sábado, 16 de junio de 2012

Carta Abierta a Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima.

Martin Scheuch 14 23:34:38 de junio de 2012 Revista Reflexión y Liberación/ Chile Lo que aún no llego a entender es tu actitud hacia quienes discrepan contigo dentro de la misma Iglesia a la cual ambos pertenecemos... Estimado Juan Luis: Soy un católico creyente, miembro de la misma Iglesia de la cual tú formas parte, hermano tuyo en la fe, partícipe del mismo Espíritu. Alguna vez fui miembro de la grey confiada a tu cuidado pastoral en la arquidiócesis de Lima. Por circunstancias del destino tuve que dejar el Perú y actualmente vivo en un pueblito perdido de Alemania, dedicado laboralmente a actividades que poco tienen que ver con los estudios que realicé, los de teología. Es precisamente gracias a mis estudios teológicos que llegué a conocerte personalmente. Recuerdo cuando yo era un estudiante de teología en la Facultad de Teología Pontifica y Civil de Lima y tú un joven sacerdote, encargado de dictar el curso de Teología Moral. Recuerdo tus buenas intenciones y tu empeño en mantenerte fiel a las enseñanzas morales del Magisterio de la Iglesia, aunque muchas veces, a mi parecer, con interpretaciones rigoristas que no daban pie a una reflexión más profunda sobre algunas cuestiones morales difíciles de abordar. Recuerdo también que cuando algunos alumnos, candidatos al sacerdocio, te proponían problemas referentes a cuestiones éticas límite, en vez de acoger las preguntas para estimular el pensamiento y suscitar una reflexión profunda que abordara el tema en toda su complejidad, buscabas la manera de refutar los planteamientos de esos alumnos con citas del Magisterio de la Iglesia y la Tradición, derrotarlos intelectualmente y forzarlos a callar. No aguantabas pulgas, mi estimado Juan Luis. Ya desde entonces mostrabas poca disposición hacia el diálogo respecto a quienes supuestamente discrepaban contigo -aunque he de suponer que ya interpretabas en ese entonces una discrepancia contigo como una discrepancia con la Iglesia-. Asimismo, pocas veces te vi sonreír, y cuando lo hacías dabas la impresión de que en tu etapa de formación sacerdotal no te habían entrenado los músculos de la cara para efectuar ese gesto, una sonrisa amplia como aquella a la que nos tenía acostumbrado tu antecesor en el arzobispado de Lima, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts. Ya desde entonces tenías un aire de solemnidad que no irradiaba ni calidez ni cercanía. Ahora que no eres mi pastor -lo cual agradezco a Dios con toda el alma-, siento la libertad suficiente y la confianza como para dirigirme a ti no en tu calidad de miembro de la jerarquía eclesiástica, sino como a un hermano en Cristo, a quien le puedo decir con franqueza algunas cosas que lo inviten a la reflexión. No quiero que tomes estos comentarios como un ataque o una agresión, pues no lo son. Sospecho con razón que estás acostumbrado a mirar a quienes te critican desde fuera de la institución eclesial, muchas veces legítimamente, como enemigos y adversarios de la Iglesia. Y a quienes lo hacen desde dentro, como católicos inconsecuentes, infieles a la Iglesia a la que pertenecen con tanto derecho como tú. Las críticas no son nada más que eso mismo: críticas, desacuerdos, que pueden ser tomadas como oportunidad para establecer un diálogo respetuoso, aun cuando no se llegue a consensos. ¿O acaso no has ejercido tú también tu derecho a crítica, con toda la caridad y respeto que supongo ha de tener un pastor de la Iglesia? Lo que aún no llego a entender es tu actitud hacia quienes discrepan contigo dentro de la misma Iglesia a la cual ambos pertenecemos, más aún cuando esa discrepancia se da sobre temas que no afectan la esencia de la fe y la moral católicas. Y peor para esas personas si viven bajo tu jurisdicción eclesiástica. Es cierto que el Derecho Canónico te reconoce como pastor la potestad de retirarle las licencias ministeriales, es decir, la potestad de ejercer actividades pastorales, a cualquier clérigo dentro de tu jurisdicción eclesiástica, si crees que hay motivos suficientes. El problema es que en el caso del P. Gastón Garatea tú no has explicado cuáles son esos "motivos suficientes" de manera oficial, aunque extraoficialmente se ha difundido que son ciertas declaraciones que ha hecho este sacerdote respecto al celibato sacerdotal y la unión civil de homosexuales. En todo caso, nada te obliga a hacer públicos los motivos que te llevaron a tomar esa decisión. Dicho de otra manera, puedes hacer lo que te dé la gana sin tener que rendir cuentas a nadie de tus decisiones. Lo que no debes esperar es que las personas acepten que se mantenga en el ámbito privado una decisión que tiene consecuencias en el ámbito público, pues iba a ser difícil de ocultar que el P. Garatea ya no le está permitido ejercer en la arquidiócesis de Lima. Tampoco esperes que quienes están en desacuerdo con esa decisión tuya, entre ellos muchos fieles católicos dentro de tu jurisdicción, se queden callada la boca y no pregunten, no averigüen, no indaguen qué hay detrás de todo esto. En ese sentido, el primero en generar "desinformación" has sido tú mismo, al no actuar con transparencia -según parece, la renovación de las licencias estuvo esperando 6 meses sin que el P. Raúl Pariamachi, superior de los Sagrados Corazones, supiera nada sobre a qué se debía la demora- y a quien se ha buscado desprestigiar es al mismo P. Garatea, de quien la prensa amarilla católica que te defiende a ti ha dicho que "representa la generación de sacerdotes y religiosos que llevó a la Iglesia a la crisis debido a su desobediencia al Evangelio y la doctrina católica", que ha sido "el representante mediático que la izquierda peruana necesitaba para plantear sus posiciones contra la doctrina católica" y que "se convirtió en el capellán de los que no quieren capellán y quieren un sacerdote que les diga que todo lo que hacen está bien, que todas sus inmoralidades están bien, que todas sus cosas en contra de la Iglesia están bien", concluyendo que el P. Garatea "apostó mal, debió apostar a la Iglesia". Asimismo, se ha dicho que la sanción se debe a "su público apoyo a la agenda gay". Todo esto son meras interpretaciones antojadizas, conclusiones subjetivas basadas en una ideología religiosa extremista y maniquea. Y tú no has comentado nada al respecto ni te has despeinado, mi estimado Juan Luis, permitiendo que se macule impunemente la honra de un sacerdote cuya opción por el Evangelio y su fidelidad a la Iglesia nunca ha sido puesta en duda, sino por grupos conservadores que esgrimen sus interpretaciones particulares como si ellos tuvieran el monopolio de la verdad y representaran a la Iglesia auténtica. Será tal vez porque estás de acuerdo con este tipo de afirmaciones sensacionalistas. Pues te confieso que la actual crisis institucional y de credibilidad que está atravesando la Iglesia, expresada en los innumerables escándalos que han salido a la luz, tienen mayormente como protagonistas a grupos conservadores, con estructuras verticalistas y autoritarias, y una interpretación rígida e inmovilista de la doctrina y la moral cristianas. Y que ven enemigos de la Iglesia debajo de cada piedra. En ese sentido, son conocidos los casos de los Legionarios de Cristo (México), la Comunidad de las Bienaventuranzas (Francia) y la unión pía de la Parroquia El Bosque del P. Karadima (Chile), por los abusos sexuales cometidos por quienes ejercían la autoridad. Con certeza, algún caso similar deberás conocer, ocurrido dentro de tu propia jurisdicción eclesiástica. Asimismo, en Estados Unidos, el Vaticano investigó al instituto de vida consagrada Miles lesu, también de orientación conservadora, y concluyó que el P. Alfonso María Durán, su fundador y superior, había cometido graves faltas de manipulación de conciencia de sus miembros. También han sido acusados de cosas parecidas el Instituto del Verbo Encarnado (Argentina) y el instituto Lumen Dei (Perú). Todas estas instituciones han sido sometidas a examen por la Santa Sede durante el Pontificado del actual Papa Benedicto XVI. A esto le podemos sumar los numerosos escándalos de abusos sexuales de menores habidos en una de las iglesias locales más conservadoras, la de Irlanda, y los escándalos que han salpicado toda la Iglesia, más que nada cometidos por clérigos que compartían una visión de la iglesia como la que tú tienes: autoritaria, verticalista, moralista y legalista. Ahora veamos las afirmaciones del P. Garatea que supuestamente van contra la doctrina de la Iglesia y confunden a los fieles -a mí mas bien me confunde la intolerancia y la estrechez de miras de algunas mentes-: "A mi modo de ver (el celibato) se ha extendido equivocadamente a todos los sacerdotes. El celibato está bien para los que viven en congregaciones, como yo, pero no para los del clero secular que viven en sus casas." ¡Sí, Juan Luis! ¡El P. Garatea se ha equivocado! Actualmente, el celibato no se extiende a todos los clérigos. Los sacerdotes católicos de rito oriental pueden estar casados y no están obligados al celibato, aunque de hecho también hay sacerdotes que se han comprometido a vivir célibes. Y en el rito latino hay personas casadas que han recibido el sacramento del orden sacerdotal, a saber, los diáconos permanentes. ¡Deberías haberle dado un jalón de orejas a Gastón y explicárselo con todas sus letras! Como bien podemos constatar, no todos los sacerdotes están obligados a guardar el celibato. Y nadie pone el grito en el cielo por ese motivo. Sin embargo, creo que el P. Garatea se refería al celibato sacerdotal obligatorio que tienen que guardar quienes acceden al segundo grado del sacramento del orden, es decir, los presbíteros dentro del rito latino. Ahora bien, si hay sacerdotes casados dentro de la Iglesia católica -como hemos constatado- que ejercen su ministerio con toda legitimidad, aunque sean minoría frente a los sacerdotes célibes, ¿no quiere decir eso entonces que el matrimonio no es en realidad incompatible con el ministerio sacerdotal? ¡Vamos, abre tu mente, mi estimado Juan Luis! ¡Deja que entre un poco de aire fresco! En principio, no hay nada de malo que un sacerdote esté casado y sea sexualmente activo. La práctica de la sexualidad es connatural al ser humano y el celibato sólo se justifica por algún motivo superior, siempre y cuando la persona que sigue esta vía esté llamada a ello y tenga la capacidad para hacerlo. Ni siquiera en la Biblia se encuentra el camino del celibato como una obligación, sino como un estilo de vida que se sigue voluntariamente, no obligatoriamente. Tampoco encontramos que de necesidad se vincule el celibato a un determinado estado de vida. Existe unanimidad en que el celibato sacerdotal no es una doctrina que pertenezca al dogma de la Iglesia. Es una cuestión más bien práctica y de disciplina,aplicable a los presbíteros de rito latino de acuerdo a normas vigentes. Siendo así, a diferencia de los contenidos de fe, estas normas serían susceptibles de cambio, si las circunstancias así lo ameritan. Me dirás que se trata de una práctica muy provechosa que se sustenta en una tradición antiquísima de la Iglesia. Mira, Juan Luis, si hablamos de tradición, el celibato sacerdotal recién adquiere carácter de norma universal para toda la Iglesia católica de rito latino hace sólo aprox. 