miércoles, 25 de marzo de 2009

En el aniversario del martirio de Monseñor Romero (24 de Marzo de 1980)


MONSEÑOR ROMERO Y LA ESPERANZA CRISTIANA
Carlos Ayala Ramírez

1.- La necesidad de la esperanza
Los signos de la desesperanza están en todas partes: crisis económica, crisis alimentaria, crisis ecológica, crisis energética, crisis de valores, crisis en la familia; incluso, crisis de la esperanza (recordemos a los “profetas” del fin de las utopías). Cada una de esas crisis tiene algo en común: amenazan, empobrecen o truncan la vida.

Erich Fromm, en su libro La revolución de la esperanza, nos dice que la esperanza es paradójica: “no es ni una espera pasiva ni un violentamiento ajeno a la realidad de circunstancias que no se presentarán. Ni el reformismo fatigado ni el aventurerismo falsamente radical son expresiones de la esperanza. Tener esperanza significa, en cambio, estar presto en todo momento para lo que todavía no es, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida”.
Según Fromm, las personas cuya esperanza es fuerte, ven y fomentan todos los signos de la nueva vida y están preparados en todo momento para ayudar al advenimiento de lo que se halla en condiciones de nacer. Según el autor, esto es lo propio de la visión mesiánica de los verdaderos profetas. Estos no predicen el futuro, sino que ven la realidad presente exenta de las miopías de la opinión pública y de la autoridad. No desean ser profetas, sino que se sienten forzados a expresar la voz de su conciencia, a decir qué posibilidades contemplan y a mostrar a la gente las alternativas que existen. Monseñor Romero, sin duda, fue una de esas personas: cultivadora de los signos de la nueva vida.

Una característica esencial de la espiritualidad de Monseñor Romero (cfr. Martin Maier, Monseñor Romero, maestro de espiritualidad, pp.148-149), es que nunca perdió la esperanza ni siquiera en situaciones aparentemente sin solución. Su actitud no fue la del apaciguamiento, según el lema: “ya se resolverá todo bien”.- Con Pablo, practicó la esperanza contra toda esperanza”. Presentó su esperanza dentro de la tradición de los profetas de Israel. Ellos no habían anunciado una esperanza barata. La esperanza de los profetas se sostenía en la confianza de que Dios conduciría la historia de su pueblo hacia la salvación, a través de todas las ruinas, de todas las deslealtades y catástrofes.

1.La esperanza desde la visión profética de Monseñor Romero

Para Monseñor Romero, la esperanza cristiana es, a un mismo tiempo, promesa, quehacer y espera (cfr. Homilía 18 de noviembre de 1979).
Promesa: “El pueblo cristiano camina animado por una esperanza hacia el reino de Dios” (utopía).
Quehacer: “La esperanza despierta el anhelo de colaborar con Dios, con la seguridad de que si yo pongo de mi parte, Dios hará su parte y salvaremos al país” (praxis).
Espera: “Las horas de Dios también hay que observarlas, hay que esperar cuando pasa el Señor para colaborar con él” (confianza en la fuerza de Dios).

Dos realidades de carácter estructural configuraban la situación salvadoreña durante el ministerio de Monseñor Romero: la injusticia social (abordada en su 4ª. Carta Pastoral, 1979) y la violencia represiva de Estado (abordada en su 3ª Carta Pastoral, 1978). Las principales víctimas de ambas realidades eran los pobres.

Ante esta situación que calificó de “desorden espantoso”, Monseñor Romero defendió a las víctimas y lo hizo generando esperanza.

Generó esperanza denunciando el pecado histórico: “Cuando la Iglesia oye el clamor de los oprimidos no puede menos que denunciar las formaciones sociales que causan y perpetúan la miseria de la que surge ese clamor” (2ª Carta Pastoral, agosto,1977).

Generó esperanza reaccionando con misericordia ante el sufrimiento: “No me interesa la política. Lo que me importa es que el Pastor tiene que estar donde está el sufrimiento, y yo he venido, como he ido a todos los lugares donde hay dolor y muerte, a llevar la palabra de consuelo para los que sufren” (Homilía 30/10/1977).

Generó esperanza defendiendo a los pobres y poniendo luz en los procesos de liberación: “La Iglesia traicionaría su mismo amor a Dios y su fidelidad al Evangelio si dejara de ser voz de los que no tienen voz, defensora de los derechos de los pobres, animadora de todo anhelo justo de liberación, orientadora, potenciadora y humanizadora de toda lucha legítima por conseguir una sociedad más justa” (4ª Carta Pastoral, agosto, 1979, no. 56).

