miércoles, 21 de abril de 2010

XVI Encuentro del apostolado seglar 'Sacerdocio y acción católica'


19/04/2010.21rs. http://www.21rs.es/news/view/6895
"En este momento no tiene sentido una Iglesia defensiva, condenatoria, doctrinaria"
"Necesitamos una Iglesia dialogante, entregada, de comunión, cercana y compasiva, con un laicado adulto y maduro, bien formado, entregado en la acción y místico en la misma, que desde la verdadera experiencia de Dios sean levadura , sal y grano de mostaza en la historia".
XVI ENCUENTRO GENERAL DE APOSTOLADO SEGLAR “SACERDOCIO Y ACCIÓN CATÓLICA”

“LA IGLESIA, COMUNIDAD EVANGELIZADORA”
“Presbíteros y Laicos, corresponsables”
MANIFIESTO FINAL

Convocados por el Consejo General de la Acción Católica Española, desde el seno de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, nos hemos reunido los días 6 y 7 de Abril en los Negrales (Madrid) junto a la sepultura de san Pedro Poveda, sacerdotes, seminaristas de distintas diócesis españolas, y laicos de las comisiones permanentes de los movimientos de acción católica, presididos por D. Atilano Rodríguez, obispo consiliario general de la A. C. E. El tema central de las jornadas ha sido la reflexión sobre la Iglesia como comunidad evangelizadora y, en concreto, la corresponsabilidad de los presbíteros y los laicos en la iglesia y en el mundo.

Iluminados por el magisterio de Monseñor Raúl Berzosa, obispo auxiliar de Oviedo, hemos profundizado en la importancia de un nuevo modo de ser y hacer iglesia en el mundo actual, que necesita de la identidad cristiana, de la comunión y de la misión atendiendo a los cambios culturales, sociales, políticos y económicos. Las claves fundamentales nos han sido servidas por las experiencias de laicos adultos militantes que día a día viven en medio del mundo con la espiritualidad de la encarnación y el deseo de ser servidores del reino en medio de la sociedad. Desde la militancia son testigos de primera mano de que la sociedad no corresponde ya al modelo de cristiandad, sino que vivimos una sociedad secularizada y en gran medida pagana, que está organizada desde valores que priorizan el valor de lo económico, de lo inmediato, la placentero, el éxito, lo individual y lo superficial, frente a la generosidad, el largo plazo, la entrega y el sacrificio, el riesgo y la pérdida a favor de otros, lo profundo. Hemos reconocido que en este momento no tiene sentido una Iglesia con una actitud defensiva, condenatoria, doctrinaria, y mucho menos una identidad que venga dada por la separación dentro de la iglesia entre presbíteros y laicos, necesitamos una Iglesia dialogante, entregada, de comunión, cercana y compasiva, con un laicado adulto y maduro, bien formado, entregado en la acción y místico en la misma, que desde la verdadera experiencia de Dios sean levadura , sal y grano de mostaza en la historia. Este laicado nos reclama a los presbíteros vivir nuestro propio ser y hacer con una ministerialidad que venga marcada por una notas constitutivas que en el momento actual han de ser prioritarias. Nos piden que seamos:
- Hermanos, acompañantes cercanos, fraternos, en condiciones de “igualdad”, desde el profundo respeto a cada uno de los bautizados y a la acción del Espíritu en sus vidas. Que animemos el protagonismo laical y el sentido comunitario de la fe y la iglesia, pasando de la clave de colaboración a la de “corresponsabilidad“, nos piden que desarrollemos nuestra capacidad de trabajar en equipo, en procesos y proyectos a largo plazo planteados desde la fecundidad más que desde la eficacia.
- Animadores que sostengamos y orientemos en la vivencia y la celebración de la fe, en el acompañamiento de la espiritualidad y en el discernimiento evangélico del compromiso evangelizador que fundamenta los proyectos personales de vida.
- Que acompañemos desde la experiencia de saber ser acompañados y de dejarnos interpelar por las vidas y acontecimientos de las personas que acompañamos y del mundo en el que vivimos y del que formamos parte,
- Necesitan que seamos sacerdotes verdaderamente “seculares” que miremos al mundo sin rencor y sin miedos, ensuciándonos las manos en el compromiso por la justicia y la dignidad de todos, especialmente para los últimos, con actitud de sembrar gratuitamente.
- Que sepamos vivir la fraternidad y la afectividad centrada en la comunidad y en relaciones que nos realicen por encima de los lazos de la sangre.
- Que sirvamos a la comunión eclesial, que ayudemos a desarrollar la dimensión diocesana y la comunión con el episcopado.
- Que seamos expertos en la palabra de Dios que ayudemos a saber leer creyentemente los acontecimientos de sus vidas y de la historia en la que estamos insertos y somos todos protagonistas.
- Que tengamos una actitud abierta y plural que animemos a la comunión en la misión y estemos
abiertos a nuevos planteamientos y compromisos..

