miércoles, 21 de octubre de 2009

Puertas abiertas a grupos anglicanos

Benedicto XVI admitió ayer el retorno en bloque de fieles, sacerdotes y obispos anglicanos que deseen reintegrarse a la Iglesia Católica. Los anglicanos se separaron de Roma en 1534, cuando el rey Enrique VIII no obtuvo del papa Clemente VII la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón y declaró la independencia de la Iglesia de Inglaterra de la autoridad pontificia.

El Papa aprobó ayer una Constitución Apostólica, un decreto pontificio de máximo rango, que crea una nueva estructura canónica, que permite a fieles, sacerdotes y obispos anglicanos, que así lo deseen, convertirse al catolicismo, conservando elementos de su específico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano. Se crea, incluso, un nuevo rito: el de los anglicanos católicos, tal como ya existían los ritos particulares de los maronitas libaneses, los ortodoxos ucranios(uniatos), los grecocatólicos o los siriacos. El Prelado Personal de cada una de ellas será un obispo elegido por la misma comunidad y no el obispo diocesano. La creación de los "ordinariatos" será consultada en cada caso a las Conferencias Episcopales nacionales.

Así lo anunció ayer el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en una conferencia de prensa, en la que explicó que esto será posible a través de una prelatura personal, similar a la que tienen dentro de la Iglesia el Opus Dei y los ordinariatos castrenses. Los curas anglicanos casados, que son la mayoría, podrán ser ordenados sacerdotes católicos, -dijo el Cardenal Levada- más allá de la obligación del celibato impuesta por la Iglesia de Roma. Los obispos anglicanos casados que se conviertan al catolicismo, en cambio, tendrán que dejar su episcopado, y quedarse como sacerdotes, dejando paso a otros obispos célibes, elegidos por ellos mismos, según la nueva Constitución.

Los anglicanos siempre pudieron volver, a título individual, a la Iglesia de Roma, tal como ocurrió con John Henry Newman, un célebre anglicano que se convirtió al catolicismo y luego llegó a ser cardenal, ahora en proceso de beatificación; pero, esta decisión papal, que recibiría a todo un colectivo, llega en momentos en que la Iglesia Anglicana está al borde de un cisma, a raíz de la decisión de permitir la ordenación de obispos mujeres y de sacerdotes homosexuales en Estados Unidos y Canadá. Según Levada, entre 20 y 30 obispos y un centenar de parroquias anglicanas ya expresaron su deseo de regresar al catolicismo. Se espera que el primer grupo que se pase a la Iglesia de Roma sea la Comunidad Anglicana Tradicional, que en 1991 rompió con la jerarquía de la Iglesia Anglicana después de su bendición a la ordenación de sacerdotes mujeres. La Comunidad Anglicana Tradicional asegura tener medio millón de fieles en todo el mundo.

Aunque no lo califiquen como algo negativo, ni en contra del proceso ecuménico, no todos entienden este gesto como fruto de un diálogo ecuménico. La decisión de Benedicto XVI de abrir las puertas a las comunidades anglicanas separadas de Roma hace 475 años sorprendió, por ejemplo, al arzobispo Gregorio Venables, superior de la Iglesia Anglicana del Cono Sur, que desde 1978 ejerce su ministerio en territorio sudamericano. Venables recibió la noticia en Salta, mientras visitaba a fieles de su comunidad y expuso su opinión al diario La Nación, al que le hizo las siguientes declaraciones: "Esto no es fruto del diálogo ecuménico. Es una propuesta de Roma, sin ninguna conversación previa con la comunidad anglicana."

"A partir del Concilio Vaticano II, hubo siempre un diálogo muy fructífero con Roma. Pero esta decisión del Vaticano no es parte de ese diálogo, sino consecuencia de los desacuerdos en nuestra propia Iglesia Anglicana por la ordenación de mujeres y de sacerdotes homosexuales, Designado arzobispo en el año 2000, está al frente de una comunidad de 25.000 fieles en la región.

"Las ordenaciones de mujeres y de sacerdotes homosexuales se registran, principalmente, en Estados Unidos y en Canadá, en sintonía con los cambios culturales que se registran en el mundo occidental", estimó el arzobispo. "Esos cambios -explicó- no son tan claros en América latina. En nuestra región, respetamos las distintas orientaciones sexuales, pero no se extiende la práctica de bendecir, por ejemplo, uniones del mismo sexo."

El líder de la Iglesia Anglicana, arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, aseguró ayer en una conferencia de prensa en Londres, acompañado del al arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, también anglicano, que no considera como "un acto de agresión" ni de proselitismo el paso dado por el Vaticano. Sin bien, reconoció que sólo "hace un par de semanas" se enteró de la existencia de la nueva constitución vaticana y que, en ningún momento recibió ninguna consulta sobre el tema. Tampoco el Episcopado británico, que tuvo noticias el lunes de la Constitución Apostólica, fue consultado por el Vaticano.

Aunque se trate de un tema que conviene diferenciar, algunos consultados señalaron, con preocupación, que la nueva Constitución Apostólica crea una estructura canónica que podría servir también para encuadrar en una Prelatura Personal a los integristas cismáticos del obispo francés ya fallecido Marcel Lefebvre. El Papa en enero levantó la excomunión a los cuatro obispos nombrados por Lefebvre a los que Juan Pablo excomulgó hace dos décadas, entre ellos el inglés Richard Williamson que negó el Holocausto nazi de los judíos, desatando una crisis que ha afectado al pontífice. El lunes próximo, se reunirá una comisión de lefebvrianos y autoridades vaticanas para discutir una eventual reconciliación.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal norteamericano William Joseph Levada, dijo que era completamente "casual" la coincidencia del encuentro con los lefebvrianos con la nueva Constitución Apostólica, que es una norma de "máximo rango" en el ordenamiento católico universal dictada por el Papa. El contenido de la Constitución será hecho público en los próximos días.

Para otros consultados, esta decisión del Papa, que no hay que precipitarse a enjuiciar, no debe entenderse tampoco como una solución al problema de la escasez de curas, ni al tema de la opcionalidad celibataria. El sector de la Iglesia anglicana que se incorpore, vendrá con sus propias comunidades, ritos y tradiciones. La Iglesia Católica sigue teniendo un reto pendiente en el tema de la renovación del ministerio presbiteral, en atención a las comunidades y al servicio de la Eucaristía. También tendrá que cuidar sus propios equilibrios entre sectores conservadores y progresistas, no sea que resuelva algunos cismas y propicie otros; o lo que es más fácil, que se produzcan desafecciones masivas de quienes cada vez entienden menos ciertos lenguajes y modos de proceder. Y desde luego, tendrá que prevenirse de los integrismos, tan criticados en otras religiones y culturas. En cuanto al diálogo ecuménico, si avanza, será a través de otros procesos, no mecánicamente por estas incorporaciones parciales

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