jueves, 31 de diciembre de 2009

Equilibrio al debatir sobre aborto


Juan Masiá Clavel
14.05.09 | 16:13. Archivado en Bioética http://blogs.periodistadigital.com/vivirypensarenlafrontera.php/2009/05/14/p232899#more232899
Sin caer en la trampa del dilema entre pro-life y pro-choice, bastantes personas (incluyendo representantes con responsabilidades parlamentarias de diversa pertenencia, confesional o aconfesional, así como de diversa afiliación partidista dentro del espectro político), preocupadas seriamente por proteger la vida, la dignidad y los derechos de cada ser humano, coinciden en buscar la via media para debatir serenamente. Con el deseo de apoyar su discernimiento, propongo el siguiente decálogo de criterios éticos.

1. Buscar convergencia pro-persona en posturas divergentes ante el aborto.Posturas opuestas pueden, sin embargo, coincidir al afirmar que el aborto no es deseable, ni aconsejable; que hay que unir fuerzas para desarraigar sus causas; que nadie debe sufrir coacción para abortar contra su voluntad; y que debe mejorarse la educación sexual para prevenir el aborto.

2. No confundir delito, mal y pecado Rechazar desde la propia conciencia el mal moral del aborto puede ser compatible con admitir la posibilidad de que, en determinadas circunstancias, las leyes no lo penalicen como delito. El apoyo a esas despenalizaciones no tiene que identificarse necesariamente con favorecer el aborto a la ligera, ni considerarlo deseable para la mujer.

3. No ideologizar el debate, ni política ni religiosamente. Evitar agresividad y violencia contra cualquiera de las partes y no hacer bandera ideológica de esta polémica por razones políticas o por razones religiosas. Ni deja de ser un mal moral cuando la ley no lo penaliza, ni la razón de considerarlo mal moral depende de una determinación religiosa.

4. Dejar margen para excepciones inéditas en situaciones confictivas. Las situaciones límite no deberían formularse como colisión de derechos entre madre y feto, sino como conflicto de deberes en el interior de la conciencia de quienes quieren (incluída la madre) proteger las vidas de madre y feto. En los casos trágicos no hay soluciones prefabricadas. Las campañas de mal gusto –por ambos extremos, pro-abortistas y anti-abortistas- no ayudan al debate.

5. Acompañar personas antes de juzgar casos. Ni las religiones deberían enarbolar banderas de excomunión, ni las presuntas posturas defensoras de la mujer deberían jugar demagógicamente con la apelación a derechos ilimitados de ésta para decidir sobre su cuerpo en supuesta colisión con la exigencia de respeto por parte del feto. El aconsejamiento moral o religioso puede acompañar a las personas en sus tomas de decisión, pero sin decidir en su lugar ni condenarlas.

6. Comprender la vida naciente como proceso. La vida naciente en sus primeras fases no está plenamente constituída como para exigir el tratamiento correspondiente al estatuto personal, pero eso no significa que pueda considerarse el feto como mera parte del cuerpo materno, ni como realidad parásita alojada en él. La interacción embrio-materna es decisiva para la constitución de la nueva vida naciente y merece el máximo respeto y cuidado: a medida que se aproxima el tercer mes de embarazo aumenta progresivamente la exigencia de ayudar a que éste se lleve a término. Para evitar confusiones al hablar de protección de la vida, téngase presente la distinción entre materia viva de la especie humana (p.e., el blastocisto antes de la anidación) y una vida humana individual (p.e., el feto, más allá de la octava semana).

7. Confrontar las causas sociales de los abortos no deseados. No se pueden ignorar las situaciones dramáticas de gestaciones de adolescentes, sobre todo cuando son consecuencia de abusos. Sin generalizar, ni aplicar indiscriminadamente el mismo criterio para otros casos, hay que reconocer lo trágico de estas situaciones y debatir ampliamente sobre cómo abordar el problema social del aborto, cómo reprimir sus causas y cómo ayudar a su disminución.


8. Afrontar los problemas psicológicos de los abortos traumaticosEs importante prestar asistencia psicológica y social a aquellas personas a las que su toma de decisión dejó cicatrices que necesitan sanación. No hay que confundir la contracepción de emergencia con el aborto. Pero sería deseable que la administración de recursos de emergencia como la llamada píldora del día siguiente fuese acompañada del oportuno aconsejamiento médico-psicológicos.

