresponsable, entendemos que hemos de ofrecer estos instrumentos para servir a la iglesia y al mundo como entendemos que el Padre quiere que lo hagamos. Aceptamos el reto que supone seguir adelante y estar dispuestos a revisarnos y dejarnos configurar en la novedad que requiera la realidad para estar vigilantes y poder responder a los signos de los tiempos que cada día están cambiando y ofreciendo nuevos caminos y posibilidades de evangelizar.

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