400 años, con el Concilio de Trento. En esas circunstancias concretas, para hacer frente al movimiento luterano y similares, la Iglesia consideró como oportuno obligar a todos los sacerdotes, desde el grado de diácono al de obispo, a abstenerse del matrimonio. Fue entonces también que se crearon lo seminarios mayores, centros de formación para candidatos al sacerdocio, que sólo admitían a varones célibes. Si bien el celibato ha sido siempre considerado un carisma especial, un don de Dios para la Iglesia, al cual son llamados hombres y mujeres tanto clérigos como laicos -en especial aquellos que conocemos como religiosos-, la extensión de este carisma como obligación a los miembros del orden clerical se dio de manera variada en toda la Iglesia, a modo de tradiciones locales que no regían igualmente en todas las jurisdicciones eclesiales. Y el hecho de que hubiera sacerdotes de rito latino casados fue considerado en muchas iglesias locales como algo perfectamente normal que no escandalizaba a nadie. No caigamos, pues, en lo que yo llamo la "ilusión de la tradición", es decir, en creer que algunas prácticas de la Iglesia estaban asentadas universalmente desde tiempos antiquísimos, cuando en realidad no son tan antiguas (por ejemplo, la comunión en la boca, la confesión frecuente, la actitud sumisa ante los clérigos, etc.). Si me hablas de celibato en general -voluntario y libre, sin mediar una obligación de por medio-, sin duda que éste se remonta a los inicios de la Iglesia, pero si me hablas de celibato sacerdotal, nos encontramos con una gran variedad. Al respecto, hubo circunscripciones en las que se les prescribía el celibato a los clérigos -aun estando casados- y otras en que no. La cosa cambió definitivamente con el Concilio de Trento, hace 400 años. En lo que todos estamos de acuerdo es en que el celibato sacerdotal no forma parte del dogma de la Iglesia, sino de su disciplina. Y como toda cuestión práctica, se ha visto sujeta a vaivenes y cambios a través del tiempo. En ese sentido, hay que estar atento a los signos de los tiempos. Al contrario de los contenidos de fe definidos por la Iglesia, se trata de una cuestión abierta todavía. Así lo pensaron varios obispos latinoamericanos durante el Concilio Vaticano II. Como remedio a la falta de vocaciones al sacerdocio, propusieron que, junto a los sacerdotes célibes, se admitiera a hombres casados al sacerdocio. El Papa Pablo VI no dijo en ese entonces que esta propuesta fuera contraria a la enseñanza de la Iglesia, sino que fue de la opinión de que no era "oportuno" discutir ese tema en ese momento. La propuesta no prosperó, no porque hubiera sido discutida y analizada a fondo, sino simplemente porque no se creyó que era el momento para hacerlo. Aun así, de hecho hubo una relajación parcial de esta norma del celibato sacerdotal obligatorio, cuando se decidió admitir a hombres casados al diaconado, primer grado del sacramento del orden. En esta decisión jugo un papel importante el discurso de tu insigne predecesor, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts. Si nos atenemos a lo que dijera el Pablo VI, ¿no tendría que venir algún día el momento "oportuno" para replantear esa cuestión? En febrero de 1970 nueve teólogos alemanes pensaron que ese momento había llegado y le hicieron llegar al episcopado alemán un memorándum replanteando la obligación del celibato sacerdotal y proponiendo más bien un celibato opcional. Entre esos teólogos estaban el jesuita Karl Rahner, Karl Lehmann (actualmente Cardenal y ex-Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana), Walter Kasper (actualmente Cardenal y ex-Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos) y Joseph Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI). Esta propuesta incluso fue acogida en una declaración conjunta de los obispos alemanes, pero no tuvo efectos prácticos. ¿Crees, Juan Luis, que hubo sanción alguna para estos teólogos por expresar estas opiniones? ¿A alguno de ellos, que entonces no tenían siquiera rango episcopal, se le impidió ejercer su ministerio? De ninguna manera. Nadie fue tachado de hereje, de ir contra la doctrina de la Iglesia, ni mucho menos de confundir al pueblo creyente. Siguen habiendo muchas voces dentro de la Iglesia -Cardenales, obispos, clérigos- que piden "repensar" el celibato, entre ellas la del Cardenal Carlo Maria Martini, que aún valorando el celibato como un carisma que siempre debe estar presente en la Iglesia y que Dios le concede a muchos hombres y mujeres, piensa que no todos los sacerdotes están llamados a vivirlo. Es cierto que la admisión de hombres casados al presbiterado generaría algunos problemas. Pero eso ocurre con todas las cuestiones prácticas. Los sacerdotes célibes presentan también problemas, algunos de ellos serios, como la soledad, la sobrecarga de trabajo y muchas veces la falta de experiencia en lo referente a cuestiones familiares íntimas propias de los fieles a las que tienen que pastorear. Los problemas no deberían constituir verdaderas objeciones ni para que haya sacerdotes célibes ni para que haya sacerdotes casados. Como en todo asunto práctico, se debe hacer un balance equilibrado entre las ventajas y las desventajas para llegar a conclusiones sanas y razonables. Quienes piden una discusión abierta sobre el tema, que implique una reflexión a fondo, no tienen malas intenciones ni mucho menos, sino un deseo de contribuir a sacar a la Iglesia de la crisis por la que está pasando, una de cuya señales es la falta de vocaciones al sacerdocio. Como ya he señalado, el Cardenal Martini ha declarado que él no cree que todos los sacerdotes estén hechos para el celibato, sin negar por ello el valor del celibato en sí mismo, y que debería repensarse esta norma. Las declaraciones del P. Garatea van en la misma línea. Si las lees bien, notarás que Gastón considera que el celibato sí es personalmente válido para él -con lo cual reconoce su valor-, y se infiere que tiene la intención de guardarlo. Su opinión tampoco implica la intención de incumplir lo que actualmente está vigente en la Iglesia católica. Acata la norma, pero haciendo uso de la libertad de expresión, da a conocer su opinión personal, sin dogmatismos, sin querer imponer su pensamiento, con todo respeto. ¿Dónde está, pues, su falta, si no ha cuestionado al celibato en sí mismo, y lo único que ha hecho es expresar su opinión sobre una norma que extiende esta disciplina a todos los sacerdotes de rito latino, sin manifestar que vaya a no acatarla? ¿Es acaso un delito expresar lo que también expresan otros obispos y sacerdotes de la Iglesia, sin que sean merecedores de sanción por ello? ¿Hay, pues, verdadero motivo para impedirle al P. Gastón Garatea ejercer una labor pastoral en tu arquidiócesis por sus afirmaciones respecto al celibato sacerdotal? ¡Creo, Juan Luis, que se te ha ido la mano, pues tú le hubieras negado estas licencias al mismo Papa cuando era sólo un simple teólogo! Veamos la siguiente afirmación: "Tienen todo el derecho de unirse (los homosexuales). Podemos estar en contra de un matrimonio entre personas del mismo sexo, pero una unión civil no hay problema". ¿Ha dicho el P. Garatea que favorece el matrimonio entre homosexuales? No se sigue. ¿Se manifiesta a favor de los "actos homosexuales", considerados como pecados por la Iglesia, refiriéndose a la actividad sexual entre personas del mismo sexo? Tampoco se sigue. ¿Ha dicho que una unión civil entre homosexuales equivale a un matrimonio? No lo veo por ningún lado. Entonces, ¿dónde está el problema? La Iglesia admite respecto a la homosexualidad que "su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado", que las tendencias homosexuales presentes en muchos hombres y mujeres están "profundamente arraigadas", que "se evitará, respecto a ellos (los homosexuales), todo signo de discriminación injusta" y que "estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida". Más aún, dice que "las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana". Y dado que la Iglesia misma dice que "todo bautizado es llamado a la castidad", no debe entenderse por castidad la ausencia de toda relación amorosa con otra persona, sino que esa relación sea conforme a la moral evangélica y evite los actos inmorales, que en el caso de una legítima amistad entre homosexuales serían los "actos homosexuales" (todas las citas están tomadas del Catecismo de la Iglesia Católica). En otras palabras, ser homosexual en sí mismo no es pecado -pues no se elige ser homosexual, se descubre que se tiene esa identidad sexual-, ni ningún homosexual merece rechazo y condena sólo por el hecho de serlo. Más aún, mi estimado Juan Luis, cuando la Iglesia habla de una "tendencia desordenada" lo hace desde el punto de vista ético y filosófico, no refiriéndose a que la homosexualidad sea un trastorno psicológico diagnosticable. Pues la Iglesia no tiene competencia en psicología, y son los especialistas en esta ciencia quienes deben discutir dentro de su campo cómo debe ser considerada psicológicamente la homosexualidad. Es cierto que existe un documento de la Iglesia del año 2003 que se opone a la legalización de las uniones homosexuales, y que dice así: "La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad." Si lees bien el texto, te darás cuenta de que la preocupación está puesta en que no se equipare las uniones homosexuales al matrimonio. Y claro está que si se equiparan al matrimonio, no son aceptables, pues el matrimonio implica intimidad sexual, y queda claro que el "comportamiento homosexual" considerado por la Iglesia como pecado se refiere a los "actos homosexuales", es decir, el comercio sexual entre personas del mismo sexo. No veo que pueda referirse a otra cosa, pues condenar todo comportamiento proveniente de una persona homosexual como malo iría en contra de la afirmación de que la condición homosexual en sí misma no constituye pecado. ¿O acaso pretendes que una persona le sea lícito "ser", pero ílicito "actuar" cuando tiene una identidad sexual que tú consideras problemática? ¡Vamos, Juan Luis, que no te creo capaz de tomar en serio algo tan absurdo! ¡Esa persona no debería ni moverse! ¿Y si la ley estipula uniones civiles entre personas del mismo sexo que no son equiparables al matrimonio, sino que sirven para establecer una especial vinculación para proteger sus derechos derivados de una relación de amistad muy cercana? ¿Tendrías algún problema con eso? ¿Crees que eso "ofuscaría valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad" -que, además, no son especificados con precisión por el documento-? Si no se permite, ¿no quedarían más bien ofuscados los valores del derecho a la no discriminación y del derecho de libre asociación? No debemos definir a las personas por su identidad sexual -lo dice también la enseñanza de la Iglesia-. Los homosexuales son antes que nada personas que también tienen aspiraciones, preocupaciones, esperanzas, que trabajan, que sufren y disfrutan de alegrías, que quieren ser tratados como cualquier persona normal, y que también aman y se entregan. Claro, no les están permitidos los "actos homosexuales" y en teoría deberían evitarlos, pero no les está prohibido manifestar su amor, con dignidad y respeto, a la persona que aman. ¿O consideras que es un "acto homosexual" el solo hecho de amar? ¿Acaso no tienen el derecho de amar? Y también tienen derecho a que se les garantice la protección legal de la persona a la que aman. ¿O acaso piensas lo contrario? Creo, Juan Luis, que deberías conversar más con personas homosexuales, invitarlos a una misma mesa para que te cuenten lo que ellos esperan de la Iglesia, los problemas que tienen, sus experiencias personales. Yo he conocido a un par de personas homosexuales que pusieron todos sus esfuerzos para vivir de acuerdo a lo que enseña a la Iglesia católica y en fidelidad a ella. Encontraron mucha incomprensión, y los obstáculos se les hicieron tan grandes, que al final optaron por echar la fe por la borda. Los comprendo y no los condeno. En la arquidiócesis de Lima tienes a una comunidad homosexual numerosa y organizada, con la que puedes entrar en diálogo, y no te digo que estés de acuerdo con todo lo que ellos plantean, pero por lo menos puedes escucharlos para así organizar tu propia atención pastoral a personas homosexuales, algo que recomienda la Santa Sede que se haga. En vez de seguir el ejemplo de los fariseos, que rechazaban a todas las personas que ellos consideraban impuros, mejor seguir el ejemplo de Jesús, que se sentaba a la misma mesa con prostitutas, cobradores de impuestos y pecadores, acogiendo a todos, conversando con ellos y ayudándoles a "no pecar". A la mujer adúltera le dijo que no la condenaba, con la recomendación "vete y no peques más". Y si te haces problemas con los "actos homosexuales", deja ese asunto a la conciencia de las personas y al confesionario, pues supongo que tampoco ventilas en público asuntos como los adulterios cometidos por católicos -muchas veces padres de familia de buena reputación-, ni otros pecados sexuales de la grey confiada a tu cuidado. ¡Habla con ellos, con los homosexuales, Juan Luis, y verás que no muerden y que son más normales de lo que te imaginas! Recuerda que a nadie le esta permitido, menos aún a un fiel seguidor de Cristo, condenar o discriminar a un homosexual sólo por el hecho de serlo. Y si te menciono que Franco Zeffirelli, católico y director de cine, es un homosexual reconocido, me temo que vayas a prohibir en tu arquidiócesis que los católicos vean "Hermano sol, hermano luna" y "Jesús de Nazareth", dos obras maestras del cine de inspiración cristiana. Hay incluso Cardenales de la Iglesia que han mostrado mayor apertura hacia este tema. El Cardenal Christoph Schonbörn, arzobispo de Viena (Austria), aún oponiéndose a la legalización de los matrimonios homosexuales, dijo en el año 2010 que "en el tema de la homosexualidad deberíamos ver sobre todo la calidad de una relación. Y hablar de esta calidad con aprecio. Una relación estable es con toda seguridad mejor que alguien que viva simplemente de manera promiscua". Asimismo, ratificó en su cargo del consejo de una parroquia vienesa al joven homosexual Florian Stangl de 26 años de edad, quien tiene registrada su unión con otro hombre y quien fuera elegido para ese cargo con 94 votos de 116 posibles, no obstante la oposición del párroco. El Cardenal Rainer Maria Woelki, arzobispo de Berlín, dijo durante el reciente Katholikentag (Congreso de los Católicos Alemanes) en Mannheim que "cuando las personas aceptan una responsabilidad mutua, cuando viven en una relación de pareja homosexual duradera, eso se debe considerar de manera similar a una relación de pareja heterosexual". ¿No ves, mi estimado Juan Luis, que sin necesidad de renunciar a lo que la Iglesia enseña se puede tener hacia los homosexuales una actitud más humana, comprensiva y abierta, a semejanza de Jesús? De seguro que no puedes hacer nada contra estos Cardenales de la Iglesia, pero contra un sencillo sacerdote que trabaja en tu arquidiócesis, el P. Garatea, sí te atreves a hacer lo que te dé la gana, al no renovarle las licencias ministeriales en tu circunscripción. Da la impresión de que quisieras dar una señal a todos los demás sacerdotes de tu arquidiócesis. ¡Tengan cuidado con lo que digan, pues si no, ya verán lo que les pasa! ¿Es que acaso sobran los sacerdotes en tu arquidiócesis? ¿Implica tu decisión una sanción al P. Garatea, o más bien a las comunidad que él atiende pastoralmente? Pues les estás quitando a esos fieles la asistencia pastoral y sacramental de un sacerdote que ha expresado su voluntad de vivir el celibato y que ha dado muestras de "respeto, compasión y delicadeza" hacia las personas homosexuales, como lo manda la Iglesia, y que además ha manifestado su compromiso con lo social y los derechos humanos a través de su participación en la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza y la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Si bien el Informe Final de esta comisión valora muy bien del papel de la lglesia católica durante el período de violencia 1980-2000 en el Perú, tú, mi estimado Juan Luis, eres de los pocos que salen mal parados, con hechos que no han sido inventados y están bien documentados, los cuales a mí, como católico creyente, me siguen causando vergüenza. El vicario episcopal del Arzobispado de Lima, el P. José Chuquillanqui, ha dicho en representación tuya que al P. Gastón Garatea se le ha llamado la atención desde hace 6 años respecto a expresiones suyas que los medios podían tergiversar. En honor a la justicia, si hay tergiversación, la culpa es del que tergiversa y no del tergiversado. Y muchas veces las aclaraciones no sirven de nada, pues hasta éstas pueden ser tergiversadas. ¿No te parece injusto, Juan Luis, más aún cuando a ti desde hace más de una década -no 6 años- se te ha llamado la atención por ponerte del lado de dictadores, presidentes corruptos, algunos militares y policías responsables de matanzas, y poquísmas veces del lado de las víctimas de los abusos? ¿Cuándo levantaste tu voz en contra de las esterilizaciones masivas realizadas a la fuerza por el gobierno de Fujimori? ¿No justificaste de alguna manera la muerte de campesinos inocentes cuando eras obispo de Ayacucho, porque "en toda guerra debe haber muertos"? ¡Qué diría Mons. Oscar Arnulfo Romero, quien fuera arzobispo de San Salvador, que doctrinalmente era tan conservador como tú, pero que no cerró los ojos ante los abusos de los que era víctima el pueblo salvadoreño y se puso del lado de la justicia y la paz, siguiendo su conciencia, levantando su voz profética contra los abusadores, lo cual finalmente le costó la vida! Y a pesar de que tantas veces se te ha dicho lo mismo, no cambias. Recientemente, sobre los acontecimientos de Espinar (Cuzco), has declarado lo siguiente: "Un grupo de gente no puede querer el desarrollo con piedras y con mentiras. No se puede dialogar cuando no hay deseo de verdad, de paz y de justicia". "La paz, dice San Agustín, es la tranquilidad en el orden. Yo creo que está faltando orden y para que haya orden hay que respetar las normas y a las autoridades. El diálogo tiene que hacerse cuando hay paz, tranquilidad y cuando hay orden. Lo que no podemos acostumbrarnos es a exigir diálogo con pedradas y con muertos". "El Perú es un pueblo pacífico, que quiere la justicia y que quiere la verdad. Por eso, no abusemos de la palabra 'diálogo' cuando vemos tanta violencia y tanto abuso". "...no estoy de acuerdo con lo que estoy viendo en diferentes partes del país, que es el maltrato a la población por parte de grupos que se dicen defensores y lo único que hacen es manipular". "Hay que mejorar, invertir, darles agua, luz, caminos e infraestructura, pero no a base de piedras, ni a base de engañar a la población". Pues, mi estimado Juan Luis, tus palabras aparentemente sensatas resultan en el fondo desatinadas y ofensivas. Los muertos que ha habido no son por piedras, sino por balas, es decir, proyectiles provenientes de armas empuñadas por las fuerzas del orden. Y quienes más le han mentido al pueblo y manipulado la información son los representantes del gobierno y de las mineras junto con los medios de prensa que los avalan. Además, la población no es tan manipulable como te imaginas. Me parece una absoluta falta de respeto insinuar que no tienen en realidad conocimiento de las cosas y que sus actos de protesta no responden a voluntad propia, sino a manipulación por parte de terceros. Te aseguro que la mayoría han protestado pacíficamente, a no ser que les creas a los medios de prensa que sólo muestran las acciones violentas motivadas por la represión policial y las presentan como si fuera toda la población la que estuviera protestando de esa manera. Además, detrás de las actuales protestas hay una larga historia de reclamaciones frustradas y diálogos desatendidos. ¡No has cambiado para nada, Juan Luis, y veo que te sigues poniendo del lado de los poderosos, independientemente de cuál sea su catadura moral! Se me vienen a la memoria las imagenes propaladas por Canal N el 28 de julio del año 2001, donde se te veía a ti recibiendo en la Catedral con sonrisas cómplices y gestos cordiales al Presidente Fujimori, culpable de delitos de lesa humanidad, mientras en el centro de Lima ardía Troya, sin que eso te haya importado un comino. Ni entonces ni ahora. El P. Gastón Garatea no ha dado ningún mal ejemplo, ha sido para muchos un estímulo para seguir el camino que Jesús nos indicó, haciendo uso de la libertad de expresión ha dado su opinión en asuntos que no afectan nada esencial dentro de la doctrina de la Iglesia, y tú le quitas las licencias para ejercer su ministerio sacerdotal en tu arquidiócesis. No lo entiendo. Espero que reflexiones y reconsideres la decisión que has tomado. Sería algo bonito, simpático, un gesto de buena voluntad, que lo hagas. Y además, que pidas disculpas. Pues pedir disculpas es un gesto que dignifica a cualquier persona, más aún si es cristiano. Y nos permitiría recobrar la confianza en que estás abierto al Espíritu Santo y que para ti lo más importante es el amor de Jesús. Discúlpame por hablarte con tanta franqueza. En conciencia, no puedo dejar de hacerlo. Sólo Dios sabe el esfuerzo interior que me ha costado. Tu hermano en Cristo Martin Scheuch www.reflexionyliberacion.cl (6 junio 2012) Leer más...