9. Cuestionar el cambio de mentalidad cultural en torno al aborto. Repensar el cambio que supone el ambiente favorable a la permisividad del aborto y el daño que eso hace a nuestras culturas y sociedades.

10. Tomar en serio la contracepcion, aun reconociento sus límitaciones.
Fomentar educación sexual con buena pedagogía, enseñar el uso eficaz de recursos anticonceptivos y la responsabilidad del varón, sin que la carga del control recaiga solo en la mujer. Sin tomar en serio la anticoncepción, no hay credibilidad para oponerse al aborto; hay que fomentar la educación sexual integral, que abarque desde higiene y psicología hasta implicaciones sociales, e incluya suficiente conocimiento de recursos contraceptivos, interceptivos y contragestativos.
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¿Seguir el Evangelio u ostentar el crucifijo?


Pier Paolo Loi (Italia)
A veces me pregunto: ¿por qué queremos tener en exposición símbolos religiosos sin
entender el profundo significado de éstos y sin que se ponga en discusión la vida de las personas? Símbolos utilizados con finalidad sobre todo política (religio instrumentum regni): tener unido un pueblo, quedar enganchados a una tradición...
El crucifijo es un símbolo sobre todo religioso, marca el pertenecer a la fe cristiana, en particular a aquella católica, como los iconos para la tradición ortodoxa o la desnuda cruz para los protestantes.
La cruz, escribe el apostol Pablo, es escándalo para los judíos y locura para los gentiles. “pero eso sería como eliminar el escandalo de la cruz” (Gal. 5,11); “el lenguaje de la cruz no deja de ser locura para los que se pierden” ( 1 Cor, 1,18).....” Mientras tanto nosotros proclamamos un Mesias crucificado. Para los judíos, Í Qué escándalo más grande! Y para los griegos Í Qué locura!” (1 Cor. 1,23)
Dice aún Pablo a lòs cristianos de Corinto: “Dios ha elegido lo que el mundo tiene por necio, con el fin de avergonzar a los sabios : y ha escogido lo que el mundo tiene por débil, para avergonzar a los fuertes. Dios ha elegido a la gente común y despreciada; ha elegido lo que no es nada para rebajar a lo que es. Y así ningún mortal ya podrá alabarse a si mismo delante de Dios (1 Cor. 1,27-29).
Y nosotros ¿a que hemos reducido el crucifijo? A símbolo de identidad nacional, símbolo cultural, de pertenencia étnica, estendarte de blandir contra los demás; imagen que bien puede estar colgada cerca de los retratos de los jefes de estado, de los poderosos, de los generales....Y no valen los otros significados que en realidad tendrían que brotar del crucifijo (amor universal, solidaridad para las victimas..etc.) frustrados por las precedentes contradicciones.
De veras los creyentes deberían sublevarse contra esta asimilación del crucifijo; contra esta reducción de la fe a identidad cultural.
¿Verdaderamente Cristo en la cruz puede diventar el estandarte de un pueblo?
Escribe aún el Apostol: “ya no hay diferencia entre quien es judío y quien griego, entre quien es esclavo y quien es libre, no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. (Gal. 3.28).
La Cruz lleva a unidad las diversidades culturales y no las aguza, pero no el símbolo más bien la verdadera salvación realizada por Cristo.
La sociedad en la que vivimos, en Italia también, en esta primera parte del tercer milenio, no es más uniforme en lo religioso, tampoco lo fue en el tiempo pasado a causa de la resistencia de unas minorías (hebraica, valdés, evangélica...) porque el fenómeno de la inmigración ha traído una evidente transformación social con la llegada de muchísimas personas que tienen otra fe y practican otras religiones, pertenecientes en particular al mundo islámico (y también hinduista, budista, más aún cristianos ortodoxos procedentes de Europa oriental).
Aunque unos digan que nosotros los italianos estamos en nuestra casa y que ellos, los extranjeros que llegan aquí deben conformarse con nuestra manera de vivir, es muy improbable que esto suceda, en manera particular en lo religioso, porque quien emigra lleva consigo una experiencia de vida que no podrá olvidar con facilidad, y que volverá a emerger con fuerza en muchas situaciones de la vida, como pasó a millones de italianos ( se habla de 10/11 millones) que a principio de mil novecientos tuvieron que abandonar su país para buscar trabajo.