2.Una vida inspirada por la esperanza
El contenido de la esperanza también está referido a un modo de vivir. Una vida animada por el amor y la justicia es fuente de esperanza.
Cada acto de amor, de consciencia y de compasión es fuente de esperanza. Cada acto de indolencia, de mentira y de egoísmo genera desesperanza: “No busquemos soluciones inmediatas, no queramos organizar de un golpe una sociedad tan injustamente organizada durante tanto tiempo; organicemos, sí, la conversión de los corazones. Que sepan unos y otros vivir la austeridad del desierto, que sepan saborear la redención fuerte de la cruz; que no hay alegría más grande que ganarse el pan con el sudor de la frente y que no hay tampoco, pecado más diabólico que quitarle el pan al que tiene hambre” (Homilía 24 /2/1980).
Un ejemplo de vida animada por el amor y la justicia es la de los mártires salvadoreños. Por eso Monseñor Romero los consideró semillas de esperanza: “Es sangre y dolor que regará y fecundará nuevas y cada vez más numerosos semillas de salvadoreños que tomarán conciencia de la responsabilidad que tienen de construir una sociedad más justa y humana, y que fructificará en la realización de las reformas estructurales audaces, urgentes y radicales que necesita nuestra patria” (Homilía 27/1/1980).

(Carlos Ayala Ramírez es Director de Radio Ysuca, en el Salvador)

Leer más...

lunes, 23 de marzo de 2009

Obispos y cardenales: Cuatro palabras por la misericordia


Hoy podemos presentar con gozo, junto a las palabras del Presidente de la Comisión Pontificia por la Vida y a las del Obispo de Nanterre, cuatro palabras más,de tres obispos y un cardenal, en respuesta a la excomunión de la madre y los médicos involucrados en el aborto de una niña de 9 años. Son voces distintas de las que acostumbramos a escuchar, de autoridades eclesiásticas, en los últimos tiempos (con contadas excepciones); y rebosan misericordia, humanidad y sensatez.
Introducen matices(lo contrario del integrismo y el fundamentalismo)y pueden aportar paz a la comunidad cristiana y a muchas personas afligidas y lastimadas por la vida.
Para facilitar su lectura, las presentamos una a continuación de otra, con los títulos correspondientes. Ojalá pronto podamos escuchar también otras palabras diferentes a las que han resonado en África de labios del Papa,referentes al preservativo y la prevención del SIDA; y que han producido consternación y estupor en todo el mundo.

El aborto y la excomunión en Brasil
Declaración del Presidente de la Asamblea de los Obispos Católicos de Quebec

La violación y el incesto de niños son crímenes atroces que inspiran horror y repugnancia. Nos resulta difícil expresar el dolor y la tristeza que sentimos ante la terrible tragedia que viven muchos niños y familias frente a estos ataques inhumanos.

El caso de Brasil, de la niña violada durante años, que quedó embarazada, es una tragedia sin nombre. Exponemos este drama como otra manifestación del misterio del mal en este mundo; y suplico al Señor en la oración nos de compasión a todos, para que esta niña crezca rodeada por todo el amor y todos los cuidados posibles.

No es necesario hacer hincapié en que el agresor de esta niña debe ser detenido y juzgado. El proceso judicial no eliminará todo el dolor en torno a esta tragedia, pero al menos será la voz de la desaprobación universal sentida ante esa calamidad.

La madre del niño se enfrentó a una situación humanamente insostenible. La pequeña estaba embarazada. Con un equipo médico, decidió interrumpir el embarazo. Uno puede fácilmente imaginar el calvario que ha vivido y sigue viviendo.

Por supuesto, el aborto es una tragedia y, moralmente, es una falta muy grave. Y, sí, el Código de Derecho Canónico - las leyes de la Iglesia Católica - consideran la excomunión de todo aquel que "procura un aborto." Pero en el mismo código también se enumeran todas las circunstancias que pueden hacer que una pena canónica no se aplique o se vea mitigada. Esto se da particularmente en el caso en el que una persona
ha actuado forzada por una grave preocupación
(artículo 1324).