Ante la interpelación fraterna de los laicos militantes y la iluminación magisterial de nuestros pastores, sentimos y manifestamos el deseo de comprometernos antes los retos actuales y de futuro que tiene planteada nuestra iglesia en el mundo actual, aspiramos a vivir:
- Desde la fidelidad a la eclesiología del Concilio Vaticano II: Iglesia en el mundo, fraterna y coloquial, expresada en realidades eclesiales de pueblo de Dios que manifiesten la dignidad y la igualdad de hijos de Dios que nos concede nuestra condición bautismal. El trabajo en equipo como signo y manifestación de la comunión y la dignidad compartida.
- Optando por las personas concretas y los valores fundamentales de justicia y dignidad, con una opción por acompañar a todos y por animar a la acción concreta y local con visión global y universal, desde la experiencia de Cristo y su invitación a la vivencia de las bienaventuranzas.
- Siendo sacerdotes compasivos y dignos de fe en los sentimientos de Cristo: Iglesia buena samaritana con los crucificados de la historia actual. De la exclusión a la inclusión, priorización de la comunidad por los débiles. La aspiración de la mundialización de los derechos humanos que viene por el compromiso personal y comunitario. Opción por pequeñas experiencias de luz y sal de comunión y fraternidad. Aceptar el reto de las minorías significativas.
- Desde la apuesta por la conexión fe - vida: lectura creyente de la vida y la historia. Sirviendo la palabra elaborada y amasada con la vida y la historia de los que acompañamos y una liturgia del misterio celebrado desde la vida y los acontecimientos de las personas y las comunidades, presidida desde la caridad pastoral del ministerio, acompañando proyectos y procesos con la espiritualidad de la levadura y del grano de mostaza.
- Servidores de la esperanza y de la utopía del reino, que ayudemos a ver las posibilidades de este momento y las grietas en las durezas de la realidad que nos permiten adentrarnos en la historia con la compasión y la ternura, aprovechando todos signos del espíritu de Cristo Resucitado que ya está actuando y es imparable en el mundo en el que vivimos y al que estamos llamados a amar para que se salve y tenga vida en abundancia.

Desde la reflexión y la experiencia vivida en los movimientos, y desde ellos en la Iglesia y en el mundo, creemos que la Acción Católica al día de hoy está respondiendo al deseo de ser iglesia en el corazón del mundo, posibilitando la vivencia de la identidad y de la comunión y de la misión tanto en el laicado como en el presbiterado, en verdadera corresponsabilidad. En el deseo de llegar a la realidad en sus entrañas y en sus ambientes desde una iglesia fraterna y corresponsable, entendemos que hemos de ofrecer estos instrumentos para servir a la iglesia y al mundo como entendemos que el Padre quiere que lo hagamos. Aceptamos el reto que supone seguir adelante y estar dispuestos a revisarnos y dejarnos configurar en la novedad que requiera la realidad para estar vigilantes y poder responder a los signos de los tiempos que cada día están cambiando y ofreciendo nuevos caminos y posibilidades de evangelizar.
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martes, 20 de abril de 2010

Iglesia Católica Romana: Transición de un enfoque en los problemas a un enfoque en las soluciones