lunes, 14 de mayo de 2012

ANTE LA SANCIÓN AL P. GASTÓN GARATEA

Lima, sábado, 12 de mayo de 2012, 12:17 pm COLEGIO HÉCTOR DE CÁRDENAS Hemos tomado conocimiento que el Arzobispado de Lima ha decidido no renovar la licencia de ministerio ordenado en Lima al P. Gastón Garatea señalando como causa declaraciones que a entender del Arzobispado van contra las orientaciones de la Iglesia. Ante este hecho queremos hacer pública nuestra reflexión como colegio que propone a sus alumnos la fe católica e intenta vivirla con gozo, compromiso social y respeto por las personas, tal como nos enseñó el P. Héctor de Cárdenas cuyo nombre con orgullo y gratitud llevamos. El P. Gastón Garatea acompaña al colegio desde su creación en 1984; por ello conocemos de cerca su integridad personal, su vocación de servicio y su compromiso con los pobres desde una opción de fe. Consideramos que lo declarado por el P. Gastón a favor no del matrimonio sino del reconocimiento del derecho de la unión civil de homosexuales por los beneficios de herencia y reconocimiento de derechos económicos que por elemental justicia ello ofrece, y de opinar por no hacer obligatorio el celibato a los sacerdotes, como ocurre en la Iglesia Católica de rito oriental, (expresiones que habrían sido la causa aparente de la sanción) está en consonancia con la necesidad de diálogo que sobre esos temas no cesan de exigir muchos creyentes dentro de la iglesia. Creemos que esta sanción y sus supuestas causales, totalmente desproporcionadas, obedecen a un estilo de conducir la iglesia que da prioridad al poder y no convoca a la comunión. Este estilo no es coherente con el mensaje y la vida de Jesús de Nazaret (Ver Marcos 10,35-45), y revela una intolerancia de sabor fundamentalista hacia los que piensan distinto en materias que son opinables, no dogmas de fe incuestionables. Declaramos que estas actitudes y concepciones en las que algunas autoridades eclesiásticas se apegan más a la letra que al espíritu de la ley y del Evangelio, en suma, del amor, son uno de los mayores obstáculos que encontramos para que nuestros alumnos acepten la propuesta de fe católica. Por lo expuesto: Expresamos nuestra solidaridad con el P. Gastón Garatea, y pedimos al Señor Cardenal se le renueve la licencia a fin de que siga ejerciendo en nuestra Iglesia de Lima su ministerio sacerdotal. Invocamos a la comunidad de creyentes, en especial a quienes tienen responsabilidades de conducción dentro de ella, a hacer los esfuerzos que sean necesarios para cambiar esa visión y liderazgo distorsionados y construir una Iglesia que sea signo del Reino que Jesús vino a traernos. Juan Borea Odría Director Jesús María, 12 de mayo de 2012
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sábado, 28 de abril de 2012