Invitamos a todos los católicos y todos los creyentes a volverse hacia el Señor en lo profundo de su corazón, y a unir sus oraciones a las nuestras por todos los afectados por esta tragedia. En este tiempo de Cuaresma, oramos también por todos aquellos que, en todo el mundo, quedan con la vida desgarrada cuando los niños son maltratados y abusados. Y, para seguir a Cristo, nos atrevemos a orar por la conversión de los delincuentes, cuyas acciones tienen consecuencias terribles.

+ Martin Veillette
Presidente
Asamblea de los Obispos Católicos de Quebec
Montreal, 13 de marzo de 2009
====================

La bondad y la misericordia de Cristo Jesús

Roger † Ébacher. Obispo de Gatineau

En las últimas semanas, los medios de comunicación se hacen eco de la drama de la mujer brasileña, la madre de una niña de nueve años de edad, embarazada de su padrastro. Fue excomulgada por su obispo, así como el equipo médico que practicó el aborto. Este gesto de mi hermano obispo me sorprende y me resulta aún difícil de comprender, tanto más, cuando el mismo Código de Derecho Canónico prevé los casos en que la pena no se aplica (artículos 1323 y 1324).
Ya el hecho de que esta chica fuera violada durante años, por una persona que debería haberla protegido, es una terrible tragedia. Porque se ha herido profundamente la vida de este niña. El hecho de que ella se quedara embarazada amplifica el drama, poniendo en peligro su vida. A continuación, adjuntar una excomunión sólo es añadir dolor al dolor y causar sufrimiento y escándalo entre muchos de todo el mundo.
Las madres saben que un alumbramiento necesita de energía y fuerza moral. Esta niña ¿podía realmente vivir ese trauma sin quedar herida por la vida, incluso por la muerte? ¿Podía, psíquicamente, llevar a término un embarazo? ¿Y qué es lo que la madre de esta chica podría hacer como elección? Al plantear estas cuestiones, no estoy por el aborto, que sigue siendo un mal. Pero es, tal vez, un mal menor en tales situaciones extremas, teniendo en cuenta todas las circunstancias experimentadas. Los principios pueden ser claros, la vida no es blanco o negro. Está compuesta de tantas zonas grises que se necesita saber mirar con bondad y compasión.
Entonces, ¿cómo decir en este caso que la violación es menos grave que el aborto? Por supuesto, el aborto es un acto de muerte. E inscribe en la carne de aquellos que lo han vivido heridas que no se pueden cerrar definitivamente. Por otra parte, si la violación no mata físicamente a la víctima, la mata, a menudo, en las profundidades de su ser. Lo importante en cualquier caso, ante esta tragedia no es juzgar y condenar, sino escuchar, acompañar. Pues importa buscar los caminos para ayudar a las personas a salir de tales situaciones de horror, a rehacer sus vidas y a reencontrar el camino del gusto por vivir.
Creo que nuestra responsabilidad como cristianos es, primero y ante todo, mostrar la bondad y la misericordia de Cristo Jesús, que se hace solidario con todas las heridas humanas, para asegurar su amor, y en este caso, su amor por este niña, por su madre, por los propios médicos (que se encuentran) a menudo en una terrible tragedia de conciencia.

Roger † Ébacher
Obispo de Gatineau
16 de marzo de 2009

=============


Excomunión en Brasil

Queridos diocesanos y diocesanas:

Un segundo motivo me anima a escribiros, queridos diocesanos y diocesanas, a raíz de los ecos que he recibido del drama de la niña brasileña violada por su padrastro, y ya que el recurso al aborto ha sido denunciado públicamente y sancionado por la autoridad diocesana. Comprendo los sentimientos de incomprensión, indignación y la revuelta que han afectado a muchas personas, especialmente a las mujeres, ante la noticias de la medida de excomunión, que afectó a las personas involucradas.

Experimento gran tristeza al pensar en el caso extremo de esta niña que debería haber sido tratada de una forma más humana y más evangélica. Permítaseme traducir aquí la intervención del Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Mons. Rino Fisichella, que se ha publicado en su totalidad en la primera página del diario del Vaticano, L'Osservatore Romano, ayer 15 de marzo: "Carmen (nombre ficticio) tuvo que ser defendida en primer lugar, besada y acariciada suavemente para hacerle sentir que todos estamos con ella, todos, sin excepción alguna. Antes de pensar en la excomunión, es necesario y urgente para proteger a los inocentes y la vida para ver un nivel de humanidad, en el que nosotros, los hombres de la Iglesia, debemos ser expertos heraldos y maestros. No fue así, y por desgracia, la credibilidad de nuestra enseñanza sufre, porque aparece en los ojos de muchos como insensible, incomprensible y carente de misericordia”.