En la medida en que se están denunciando y descubriendo más casos de pederastia en la Iglesia, casi todos los análisis se centran en estas conductas, en el secreto y el encubrimiento que las ha rodeado y sostenido; y, mirando hacia el futuro, en cómo lograr eliminar estas conductas deleznables en la Iglesia, si es que- piensan algunos- el problema tiene algún remedio. Estos pasos son imprescindibles; al mismo tiempo, no podemos quedar atrapados en ellos.
La pederastia en la Iglesia católica no deja de ser un síntoma, que produce alarma social. Es un síntoma de una Iglesia encerrada y poco saludable en su estructura de poder, de relaciones y de comunicación. En ocasiones, los síntomas de una enfermedad son tan graves en sí mismos, que no se puede estar esperando a buscar las circularidades causales que subyacen. Se interviene directamente sobre ellos. Esto ocurre con este abuso de menores a manos de representantes eclesiales, sostenido y encubierto por una institución que se propone además como paradigma de valores morales. Hay que responder, no sólo como creyentes, sino como ciudadanos, sujetos a deberes y derechos.
No obstante, si para pensar el cambio en la Iglesia, nos detenemos sólo en la pederastia y en sus efectos negativos, eso nos impide ver qué tendencias de fondo están aconteciendo en una Iglesia que se hace ego-céntrica en vez de cristo-céntrica y eco-céntrica. La Iglesia es una institución susbsidiaria a la construcción del Reino de Dios, a partir del mensaje de Jesús de Nazareth. Evidentemente, es razonable y legítimo que se valore y se cuide a sí misma como instrumento para esta Misión, a la que se siente convocada. Pero no tiene que poner la carreta delante de los bueyes. Ni olvidar que la construcción del Reino de Dios, no es de ninguna competencia exclusiva. (“Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos.” (Mt 21, 43)); y, lejos, entonces, de atrincherarse y ver enemigos por todas partes, tiene que aprender a convertir en oportunidades, lo que ahora vive sólo como amenazas.
Casi todos los análisis críticos coinciden en que la estructura clerical-varonil-celibataria, vinculada a un fuerte poder piramidal corporativo y de influencia social adoctrinante; que ha venido confundiendo niveles(por ejemplo: entre falta moral o canónica y delito; entre misericordia y acción de la justicia), en paralelo a una visión negativa y represora de la sexualidad humana, es un buen caldo de cultivo para que emerjan este tipo de problemas. Igual podríamos decir de otros problemas, también graves, que ahora no están en el candelero, como los abusos de misioneros a religiosas en África, u otros más generalizados, relacionados con la corrupción económica y la búsqueda de prebendas y honores por parte de muchos clérigos y grupos de poder laicales, que, por más que se normalicen, colisionan directamente con los consejos evangélicos; y que, en ocasiones, infringen leyes civiles.
Poder llegar a compartir que esta estructura y este universo de relaciones, ya no le sirven a la Iglesia para cumplir su Misión en el mundo actual,no sólo por lo que hace, sino por lo que no puede hacer, es importante; pero mirando hacia las soluciones esto no es ya suficiente, como no lo es ni siquiera decir de manera general que hay que cambiar la estructura de la Iglesia. Hay que hacerse preguntas adecuadas en línea de positividad y construcción creativa; y, al mismo tiempo, que sean cuidadosas con los equilibrios que permiten a un sistema cambiar sin autodestruirse o diluirse. La gestión de un cambio que sea un verdadero cambio sistémico requiere sus tiempos, sus espacios, sus sujetos y sus liderazgos; definiendo bien y escalando los objetivos
El tipo de preguntas que nos pueden unir a diversos sectores y sujetos para trabajar la gestión del cambio en la Iglesia Católica es: ¿Cómo la Iglesia se pone rumbo a ser significativa y comunicadora del mensaje de Cristo en las sociedades en las que está? ¿Cómo puede colaborar mejor con otras instancias sociales, en el trabajo por la Paz, la Justicia y la Vida? ¿Qué nueva estructura de relaciones y de comunicación, podemos construir en la Iglesia, sabiendo de dónde partimos? Esto puede desgranarse también en varias preguntas más concretas referidas a diversos ámbitos. ¿Qué nuevos modelos de presbítero? ¿Para qué comunidades? ¿Con qué relaciones dentro de la Iglesia y con la sociedad? ¿Cuáles serían los ejes de una ética cristiana reformulada y adaptada a los tiempos?
Esto en cuanto a ejes temáticos que luego habría que concretar. Otra cuestión es el método. El método que proponemos es el reconocimiento de un proceso conciliar, rumbo a un nuevo Concilio. No se trata de descalificar globalmente a ningún actor, pero hay que cuestionar los liderazgos. Aquellos liderazgos que se han revelado inservibles o han resultado dañados, hay que moverlos para que ocupen aquel plano adecuado en el que pueden seguir aportando. Esto ocurre, por ejemplo, con el Papa. Tiene que seguir respondiendo a demandas legítimas que le competen, y si se queda enredado en la disculpa, o en la justificación defensiva ante los problemas, aunque sea con al arrope de otros, pierde la oportunidad de hacer un gran signo positivo, enfocado no ya a los problemas, sino a las soluciones y que sea reconocible socialmente.
Este signo es el anuncio de un nuevo Concilio. Simplemente este anuncio y la voluntad que expresa, ya sugiere que se abre un nuevo tiempo para la Iglesia Católica, para sus relaciones internas y externas. La gran jerarquía no tendría que precipitarse en atar todo y dejar las cosas muy cerradas, acerca de su desarrollo. Eso no va a ser ni deseable ni posible en este Pontificado. Otros liderazgos en distintos sectores tienen que emerger; y hay que reflexionar juntos sobre la adecuación del proceso a los fines que persigue. Habría que definir un marco general, unos objetivos limitados, unas pautas de comunicación y unos estilos de resolución de los conflictos que puedan ir surgiendo en el camino. Probablemente se trataría de trabajar en comisiones y en grupos de composición plural.
¿De qué tipo de proceso estamos hablando? En realidad de un multiproceso interrelacionado e intercomunicado. La Conferencia de Aparecida nos propone un estilo de espacio, de participación y de relaciones de comunicación, globalmente valorados por los participantes como positivos. El proceso que se vino a llamar “Camino de Emaús” en la CLAR (Conferencia Latinoamericana de Religiosos/as), también nos aporta pistas. Por poner sólo dos ejemplos que pueden ser complementarios. En otro nivel, pueden ser comisiones de trabajo plurales y mixtas, sobre temas concretos. Y lo importante es que haya trasvase de comunicación entre estos procesos de diferentes características, con participación de diferentes actores. Pensar en un nuevo Concilio es necesario, pero es imprescindible pensar en el proceso de preparación, acompañamiento y continuación.
Ya no nos basta con que se reúnan los cardenales entre ellos, ni siquiera los obispos. Todo esto es necesario, pro tienen que diversificarse los cauces de participación eclesial, al tiempo que se intercomunican y coordinan. Para poder encontrar soluciones para la Iglesia, hay que buscar un punto fuera del sistema eclesial actual, desde donde podamos hacer un papel de observación, sin quedar ciegos y atrapados. Tenemos que poder mirar a la Iglesia como la miran otros ojos. Esto nos ayudará a salir de los lenguajes crípticos, de las morales cerradas y de los pretendidos signos y lenguajes de comunicación, que han dejado de serlo. Y hay que invocar al Espíritu para que nosotros, miembros activos de la Iglesia, permitamos que el Amor y la Sabiduría guíen el proceso; y para que valores y actitudes como la humildad, la misericordia y la escucha activa lo acompañen.
Emilia Robles
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Arte sanador


