jueves, 31 de diciembre de 2009

¿Seguir el Evangelio u ostentar el crucifijo?


Pier Paolo Loi (Italia)
A veces me pregunto: ¿por qué queremos tener en exposición símbolos religiosos sin
entender el profundo significado de éstos y sin que se ponga en discusión la vida de las personas? Símbolos utilizados con finalidad sobre todo política (religio instrumentum regni): tener unido un pueblo, quedar enganchados a una tradición...
El crucifijo es un símbolo sobre todo religioso, marca el pertenecer a la fe cristiana, en particular a aquella católica, como los iconos para la tradición ortodoxa o la desnuda cruz para los protestantes.
La cruz, escribe el apostol Pablo, es escándalo para los judíos y locura para los gentiles. “pero eso sería como eliminar el escandalo de la cruz” (Gal. 5,11); “el lenguaje de la cruz no deja de ser locura para los que se pierden” ( 1 Cor, 1,18).....” Mientras tanto nosotros proclamamos un Mesias crucificado. Para los judíos, Í Qué escándalo más grande! Y para los griegos Í Qué locura!” (1 Cor. 1,23)
Dice aún Pablo a lòs cristianos de Corinto: “Dios ha elegido lo que el mundo tiene por necio, con el fin de avergonzar a los sabios : y ha escogido lo que el mundo tiene por débil, para avergonzar a los fuertes. Dios ha elegido a la gente común y despreciada; ha elegido lo que no es nada para rebajar a lo que es. Y así ningún mortal ya podrá alabarse a si mismo delante de Dios (1 Cor. 1,27-29).
Y nosotros ¿a que hemos reducido el crucifijo? A símbolo de identidad nacional, símbolo cultural, de pertenencia étnica, estendarte de blandir contra los demás; imagen que bien puede estar colgada cerca de los retratos de los jefes de estado, de los poderosos, de los generales....Y no valen los otros significados que en realidad tendrían que brotar del crucifijo (amor universal, solidaridad para las victimas..etc.) frustrados por las precedentes contradicciones.
De veras los creyentes deberían sublevarse contra esta asimilación del crucifijo; contra esta reducción de la fe a identidad cultural.
¿Verdaderamente Cristo en la cruz puede diventar el estandarte de un pueblo?
Escribe aún el Apostol: “ya no hay diferencia entre quien es judío y quien griego, entre quien es esclavo y quien es libre, no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. (Gal. 3.28).
La Cruz lleva a unidad las diversidades culturales y no las aguza, pero no el símbolo más bien la verdadera salvación realizada por Cristo.
La sociedad en la que vivimos, en Italia también, en esta primera parte del tercer milenio, no es más uniforme en lo religioso, tampoco lo fue en el tiempo pasado a causa de la resistencia de unas minorías (hebraica, valdés, evangélica...) porque el fenómeno de la inmigración ha traído una evidente transformación social con la llegada de muchísimas personas que tienen otra fe y practican otras religiones, pertenecientes en particular al mundo islámico (y también hinduista, budista, más aún cristianos ortodoxos procedentes de Europa oriental).
Aunque unos digan que nosotros los italianos estamos en nuestra casa y que ellos, los extranjeros que llegan aquí deben conformarse con nuestra manera de vivir, es muy improbable que esto suceda, en manera particular en lo religioso, porque quien emigra lleva consigo una experiencia de vida que no podrá olvidar con facilidad, y que volverá a emerger con fuerza en muchas situaciones de la vida, como pasó a millones de italianos ( se habla de 10/11 millones) que a principio de mil novecientos tuvieron que abandonar su país para buscar trabajo.
Además, la secularización es un proceso que sigue adelante, a pesar de que hoy se hable de un volver a lo sagrado. Uno de sus aspectos es que las personas no tienen más miedo a declararse no creyentes o agnósticos o ateos y reivindicar su propia libertad y diversidad.
La pluralidad de culturas y manifestaciones religiosas tienen en el estado laico la misma dignidad y libertad de expresión.
El problema nace cuando se expone en lo público un solo símbolo - precisamente el crucifijo – que marca la pertenencia religiosa de una parte de la población, aunque sea la mayoría.
Dos son las posibilidades : o multiplicamos los símbolos religiosos en los lugares públicos o los quitamos.
La primera solución me parece de muy difícil aplicación.
La sentencia de la Corte Europea de los Derechos del Hombre de Estrasburgo ha hecho justicia a una persona que se sentía discriminada porque era atea.
Según mi parecer esta sentencia es una oportunidad porque los cristianos, y en particular los católicos italianos empeñados en un camino de fe, vivan con más intensidad la dimensión del testimonio.
No es con el crucifijo colgado en las aulas escolares o en las aulas de los tribunales que se conservan “las raíces” cristianas de Europa de las qué se habla tanto y a las cuáles parece que las jerarquías eclesiásticas quieran agarrarse como a un fetiche: seguramente es recogiendo los crucifijos de hoy de las calles, socorriéndoles en los botes a la deriva en nuestro mar y no rechazándoles como sucede actualmente en Italia, cuyo pueblo se declara al 90% católico y que lastimosamente ha producido una ley que criminaliza a las personas así como son ( leyes sobre la seguridad, el crimen de clandestinidad...).
Como conclusión a estas reflexiones vamos a leer las amargas palabras de unas hermanas salesianas de “Porta Palazzo” (Turín).
Después de haber contado de la inhumanidad que obliga una muchedumbre de personas (entre estas las mismas hermanas no italianas) a hacer colas interminables al aire libre y al frío para conseguir un permiso de estancia, concluyen: “No buscamos soluciones preferenciales para las religiosas o para la iglesia, más bien queremos dar voz a los que no tienen voz. Denunciar la inhumanidad de los procedimientos burocráticos y la desorganización, junta a frustraciones desagradables de nuestras “ventanillas amigas” donde nos reciben operadoras que manejan tu pasaporte con guantes de usar y tirar, como si tú fueras un apestado y no se preocupan que tú estás haciendo cola unas tres horas al frío; si te viene ganas de orinar estás obligado a hacerla en letrinas absolutamente absurdas...
En todo caso nos hemos puesto esta pregunta: cuál es el lugar más infectado? Las letrinas de la policía o el corazón humano?”.....
Debemos contar estos “flashes” porque es tiempo que se hable de ésto...nosotros también...las polémicas sobre el crucifijo quitado de la pared no sirven....las raices cristianas deberían empujarnos a sacar de la calle a los crucifijos que están allí...porque Jesus Cristo... dicen que....”pasaba sanando”...
Con todo el cariño y la fuerza de un “magnificat” que debería en realidad “sacar a los poderosos de su trono y poner en su lugar a los humildes”.
Pierpaolo Loi

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