Saludo, con alivio y gratitud la pastoral de intervención de una autoridad competente que pide la comprensión de las circunstancias extremas en torno a este caso y una actitud de respeto y compasión hacia las personas involucradas. Invito a todas las personas de buena voluntad de leer atentamente la declaración de Mons. Fisichella para comprender mejor la actitud pastoral de la Iglesia, incluso aunque su enseñanza sea constante en relación con el respeto de la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.

Pueda el tiempo de Cuaresma, propicio a la oración y a la conversión, hacernos reflexionar sobre los trágicos casos de violencia doméstica que han cambiado nuestra sociedad en los últimos meses. Que el Espíritu del Señor nos ayude a sentir empatía de manera concreta hacia el sufrimiento de las mujeres que por una razón u otra, han sufrido la tragedia del aborto y por las que han sido víctimas de violación. En el que renovar nuestro reconocimiento y nuestro compromiso por el valor de la vida humana en un mundo que necesita nuestro testimonio de amor y misericordia.
Invito a todos los fieles a rezar por el Papa y su ministerio, que es el de confirmar a sus hermanos y hermanas en la fe, y les deseo a todos y a todas vivir esta subida hacia la Pascua en la esperanza de la unidad y el consuelo de la Paz que viene de Cristo Resucitado.

Cardenal Marc Ouellet
Arzobispo de Quebec
16 de marzo de 2009

==================

Compasión, no excomunión

† Raymond St-Gelais. Obispo de la Diócesis de Nicolet

Nicolet 16 de marzo de 2009 - El público sigue expresando su incomprensión, su repugnancia a la excomunión dictada por un obispo brasileño contra la madre de una niña de 9 años embarazada de gemelos como resultado de una violación, y contra los médicos que realizaron el aborto.

Personalmente, lamento la reacción del obispo brasileño, en su dureza legalista, una decisión que no tiene en cuenta ni el drama vivido, ni el peligro físico y moral que enfrenta la niña. Esa posición me parece lejos del Evangelio. Yo siempre defenderé la dignidad y el respeto a la vida desde su origen hasta su fin. Pero antes, tal drama, es preciso llevar una palabra de compasión, no excomunión.

El equipo médico decidió realizar el aborto a causa de los riesgos que el embarazo hacia correr a la salud de la chica. ¿Por qué añadir severidad a tanto sufrimiento? Hacia falta primero acompañar, animar, permitir salir del horror, reencontrar sentido y gusto a la vida El amor y la misericordia hablan siempre más fuerte en el Evangelio, que la condena y la exclusión. Como obispos, tenemos primero que mostrar la ternura y la misericordia de Jesús, el único Pastor verdadero.

† Raymond St-Gelais
Obispo de la Diócesis de Nicolet

==================
Leer más...

viernes, 20 de marzo de 2009

El remedio envenenado (la pena de muerte)


Ante algunos sucesos de violencia que se viven en Buenos Aires, comenzó a circular la idea de la pena de muerte. Figuras mediáticas encendieron una feroz polémica destacando la necesidad de implementarla, desconociendo toda otra instancia legal para castigar a los delincuentes. Ante tal situación, El Arca digital ofrece un antiguo texto de María Elena Walsh que habla sobre el delicado tema:

"Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.

Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.

Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.

Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.

Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.

Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.

Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.

Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.

Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.

Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.

Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.

Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.

Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.

A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar.

Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas."

Maria Elena Walsh / Escritora y poeta
Leer más...

jueves, 19 de marzo de 2009

Abortos, preservativos y linces


Dentro de la Iglesia Católica, sin duda, muchas personas no ven el aborto como algo deseable, ni es un tema que se pueda banalizar. Ojala no sea sólo la Iglesia Católica quien se preocupe de esto, con realismo. El aborto no es un medio anticonceptivo. No es, en sí mismo, un derecho de la mujer, si se considera como un derecho individual, no relacional. Sí, en cambio, es un derecho de la mujer que tenga que abortar, hacerlo en condiciones seguras y reguladas. Y en la mayor intimidad y discrección. También lo es tener un asesoramiento y apoyo, para poder discernir la decisión en casos dudosos. Es, en cualquier caso, una realidad preocupante; y una tragedia social y personal. Las leyes de los países deben regularlo, protegiendo la vida de las mujeres que tengan que enfrentarse a esta situación; y tratando de prevenirlos,reducirlos y controlarlos,con la complejidad anexa a un tema con tantas implicaciones.