ALEJANDRO JODOROWSKY
MÉXICO.La Jornada, 13 de marzo de 2010

Habiendo vivido muchos años en la capital de México tuve oportunidad de estudiar los métodos de aquellos a los que se les llama curanderos. Son legiones. Cada barrio tiene el suyo. En pleno corazón de la ciudad se alza el gran mercado de Sonora, donde se venden exclusivamente productos mágicos: velas de colores, peces disecados en forma de diablo, imágenes de santos, plantas medicinales, jabones benditos, tarots, amuletos, esculturas en yeso de la Virgen de Guadalupe convertida en esqueleto, etcétera. En algunas trastiendas sumidas en la penumbra, mujeres con un triángulo pintado en la frente frotan con manojos de hierbas y agua bendita a quienes van a consultarles, y les practican limpias del cuerpo y aura... Los médicos profesionales, hijos fieles de la Universidad, desprecian estas prácticas. Según ellos la medicina es una ciencia. Quisieran llegar a encontrar el remedio ideal, preciso, para cada enfermedad, tratando de no diferenciarse los unos de los otros. Desean que la medicina sea una, oficial, sin improvisaciones y aplicada a pacientes a los que se les trata sólo como cuerpos.
Ninguno se propone curar el alma. Por el contrario, para los curanderos la medicina es un arte. Le es más fácil al inconsciente comprender el lenguaje onírico que el lenguaje racional. Desde cierto punto de vista, las enfermedades son sueños, mensajes que revelan problemas no resueltos. Los curanderos, con una gran creatividad, desarrollan técnicas personales, ceremonias, hechizos, extrañas medicinas tales como lavativas de café con leche, infusiones de tornillos oxidados, compresas de puré de papas, píldoras de excremento animal o huevos de polilla. Algunos tienen más imaginación o talento que otros, pero todos, si se les consulta con fe, son útiles. Hablan al ser primitivo, supersticioso, que cada ciudadano lleva dentro. Para que lo extraordinario ocurra es necesario que el enfermo, admitiendo la existencia del milagro, crea firmemente que se puede curar. Para tener éxito, el brujo, en los primeros encuentros, se ve obligado a emplear trucos que convencen a aquél de que la realidad material obedece al espíritu. Una vez que la trampa sagrada embauca al consultante, éste experimenta una transformación interior que le permite captar el mundo desde la intuición más que desde la razón. Sólo entonces el verdadero milagro puede acontecer.
Recomiendo a todos los hijos de la razón que abandonen su vehículo intelectual, emerjan de sus libros y tomando el cayado del peregrino visiten a estos humildes curanderos, tal como lo ha hecho François Boucq. La cárcel lógica debe enriquecerse con los aportes de la imaginación y la intuición. Gran parte de la realidad está constituida de sueños. Los sabios curanderos mexicanos saben utilizar la fe como medicina.
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sábado, 17 de abril de 2010