Además, la secularización es un proceso que sigue adelante, a pesar de que hoy se hable de un volver a lo sagrado. Uno de sus aspectos es que las personas no tienen más miedo a declararse no creyentes o agnósticos o ateos y reivindicar su propia libertad y diversidad.
La pluralidad de culturas y manifestaciones religiosas tienen en el estado laico la misma dignidad y libertad de expresión.
El problema nace cuando se expone en lo público un solo símbolo - precisamente el crucifijo – que marca la pertenencia religiosa de una parte de la población, aunque sea la mayoría.
Dos son las posibilidades : o multiplicamos los símbolos religiosos en los lugares públicos o los quitamos.
La primera solución me parece de muy difícil aplicación.
La sentencia de la Corte Europea de los Derechos del Hombre de Estrasburgo ha hecho justicia a una persona que se sentía discriminada porque era atea.
Según mi parecer esta sentencia es una oportunidad porque los cristianos, y en particular los católicos italianos empeñados en un camino de fe, vivan con más intensidad la dimensión del testimonio.
No es con el crucifijo colgado en las aulas escolares o en las aulas de los tribunales que se conservan “las raíces” cristianas de Europa de las qué se habla tanto y a las cuáles parece que las jerarquías eclesiásticas quieran agarrarse como a un fetiche: seguramente es recogiendo los crucifijos de hoy de las calles, socorriéndoles en los botes a la deriva en nuestro mar y no rechazándoles como sucede actualmente en Italia, cuyo pueblo se declara al 90% católico y que lastimosamente ha producido una ley que criminaliza a las personas así como son ( leyes sobre la seguridad, el crimen de clandestinidad...).
Como conclusión a estas reflexiones vamos a leer las amargas palabras de unas hermanas salesianas de “Porta Palazzo” (Turín).
Después de haber contado de la inhumanidad que obliga una muchedumbre de personas (entre estas las mismas hermanas no italianas) a hacer colas interminables al aire libre y al frío para conseguir un permiso de estancia, concluyen: “No buscamos soluciones preferenciales para las religiosas o para la iglesia, más bien queremos dar voz a los que no tienen voz. Denunciar la inhumanidad de los procedimientos burocráticos y la desorganización, junta a frustraciones desagradables de nuestras “ventanillas amigas” donde nos reciben operadoras que manejan tu pasaporte con guantes de usar y tirar, como si tú fueras un apestado y no se preocupan que tú estás haciendo cola unas tres horas al frío; si te viene ganas de orinar estás obligado a hacerla en letrinas absolutamente absurdas...
En todo caso nos hemos puesto esta pregunta: cuál es el lugar más infectado? Las letrinas de la policía o el corazón humano?”.....
Debemos contar estos “flashes” porque es tiempo que se hable de ésto...nosotros también...las polémicas sobre el crucifijo quitado de la pared no sirven....las raices cristianas deberían empujarnos a sacar de la calle a los crucifijos que están allí...porque Jesus Cristo... dicen que....”pasaba sanando”...
Con todo el cariño y la fuerza de un “magnificat” que debería en realidad “sacar a los poderosos de su trono y poner en su lugar a los humildes”.
Pierpaolo Loi
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martes, 29 de diciembre de 2009

Nuevo blog de la Confraternidad argentina judeo cristiana

CONFRATERNIDAD ARGENTINA JUDEO CRISTIANA
Con gran alegría les hacemos saber que hemos inaugurado el siguiente blog,
http://confraternidadjc.blogspot.com

Ello hará que tengamos una comunicación más fluida y en él encontrarán las últimas novedades -en forma resumida-, de las actividades de nuestra institución como así también de aquellos escritos o publicaciones que interesen al Diálogo Judeo Cristiano e Interreligioso.

Los saludamos cordialmente y les hacemos llegar nuestros afectuosos saludos para que el 2010 sea un año fecundo en diálogo, justicia, solidaridad e inclusión social, camino al Bicentenario, alcanzando la Paz que todos deseamos.