Mientras tanto, la Iglesia y otras instituciones, pueden hacer consideraciones morales a sus fieles; y participar, entre otras voces, en comisiones de ética.
No deberían olvidar la necesaria misericordia con quienes se ven enfrentadas a situaciones traumáticas. Pero separar la cuestión del aborto de la educación afectivo-sexual, que pasa para el mundo hoy, también, por el uso de medios anticonceptivos, es un aberración. No vincularla a la situación socio-económica y psicológica de muchas personas que no encuentran salida a situaciones dramáticas, es descontextualizar los sucesos. Ignorar que la manera de reducir abortos no es excomulgando a la gente y haciendo campañas públicas con dudosas compañias, no es sólo falta de realismo: es política en el peor de los sentidos

Porque la nueva campaña en la que se enfangan un gran sector de los obispos españoles, junto con sectores de la derecha, no es la batalla por la vida, sino su nueva batalla por el poder que van perdiendo. A la que atraerán a algunos más, haciéndoles ver una sociedad dividida entre abortistas y antiabortistas, en las que ellos tienen que situarse a favor de la vida. Como si la única vida por la que hubiera que apostar fuera por la de los embriones. Demagógica y capciosa, además, la campaña que compara la protección del lince con la de los no-nacidos; ni siquiera se sustenta, más allá del efecto emocional-dramático, porque el lince se extingue y la humanidad no. Y la reducción masiva de esta última, antes que por abortos, sería por las guerras, por la alteración medio-ambiental, o por enfermedades que se contagian (por no usar preservativos, entre otras razones).Los saltos de nivel son peligrosos y producen incoherencia. La demagogia es deleznable.

La del Papa en África, hablando de los preservativos, no parece, en cambio, una campaña organizada. Suena como una equivocación personal, dolorosísima y gravísima en los tiempos que corren. Pero no hay que olvidar que sólo es posible y sostenible en una estructura eclesial como la que existe. Por supuesto que algunos sectores integristas lo avalarán. No necesariamente todos los conservadores. Una vez más, un máximo representante de la Iglesia se excede en su papel y desatina. Si el Papa hubiera llegado a África recomendando la castidad y la continencia, algunos lo seguirían y otros no, pero estaría ubicado. No sería la única palabra posible, ni tal vez la más lúcida y matizada, dentro de un contexto social dado, pero no habría transgredido límites.

Que el Papa diga que el preservativo no protege del VIH y que protege más la continencia y la castidad, es como pedir la relajación masiva de la población ante el dolor de cabeza, en vez de usar analgésicos. Esto, en el nivel científico. En el nivel humano y cristiano, en un país donde la gente se muere a chorros, entre otros motivos por el Sida y por otras enfermedades que también se contagian por vía venérea, es una falta de caridad y de misericordia. Por coherencia, no podamos usar el símil de la campaña del lince refiriéndonos a los habitantes de África, pero saquen ustedes sus propias conclusiones.

La situación es crítica.Más vale que no tarden en hacerse oír otras voces representativas de Iglesia; y que haya una gran reforma estructural en ella, antes de que sea demasiado tarde. Porque la Iglesia Católica, junto a otras iglesias, otras religiones y junto a otras voces no religiosas, debería seguir siendo en este mundo agitado y convulso, un referente ético, que se oponga y levante la voz frente a atropellos y abusos de poder, protegiendo la vida con dignidad, la justicia y la paz en el planeta, sin pretensiones de hegemonía. Dicho esto, no se debería perder de vista que en el terreno de las relaciones afectivo- sexuales, de la familia, de la maternidad y paternidad responsables, para que la Iglesia pueda ser algún día una voz escuchada y respetada, mucho tienen que cambiar estas estructuras sobre las que se soporta, de celibatocracia y patriarcado.

Mientrs esto sucede, si es que sucede, lo que aparece públicamente es una iglesia- fantoche, sin referencias evangélicas, que más allá de alianzas de poder y fanatismos, solo produce alejamiento y tristeza. Dolor mayor para los afligidos, a los que tendría que llevar una Buena Nueva de esperanza y un mensaje de Misericordia.