Por una revisión de la formación del clero


Olinto PEGORARO

Toda la estructura de normas y disciplinas en las que se basa el celibato de los sacerdotes ya no tiene sentido para el mundo contemporáneo

Constatamos que, a lo largo de la historia, la Iglesia Católica dió un trato diferenciado a dos cuestiones consideradas fundamentales: la doctrina y la moral.
En cuestiones de doctrina dogmática, se exige uniformidad. Cualquier desviación se cobra con retracción pública, y quien se niega a hacerlo es apartado de la enseñanza de la teología, así destituido de las funciones religiosas. Hay muchos teólogos en esa condición marginal.
En cuanto a los desvíos morales, mucho más claros y evidentes que los supuestos errores, las autoridades eclesiásticas proceden lentamente, con la esperanza de arrepentimiento de los culpables.
A quién se arrepiente y se compromete a enmendarse, la Iglesia le ofrece el perdón y la vida sigue. Sin duda, esta práctica se basa en los ejemplos de perdón que Jesús ofreció generosamente a tantos pecadores y pecadores.
Sin embargo, la Iglesia de Jesús es conducida por hombres con las limitaciones de toda persona, cualquiera que sea su rango. En los casos de desviaciones morales, los trasgresores se mantienen en observación, se transfieren de un lugar a otro, de una diócesis a otra, e incluso de un país a otro, en previsión de arrepentimiento y enmienda de la parte que ha faltado.
La sociedad contemporánea considera esta actitud como una negligencia.
Esta tolerancia tiene otro aliado: el silencio. El silencio, para no crear escándalo y para mantener la imagen de la iglesia. Así, los casos de graves desviaciones morales son tapados con una espesa capa de ceniza.

Si, por casualidad, hay algo que se trasluce, la autoridad competente, local o vaticana hace una petición de disculpa.
El silencio y el secreto rodean también el proceso canónico, es decir, el proceso en los tribunales eclesiásticos. Una demanda civil sería abominable. Por lo tanto, es auspicioso el titular de ayer, de esta Hoja, según el cual la Iglesia pasa a recomendar explícitamente que los casos de abuso de menores son llevados ante la Justicia.
Eso es porque los tiempos han cambiado. La ética humana ha experimentado enormes cambios desde la segunda mitad del siglo 20, especialmente en el ámbito de los comportamientos sexuales. Las píldoras anticonceptivas y los preservativos han contribuido enormemente a dicha revolución sexual.
Estos cambios de comportamiento se basan en uno de los principios más importantes de la ética moderna, el principio de autonomía.
Personas autónomas son las que responden de sus actos sin depender de las normas religiosas o de cualquier otra regla moral.
El actual caso de pedofilia muestra que la nueva era de la ética de la autonomía también llegó a la Iglesia Católica. Por los derechos humanos son procesados sacerdotes, diócesis e incluso el Vaticano. Ya no son suficientes el reconocimiento del error y una disculpa a las víctimas.
Será necesaria una intervención jurídica, civil y canónica, ya que el clérigo que ha delinquido es, al mismo tiempo un ciudadano.
La historia muestra el resultado negativo de reglas aplicadas durante siglos, como el celibato, en el presente caso de la pedofilia. Debemos reconocer este hecho, y no tergiversar. Las normas envejecen y, con el paso del tiempo, generan el efecto contrario de lo esperado.
De hecho, toda la estructura de normas y disciplinas en las que se basa el celibato de los sacerdotes ya no tiene sentido para el mundo contemporáneo.
Lo que tiene sentido es un clérigo de mucha fe, bien formado en teología y filosofía y plenamente integrado en la sociedad. La estructura actual de la formación del clero actua en contra de los propósitos principales de la iglesia.
Hoy en día, es incomprensible, por ejemplo, que la mujer todavía está lejos de ejercicio sacerdotal.
Un examen exhaustivo de la formación del clero sin duda incluirá a las mujeres. Este es el pensamiento de la comunidad cristiana en su gran mayoría.
No hago ese comentario, mirando las cosas desde fuera, como un mero espectador que no tiene nada que ver con el asunto. Más bien, como católico, castigado por supuesto error doctrinario, me preocupa profundamente, y estas notas quieren contribuir a que en el seno de la iglesia, encontremos nuevas direcciones.
Dos actitudes son fundamentales: en primer lugar, no tener miedo a romper paradigmas arcaicos. En segundo lugar, prestar mucha atención a la realidad, a los modos de vida actuales. Así podremos construir un nuevo paradigma en la Iglesia, que incluya a hombres y mujeres en el ejercicio del sacerdocio.
Será un hecho nuevo, un nuevo día, tan esperado. Esta es la lección positiva que se desprende de los debates actuales sobre las desviaciones morales dentro de la Iglesia Católica. (FSP, 14/4/2010)
________________________________________

