martes, 20 de octubre de 2009

Un paso más respecto al Vaticano II

Con una visión mediadora y tratando de situarnos en el presente, siempre hemos hablado de la necesidad de un nuevo proceso conciliar, en camino hacia un nuevo Concilio (que sea de verdad un Concilio nuevo); con unos tiempos, actores, metodología e instrumentos renovados y actualizados. No se propone rediscutir el Vaticano II. Ni de hacer, necesariamente, un Vaticano III. Si, en cambio, de vivir el “aquí y ahora” eclesial y social, trabajando, de manera continua,la conciliaridad de la Iglesia y conociendo su historia, en continuidad con el último Concilio. (ver UMBRALES, Nº 142) http://www.chasque.net/umbrales/rev142/15_22.htm Tampoco se trata de analizar y discutir cual es el “verdadero” espíritu del Concilio Vaticano II, para oponerlo a otras interpretaciones. Esto, como se verá, tiene sus riesgos.

Un ejemplo son las declaraciones del Obispo R. Walker Nickless de Sioux City. Este obispo, en una carta pastoral sobre la renovación de la Iglesia, denuncia “falsas interpretaciones” del Concilio Vaticano II; y pide a los católicos "recuperar y fortalecer nuestra comprensión del depósito de la fe." El obispo fue antes sacerdote de la Arquidiócesis de Denver, y vicario general de Mons. Charles Chaput.
Quien quiera ver el texto completo en inglés, puede ir al enlace http://www.catholicculture.org/news/headlines/index.cfm?storyid=4335

Su argumentación se basa en la pregunta: “¿Por qué la aplicación del Concilio, en gran parte de la Iglesia, hasta ahora ha sido tan difícil?” y su respuesta es “Bueno, todo depende de la correcta interpretación del Concilio, o - como diríamos hoy - de su correcta hermenéutica, de la correcta clave de su interpretación y aplicación”. “Los problemas en su aplicación surgieron del hecho de que dos hermenéuticas contrarias se encontraron cara a cara y peleaban entre sí”.

El obispo mismo, aunque hable de problema en la existencia de dos interpretaciones, se adhiere a una de ellas: “Una ha causado confusión, la otra, en silencio, pero cada vez más visible, ha dado y está dando sus frutos”.

De las dos hermeneúticas que señala, a una la llama de la ruptura y la otra de la reforma “Por un lado, hay una interpretación que podría llamar "hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura", a menudo -dice- ha contado con la simpatía de los medios de comunicación, y también una tendencia de la teología moderna. Por otro lado, está la "hermenéutica de la reforma", de la renovación en la continuidad del único sujeto - la Iglesia -, que el Señor nos ha dado. Ella es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino”.

Su discurso tiene que ver también con la afirmación de que no puede haber una Iglesia pre-conciliar y una post-conciliar, porque, esto contravendría-según él- a la idea de que hay dvisión entre la Iglesia y su fe antes y después del Concilio.

Dejando ahora a un lado las legítimas posiciones de este obispo concreto y sus creencias acerca de la Iglesia y de la continuidad de la fe, interesa resaltar la necesidad de situarse en un nuevo paradigma, que no tiene por que centrarnos en interpretaciones “verdaderas” indiscutibles, que nos enfrenten; sino en la búsqueda de un interés común, un camino compartido, orientado hacia la gran Misión de la Iglesia, que supone continuidad con los grandes retos que se planteaban en el Vaticano II; y, al mismo tiempo, supone cambio, porque no se detiene en ellos, ni siquiera en el abordaje que en ese momento se pudo hacer. Actualiza otros y, sobre todo, la metodología de trabajo. Pues han pasado casi 50 años de este último gran Concilio; y las sociedades han experimentado cambios vertiginosos, acompañados de nuevos retos y descubrimientos, así como cambios científicos y tecnológicos, que nos exigen nuevos análisis y reformulaciones, y nuevos enfoques de la evangelización.

La fe, para ser expresada, necesita mediaciones. La fe puede ser eterna, pero las mediaciones a través de las que se expresa: lenguajes, mitos y ritos, son temporales y relativos. Los dogmas, al igual que los mitos, pueden ser reformulados, para cumplir su función positiva en contextos y sociedades cambiantes. No digamos, si ni siquiera habláramos de “verdades de fe”, sino de aspectos éticos, disciplinares, liturgicos y de constitución eclesiástica, al servicio de la pastoral y del diálogo Iglesia-Sociedad.

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