Elena Carballo
Leer más...

miércoles, 18 de marzo de 2009

«Martini y millones de personas soñamos con otra Iglesia posible»


Pedro Casaldáliga
El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega mío de Parkinson , es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara: «Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños». Esta afirmación categórica de Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de renuncia a la utopía.
Martini continúa soñando nada menos que con el Reino , que es la utopía de las utopías, un sueño del mismo Dios.
Él y millones de personas en la Iglesia soñamos con la «otra Iglesia posible», al servicio del «otro Mundo posible». Y el cardenal Martini es un buen testigo y un buen guía en ese camino alternativo; lo ha demostrado.
Tanto en la Iglesia (en la Iglesia de Jesús que son varias Iglesias) como en la Sociedad (que son varios pueblos, varias culturas, varios procesos históricos) hoy más que nunca debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz , de la dignidad humana y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda. Y como dice Bobbio «hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad»; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos…
La gran crisis económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida . No hay modo de servir simultáneamente al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad? A grandes crisis, grandes oportunidades. En idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis como oportunidad.
En la campaña electoral de EE UU se enarboló repetidamente « el sueño de Luther King », queriendo actualizar ese sueño; y, con ocasión de los 50 años de la convocatoria del Vaticano II, se ha recordado, con nostalgia, el Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre. En el 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, 40 Padres Conciliares celebraron la Eucaristía en las catacumbas romanas de Domitila, y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Dom Hélder Câmara, cuyo centenario de nacimiento estamos celebrando este año, era uno de los principales animadores del grupo profético. El Pacto en sus 13 puntos insiste en la pobreza evangélica de la Iglesia, sin títulos honoríficos, sin privilegios y sin ostentaciones mundanas; insiste en la colegialidad y en la corresponsabilidad de la Iglesia como Pueblo de Dios, y en la abertura al mundo y en la acogida fraterna.
Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar. Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas , una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza. Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».
Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús, el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres , comunidad ecuménica y macroecuménica también. El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero. «Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?».
Con todo respeto por la opinión del Papa Benedicto XVI, el diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario. Haremos de la corresponsabilidad eclesial la expresión legítima de una fe adulta. Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas. La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras, proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz. Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura, samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.
Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: «No será así entre vosotros» (Mt 21,26). Sea la autoridad servicio. El Vaticano dejará de ser Estado y el Papa no será más Jefe de Estado . La Curia habrá de ser profundamente reformada y las Iglesias locales cultivarán la inculturación del Evangelio y la ministerialidad compartida. La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación. La política vivida por todos los cristianos y cristianas será aquella «expresión más alta del amor fraterno» (Pío XI).
Nos negamos a renunciar a estos sueños aunque puedan parecer quimera . «Todavía cantamos, todavía soñamos». Nos atenemos a la palabra de Jesús: «Fuego he venido a traer a la Tierra; y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49). Con humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús, miraremos de vivir estos sueños en el cada día de nuestras vidas. Seguirá habiendo crisis y la Humanidad, con sus religiones y sus iglesias, seguirá siendo santa y pecadora. Pero no faltarán las campañas universales de solidaridad, los Foros Sociales, las Vías Campesinas, los Movimientos populares, las conquistas de los Sin Tierra, los pactos ecológicos, los caminos alternativos de Nuestra América, las Comunidades Eclesiales de Base, los procesos de reconciliación entre el Shalom y el Salam, las victorias indígenas y afro y, en todo caso, una vez más y siempre «yo me atengo a lo dicho: la Esperanza».
Cada uno y cada una a quien pueda llegar esta circular fraterna, en comunión de fe religiosa o de pasión humana, reciba un abrazo del tamaño de estos sueños. Los viejos aún tenemos visiones, dice la Biblia (Jl 3,1). Leí hace unos días esta definición: «La vejez es una especie de posguerra»; no necesariamente de claudicación. El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro .

www.periodistadigital.com/ - Miércoles, 18 de febrero 2009
Leer más...