Olinto PEGORARO, ex sacerdote, doctor en filosofía por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), es profesor de ética de la UERJ (Universidad Estatal de Río de Janeiro) y miembro del Comité Nacional de Ética en Investigación del Ministerio de Salud; es el autor, entre otras obras, del libro "Ética de los grandes maestros."
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martes, 13 de abril de 2010

AVATAR: la realidad supera a la ficción

En algún lugar del mundo...Probablemente en varios.
NO OS PERDÁIS ESTE IMPRESIONANTE VIDEO:
Como dice quien nos lo ha enviado: LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN. (Para
todos los que habéis visto la película AVATAR).
La calidad del video es muy buena para estar en internet, así que se recomienda apagar la luz y ponerlo a pantalla completa con volumen alto.

http://www.survival.es/peliculas/lamina

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domingo, 11 de abril de 2010

Carta de los laicos chilenos al Cardenal Bertone


S.E. Cardenal Tarcisio Bertone sdb
Secretario de Estado Vaticano.

Excelentísimo Cardenal Tarcisio Bertone:

Queremos darle la bienvenida a nuestro país que recientemente ha sido fuertemente estremecido por un gran terremoto y maremoto. Felizmente, entre todos los ciudadanos vamos saliendo de esta tragedia con mucha fe y esperanza en que el bien común sea un verdadero instrumento de progreso y paz para todos.

Como laicas y laicos cristianos educados y formados en la doctrina de nuestra Iglesia católica que es experta en humanidad, queremos entregarle algunas reflexiones que tienen que ver con lo que ocurre en nuestra sociedad chilena. Lo hacemos con respeto y plena fidelidad a las enseñanzas de Jesús que nació en una pesebrera.

Chile, en las últimas décadas de su historia ha tenido que enfrentar diversos acontecimientos sociales y políticos dolorosos, contradictorios y no exentos de una activa participación y acompañamiento de la Iglesia. Caso concreto fue la heroica lucha de la Vicaría de la Solidaridad, fundada por el venerable Cardenal Raúl Silva Henríquez, por el respeto irrestricto de los derechos humanos.

También en nuestro país, el conjunto de la Iglesia y todo el pueblo de Dios ha tenido una activa participación en todas las Conferencias episcopales celebradas en América Latina, desde su inicio en los años 50 con el valioso concurso del recordado obispo, don Manuel Larraín. Especialmente en la última de Nuestra Señora de Aparecida en la que Ud. expresó a los MCS: “la preocupación de la Iglesia Católica por la situación de los países latinoamericanos, quienes sufren “una violencia que asusta”, originada en sus “desigualdades sociales”. Y destacó lúcidamente: “Hablamos de una violencia que afecta sobre todo a las grandes ciudades; violencia del narcotráfico, siempre más agresivo y potente; violencia de las inmensas desigualdades sociales que todavía no se superan”. Y apuntó enseguida a los problemas del desempleo, de las migraciones, del deterioro de la educación que afecta sobre todo a los jóvenes, del déficit de la democracia representativa. (Folha de Sao Paulo, 07 de Mayo del 2007).