La inquisición actual y las religiosas norteamericanas

Ivone Gebara Escritora, filósofa y teóloga Adital Una vez más hemos visto horrorizadas "la evaluación doctrinal" o llamada de atención o castigo dirigido por la Congregación de la Doctrina de la Fe a quien, según ella, sale fuera de la observancia de la correcta doctrina católica. Solo que en esta ocasión el dedo acusador no señala solo a una sola persona, sino a una institución que agrupa y representa a más de 55.000 religiosas de Estados Unidos. Se trata de la Conferencia Nacional de las Religiosas, conocida por su sigla LRWC – Conferencia de Liderazgo Religioso Femenino. Estas religiosas a lo largo de su historia desarrollaron y aún desarrollan una amplia misión educativa por la dignidad de muchas personas y grupos, dentro y fuera de los Estados Unidos. La mayoría de estas mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones nacionales e internacionales, además de su formación humanista cristiana, son intelectuales y profesionales en diferentes campos del conocimiento. Son escritoras, filósofas, biólogas, teólogas y sociólogas, abogadas; tienen un amplio curriculum y competencia reconocida nacional e internacionalmente. También son educadoras, catequistas y promueven la práctica de los derechos humanos. En muchas situaciones fueron capaces de exponer su vida en favor de personas víctimas de injusticias o se opusieron a las conductas gravemente injustas y opresivas asumidas por el gobierno de los Estados Unidos. Tuve el honor de conocer a algunas de ellas que han sido detenidas porque se pusieron en la primera fila en las manifestaciones que demandaban el cierre de la Escuela de las Américas, institución de Gobierno estadounidense que prepara a militares latinoamericanos para actuar en sus respectivos países de forma cruel y represiva. Estas religiosas son mujeres de reflexión y acción con un largo historial de servicios no sólo en su país, sino en muchos otros. Actualmente están bajo sospecha y bajo la tutela del Vaticano. Son criticadas por estar en desacuerdo con los obispos, considerados "Los auténticos maestros de la fe y la moral”. Y además, están siendo acusadas de ser partidarias de un feminismo radical, de desviaciones de la doctrina católica romana, de complicidad en la aprobación de las uniones homosexuales y otras acusaciones que nos llegan a espantar por su anacronismo.
¿Que sería un feminismo radical? ¿Cuáles serían sus manifestaciones reales en la vida de las congregaciones religiosas femeninas? ¿Cuáles desviaciones teológicas estarían viviendo las religiosas? ¿Nosotras las mujeres estaríamos siendo vigiladas y castigadas por no conseguir ser fieles a nosotras mismas y a la tradición del Evangelio, a través de un sometimiento ciego al orden jerárquico masculino? ¿Estarán los responsables de las Congregaciones vaticanas ajenos a la gran revolución feminista mundial que tocó todos los continentes e inclusive a las congregaciones religiosas? Muchas mujeres religiosas en los Estados Unidos y otros países son herederas, maestras y discípulas de una de las expresiones más interesantes del feminismo mundial, particularmente del feminismo teológico que se desarrolló en los Estados Unidos desde finales de la década de los sesenta. Sus ideas originales, críticas y posturas libertarias han llevado a una nueva lectura teológica, que les ha posibilitado acompañar a los movimientos de emancipación de la mujer. De esta manera pudieron contribuir a repensar nuestra tradición religiosa cristiana en el rumbo de superar la invisibilización y la opresión de las mujeres. Crearon también espacios alternativos de formación, textos teológicos y celebrativos para que la tradición del Movimiento de Jesús no fuese abandonada por miles de personas cansadas con el peso de las normas y estructuras religiosas patriarcales. ¿Qué actitudes tomar ante ese anacronismo y la violencia simbólica de los órganos curiales y administrativos de la Iglesia Católica Romana? ¿Qué pensar de su marco de referencia filosófico rígido que asimila lo mejor del ser humano a lo masculino? ¿Qué decir acerca de su visión antropológica unilateral y misógina desde la que interpretan la tradición de Jesús? ¿Qué pensar de este tratamiento administrativo punitivo a partir del cual se nombra a un arzobispo para revisar, orientar y aprobar las decisiones tomadas por la Conferencia de Religiosas como si fuésemos incapaces de discernimiento y lucidez? ¿Seríamos acaso una empresa multinacional capitalista en la que nuestros "productos" deberían acatar los dictados de una línea de producción única? Y para mantenerla ¿debemos ser controladas como autómatas por quienes se consideran dueños y guardianes de la institución? ¿Dónde queda la libertad, la caridad, la creatividad histórica, el amor sororal y fraternal? Al mismo tiempo que la indignación, nos invade un sentimiento de fidelidad a nuestra dignidad de mujer y el Evangelio anunciado a los pobres y marginados nos invita a reaccionar ante este acto repugnante de injusticia. No es de ahora que los prelados y los funcionarios de la Iglesia actúan con dos pesos y dos medidas. Por un lado las altas instancias de la Iglesia Católica fueron capaces de acoger nuevamente en su seno a grupos de extrema derecha cuya historia nociva, principalmente para jóvenes y niños, es ampliamente conocida. Pienso especialmente en los Legionarios de Cristo, de Marcial Maciel (México) o en los religiosos de Monseñor Lifevre (Suiza) cuya desobediencia al papa y sus métodos coercitivos para conquistar discípulos es testimoniada por muchos. Esta misma iglesia institucional acoge y recibe a hombres que le interesan por su poder y repudia a las mujeres que desea mantener sumisas. Con su actitud las expone a críticas ridículas difundidas incluso por medios de comunicación católicos de mala fe. En estas mujeres los prelados parecen reconocer formalmente cierto mérito cuando sus acciones se centran en aquellas tareas tradicionalmente ejercidas por las religiosas en las escuelas y en los hospitales. ¿Pero somos sólo eso? Somos conscientes de que en ningún momento en los Estados Unidos surgió la más mínima posibilidad de que estas religiosas hubieran violado a jóvenes, adolescentes, niños y ancianos. Ninguna denuncia pública manchó su imagen. De ellas no se dice que se aliaran con los grandes bancos internacionales para su propio beneficio. Ninguna denuncia de tráfico de influencias, intercambio de favores para mantener el silencio de la impunidad. Y aún con toda esa trayectoria ninguna de ellas ha sido canonizada ni beatificada por las autoridades eclesiásticas, como sí lo hicieron en casos de hombres con poder. El reconocimiento de esas mujeres viene de las muchas comunidades y grupos cristianos o no, que comparten su vida y sus trabajos con muchas de ellas. Y estos grupos, ciertamente no callarán ante esa "evaluación doctrinal" injusta. que también los afecta directamente Plagiando a Jesús en su Evangelio me atrevo a decir: "Tengo pena de estos hombres” que no conocen de cerca las contradicciones y las bellezas de la vida, que no permiten a sus corazones vibrar abiertamente con las alegrías y sufrimientos de las personas, que no aman el tiempo presente, que prefieren la estricta ley a la fiesta de la vida. Solo aprendieron las reglas inflexibles de una doctrina cerrada en una racionalidad ya obsoleta y desde ella juzgan la fe de los demás y especialmente de las mujeres. Tal vez piensan que Dios los aprueba y se somete a ellos y a sus elucubraciones tan lejanas de los que tienen hambre de pan y justicia, de los hambrientos, los abandonados, de las prostituidas, de las violadas y olvidadas. ¿Hasta cuándo tendremos que sufrir bajo su yugo? ¿Qué postura nos inspirará el "Espíritu que sopla donde quiere" para que permanezcamos fieles a la VIDA presente en nosotros? A las queridas hermanas estadunidenses de la LWRC mi agradecimiento, cariño y solidaridad. Si ustedes están siendo perseguidas por el bien que hacen, probablemente su trabajo producirá abundantes y buenos frutos. Sepan que, unidas a ustedes, mujeres religiosas de otros continentes no permitiremos que silencien vuestra voz. Pero si callaren por un decreto del papel, nosotras haremos de ese decreto una razón más para seguir luchando por la dignidad humana y la libertad que nos constituye. Continuaremos de muchas maneras, anunciando el amor al prójimo como clave de comunión humana y cósmica presente en la tradición de Jesús de Nazaret y en muchas otras, aunque de diferentes maneras. Vamos a seguir tejiendo juntas en nuestro momento histórico un pedazo más de la vasta historia de afirmación de la libertad, el derecho a ser diferentes y pensar diferente y todo esto tratando de no tener miedo a ser feliz. Abril 2012.
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miércoles, 18 de abril de 2012

Carta de un grupo de cristianos gallegos a la Congregación de la Doctrina de la Fe

Estimados Señores: Somos un grupo de cristianos -mujeres y hombres, laicos y religiosos, de diferentes edades y profesiones- que desde hace muchos años (los más veteranos hace ya cuarenta) nos reunimos quincenalmente para reflexionar en común sobre la fe que compartimos.
A lo largo de este tiempo la palabra escrita y oral -y sobre todo el testimonio vivo- de Andrés Torres Queiruga ha sido para todos nosotros una auténtica gracia.
Su confianza en el Dios Padre con entrañas de Madre que continuamente nos está creando por amor, su apasionada dedicación a la causa de Jesús, su nítida lealtad a la Iglesia, todo ello nos ha servido de estímulo y apoyo en nuestro camino de creyentes en estos tiempos de incertidumbre.
Él nos ha acompañado en el proceso de maduración de nuestra fe haciéndonosla pensable, creíble, deseable y vivible. A algunos nos ha ayudado a recuperar un lenguaje que creíamos definitivamente perdido y a restaurar nuestros lazos con la Comunidad de los Creyentes. Y él nos sigue acompañando para vivir con el Dios de Jesús y ante Él las vicisitudes de nuestra vida, incluyendo su capítulo final.
Por ello hemos leído muy atentamente la notificación que a propósito de la obra teológica del profesor Andrés Torres Queiruga ustedes hicieron pública el pasado Viernes de Dolores. No les extrañará que -a la vista de lo antes dicho- nos sintamos obligados a expresarles siquiera sumariamente -con respeto sí, pero con total claridad, con franqueza evangélica- nuestro punto de vista al respecto.
Comenzaremos por nuestra reacción emocional. Tal vez en su condición de pastores la puedan considerar como un dato -que al lado de otros, y al menos como síntoma- es digno de ser atendido. Verán. La lectura del documento nos ha despertado unos sentimientos que van desde el desconcierto y la perplejidad iniciales, hasta la indignación por lo que nos parece un trato inadecuado si no injusto, ante esta desafortunada manifestación pública de una comisión de la Iglesia a la que pertenecemos y a la que amamos.

