miércoles, 25 de febrero de 2009

Salvemos la Hospitalidad


Desde Confer y desde otros ámbitos de la Iglesia Católica se nos pide apoyo urgente a una acción en favor de los inmigrantes,ante la reforma de la Ley de Extranjería en España, actualmente en curso, que pretende penalizar fuertemente comportamientos de acogida a personas sin papeles. Hemos recibido en Proconcil, dos textos que adjuntamos.

MANIFIESTO PARA LA REFORMA DEL ART. 53 C) QUE SANCIONA A QUIENES AYUDEN SOLIDARIAMENTE A LAS PERSONAS EXTRANJERAS EN SITUACIÓN IRREGULAR.

“SALVEMOS LA HOSPITALIDAD”

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia, tienen el deber de comportarse fraternalmente los unos con los otros” (art. 1 Declaración Universal de los Derechos Humanos).

Uno de los deberes presente en todas las culturas, y en algunas, señal de su identidad, es el de la “hospitalidad”. Este deber ético, traducido incluso en forma de sanción cuando su omisión provoca riesgos para la integridad física del otro, está gravemente amenazado en España si prospera la anunciada reforma de la legislación de extranjería.

A la tendencia criminalizadora de la inmigración ilegal (considerar a la persona que quiere sobrevivir desplazándose por el planeta como un peligroso delincuente), se une ahora la de aplicar un marco sancionador a las personas que de manera solidaria ejercen el deber de la hospitalidad, colocando su comportamiento altruista como forma proscrita de”promoción de la permanencia ilegal en España”. Ello pone en automática situación de ilicitud a miles de personas que acompañan, hospedan en sus casas y apoyan a personas sin papeles. De este modo, ONG, Congregaciones religiosas y ciudadanos, que vienen ejerciendo el deber de acogida y la solidaridad para con las personas inmigrantes en situación de irregularidad administrativa, verían perseguida su actuación. Más aún: la reforma pretende ampararse en el silencio cómplice de los ciudadanos ante estos atropellos contra la dignidad humana y los derechos fundamentales.