Cómo no recordar hoy a la luz de los diversos dramas sociales que se observan como consecuencia de las injusticias sociales, esta profunda interpelación de nuestros obispos en las Conclusiones de la Conferencia de Aparecida: “Nos comprometemos a trabajar para que nuestra Iglesia Latinoamericana y Caribeña siga siendo, con mayor ahínco, compañera de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio. Hoy queremos ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres hecha en las Conferencias anteriores. Que sea preferencial implica que debe atravesar todas nuestras estructuras y prioridades pastorales. La Iglesia latinoamericana está llamada a ser sacramento de amor, solidaridad y justicia entre nuestros pueblos”. (nº 396).

Nos preocupa enormemente el sistema económico neoliberal que se ha impuesto en el mundo. Estamos conscientes que la Santa Sede en diferentes oportunidades se ha manifestado contraria a los escándalos y abusos que este sistema financiero acarrea a millones de seres humanos. En este aspecto nos parece que ha sido débil la condena a lo que verdaderamente significa para los pobres y desempleados las brutales consecuencias de la crisis global financiera y lo que ocurre cuando la especulación financiera se refugia indemne en los paraísos fiscales causando aún más daño a las resentidas economías mundiales. Y, Jesús de Nazareth nos desafía a una conducta radicalmente opuesta; “no podeis servir a Dios y al dinero” (Mt. 6,24). La palabra que (Jesús) usa para decir dinero- “mammona” -es de origen fenicio y evoca seguridad económica y éxito en los negocios…(Benedicto XVI, Homilía Catedral de Velletri – 2007). El Dios mammón destruye al hombre, estrangulando despiadadamente con sus manos una gran parte del mundo. (Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, pgs. 126 / 127).

En este mismo sentido tienen plena vigencia, Cardenal Bertone, sus expresiones públicas referidas al contexto financiero global antes del inicio de la V Conferencia: “Los préstamos internacionales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, y los de país a país ya son con usura y deberían ser declarados ilegales”. Usted también declaró que la Iglesia Católica condena la usura definiéndola como “un homicidio indirecto cuando provoca la muerte favoreciendo miseria y pobreza”, y recordó que la deuda pesa 6 mil dólares sobre cada niño nacido en las naciones de baja renta y que la mitad del Producto Interno Bruto de esos países se usa en pagar los intereses.

Gratificante es tener presente lo que señala la exhortación apostólica Pastores Gregis, del Papa Juan Pablo II (2003), referidas precisamente al sufrimiento de toda persona pobre y sin trabajo: “Hoy más que ayer, la guerra de los poderosos contra los débiles ha abierto profundas divisiones entre ricos y pobres…En el seno de un sistema económico injusto, con disonancias estructurales muy fuertes, la situación de los marginados se agrava de día en día. En la actualidad hay hambre en muchas partes de la tierra, mientras en otras hay opulencia. Las víctimas de estas dramáticas desigualdades son sobre todo los pobres, los jóvenes, los refugiados… ¿Cómo callarse frente al drama persistente del hambre y la pobreza extrema en una época en la cual la humanidad posee como nunca los medios para un reparto equitativo?” (nº 67).

Motivo de preocupación y angustia es también la carrera armamentista que se observa en el Continente. Nuestro país es el que más gasta per cápita en armamentos en toda la región. Esta situación es intolerable a la luz de la doctrina católica. Nos parece que nuestra Iglesia no hace escuchar su voz como corresponde ante esta verdadera cultura de la muerte que se nos impone por la vía del armamentismo. Hoy hemos de recordar lo que nos dice el Concilio Vaticano II: “La carrera de armamentos es la plaga más grave de la humanidad, y perjudica a los pobres de manera intolerable. Hay que temer seriamente que, si perdura, engendre todos los estragos funestos cuyos medios ya prepara”. (IM 81).

Estimado hermano Bertone, nos parece pertinente, en este tiempo post Semana Santa, compartir también algunas enseñanzas de lo que significa para todos nosotros ser discípulos de Jesús -tal como lo pide la V Asamblea del Celam-, es decir, cómo hoy aprender y llevar una praxis de vida y misionera en sintonía con las enseñanzas y las actividades de Jesús, entendido este discipulado como un cambio de vida para dedicarse al reino de Dios. “Por la opresión del humilde y el gemido del pobre me levantaré, dice el Señor”. (Sal 12, 6).