COMISIÓN DIRECTIVA CAJC
Guemes 4163 9º
confraternidadajc@yahoo.com.ar
web: www.cajudeocristiana.org.ar

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Yo no estuve en la Plaza de Lima


Juan Cejudo
Y eso que mi familia cumple los requisitos que piden los obispos: estoy casado por la Iglesia con una mujer y tengo dos hijos.
Pero no comparto nada el discurso que allí dieron los 39 obispos españoles, capitaneados por Rouco y los 14 cardenales y obispos europeos. Y estoy muy lejos del discurso de Kiko Arguello y sus incondicionales seguidores. Los respeto, eso sí. Y tienen el derecho a expresar sus creencias. Pero no estoy de acuerdo con ellos.

Pueden defender un modelo de familia católica tradicional, pero de ahí a que lo quieran imponer a todos los ciudadanos españoles y europeos hay un abismo. Y mucho menos, con un lenguaje catastrofista, como si Europa se viniera abajo si todos no siguen ese modelo de familia “católica tradicional”. Y es que creo que nuestros obispos no se enteran. No estamos en el siglo XVI, ni siquiera en la época del nacional-catolicismo. No pueden pretender que los parlamentos europeos aprueben las leyes de acuerdo a esa concepción que ellos tienen sobre la familia. Esos tiempos ya pasaron. El Estado es aconfesional y tiene que gobernar para todos los ciudadanos.

No comparto para nada esos ataques a las leyes aprobadas en nuestro Parlamento para dar respuesta a los problemas de millones de ciudadanos. Esa guerra a muerte contra los matrimonios homosexuales, a la regulación de la ley del aborto o del divorcio resulta verdaderamente anacrónico. La jerarquía sigue dando una imagen trasnochada, incapaz de entender los cambios profundos que se están dando en el siglo XXI. En nuestro país y en toda Europa existen diversos modelos de familia: de solteros o solteras con hijos, de divorciados vueltos a casar (a los que la Iglesia les niega la comunión), de parejas de homosexuales etc…Es una realidad que no se puede ignorar.

Tampoco puedo con la hipocresía de unos obispos que ponen el grito en el cielo clamando a favor del “nasciturus” y miran para otro lado ante los centenares de miles de seres humanos que pierden su vida por otras causas: guerras, violencia de género, hambre, enfermedades etc… Especialmente lamentable me pareció el silencio de nuestros obispos cuando la Guerra de Irak donde tantísimas vidas se perdieron. ¡Ellos tan preocupados por la vida…! No movilizaron a los católicos a salir a la calle, como han hecho ya en numerosas ocasiones por el problema del aborto, los divorcios y los matrimonios de homosexuales. Tampoco los hemos visto en la calle apoyando la Campaña Internacional de “Pobreza 0” contra el hambre en el Mundo que tantas vidas destruye…

¿Será que entonces gobernaba el P.P y ahora los socialistas? ¿ Hay un trasfondo político en estas movilizaciones como han apuntado muchísimos comentaristas? Esa hipocresía me duele sobremanera. Si se tiene tanta sensibilidad por la vida, que sea por todas las vidas que se pierden. Si se quiere atacar al Gobierno, que sea a cualquier Gobierno.
Durante los 8 años del Gobierno del P.P se cometieron en España más de 500.000 abortos. No los vimos movilizando a sus fieles en la calle como ahora.

Por estas y otras muchas razones yo no estuve en la Plaza de Lima. ¿Pero creéis que soy el único? Me consta que miles de cristianos tampoco estuvieron allí. Tampoco ellos comparten esa visión de “familia católica tradicional” que tienen los obispos.

Cádiz, 28 de Diciembre de 2.009
Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

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jueves, 17 de diciembre de 2009

En el Día Mundial de las Migraciones

Una reflexión sobre la Reforma de la Ley de Extranjería
CONFER. Área de Justicia y Solidaridad. El pasado día 26 de Noviembre el Congreso de los Diputados aprobó definitivamente la Reforma de la Ley de Extranjería. Desde que el Gobierno inició la reforma, hace aproximadamente un año, en el Área de Justicia y Solidaridad de CONFER hemos seguido con interés y preocupación este proceso porque en él estaban en juego tanto los derechos fundamentales y la posibilidad de una vida digna para nuestros hermanos y hermanas inmigrantes como el modelo de sociedad que entre todos construimos. En el marco de la celebración del aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y del Día Internacional de los Migrantes queremos compartir nuestra reflexión.