En concreto, el art. 53 c) del Anteproyecto de modificación de la Ley de Extranjería sanciona como falta muy grave con la multa de 501 a 30.000 euros “a quien promueva la permanencia irregular en España de un extranjero. Se considera que se promueve la permanencia irregular cuando el extranjero dependa económicamente del infractor y se prolongue la estancia autorizada más allá del plazo legalmente previsto”.
Con el pretexto de proteger a los extranjeros sin papeles frente al abuso y las mafias, se incrementa exponencialmente su vulnerabilidad y se les priva de toda suerte de apoyo social solidario. Esta reforma legal tiene una enorme trascendencia ético-política: crea una norma que convierte en ilegal un principio-valor tan estructuralmente necesario en un Estado como es la solidaridad.
El objetivo de esta norma es intimidar a los ciudadanos españoles o extranjeros con papeles para que nieguen toda forma de apoyo a la persona en situación irregular y ésta se quede sin ningún tipo de ayuda, es decir, en la calle, sin comida, ni vestido, ni dinero, para que mediante la presión de esta situación de precariedad absoluta, vuelva a su país. Se olvida que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio” (art. 13 Declaración Universal del Derechos Humanos) y que “en caso de persecución toda persona tiene derecho a buscar asilo y disfrutar de él, en cualquier país” (art. 14 DUDH).
Ante esta situación, exponemos:
1.- Que hemos constatado, después de tantos años acogiendo y acompañando itinerarios vitales de personas en situación de extrema vulnerabilidad personal y social, el valor de la solidaridad y la convivencia en nuestros domicilios como forma concreta de expresión de corresponsabilidad humana y social con aquellos que no tienen los mínimos de supervivencia –casa, pan y trabajo-.
2.- Que una parte significativa de la responsabilidad de la miseria en que se hallan los pueblos de origen de quienes tiene que migrar a España está provocada por procesos históricos y políticas económicas y colonizadoras (y descolonizadoras) de los Estados del denominado Primer Mundo, que mantiene intereses en el sostenimiento de regímenes no transparentes ni democráticos en el Tercero (incluida, por cierto, la venta de armas y el tráfico de personas).
3.- Que el principio de solidaridad para con los más desheredados del mundo es un elemento ético de legitimación en una sociedad que se denomina democrática, que considera que los bienes de la tierra tienen un destino universal y que ni la propiedad ni las fronteras pueden tener un valor absoluto ante la miseria del prójimo y su derecho a sobrevivir.
4.- Que el Estado español pierde toda legitimidad ético-jurídica cuando legisla contra el contenido esencial de los Derechos Humanos, despoja de todo tipo de ayuda material a las personas en situación irregular y pretende intimidar con graves sanciones a quienes ejerzan la hospitalidad y el cuidado del otro.
Ante ello, con independencia de otras numerosas discrepancias, proponemos al Gobierno, en este punto concreto, como auténtico mínimo ético, que modifique el Anteproyecto en el sentido de incorporar al texto normativo la necesidad de “ánimo de lucro”en el infractor para que pueda ser sancionable.
PLATAFORMA “SALVEMOS LA HOSPITALIDAD”
Julián Carlos Ríos Martín. Profesor de universidad. Madrid
José Luis Segovia Bernabé. Profesor de universidad. Salamanca
María Dolores Rodríguez Pelaez. Ciudadana.
Miguel Santiago. Profesor de Instituto. Córdoba
Ramón Saez Valcárcel. Magistrado. Madrid
Daniel Izuzquiza. Sacerdote jesuita. Madrid
Pilar Sánchez Álvarez. Abogada. Madrid
Enrique Romá Romero. Veterinario. Alicante
Javier Baeza Atienza. Sacerdote. Madrid
Guillermo Toledo. Actor
Félix Pantoja García. Fiscal
Luis Guitarra. Cantautor. Madrid
Siro López. Artista. Madrid
Rafael Pascual Díez. Abogado. Madrid
Manuel Gallego Díaz. Profesor de Universidad. Madrid
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Nombre: Apellidos:

DNI/NIE:
Profesión:

Colectivo/Asociación, si procede:

Enviar firmas o correos electrónicos de adhesión a una de las dos direcciones:
Julián C. Ríos Martín
jrios@der.upcomillas.es

Manuel Gallego Díaz
mgallego@der.upcomillas.es
Universidad Comillas.
C/ Alberto Aguilera 23
Madrid 28015

“SALVEMOS LA HOSPITALIDAD”
Algunos textos del Magisterio de la Iglesia
sobre la hospitalidad y las personas migrantes en situación irregular


Juan Pablo II, Mensaje en la Jornada Mundial de las Migraciones y los
Refugiados, año 1996

En la Iglesia nadie es extranjero, y la Iglesia no es extranjera para
ningún hombre y en ningún lugar. Como sacramento de unidad y, por tanto,
como signo y fuerza de agregación de todo el género humano, la Iglesia es el
lugar donde también los emigrantes indocumentados son reconocidos y
acogidos como hermanos. Corresponde a las diversas diócesis movilizarse
para que esas personas, obligadas a vivir fuera de la red de protección de la
sociedad civil, encuentren un sentido de fraternidad en la comunidad
cristiana.
La solidaridad es asunción de responsabilidad ante quien se halla en
dificultad. Para el cristiano el emigrante no es simplemente alguien a quien
hay que respetar según las normas establecidas por la ley, sino una persona
cuya presencia lo interpela y cuyas necesidades se transforman en un
compromiso para su responsabilidad. «¿Qué has hecho de tu hermano?» (cf.
Gn 4, 9). La respuesta no hay que darla dentro de los límites impuestos por
la ley, sino según el estilo de la solidaridad.
La Iglesia considera el problema de los emigrantes irregulares en la
perspectiva de Cristo, que murió para congregar en la unidad a los hijos de
Dios dispersos (cf. Jn 11, 52), recuperar a los excluidos, acercar a los lejanos
e integrar a todos en una comunión no fundada en la pertenencia étnica,
cultural y social, sino en la voluntad común de acoger la palabra de Dios y
buscar la justicia. La Iglesia continúa la misión de Cristo.
«Era forastero, y me acogisteis» (Mt 25, 35). Es tarea de la Iglesia no
sólo volver a proponer ininterrumpidamente esta enseñanza de fe del Señor,
sino también indicar su aplicación apropiada a las diversas situaciones que
sigue creando el cambio de los tiempos. Hoy el emigrante irregular se nos
presenta como ese forastero en quien Jesús pide ser reconocido. Acogerlo y
ser solidario con él es un deber de hospitalidad y fidelidad a la propia
identidad de cristianos.