martes, 17 de marzo de 2009

Carta abierta del Obispo de Nanterre al Arzobispo de Olinda-Recife


Monseñor:
Usted ha declarado, recientemente, de forma pública, la excomunión de una madre de familia que había hecho abortar a su hija de nueve años, embarazada de cuatro meses, después de haber sido violada desde la edad de seis años por su padrastro. Usted ha decidido también públicamente la excomunión de los médicos que han practicado este aborto. Por ello, yo reacciono públicamente a su intervención a través de esta carta abierta.
Os lo aseguro: en cuanto a lo que mí respecta, el aborto es la supresión de una vida. Estoy, pues, firmemente en contra.
La madre de esta pequeña puede haber pensado que más vale salvar una vida que arriesgarse a perder tres... puede que los médicos les hayan dicho que un pequeño útero de nueve años no se dilata indefinidamente… no lo sé. Lo que sé, es que en esta tragedia, usted ha sumado el dolor al dolor, y usted ha provocado el sufrimiento y el escándalo de muchas personas a lo largo del mundo. En una situación tan dramática, creo firmemente que nosotros, obispos, pastores en la Iglesia, nosotros tenemos primero que manifestar la bondad de Cristo Jesús, el único auténtico Buen Pastor. Estoy seguro de que Él ama a esta madre, y busca hombres y mujeres que le ayuden a continuar el camino, siendo sostenida amablemente, espiritualmente y, si fuera necesario, materialmente. Estoy seguro que él pide que se de amor a esta pequeña niña marcada de por vida, y a su hermana mayor minusválida, también violada. Estoy seguro que Él pide al Capellán de la prisión que se acerque al padrastro violador para que se arrepienta, se convierta y llegue a ser algún día un hombre auténtico. Estoy seguro que Cristo espera también que, si usted puede, hable usted con los médicos que han practicado dicho aborto porque, como los cuarenta ginecólogos y obstetras con los que yo me encontré hace unos meses y con los que yo no compartía necesariamente todas sus posiciones, la mayor parte de ellos aprecian ser escuchados y comprender diversos puntos de vista, cuando viven con frecuencia dramas de conciencia.

¡Monseñor, ayudémonos los unos a los otros para ser ante todo hombres de esperanza en Dios y en todo ser humano!

Yo soy amigo y colaborador de muchos evangélicos que se oponen, como usted y como yo, al aborto. Ellos no proclaman la condena pública. Puede ser que ésta sea una de las razones por las cuales las comunidades evangélicas atraen tantos católicos hoy en día, en particular en Brasil. Constato que la opinión pública no comprende nada la excomunión. Se percibe como una condena a las personas y no como una propuesta de reflexión y de conversión. Considero, entonces, que nosotros debemos encontrar otros medios para decir a nuestras comunidades que el comportamiento o las palabras de tal católico no son acordes a lo que la Iglesia comprende y cree que es la voluntad de Dios.
No le oculto que yo me pregunto, también, cómo se puede decir que la violación es menos grave que el aborto que suprime la vida en el seno de una madre. Mujeres violadas se han confiado a mí. Algunas han podido reorientarse y avanzar en la vida con el recuerdo de sus heridas que no desaparecen jamás completamente. Pero otras, si bien estaban físicamente vivas, han sido asesinadas en lo más profundo de su ser y no han llegado a revivir. La vida no es solamente física, usted lo sabe bien.
No he podido obtener el texto completo de lo que ha dicho el Cardenal Re, pero el apoyo que, según los medios, él le ha aportado no cambia nada mi reacción pastoral. Para la claridad de la relación entre los obispos, envío una copia de esta carta a Monseñor el Cardenal Re.
Os ruego que creáis, Monseñor, en mis sentimientos apenados, pero también respetuosamente fraternales, así como a la seguridad de mis oraciones por usted mismo y aquellos que, de cerca o de lejos, han estado concernidos por el drama de esta pequeña.

Gérard Daucourt.
Obispo de Nanterre (Francia, provincia eclesiástica de París)
El 12 de marzo de 2009
Leer más...

domingo, 15 de marzo de 2009

El Vaticano critica la excomunión por el aborto de niña de nueve años


Assimina Vlahou
De Roma a BBC Brasil

Para Rino Fisichella fue apresurada la decisión de excomunión

En un artículo publicado por el diario del Vaticano, el Osservatore Romano, este sábado, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Mons. Rino Fisichella dice que los médicos que realizaron el aborto a una niña de 9 años de edad, embarazada de gemelos después de haber sido violada por padrastro, no merecían la excomunión.

"Hay otros que merecen la excomunión y el perdón, no los autorizados a ayudar a vivir y a restaurar la esperanza y la confianza, a pesar de la presencia del mal y la maldad de muchos", escribe monseñor Rino Fisichella, uno de los más cercanos colaboradores del Papa Benedicto XVI y la mayor autoridad del Vaticano en materia de bioética.

Al evaluar, el prelado, el arzobispo de Olinda y Recife, José Cardoso Sobrinho, se apresuró y debería haber sido considerado, en primer lugar, con la pequeña.