Finalmente, el sentimiento dominante es una profunda pena, por una intervención que, a nuestro modo de ver, en nada contribuye a la comunión eclesial y sí a la creciente desafección hacia la jerarquía, manifiesta en los de fuera y latente en buena parte de los de dentro.
Pero abandonemos el nivel de los sentimientos y vayamos al texto de la notificación. Aunque una parte de los miembros del grupo ha realizado estudios teológicos y todos hemos dedicado muchas horas de nuestra vida a la lectura, el estudio y la reflexión en grupo con vistas al esclarecimiento de nuestra fe, no somos profesionalmente -académicamente- teólogos.
No entraremos, pues, en el análisis de los diversos puntos de la obra de Torres Queiruga en los que la notificación se detiene, lo que nos exigiría una dedicación y un tiempo del que ahora no disponemos. Bien sabemos que como cualquier obra humana la de Andrés es discutible y que -justamente por amor a la verdad- es deseable que sea examinada y debatida.
Pero pensamos que esto ha de hacerse en primera instancia en pie de igualdad por quienes han dedicado el mismo esfuerzo que él a esclarecer los mismos asuntos. (Algo de eso se hizo, por cierto, en un congreso realizado no hace mucho en Santiago de Compostela y cuyas actas están a punto de publicarse). Con todo, nos permitirán dos observaciones.
Para empezar, nos sorprende que las versiones que el documento ofrece de las propuestas del doctor Queiruga no siempre nos resulten reconocibles. Y, modestamente, algo creemos conocer de ellas. Así -valga como muestra- el pasaje en que ustedes afirman que el autor distorsiona "la clara distinción entre el Creador y el mundo".
Cualquier oyente o lector de Andrés sabe con qué exquisito cuidado contrapesa -en la línea de la mejor tradición teológica y espiritual- la afirmación de la cercanía de Dios con la de su absoluta trascendencia.
Por otro lado, y con carácter más general, la lectura que ustedes hacen del trabajo de reinterpretación y reformulación realizado por Torres Queiruga nos parece sesgada y carente de la necesaria "empatía crítica". Aunque no dudamos de la rectitud de su propósito y de su sentido de la responsabilidad, no logramos liberarnos de la impresión de que juzgan de la ortodoxia de una teología -por fuerza parcial y limitada como lo es toda interpretación de la fe- desde la parcialidad de otra teología no menos limitada.
Según han señalado prestigiosos teólogos, no es sensato juzgar la consonancia con la verdad de la fe de una teología tan compleja y tan cuidadosamente elaborada como es la del profesor Torres Queiruga, con un texto de naturaleza catequética y pastoral como el Catecismo de la Iglesia Católica.
Por lo demás, hemos de confesar que en nuestro sentir y pensar de creyentes reflexivos no alcanzamos a ver esa incompatibilidad con la fe de la Iglesia sobre la que ustedes alertan. Más bien, ese repensar la fe llevado a cabo por Andrés nos permite redescubrir la novedad radical aportada por Jesús en un lenguaje comprensible para las mujeres y hombres de hoy: el vino nuevo en odres nuevos.
Si atendemos a las circunstancias y al contexto en el que se ha producido la notificación, no nos queda más remedio que verla como la culminación de un largo proceso de desconfianza y suspicacia de ciertos sectores frente a la labor de Queiruga. No se nos oculta que el documento resulta afín a la sensibilidad -respetable por supuesto- de ciertos grupos que cada vez gozan de más poder e influencia en nuestra Iglesia.
Y aunque no es ese el tenor literal del documento -ni, creemos, la intención del mismo-, lo cierto es que desde ángulos dispares y aun opuestos ha sido interpretado como la condena de un nuevo hereje. Sembrar tan graves sospechas sobre un trabajo intelectual al servicio de la fe mantenido durante cuarenta años nos parece lamentable. Pensamos que ello se deriva de un procedimiento inadecuado, poco respetuoso con la persona a quien se juzga, poco acorde con la gravedad de los juicios finalmente emitidos y, desde luego, ajeno a la fraternidad evangélica.

Terminaremos haciéndoles un ruego. Por favor, no lean en estas líneas ni solo ni principalmente -que también- el empeño por apoyar a una persona a la que admiramos y queremos, y con quien hemos contraído una impagable deuda de gratitud.
Creemos que en las actuales circunstancias es nuestro deber y nuestro mejor servicio a la Iglesia manifestar con toda claridad lo que pensamos. Vean, pues, en lo anterior ante todo el punto de vista -dolido, pero no resentido ni agresivo- de unas personas que comparten con ustedes lo esencial: una esperanza de la que intentan dar razón con toda honradez y hasta donde son capaces.
Personas que también aspiran a sentirse en la Iglesia como en su casa, cosa que hoy no siempre nos resulta fácil. En fin, reciban todos ustedes en este Martes de Pascua nuestros cordiales deseos de unidad en lo esencial, libertad en lo discutible, y -en todo y pese a todo- genuina fraternidad.

En Santiago de Compostela a 10 de abril de 2012.

Siguen 40 firmas al dorso.
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domingo, 15 de abril de 2012

Entrevista Andrés Torres Queiruga


13/04/2012
EL PAÍS. DANIEL SALGADO. Santiago de Compostela >El teólogo Andrés Torres Queiruga (Ribeira, A Coruña, 1940) ya estaba avisado. En 2009, la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe —el antiguo Santo Oficio— había filtrado que iba a condenar la obra del pensador gallego. Tardó tres años, pero lo hizo a conciencia en un documento publicado el pasado 30 de marzo. “Fue una pena que la Conferencia Episcopal diese un paso tan innecesario y sin fundamento objetivo”, declara a este periódico vía correo electrónico. Exige conversar por escrito para que nadie "malinterprete un tema tan delicado".
>Pregunta. Entre las críticas que la Conferencia Episcopal dedica a su trabajo, ¿hay alguna que merezca la pena refutar?
>Respuesta. Puede parecer orgullo, pero creo que ninguna. Todas esas críticas están hechas sin entrar de verdad en el dinamismo vivo de mi propuesta y se limita a una lectura limitada de mis obras, con mentalidad más bien escolástica. Hermenéuticamente, el documento es un pequeño desastre. Creo que una lectura atenta y perspicaz del texto, con las citas literales de mi obra, constituye la mejor defensa.
>P. ¿Qué cree que quieren decir los obispos cuando afirman que usted reduce la fe cristiana "a las categorías de la cultura dominante"?
>R. Ese sería el caso si se interpreta "actualizar" como "reducir". Pero una de mis preocupaciones fundamentales es siempre la de un cuidado exquisito en la diferenciación de los planos de pensamiento. Lo indican los títulos de mis obras: repensar los conceptos desde la cultura actual para recuperar la experiencia originaria y fundante.Los que me acusan deberían salir a la luz del diálogo público”
>P. ¿El cristianismo ha perdido esa experiencia originaria y fundante?
>R. No se ha perdido. Pero la experiencia solo se tiene como ya siempre interpretada. Mantener la misma interpretación cuando cambia la cultura tiende a hacer incomprensible la experiencia y matar su vitalidad. Por ejemplo, Jesús habló en arameo y desde la cultura bíblica, pero los evangelios los tenemos en griego y desde la cultura helénica. Sin esta reinterpretación, sería ininteligible para aquel mundo y ni siquiera llegaría a nosotros. Pues bien, nosotros vivimos después de la modernidad y si no logramos repensar la experiencia originaria en ese nuevo paradigma cultural, corre el riesgo de no ser verdaderamente comprendida.
>P. La jerarquía católica ataca su idea del “pluralismo asimétrico” de religiones. El catolicismo ¿niega la diversidad de religiones?
>R. La teología todavía no dispone de categorías adecuadas para enfrentarse al diálogo de religiones, que se presenta con una trascendencia impensable antes de la globalización. Yo intenté buscar alguna categoría y “pluralismo asimétrico”, junto a otras, me parece la más acertada. Tanto la teología actualizada como la realidad viva de muchísimos hombres y mujeres creyentes practica ese diálogo e intenta una nueva y fraterna convivencia.
>P. Usted rechaza “los milagros e incluso la resurrección de Jesucristo como milagro susceptible de pruebas empíricas”. ¿Su pensamiento continúa dentro del cristianismo?El diálogo entre religiones cobra trascendencia con la globalización”
>R. Sin duda. Como yo piensan hoy la mayoría de los teólogos actualizados. La crítica bíblica demuestra que de los llamados milagros de los evangelios apenas quedan algunas curaciones. Y la nueva visión del funcionamiento autónomo del mundo, proclamado solemnemente por el Vaticano II, Dios es presencia activa y promueve el mundo desde dentro. Igual que sucede con la existencia de Dios, pedir pruebas empíricas para poder aceptarla es tan absurdo como negarse a admitir la existencia de un sonido si no se demuestra su peso en kilos.
>P. Tras la condena episcopal, usted afirmó que “en ninguna otra nación europea con seria tradición teológica” se cuestionaría su obra.
>R. No hablo de la jerarquía católica española, sino de un grupo muy concreto y de unos teólogos afines. Aclarado esto, esa afirmación es cierta.
>P. ¿Quién forma ese grupo?
>R. No quiero entrar en un juego tan oscuro e irresponsable, cuando mi pensamiento ya ha sido suficientemente calumniado. Por espíritu eclesial y honestidad, deberían ser esas personas las que saliesen a la luz del diálogo público, se abriesen a la empatía de la comprensión y buscasen la fuerza de las razones.
>P. El catolicismo español ¿permite la libertad individual?
>R. Dentro del catolicismo, a pesar de este episodio, hay mucha libertad, más de la que el ambiente creado por las manifestaciones oficiales parece indicar. La vida de los grupos activos en la comunidad eclesial no le tiene miedo a la libertad. Mi ordenador echa humo con mensajes individuales y colectivos que me llegan de todas partes, animados de libertad evangélica.
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/13/actualidad/1334346727_688826.html
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Una palabra oportuna que aliente al hermano