A pesar de los avances que reconocemos en la nueva Ley, consideramos que ésta tiene fundamentalmente un enfoque restrictivo como ya han puesto de manifiesto los numerosos informes y pronunciamientos de muchas organizaciones sociales y eclesiales que durante este tiempo han alimentado nuestra reflexión y que, desde Confer, hemos tratado de hacer llegar a la Vida Religiosa. Destacamos, especialmente, el intenso trabajo de incidencia política y sensibilización realizado por Cáritas y la palabra evangélica del obispo presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, don José Sánchez.

Nos preocupa la situación de las personas: de las que están en situación irregular y van a ver mucho más dificultado su acceso a los derechos básicos y a la futura regularización, de las que verán restringido su derecho de acceder a la educación y a la vivienda, de las que no podrán reagrupar a sus padres y ejercer el derecho a vivir en familia, de las mujeres víctimas de violencia de género que sigan teniendo miedo a denunciar por no ser expulsadas, de las que son encerradas en un CIE (ahora por un periodo más largo) por una mera falta administrativa…

Nos preocupa también la visión de la inmigración que esta Ley y las actuales políticas gubernamentales pueden reforzar en nuestra sociedad. Las personas inmigrantes no son mera fuerza de trabajo, bienvenida simplemente como tal en tiempos de bonanza económica e incómoda y sobrante en tiempos de crisis, sino seres humanos que traen consigo toda su realidad familiar, cultural, religiosa… tan rica y tan limitada como la nuestra, y con quienes estamos llamados a construir un futuro en común.

Nos preocupa, por último, el tipo de sociedad que estamos construyendo. Creemos que la nueva Ley profundiza la institucionalización de la desigualdad en derechos básicos estableciendo diferencias entre las personas inmigrantes según su tiempo de residencia, entre ciudadanos y no-ciudadanos, entre ciudadanos de primera, segunda, tercera… Consideramos que el endurecimiento de las sanciones a prácticas de hospitalidad (ofrecer la posibilidad de empadronamiento, proporcionar una oferta de empleo…), además de privar del más mínimo apoyo social a las personas más vulnerables, deshace los vínculos humanos y ayuda a instalar en nuestras conciencias la idea de que es mejor no “pringarse” por el otro en necesidad. Nnos preocupa, especialmente, que nuestra sociedad acabe dando por todo esto por “normal”.

El compromiso de la Vida Religiosa con nuestros hermanos y hermanas inmigrantes es múltiple e intenso a través de la acogida, el acompañamiento, la denuncia y la defensa de los derechos, la construcción de una sociedad incluyente. La nueva Ley de Extranjería nos desafía a todos a profundizar este compromiso, no sólo a quienes están directamente implicados/as en el mundo de la inmigración sino también a quienes vivimos nuestro servicio en otros campos pero somos, en esta sociedad, cristianos y ciudadanos y nos sentimos impulsados desde el Evangelio a no pasar de largo ante nuestro prójimo y a transformar la realidad en la dirección del Reino.

Por eso os invitamos y nos invitamos a seguir trabajando, desde la vida cotidiana, que es un espacio político, donde se construye sociedad, donde contribuimos a reforzar lo que hay o a modificarlo:

 Por ofrecer otra imagen social de la inmigración y de las personas inmigrantes allí donde estemos, en nuestras comunidades, en nuestros barrios, en la tienda a donde vamos a comprar, en el autobús, en conversaciones... esforzándonos, con paciencia y tenacidad, en tender puentes entre nuevos y antiguos ciudadanos, personas de diversas procedencias y universos culturales.

 Por seguir encontrándonos con el otro diferente y estableciendo vínculos, relaciones de amistad y de reciprocidad con personas inmigrantes, rompiendo en nosotros mismos y con nuestra propia práctica, los tópicos que nos mueven a desconfiar y a mantenernos a distancia.