"Este caso ganó las páginas de los periódicos sólo porque el Arzobispo de Olinda y Recife se apresuró a declarar la excomunión a los médicos que ayudaron a poner fin al embarazo. Una historia de violencia que, lamentablemente, habría pasado inadvertido si no fuera por el alboroto y las reacciones causadas por el gesto del obispo”.

Según monseñor Fisichella, el anuncio de la excomunión de D. José Cardoso Sobrinho pone en peligro la credibilidad de la Iglesia Católica.

"Es más urgente proteger vidas inocentes y llevarlo a un nivel de humanidad, algo en lo que nosotros, los hombres de la iglesia, debemos ser maestros. No fue así; y por desgracia la credibilidad de nuestra enseñanza se encuentra (ahora) en peligro, porque parece insensible y sin misericordia ", escribe el obispo.

«Como un hachazo"

Al evaluar el prelado la práctica del aborto, en este caso, no habría sido suficiente para emitir un dictamen "pesado como un hachazo", porque había una oposición entre la vida y la muerte.

Reconoce que, debido a la edad y las malas condiciones sanitarias, la niña estaba gravemente en riesgo vital a causa del embarazo. Y justifica a los médicos, que en su opinión, merecen el respeto profesional.

"¿Cómo actuar en esos casos? Es una decisión difícil para los médicos y para la ley moral.
No es posible dar una opinión negativa sin tener en cuenta que la elección de salvar una vida, a sabiendas de que pone en peligro otra nunca es fácil. Nadie llega a tal decisión de forma fácil, es injusto y ofensivo sólo pensar en ello. "

Según el Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, de acuerdo con moral católica la defensa de la vida humana desde su concepción es un principio esencial.

El aborto no espontáneo siempre fue, y sigue condenado a la excomunión, que es automática.

"Por lo tanto, no era necesaria tanta urgencia en dar publicidad y declarar un hecho en el que se actúa de forma automática, pero sin un gesto de misericordia”
Leer más...

sábado, 14 de marzo de 2009

El Papa reconoce equivocaciones en la gestión del caso de los lefevrianos


En una carta abierta, enviada a todos los obispos católicos, el Papa reconoce que hubo «fallos» en la gestión del caso de la readmisión de los cuatro obispos lefevristas; y precisa que los lefebvrianos aún no están en comunión con Roma. La carta está escrita a mano por el Pontífice y en ella dice que su decisión solo persigue favorecer la unidad de los cristianos.

Subraya que se trata de un gesto particular hacia los cuatro obispos, que no supone el reconocimiento canónico de la Fraternidad San Pío X, fundada por el arzobispo cismático ya fallecido Marcel Lefebvre, a la que pertenecen los prelados. y que a la reintegración plena solo se llegará "tras la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas"

Benedicto XVI reconoce dos equivocaciones. La primera, que la Santa Sede «no se dio cuenta» de que a través de Internet se podían conocer las declaraciones negacionistas de Williamson, «que se han superpuesto de manera imprevisible a la rehabilitación de los prelados, causando un cortocircuito mediático que alteró todo el caso». Y la segunda, la gestión de la revocación de las excomuniones, «que no fueron suficiente y claramente ilustradas».

El Pontífice también anuncia en la carta, según fuentes del diario Il Foglio, que la Pontificia Comisión Ecclesia Die, encargada de las relaciones con los "lefebvrianos", que preside el cardenal colombiano Dario Castrillón Hoyos y al que muchos apuntan como el "culpable" de la "mala gestión" del caso, pasará a depender de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Así -precisa- en las decisiones que se tomen con los conservadores participarán prefectos de otras congregaciones (cardenales) y representantes del episcopado mundial.

Benedicto XVI afirma en la carta que los "lefebvrianos" no pueden pretender "congelar" la autoridad magistral de la Iglesia hasta el año 1962 (previo al Concilio Vaticano II), pero también advierte "a los que se proclaman grandes defensores del Vaticano II que tienen que entender que el concilio lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia".

La comunidad judia, (que se encontraba extraordinariamente tensa por las declaraciones del negacionista Williamson), tras las palabras del Papa, han expresado sus satisfacción. Han dicho que no necesitan nada más para seguir avanzando en el camino del diálogo y han reconocido positivamente el gesto novedoso, de reconocer errores, de parte de un Papa
Leer más...

Vídeos sobre pobreza y subdesarrollo

Loading...

Vídeos sobre ecología y cambio climático

Loading...

Vídeos sobre guerra y conflictos armados

Loading...