VIDA NUEVA Publicado el 12.04.2012
http://www.vidanueva.es/2012/04/12/homilia-obispo-alcala-reig-pla-una-palabra-oportuna-que-aliente-al-hermano/
JUAN RUBIO, director de Vida Nueva | El clérigo y escritor inglés, profesor en Oxford, Robert Burton (1577-1640), autor de un significativo tratado sobre la melancolía, detuvo a los miembros de un tribunal de teólogos que acusaba a un compañero con juicios severos. Y dijo: “Una palabra hiere más profundamente que una espada”.
Se habían cebado con él y la autoridad de sus palabras detuvo a los incendiarios jueces (como ha pasado recientemente en España con un joven teólogo, que encontró un maestro con autoridad que detuvo su condena en las bambalinas).
Y es que hay palabras que hieren y deben cuidarse para que no abran heridas. Lo decía el teólogo alemán, Franz Rosenzweig, colaborador de Martin Buber: “El lenguaje es más que sangre”. Él había sido el gran compañero de sus andanzas por los textos bíblicos.
Precisamente el día en el que la Iglesia dedica su liturgia al silencio contemplativo de la Cruz, símbolo de amor y ternura, el Viernes Santo, el obispo de Alcalá de Henares, Reig Plá, en la celebración de la Pasión del Señor, retransmitida por La 2, rompió ese silencio mandando al infierno a mujeres que abortan, jóvenes que beben los fines de semana, homosexuales que frecuentan bares de alterne, etc.
No son solo las alusiones a la homosexualidad las inoportunas. El texto entero es preocupante. Cuando la Iglesia contempla la palabra de perdón, ternura y de misericordia en la soledad de la cruz, este prelado lanza una espada hiriente en un foro público, como es la televisión (la falta de presupuesto obliga a la programación a convertirse en madrileña).

Es como si faltaran ideas y un estribillo cansino se hubiera instalado en nuestra Iglesia. Goethe decía que “se tiende a poner palabras allí donde faltan las ideas”. Y la liturgia de ese día es tan rica en ideas y símbolos que hasta se recomienda que la homilía sea sencilla, sugerente, parca en palabras, para no romper el eco del silencio que ha dejado la sobria lectura de la Pasión según san Juan.

No podían dar crédito muchos de los que, imposibilitados para acudir a los templos, seguían los oficios por televisión. Madres, esposas, hijas. Padres que abrían los ojos escuchando cómo mandaba al infierno a sus hijos por ir de botellón o por dudar de su identidad sexual y afrontarla con serenidad y altura de miras.

La palabra puede eliminar el temor,
suprimir la tristeza, aumentar la compasión…
Y también sembrar vientos
que traigan tempestades.

A la Iglesia se le pide que sea un recinto de verdad, justicia, perdón y misericordia, no patíbulo. Lenguaje apocalíptico. “El infierno son los otros”, decía Camus. No es que sea políticamente incorrecto lo que ha dicho el prelado. Es que no se ajusta al estilo cristiano, y menos en un día en el que la sangre del madero se vierte sobre todos los hombres y mujeres que lo miran buscando el bálsamo de la misericordia entrañable y no la espada de la palabra que los expulsa a las tinieblas.

Alguien debería decir o hacer algo. La palabra es un poderoso soberano, que con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo, realiza empresas absolutamente divinas. Puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión. Y también sembrar vientos que traigan tempestades.

No era necesaria esa incendiaria homilía. Y no valen los matices, las interpretaciones, la caballería ciega. “Inspíranos, Señor, el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado” (Plegaria Eucarística V/b) y aleja estas palabras aterradoras.

* A ras de suelo: Torres Queiruga, advertido, por Juan Rubio

En el nº 2.796 de Vida Nueva.
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"Que no sea condenatoria ni juzgue desde la perspectiva patológica"


Religión Digital/ 11 de abril de 2012
"Se echa de menos en la Iglesia una moral prudente con la homosexualidad"
"Una relación extramarital no se convierte automáticamente en inmoral e incorrecta"

(Juan Masiá)- Ante afirmaciones opuestas sobre la homosexualidad, hay que aclarar para el alumnado en clase de moral teológica cristiana. Hay que evitar : 1) La manipulación ideológica del tema por posturas políticas de signos opuestos.

2) Las formas exageradas de algunas reivindiciones, que hacen flaco favor a su causa.

3) Las declaraciones desde posturas religiosas condenatorias.

4) El fomento mediático-satírico de la discriminación socio-cultural, que alimenta prejuicios homofóbicos.

5) La insistencia en terapias centradas en cambiar la orientación sexual de la persona, empeñadas en considerarla desde perspectiva patológica.

Los documentos oficiales de la Iglesia, aunque han mejorado, siguen sin superar la ambigüedad cuando acentúan lo desordenado de la orientación, aun reconociendo que no es pecaminosa.

Se echa de menos una moral de prudencia responsable que, a la luz de criterios, decide creativamente en situaciones, en vez de una moral de recetas, que aplica automáticamente normas a casos.

Aun con insuficiente de la enseñanza católica oficial, es posible, al menos decir lo siguiente:

1) La orientación homosexual en sí misma no es un mal moral (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre el cuidado pastoral de personas homosexuales, 1986, n. 3).

2) La comprensión de la sexualidad no debe reducirse a sus aspectos biológicos.

3) El conjunto de la personalidad no puede reducirse a la orientación y el comportamiento sexual (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 2359).

4) Algunos textos de la Escritura en que se alude a prácticas homosexuales deben ser leídos en el contexto de denuncia de las costumbres sociales de la época; no deberían utilizarse para juzgar culpabilidades (Véase la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la fe, Persona humana, 1975, n. 8).

5). En lugar de concentrarse en la moralidad, habría que tratar el problema de las reacciones negativas con que se confronta este tema en la Iglesia y en la sociedad.

6) Las personas con una orientación homosexual no deberían ser discriminadas ni en la sociedad ni en la Iglesia (Catecismo de la Iglesia católica, n. 2358).

Sin embargo, estos criterios generales no bastan. La moral revisionista cristiana va más lejos. "Ninguna de las fuentes de la ética sexual cristiana proporciona luz suficiente acerca del estatuto moral de las relaciones homosexuales, cuando nos limitamos a preguntar simplemente si están prohibidas o permitidas", dice Margarte A. Farley. "La orientación sexual no se elige ni se cambia fácilmente. No es por sí misma moral, ni inmoral ni premoral" ( A Framework for Christian Sexual Ethics, Continuum, New York, 2008, p. 273) La actividad sexual que brote de ella podrá ser moral o inmoral", dicen Salzman y Lawler (The sexual person. Toward a renewed catholic anthropology, Georgetown University Press, Washington D.C., 2008, p.235).