Benedicto XVI, Mensaje en la Jornada Mundial de las Migraciones y los
Refugiados, año 2009

Los creyentes, configurados con Cristo, se sienten en Él «hermanos»
del mismo Padre. Este tesoro de fraternidad los hace «practicar la
hospitalidad», que es hija primogénita del ágape.
Catecismo de la Iglesia Católica, número 2242
El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las
prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son
contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de
las personas o a las enseñanzas del Evangelio.

Obispos Católicos de los Estados Unidos y México,
Carta pastoral “Juntos en el camino de la esperanza. Ya no somos
extranjeros” (año 2003)

Independientemente de su situación legal, los migrantes, como toda
persona, poseen una dignidad humana intrínseca que debe ser respetada.
Pero suelen sujetos a leyes punitivas y al maltrato por parte de las
autoridades, tanto en países de origen como de tránsito y destino. Es
necesaria la adopción de políticas gubernamentales que respeten los
derechos humanos básicos de los migrantes indocumentados.
Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes,
Instrucción “Erga Migrantes Caritas Christi” (año 2004)
Es importante que las comunidades no consideren agotado su deber
hacia los inmigrantes simplemente con gestos de ayuda fraterna o apoyando
leyes sectoriales que promuevan una digna inserción en la sociedad, que
respete la identidad legítima del extranjero. Los cristianos deben ser los
promotores de una verdadera cultura de la acogida.

Conferencia Episcopal Española, “La Iglesia en España y los
inmigrantes” (año 2007)

Atención especial debe prestarse a los llamados «sin papeles»,
respetando siempre su dignidad y derechos fundamentales.
La propia vocación católica se manifiesta, entre otras formas, en la
hospitalidad brindada al extranjero, cualquiera que sea su pertenencia
religiosa, en el rechazo de toda exclusión o discriminación racial y en el
reconocimiento de la dignidad personal de cada uno, con el consiguiente
compromiso de promover sus derechos inalienables.
Ante todo, [la Iglesia]debe dar ejemplo en su trato y consideración con
los inmigrantes. Sobre todo en los primeros momentos, y en algunas
situaciones de modo continuado, es necesario prestar a los inmigrantes los
servicios elementales que cubran sus primeras necesidades y que garanticen
la salvaguarda de la dignidad de toda persona humana y de sus derechos
fundamentales, independientemente de la situación legal en que se
encuentren. Es el servicio de la acogida o de la hospitalidad cristiana. Por
medio de él, a cuantas personas llegan hasta nosotros como inmigrantes,
independientemente de su origen, situación legal o jurídica o de la forma de
su llegada, hemos de prestarles la misma atención que si fuera el mismo
Señor peregrino o extranjero que se identifica con ellos y espera ser acogido
por quienes creen en Él.


Cardenal Roger Mahony, arzobispo de Los Ángeles, California
Conferencia “Renovar la esperanza, buscar la justicia” (julio de 2008)
En los últimos tiempos estamos viendo intentos de ahogar la misión de la Iglesia mediante propuestas de criminalizar a quienes luchan por servir las necesidades humanas básicas de los migrantes. El valor de un ser
humano se define por la dignidad que Dios le otorga, no por los papeles que
lleva consigo.

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