 Por generar espacios de convivencia y apoyo en la vida cotidiana, espacios donde nos encontremos en igualdad y como seres humanos. Estos espacios no son neutros. Son un signo profético, una forma de resistencia a la lógica del enfrentamiento y una visibilización de que otras relaciones son posibles.

 Por mantenernos en la denuncia pública y en la arriesgada solidaridad, ser memoria de lo que no podemos perder como conquistas en humanidad, como referencia y utopía de sociedad y como ideal evangélico.

Ante la nueva Ley de Extranjería, acogemos en nosotros/as la llamada de Benedicto XVI, en el reciente Congreso para la Pastoral con Inmigrantes y Refugiados, a considerar las migraciones como una oportunidad para “poner en claro la unidad de la familia humana, el valor de la acogida, de la hospitalidad y del amor por el prójimo. Esto debe traducirse en gestos cotidianos de coparticipación, de colaboración y de solicitud hacia los demás, especialmente hacia los necesitados. Para ser acogedores unos de otros – enseña san Pablo – los cristianos saben que tienen que estar disponibles a la escucha de la Palabra de Dios, que llama a imitar a Cristo y a permanecer unidos a Él. Sólo de esta forma podrán ser solícitos hacia el prójimo, y no ceder nunca a la tentación del desprecio y del rechazo de quien es distinto. Conformados a Cristo, cada hombre y cada mujer son vistos como hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre.”

ÁREA DE JUSTICIA Y SOLIDARIDAD
CONFER
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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tiempo de Concilio

Tiempo de Concilio. El Vaticano II en los Diarios de Yves Congar y Henri de Lubac
la Editorial Sal Terrae ha publicado este libro, que consideramos de interés para una mejor comprensión del contexto del Concilio Vaticano II.
Algunos obispos y teólogos del Vaticano II tomaron notas cotidianas acerca de la marcha de la asamblea eclesial, dando así lugar a «diarios conciliares» que ya han sido utilizados como fuentes para escribir su historia. Dentro de este género literario, Mon Journal du Concile, de Yves Congar, y Carnets du Concile, de Henri de Lubac, con sus más de mil páginas, tienen un valor singular. Con su ayuda, este libro reconstruye toda la peripecia conciliar. Los diarios conciliares de estos dos grandes teólogos franceses no comienzan el 11 de octubre de 1962, fecha de la inauguración solemne, sino con la fase de preparación (1960-1962), que ellos han vivido desde dentro como consultores de la Comisión teológica preparatoria. En este escenario, donde se han elaborado los documentos doctrinales, quedó anticipado el debate teológico que iba a caracterizar el desarrollo del segundo concilio del Vaticano.

El Vaticano II ha sido en buena medida «el concilio de los teólogos», que han desplegado un trabajo enorme; por otro lado, si el Concilio ha sido realizado con la importante aportación de los teólogos, el postconcilio sólo guardará sus esencias si es capaz de asumir su trabajo. Este libro reflota la obra teológica de algunos de sus principales actores, rastreando su influjo en las líneas inspiradoras de los documentos, a sabiendas de que siguen ofreciendo criterios de interpretación de la doctrina conciliar, en su letra y en su espíritu.

El resultado final es una historia teológica del Concilio, que puede competir con otras crónicas breves desde sus propias características: estar confeccionada con los apuntes cotidianos y personales de algunos de sus protagonistas (Y. Congar, H. de Lubac, S. Tromp, G. Philips).

SANTIAGO MADRIGAL (1960) es jesuita, profesor de Eclesiología, Teología ecuménica e Historia de la Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). En este nuevo libro prolonga una línea de investigación centrada en el estudio del Concilio Vaticano II y sus protagonistas: Vaticano II: remembranza y actualización. Esquemas para una eclesiología (Santander 2002); Memoria del Concilio: diez evocaciones del Vaticano II (Madrid 2005); Karl Rahner y Joseph Ratzinger, tras las huellas del Concilio (Santander 2006); Iglesia es "caritas": la eclesiología teológica de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI (Santander 2008). Miembro de la Real Academia de Doctores de España.
http://www.salterrae.es/catalogo/product_info.php?products_id=1784
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Vídeos sobre pobreza y subdesarrollo

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Vídeos sobre ecología y cambio climático

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