Ni el hecho de que procedan de una orientación homosexual hace a esos actos inmorales, ni el que provengan de una orientación heterosexual los hace morales. Sobre unos y otros habrá que preguntar si la relación es razonable, responsable, justa, complementaria, amorosa, humanizadora... o si no lo es. Igualmente, ni el mero hecho de ser extramarital una relación la convierte por ello automáticamente en moralmente incorrecta, ni el hecho de de acontecer dentro del matrimonio la exime de tener la doble posibilidad de ser correcta o incorrecta moralmente. Incluso un autor como Vico Peinado, que conjuga la apertura de criterio con un cuidado exquisito por no desviarse del magisterio eclesiástico y afirma que "en el plano del ideal tensional de los valores la homosexualidad no es el camino mejor para encarnar la dirección humana y cristiana de la liberación sexual", afirma al mismo tiempo que este juicio acerca de los valores no permite concluir que quienes no respondan a estas exigencias sean éticamente condenables e insiste en el hecho de que el comportamiento homosexual es tan variopinto como pueda serlo el heterosexual (Liberación sexualy ética cristiana, San Pablo, Madrid 1999, 433-492)
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miércoles, 28 de marzo de 2012

Otra voz de un obispo español


En la revista «Con Vosotros», un semanario de la Iglesia en Ciudad Real, el obispo de esta diócesis, Antonio Algora, publica una carta donde critica la Reforma Laboral al asegurar que «rebaja claramente los derechos de los trabajadores y busca establecer un mercado de trabajo en el que los empleadores hagan y deshagan a su antojo»

A continuación, la carta pastoral:

No me toca a mí juzgar de la conveniencia o no, en el aspecto técnico y jurídico, de una Ley en un momento determinado en el que la sociedad entera está amenazada por una Crisis global sin precedentes en la historia humana. Los ciudadanos de la calle no tenemos elementos de juicio suficientes para dar una opinión técnica en temas cada vez más complejos. En estos momentos, nos hemos de fiar de las instituciones que deben entender de problemas de tan gran magnitud. Por esto, les debemos exigir a dichas instancias políticas, sindicales, empresariales, financieras y a los distintos colectivos de expertos que actúen con responsabilidad y, si siempre tenemos todos la obligación de construir el bien común, anteponiéndolo a intereses particulares, ahora más que nunca corresponde mayor obligación al que más puede.
Dicho esto, de lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles.
Nadie habla de provisionalidad en las medidas que se están tomando, luego lo que se quiere hacer es establecer un "mercado de trabajo" en el que los empleadores hagan y deshagan a su antojo, olvidando que el "empleado" posible es, ante todo y sobre todo, "persona" a la que otros han dado la vida, la han educado, tiene necesidades básicas: familiares y sociales, no es una mera fuerza de trabajo que se admite o despide unilateralmente y durante un largo periodo de tiempo, pues, en un año de provisionalidad en el empleo (esto es lo que dice la Ley), puede ocurrir de todo, desde una gripe a un suceso familiar al que hay que atender antes que a cualquier otra urgencia de la vida de la empresa. Las personas no somos tan flexibles, tan elásticas, como nos quieren hacer creer.
¿De verdad no hay otras soluciones para crear puestos de trabajo? Parece mentira que a día de hoy tengamos que echar mano de usos del pasado que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores. Con estas medidas y sin meterme a profeta, se van a conseguir los mismos frutos de un pretendido bienestar, hasta es posible, pero no habremos avanzado nada en que el trabajador se sienta realizado con su trabajo y le sirva para llevar una vida estable y sin sobresaltos; que haga posible la familia, la educación de los hijos, el tejido social compacto y fuerte que hace personas y países fuertes para soportar las inclemencias de las coyunturas históricas.
Y, si no queda más remedio que aplicar hoy estas medidas, ¿no han de ser complementadas por otras en las que lo central sea la vida de las personas? ¡Tantos avances tecnológicos para esto! Da la impresión de que las sociedades desarrolladas van a ser las que más poder concentren en menos manos y esto no se corresponde con las aspiraciones de una sociedad democrática avanzada. Los jefes políticos europeos toman sus medidas por vía de urgencia sin apenas contar con los parlamentos respectivos; los poderes financieros se están concentrando en muy pocas manos. No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la Crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad.
Elevemos nuestras oraciones para que Dios nuestro Señor cuide de los más perjudicados de esta malísima situación que ya cuenta en nuestra España con más de once millones de pobres.
Vuestro obispo,
+ Antonio
(obispo de Ciudad Real)

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martes, 20 de marzo de 2012

La gestión del miedo: un enfoque desde la mediación social


20 marzo, 2012 Javier Malagón
http://javiermalagon.com/2012/03/20/la-gestion-del-miedo-un-enfoque-desde-la-mediacion-social-2/
Leo hoy en el diario ABC, refiriéndose a Francia, que el racismo y la xenofobia no han dejado de crecer en los últimos diez años.
Me pregunto en qué medida ese aumento se debe a un vacío político y moral dejado por el retroceso o la laxitud del Estado del Bienestar, la izquierda democrática o las Iglesias; entre otras instituciones que han contribuido a la construcción de una sociedad que puso en su frontispicio la convivencia pacífica y fraterna, la libertad, la igualdad…, en definitiva altos valores de dignidad y Derechos Humanos.
Hoy la crisis y su gestión están echando abajo algo que costó mucho construir, en lo que se comprometieron millones de vidas incluso, frente a las fuerzas depredadoras de la industrialización (capitalista o comunista), el fascismo y cualquier otra forma de autoritarismo político, moral o religioso.
Hoy, en aras de la recuperación económica, nuestros gobernantes -y los bancos a los que se deben- dan por bueno que se sacrifiquen los avances en las condiciones de vida de millones de ciudadanos, a los que se deja al albur de su suerte, con vagas, imprecisas promesas de que es lo mejor para que la economía y los beneficios se recuperen (no así el empleo, pues es condición necesaria que los viejos empleos se destruyan y los nuevos se precaricen).
Cruel lógica es esa, en la que la recuperación económica exige el sacrificio de los menos fuertes, de los peor adaptados. A eso le hemos llamado siempre la Ley de la Selva y su triunfo, de la mano de una despiadada ideología neoliberal, supone una agresión de dimensiones históricas al proyecto civilizatorio que, enraizado en el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam, e impulsado por el Renacimiento, la Ilustración, los valores republicanos y los movimientos socialistas democráticos, tuvo como objetivo sacar al Hombre de su “estado de Naturaleza”, es decir, evitar que volviera a la selva de la que surgió.
Cuando la Ley de la Selva subyace en la Ley de los Mercados los más débiles se asustan porque saben que el espacio que les proporciona soporte vital está comprometido. Asustarse es lo normal, tener miedo es razonable en estas circunstancias. Lo que marca la diferencia es la gestión del miedo que se haga, pues hay varias alternativas, integradoras unas, excluyentes otras. De ello dependerá el rumbo que van a tomar las respuestas ciudadanas. En Francia -y en otros lugares de Europa- muchos han tomado ya el camino del autoritarismo populista, racista, xenófobo, antisemita… y violento.
Estoy seguro de que muchos gobernantes y ciudadanos de derechas y de izquierdas, religiosos y no religiosos, están de acuerdo en que seria un desastre histórico dejar caer el proyecto civilizatorio que sustenta nuestras democracias. Esa caída está ya sucediendo y puede que, más pronto que tarde, pasemos de un punto de no retorno.
¿Qué hacer? Las viejas respuestas que conducen, exclusiva o principalmente, a la confrontación entre la izquierda y la derecha, entre patronal y sindicatos, entre los creyentes y los no-creyentes religiosos, esas respuestas -como digo- son insuficientes, puede incluso que contraproducentes y no hagan otra cosa más que acelerar el desastre si no van acompañadas de una voluntad y un esfuerzo compartidos por gestionar los conflictos salvando el proyecto de convivencia democrático, social y colaborativo que surgió en Europa tras la 2ª Guerra Mundial y cuya construcción sigue a medias.
En mi opinión, para que esto no ocurra es necesario que surjan y operen nuevos agentes mediadores, plurales, individuales y colectivos, dialogantes, colaborativos, que estén distribuidos por toda la sociedad formando redes: en la derecha, en la izquierda, en las instituciones religiosas, en el ámbito de la economía, de la política, de la educación, de la cultura…
Es necesario un nuevo enfoque mediacional de la gestión del miedo; y ese enfoque es el lugar de encuentro de todos los que pensamos que ningún ser humano sobra y que la selva no es el mejor sitio para vivir.
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Alteraciones en el blog

Las alteraciones en el blog (espacios en blanco que aprecen en las últimas noticias, se deben a que "alguien" a quien le debe molestar la plural información conciliar, se ha dedicado a meter imágenes grotescas. De momento; y, mientras seguimos investigando, nos hemos limitado a bloquearlas, por lo que aparecen estos espacios en blanco. En fín, cada cual se entretiene a la altura de sus conocimientos y estilo. Por sus hechos los conoceréis... Leer más...

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