Para todo laico cristiano, personal consagrado y persona de buena voluntad es de primera importancia el destacar que Jesús al vivir en Galilea, zona pobre y menospreciada, constató todos los abusos y opresiones a que estaba sometido el pueblo. Jesús cura a los enfermos, da de comer a los hambrientos, acompaña cariñosamente a los pecadores, realiza milagros. El Maestro no se quedó callado, denuncia a los dirigentes religiosos de Israel que imponen miedo en lugar de anunciar la felicidad al pueblo pobre. Hay que tener presente que Jesús enseñó que no quiere sacrificios ni templos ni sacerdotes. Por sobre todo quiere justicia y misericordia y como Laico quiere que su pueblo vuelva a ser un pueblo de laicos, sin clase superior. Y, por supuesto repetir y tener presente que “los que mandan tendrán que portarse como servidores, como inferiores y no como autoridades”.

Es notable recordar como Jesús procede ante el imperio de Roma; denuncia y condena a ese imperio en todos sus aspectos sociales, no calla ante el poder establecido ni ante los promotores de la falsedad y la mentira. El martirio de Jesús es una prueba de su total fidelidad a su mensaje y misión en la tierra. Este es el reto que Jesús nos plantea a través de los tiempos; Hay que hacer actual el contenido de la vida del Maestro para ser verdaderamente discípulo.

Finalmente y siguiendo la enseñanza de Jesús que dijo: “Que vuestro lenguaje sea sí cuando es sí y no cuando es no”, nos parece justo y oportuno decir, junto a no pocos laicos, laicas y personal consagrado, que la Iglesia de Santiago se merece un obispo fiel a lo que ha sido su tradición desde hace muchos años. Es decir, que venga un Pastor abierto al diálogo, sensible al drama de la pobreza, que no excomulgue ni persiga a nadie, que acepte la sana diversidad que de hecho existe en nuestra Iglesia, que prevalezca la comprensión antes que el castigo, que acoja y no oprima.

Chile en el año del Bicentenario e iniciando una nueva fase en su alta dirección política, necesita más que nunca cristianos comprometidos, seriamente, con la justicia social y la solidaridad con los que más sufren. Ese es el camino correcto para la consecución del Bien común. Por lo tanto, sería un grave retroceso y motivo de escándalo que llegue al sillón Arzobispal un obispo más fiel a un proyecto teológico y eclesial distante de la realidad o, alejado de los signos de los tiempos sin ver adecuadamente lo que quiere y necesita toda sociedad sana: fidelidad total a Jesús del Pesebre, a los más pobres y a los sufrientes sin distingos de ninguna especie para la consecución del Reino de Dios.

Hacemos votos, estimado Cardenal Bertone, para que venga al Arzobispado de Santiago un obispo rodeado sólo del Evangelio de Jesús y distante del poder y boato que nada tienen que ver con la hermosura de la Palabra. Que como Pablo, Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Cipriano, Esteban, Ambrosio o Francisco, venga libre y más que autoridad demuestre razón, palabra, diálogo y acogida a todos.

Como cristianas y cristianos fieles al Evangelio, junto a toda persona de buena voluntad queremos un obispo que venga como hermano, servidor y amigo de todos para evitar lo que se ha repetido en la tradición eclesiástica: la imposición de obispos no deseados puede llevar a “que los hombres se vuelvan menos religiosos de lo que conviene” (s. León Magno).

“Entre ustedes no será así, al contrario, el que aspire a ser más que los demás, se hará servidor de ustedes. Y el que quiera ser el primero, debe hacerse esclavo de los demás”. (Mt. 20,26).

Cardenal Bertone, reciba nuestros cordiales y fraternos Saludos; Atte:

Andrés Aylwin Azócar Vicente Sota Barros
Abogado Ex Pdte. Cámara de Diputados

Fernando Castillo Velasco Héctor Gárate W.
Ex Rector de la U. Católica Pdte. Juventud Demócrata Cristiana

Mónica Echeverría Y. Fabiola Letelier del Solar
Escritora Abogada

Ramón Huidobro Loreto Fernández
Diplomático Teóloga

Manuel Jacques Hervi Lara
Abogado Académico

José Frías Esteban Silva
Misionero Laico Sociólogo

Rony Nuñez M. José Galiano
Abogado Abogado

Manuel Guerrero A. Patricio Véjar
Sociólogo Comunidad Juan XXIII

Alejandro Medina Juan Subercaseaux A.
Misionero Laico Abogado

Iván Gutiérrez L. Jaime Escobar M.
Periódico “Crónica Digital” Revista “Reflexión y Liberación”

Santiago de Chile, Abril 6 del 2010.
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