jueves, 19 de marzo de 2009

Abortos, preservativos y linces


Dentro de la Iglesia Católica, sin duda, muchas personas no ven el aborto como algo deseable, ni es un tema que se pueda banalizar. Ojala no sea sólo la Iglesia Católica quien se preocupe de esto, con realismo. El aborto no es un medio anticonceptivo. No es, en sí mismo, un derecho de la mujer, si se considera como un derecho individual, no relacional. Sí, en cambio, es un derecho de la mujer que tenga que abortar, hacerlo en condiciones seguras y reguladas. Y en la mayor intimidad y discrección. También lo es tener un asesoramiento y apoyo, para poder discernir la decisión en casos dudosos. Es, en cualquier caso, una realidad preocupante; y una tragedia social y personal. Las leyes de los países deben regularlo, protegiendo la vida de las mujeres que tengan que enfrentarse a esta situación; y tratando de prevenirlos,reducirlos y controlarlos,con la complejidad anexa a un tema con tantas implicaciones.

Mientras tanto, la Iglesia y otras instituciones, pueden hacer consideraciones morales a sus fieles; y participar, entre otras voces, en comisiones de ética.
No deberían olvidar la necesaria misericordia con quienes se ven enfrentadas a situaciones traumáticas. Pero separar la cuestión del aborto de la educación afectivo-sexual, que pasa para el mundo hoy, también, por el uso de medios anticonceptivos, es un aberración. No vincularla a la situación socio-económica y psicológica de muchas personas que no encuentran salida a situaciones dramáticas, es descontextualizar los sucesos. Ignorar que la manera de reducir abortos no es excomulgando a la gente y haciendo campañas públicas con dudosas compañias, no es sólo falta de realismo: es política en el peor de los sentidos

Porque la nueva campaña en la que se enfangan un gran sector de los obispos españoles, junto con sectores de la derecha, no es la batalla por la vida, sino su nueva batalla por el poder que van perdiendo. A la que atraerán a algunos más, haciéndoles ver una sociedad dividida entre abortistas y antiabortistas, en las que ellos tienen que situarse a favor de la vida. Como si la única vida por la que hubiera que apostar fuera por la de los embriones. Demagógica y capciosa, además, la campaña que compara la protección del lince con la de los no-nacidos; ni siquiera se sustenta, más allá del efecto emocional-dramático, porque el lince se extingue y la humanidad no. Y la reducción masiva de esta última, antes que por abortos, sería por las guerras, por la alteración medio-ambiental, o por enfermedades que se contagian (por no usar preservativos, entre otras razones).Los saltos de nivel son peligrosos y producen incoherencia. La demagogia es deleznable.

La del Papa en África, hablando de los preservativos, no parece, en cambio, una campaña organizada. Suena como una equivocación personal, dolorosísima y gravísima en los tiempos que corren. Pero no hay que olvidar que sólo es posible y sostenible en una estructura eclesial como la que existe. Por supuesto que algunos sectores integristas lo avalarán. No necesariamente todos los conservadores. Una vez más, un máximo representante de la Iglesia se excede en su papel y desatina. Si el Papa hubiera llegado a África recomendando la castidad y la continencia, algunos lo seguirían y otros no, pero estaría ubicado. No sería la única palabra posible, ni tal vez la más lúcida y matizada, dentro de un contexto social dado, pero no habría transgredido límites.

Que el Papa diga que el preservativo no protege del VIH y que protege más la continencia y la castidad, es como pedir la relajación masiva de la población ante el dolor de cabeza, en vez de usar analgésicos. Esto, en el nivel científico. En el nivel humano y cristiano, en un país donde la gente se muere a chorros, entre otros motivos por el Sida y por otras enfermedades que también se contagian por vía venérea, es una falta de caridad y de misericordia. Por coherencia, no podamos usar el símil de la campaña del lince refiriéndonos a los habitantes de África, pero saquen ustedes sus propias conclusiones.

La situación es crítica.Más vale que no tarden en hacerse oír otras voces representativas de Iglesia; y que haya una gran reforma estructural en ella, antes de que sea demasiado tarde. Porque la Iglesia Católica, junto a otras iglesias, otras religiones y junto a otras voces no religiosas, debería seguir siendo en este mundo agitado y convulso, un referente ético, que se oponga y levante la voz frente a atropellos y abusos de poder, protegiendo la vida con dignidad, la justicia y la paz en el planeta, sin pretensiones de hegemonía. Dicho esto, no se debería perder de vista que en el terreno de las relaciones afectivo- sexuales, de la familia, de la maternidad y paternidad responsables, para que la Iglesia pueda ser algún día una voz escuchada y respetada, mucho tienen que cambiar estas estructuras sobre las que se soporta, de celibatocracia y patriarcado.

Mientrs esto sucede, si es que sucede, lo que aparece públicamente es una iglesia- fantoche, sin referencias evangélicas, que más allá de alianzas de poder y fanatismos, solo produce alejamiento y tristeza. Dolor mayor para los afligidos, a los que tendría que llevar una Buena Nueva de esperanza y un mensaje de Misericordia.

Elena Carballo

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